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La Revuelta de los Pingüinos
en Chile
Por Federico Moreno ZNet
Chile se ha visto rebasado por
estudiantes de secundaria que,
con sus protestas masivas, han
forzado al gobierno a abandonar
los cortes que tenía planeados
en gastos a la educación.
Llamados “pingüinos” por sus
uniformes de traje y corbata,
los estudiantes han sacudido los
fundamentos de la rígida
estructura social chilena,
heredada de la sangrienta
dictadura de Augusto Pinochet.
Ahora, el gobierno de la
presidenta Michelle Bachelet,
del Partido Socialista, que tomó
posesión apenas a inicios de
este año, ha sido forzado a dar
marcha atrás a sus planes.
Las últimas seis semanas en
Chile han estado marcadas por el
paro de alrededor de un millón
de estudiantes; la ocupación de
más de mil escuelas secundarias
y la mayoría de las
universidades del país, así como
la realización de marchas cada
semana, incluso, a veces,
diariamente.
El movimiento también ha llevado
su lucha a las calles en contra
de la sofisticada maquinaria de
represión chilena: integrada por
los carabineros (la policía
nacional) antimotines y tanques
que disparan a presión una
mezcla de agua y de gas
lacrimógeno. Los estudiantes,
algunos incluso de apenas trece
años, defendiéndose con palos,
piedras y bombas Molotov.
La lucha comenzó como una pelea
defensiva: parar las propuestas
del gobierno de Bachelet,
presentadas en marzo, de
incrementar el costo de la
Prueba de Selección
Universitaria (PSU) y una
restricción en los pases de
transporte estudiantil, a sólo
dos viajes por día.
Pero ésta se ha vuelto una lucha
ofensiva. El movimiento ahora
demanda transporte gratis y que
se acaben todas las cuotas para
la PSU, así como la derogación
de la ley, conocida como LOCE,
por sus iniciales, que
implementaba la privatización
del sistema educativo chileno
que aprobó Pinochet antes de que
dimitiera.
“El costo promedio del colegio
es de 4 mil pesos al año,”
explicaba Rodrigo Olivares,
presidente de la Federación de
Estudiantes en Solidaridad (FESOL)
y miembro del comité de 34
estudiantes que negocian con el
gobierno. “Sólo 30 por ciento de
los estudiantes de secundaria
logran ingresar a la universidad
y a las familias de clase
trabajadora no les alcanza para
las comidas y para los pasajes
de transporte de los jóvenes.
Bachelet dice que no hay dinero,
pero el precio de uno solo de
los 17 jets F-16 que compró este
año para las fuerzas armadas es
suficiente para cubrir todas
nuestras demandas.”
El movimiento ha sido organizado
por la Asamblea Coordinadora de
Estudiantes Secundarios (ACES),
la cual se formó este año a
través de la unión de
organizaciones de jóvenes del
Partido Comunista (Juventudes
Comunistas) y del Partido
Socialista (Juventudes
Socialistas) con el
independiente FESOL.
La ACES se compone de dos
delegados de cada escuela y
elige a un comité de 34
representantes para negociar con
el gobierno. El carácter
democrático de la ACES ha
significado una activa
participación de los estudiantes
en las distintas tareas y no ha
permitido que el movimiento se
descarrile, a pesar de que las
organizaciones de jóvenes del
propio partido de Bachelet son
de las principales fuerzas que
lo encabezan.
A la marcha de los pingüinos la
respaldan varios estratos de la
sociedad chilena, incluyendo los
estudiantes universitarios,
varios sectores de la clase
trabajadora y la mayoría de los
padres. De acuerdo con algunos
sondeos, el 87% de la población
apoya a los estudiantes.
Las marchas semanales en contra
de las propuestas iniciales de
Bachelet se enfrentaron en abril
a la represión y a cientos de
arrestos, los cuales generaron
malestar y desencadenaron una
respuesta creciente y
comprometida de los estudiantes.
Bajo la presión de las
crecientes movilizaciones,
Bachelet abandonó sus
propuestas, pero se negó a
considerar las demás demandas de
los estudiantes.
En mayo, estudiantes de trece
secundarias de Santiago ocuparon
sus escuelas, esperando que
Bachelet se pronunciara sobre el
tema en su discurso a la nación,
el 21 de mayo. Cuando Bachelet
terminó su discurso sin siquiera
mencionarlo, las ocupaciones se
extendieron como el fuego.
El 29 de mayo, el ministro de
Educación, Martín Zilic, convocó
a una reunión con los
representantes de las
secundarias. Cuando cientos se
presentaron, sólo se les
permitió la entrada al
ministerio a unos cuantos y
Zilic mandó en su lugar a un
secretario.
“Esto causó mucha indignación en
el movimiento,” dijo Olivera.
“Dijimos que no nos sentaríamos
hasta que el ministro viniera en
persona. Ahora nosotros
imponíamos las condiciones: no
el gobierno. Además, todos los
estudiantes que vinieron de todo
Chile se sumaron a la ACES, la
cual se convirtió en una
verdadera asamblea nacional.”
Las siguientes dos semanas
vieron la parálisis del sistema
educativo chileno, con cerca de
mil secundarias ocupadas a
escala nacional, con estudiantes
universitarios ocupando sus
propios campus en solidaridad
con los pingüinos y presentando
sus propias demandas.
Hubo importantes marchas tres
días a la semana en varias
regiones, en las que se
produjeron confrontaciones con
la policía y cientos de
arrestos. En estas condiciones,
el gobierno empezó las
negociaciones con el comité de
la ACES de 34 estudiantes y se
vio en constante retirada, hasta
ceder prácticamente en todas las
demandas de los estudiantes.
El clímax de la revuelta de los
pingüinos llegó el 5 de junio
con una huelga nacional
convocada por la ACES, a la cual
se sumaron varias organizaciones
políticas y sociales, sindicatos
y, lo más curioso, los propios
trabajadores del Ministerio de
Educación. Santiago se despertó
con barricadas en las calles,
cientos de estudiantes se
confrontaron con la policía
durante todo el día y hasta bien
entrada la noche.
Los estudiantes de 15, 16 y 17
años que encabezan este
movimiento se han vuelto un
fenómeno en Chile, poniendo en
situaciones muy vergonzosas a
senadores en algunos debates
televisados en vivo, exasperando
a presentadores de noticias y
tratando a los ministros del
gobierno como si fueran niños
que no entendieran...
Olivares explica cómo en las
negociaciones con Zilic, “si el
ministro salía a fumar o iba a
consultar con Bachelet,
parábamos la reunión. Si él no
estaba presente, no íbamos a
dialogar. Así fue como lo
tuvimos esos días, desde las 5
de la tarde hasta medianoche.
Estaba muy arraigado en sus
ideas. Si no nos gustaba lo que
estaba diciendo, lo
interrumpíamos: “Sr. Ministro,
no puede decir eso: eso es un
insulto para nosotros. Eso no es
lo que le estamos pidiendo.”
De acuerdo con Olivares, “la
última oferta de Bachelet a los
estudiantes, aunque sin duda es
una victoria, especialmente en
cuanto a la radicalización y la
organización de miles de
personas, es, en realidad, un
engaño. Ella ofrece la PSU y el
pase gratuito del el transporte
para las cuatro quintas partes
de los estudiantes más pobres,
pero privatiza la administración
de ambos servicios.
“Con respecto al LOCE, ofrece
una comisión para reformarlo,
con una participación del 10% de
los estudiantes, pero sólo en
calidad de consulta. El Congreso
fácilmente puede ignorar lo que
ésta diga. Los líderes de las
Juventudes Comunistas y las
Juventudes Socialistas están
listas para aceptar esta oferta,
si Bachelet les da a los
estudiantes el 50% más uno de la
representación en la comisión.
“Pienso que es una mala maniobra
de su parte, a instancias de los
partidos fundadores, porque
tenemos las fuerzas de nuestro
lado y podemos ganar
absolutamente todas nuestras
demandas.
“Por ahora, la ACES ha decidido
suspender las ocupaciones, pero
mantiene las movilizaciones para
presionar al gobierno. Esto es
bueno, porque los muchachos ya
estaban cansados y tensos. Yo sé
que las Juventudes Comunistas y
las Juventudes Socialistas
quieren negociar y desmovilizar,
pero va a ser difícil acallar a
todos los estudiantes que
pensaban que estaban peleando
por la derogación del LOCE.”
La lucha de los pingüinos está
lejos de terminar, pero ya le ha
enseñado al mundo una enorme
lección: es posible ganarle a la
represión organizándose
democráticamente, uniéndose a
otros sectores de la clase
trabajadora y movilizándose en
las calles.
Título
original: The Revolt Of The
Penguins In Chile
Traducido por Carlos F. Diez
Sánchez y revisado por Jain
Alkorta
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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