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El Desarrollo Humano como
Principio y Fin de la Salud
La calidad de vida ha sido
estudiada desde diferentes
disciplinas. Socialmente calidad
de vida tiene que ver con una
capacidad adquisitiva que
permita vivir con las
necesidades básicas cubiertas
además de disfrutar de una buena
salud física - psíquica y de una
relación social satisfactoria.
Por Dr Héctor Lamas Rojas
Calidad
de vida en el adulto mayor
Sobre
el concepto de calidad de vida
J. Grau (2003) plantea que la
tendencia actual en los estudios
de calidad de vida, está
centrada en la medición de los
aspectos subjetivos que
refractan las condiciones
materiales de vida. Adquiere
también relevancia en este
enfoque la cuestión de quién
realiza la evaluación, si un
observador externo o la propia
persona (evaluación externa o
evaluación interna
respectivamente terminología
propuesta por González-Marín
1994).
Gran parte de los investigadores
se inclinan por la segunda
opción, es decir por la propia
persona. Muchos autores, entre
ellos R. Pérez Lovelle (1987),
abogan por la indudable ventaja
que tiene el ser humano de poder
atisbar directamente algunos
aspectos de su propia vida
psíquica, lo cual puede servir
para adelantar hipótesis sobre
los mecanismos de regulación
psíquica que posteriormente
pueden ser comprobados con otros
métodos de observación y
registro de la actividad.
Esto impregna de un valor
incuestionable entonces al
estudio de la fenomenología
(subjetividad), ésta puede ser
un antídoto eficaz para evitar
la simplificación de la psiquis
humana.
Es por ello que, la tendencia
actual de estudiar la categoría
calidad de vida centrándose en
el análisis desde su evaluación
interna (es decir por el propio
sujeto), exige, desde nuestro
punto de vista, tener en cuenta
en el estudio, el estado y
desarrollo de la autovaloración
sobre el cual se erige la
evaluación y el juicio emitido.
Trujillo, Tovar y Lozano (2004)
nos proponen tres ejes temáticos
que consideran que la psicología
puede aportar al diálogo
interdisciplinario sobre la
calidad de la vida. Cada uno de
dichos ejes tiene dos polos y
relaciones entre éstos, y
también guarda relaciones
interactivas con los demás.
Ellos son:
a) Persona-sociedad y las
relaciones entre ellos hacen
referencia a los distintos tipos
de individuos, grupos sociales y
entornos en que transcurre la
vida, como por ejemplo la
familia, el vecindario, la
iglesia, la escuela, el pueblo o
ciudad, las instituciones, etc.
Este eje puede llamarse eje
ecológico, siguiendo la
inspiración de Urie
Bronfenbrenner, y busca dar
cuenta de los diferentes ámbitos
en que se construye o destruye
la calidad de la vida. Puesto
que son personas individuales
las que pueden conservar o
modificar sus propios estilos de
vida, pero no lo hacen
aisladamente de la sociedad en
que viven, la cual procede a
mejorar o empeorar las
condiciones de la existencia de
sus miembros.
Se pueden reconocer (distinguir
más no separar) "estilos" de
vida personales, por una parte y
"condiciones" inmediatas y
mediatas del entorno, por otra,
siendo posible precisar en la
calidad de la vida desde sus
componentes personales hasta los
ambientales y culturales. Este
eje podría también llamarse eje
del nivel de resolución, puesto
que podemos precisar a qué nivel
desagregamos el modelo de la
calidad vital en sus
componentes, por ejemplo, a
nivel individual, familiar,
grupal, comunitario, social,
sincrónico o diacrónico, etc. En
lenguaje ecológico:
microsistemas, mesosistemas,
exosistemas, macrosistemas y
cronosistemas.
b) Objetivo-subjetivo, En este
eje los polos se relacionan
según las diferentes formas y
tipos de intersubjetividad.
Puesto que, así como hay
aspectos de la calidad de vida
objetivables, algunos de los
cuales son cuantificables y
mensurables, también hay
aspectos de la calidad vital que
no son medibles, sino que
constituyen valoraciones
subjetivas de algo que, interna
o externamente, incide en la
calidad vital. Así, nos es
posible encontrar cómo el efecto
de una misma realidad objetiva
particular en el bienestar,
puede ser valorada
diferencialmente por dos o más
personas que se relacionen con
ella. Este es un eje
epistemológico en la medida en
que alude a las maneras en que
el sujeto interactúa con los
objetos de su conocimiento (que
pueden ser otros sujetos o él
mismo), y por tanto, tiene que
ver con el viejo problema entre
la razón y la experiencia como
fuentes de conocimiento válido.
Al fin y al cabo, la calidad
objetiva de la vida no siempre
coincide con la subjetiva.
No puede pensarse que este eje
replica los polos
persona-sociedad del eje
ecológico, puesto que se
entiende que, lo objetivo de la
calidad de vida, puede referirse
a características de una
persona, de un grupo, de una
sociedad o de una cultura, al
igual que respecto de una
persona o de una colectividad
pueden precisarse algunos
criterios subjetivos de la
calidad vital, por ejemplo, en
función de una cultura regional.
Por otra parte se encuentra que
la sociedad funciona como un
agente regulador con un conjunto
de acuerdos intersubjetivos,
sobre el cual descansa buena
parte de la mirada objetiva, y
también una evaluación social
compartida que se interioriza y
es subjetiva (Brock, 1997).
Dichos acuerdos se hacen en pro
del bienestar tanto individual
como colectivo, en esta medida y
siguiendo los planteamientos de
Diener (2000), (quien define la
calidad de vida como bienestar),
el carácter subjetivo de la
calidad de vida estaría dado en
términos de la satisfacción y la
percepción que tiene un sujeto
sobre su propia vida en dominios
como el laboral, el afectivo,
familiar y social entre otros.
Lo que caracteriza al juicio
subjetivo es que los juicios de
valor concernientes a la persona
y su condición respecto a hechos
materiales y psicológicos,
corresponden al mismo individuo
acerca de cómo éstos afectan su
propia calidad de vida (Brock,
1993). Por otro lado, el
carácter objetivo de la calidad
de vida estaría dado por
categorías o indicadores
cuantificables y mensurables
tales como aspectos de la salud,
vivienda, educación, ingreso
económico, estabilidad laboral y
funcionamiento social en
general, entre otras. Es
prudente considerar que
"subjetivo" no es necesariamente
sinónimo de "particular", puesto
que también lo universal tiene
una dimensión subjetiva, o dicho
de otro modo, lo subjetivo es
también universal.
c) Biografía-historia: Buscando
representar la dimensión
temporal de la calidad de la
vida, se formula el tercer eje
que se podría llamar eje del
desarrollo a través del ciclo
vital. En él se distingue un
polo histórico, en el sentido de
la historia colectiva (tiempo
histórico y tiempo social) y un
polo biográfico, en el sentido
de la historia de cada individuo
(tiempo de vida), en la cual
podremos reconocer
características heredadas, otras
aprendidas y también aquellas
que son fruto de decisiones de
cada persona, y que contribuyen
con el mejoramiento o
empeoramiento de la calidad de
vida. De allí se deriva que en
este eje del desarrollo,
histórico y ontogenético, se
puede incluir lo que acontece en
el curso de la vida y lo que las
personas hacen con lo que les
acontece, de donde fácilmente se
desprende que la calidad de la
vida cambia evolutivamente en
función de factores heredados,
aprendidos y de la libertad que
es posible gracias al ejercicio
de la voluntad. Entonces,
durante el curso de la vida se
transforma su calidad en función
de la interacción dinámica entre
los diversos factores que la
constituyen, por cuanto una
tarea necesaria en su estudio
será la de identificar estos
componentes y la de reconocer
las diferentes interrelaciones y
cambios que pueden asumir a lo
largo del devenir individual y
colectivo.
Este modelo teórico responde a
una opción epistemológica por un
modelo contextual dialéctico del
desarrollo, como el que
caracteriza a la perspectiva del
Ciclo Vital, opción enmarcada en
un paradigma sistémico como
posibilidad de abordaje de la
complejidad, que permite la
utilización respetuosa de
distintas teorías y métodos de
investigación.
Calidad
de vida en la tercera edad
El estudio científico de la
vejez desde la psicología hace
su aparición en el siglo XIX
asociado al interés surgido en
torno al envejecimiento como
parte de la psicología del
desarrollo (Riegel, 1977). Con
el fin de concretar el
desarrollo histórico del estudio
de la psicología de la vejez y
el envejecimiento, se van a
establecer para su descripción
una serie de etapas, siguiendo
el clásico trabajo de Birren
(1961) sobre la historia de la
psicología del envejecimiento.
Así, se pueden distinguir las
siguientes fases: un período
inicial, desde 1835 hasta el
final de la segunda década del
siglo XX, una etapa referida al
comienzo de la investigación
sistemática, entre 1918 y 1945,
y un período de constitución a
partir del fin de la segunda
guerra mundial (1945-1960). A
las etapas anteriores se suma
una última fase de consolidación
y desarrollo que, comenzaría con
la década de los 60 y se
extendería hasta la actualidad.
La calidad de vida ha sido
estudiada desde diferentes
disciplinas. Socialmente calidad
de vida tiene que ver con una
capacidad adquisitiva que
permita vivir con las
necesidades básicas cubiertas
además de disfrutar de una buena
salud física - psíquica y de una
relación social satisfactoria.
Entre los investigadores no hay
consenso en la definición de
"calidad de vida". N concepto
que involucra muchas variables
subjetivas satisfacción,
felicidad, autoestima...es
difícil de medir. Las variables
objetivas son de medición más
fácil, la economía, el nivel
socio - cultural los déficits
funcionales, problemas de salud.
Los investigadores con
orientación clínica suelen
definir calidad de vida en
términos de salud y/o de
discapacidad funcional. Rivera,
aporta que "no hay duda que la
variable salud es la de mayor
peso en la percepción de
bienestar de los ancianos y, que
los déficits de salud
constituyen el primer problema
para ellos".
En las sociedades que envejecen
a ritmo creciente, promocionar
la calidad de vida en la vejez y
en la vejez dependiente es el
reto más inmediato de las
políticas sociales. El creciente
aumento de la esperanza de vida,
el descenso sin precedentes
históricos de la tasa de
natalidad, los cambios en la
estructura, en el tamaño, en las
formas en la familia, los
cambios en el status de las
mujeres, la reducción creciente
de las tasas de actividad
laboral entre las personas de
cincuenta y cinco y más años,
han convertido el envejecimiento
de la sociedad en una cuestión
de máximo interés.
Son muchas las consecuencias de
todos esos procesos, tanto a
nivel macrosocial como en las
experiencias individuales. Cómo
dar sentido a la vida tras una
jubilación llegada en muchas
ocasiones de forma anticipada e
imprevista, cómo hacer frente al
mantenimiento de un hogar -en
ocasiones con hijos/as
dependientes- con una pensión,
cómo enfrentarse a la enfermedad
crónica y a la dependencia de
uno o más miembros ancianos de
la familia. Son sólo algunos
temas que necesitan un abordaje
teórico y práctico responsable y
riguroso. La sociedad se
encuentra ante nuevos retos para
los que necesita instrumentos
nuevos. Se requiere un concepto
nuevo de solidaridad entre las
generaciones y entre los
distintos grupos, en un mundo
cada vez más complejo, más
inseguro, más indeterminado.
La calidad de vida en la vejez
tiene que ver con la seguridad
económica y con la inclusión
social que se asegura por medio
de infraestructuras de apoyo y
redes sociales. Todo ello
promoverá la participación de
las personas de edad como
miembros activos de la
comunidad, una de cuyas
funciones puede ser transmitir
sus experiencias a las
generaciones más jóvenes, al
tiempo que comprenden su estilo
de vida y los desafíos que les
son propios. Todo ello en una
sociedad inmersa en procesos que
la llevan también a ella a
aprender a envejecer.
R. Fernández-Ballesteros (1997)
enmarcado en un paradigma
sistémico, ha formulado un
modelo teórico de calidad de
vida específico para el grupo de
mayores, fruto de un análisis
multidimensional tanto en sus
aspectos objetivos como
subjetivos que circunscriben la
realidad diferencial de cada
persona. Tales dimensiones están
asociadas o bien a un factor
personal (salud, habilidades
funcionales, satisfacción,
relaciones sociales y
actividades de ocio) bien a un
factor socio-ambiental (factores
culturales, calidad del
ambiente, servicios de salud y
sociales, apoyo social,
relaciones sociales, condiciones
económicas).
Bajo estos condicionantes, el
constructo "calidad de vida" se
manifiesta como un proceso
activo, abierto y dinámico
susceptible de transformar la
realidad cotidiana de la persona
a través de promover el
aprendizaje (Velázquez,
Fernández, 1998) y potenciar el
conjunto de recursos y hábitos
que satisfacen las necesidades
humanas (salud, relaciones,
autoestima, competencia y
confianza en otros, creatividad,
espacios de participación,
oportunidades educativas,
vivienda, situación económica),
en concordancia con el
funcionamiento de la sociedad
(con los valores, normas y
avances sociales).
En la lucha por la supervivencia
y la mejor adaptabilidad a un
medio determinado, toda persona
mayor ha de, al menos,
mantenerse y procurar una
estabilidad de mínimos; ya que,
en este grupo generacional,
cualquier cambio asociado a
cierto riesgo implica un
potencial de pérdida mayor que
en otro grupo generacional.
Todo individuo (en su
potencialidad como organismo
vivo) se ve mediado por un
entorno (Max-Neef, 1986) que
adapta y construye a lo largo de
toda la vida, convirtiéndose
esta existencia (binomio entre
lo personal-ambiental al que se
hace referencia) en única e
irrepetible; convirtiéndose en
diferencial
(Fernández-Ballesteros, 1997) de
cualquier otra.
Así, cada dimensión incluida
como factor personal depende y
se manifiesta en constante
competencia con una dimensión
específica de lo ambiental; esto
es:
- aspectos específicos del
estatus socio-cultural estarán
mediatizados por diferentes
calidades de entorno
(continente, latitud, riqueza,
urbano-rural, etc.)
- la salud biopsicosocial
dependerá de los servicios
sociosanitarios disponibles y
accesibles
- la habilidad funcional que
demuestre una persona estará
mediada por unos factores
económicos específicos
- las relaciones sociales con
que cuente, al apoyo social que
reciba y le resuelva,
- el uso y disfrute de un tiempo
ocioso (jubiloso) estará
adscrito a una oferta/demanda
generacional.
A partir de un análisis integral
de esta fase del desarrollo
evolutivo se posibilita la
detección de situaciones de
fragilidad, asociada esta, a la
tendencia fundamental del
individuo, conforme avanza la
edad, a la pérdida de
adaptabilidad debido a cambios
fisiológicos (homeostáticos,
sensorioperceptivos, acumulación
de síndromes geriátricos..) y
psicosociales (acontecimientos
vitales estresantes, estilos de
vida, recursos económicos, redes
sociales...); de tal manera que
aumenta la probabilidad de
claudicación funcional ante
diferentes agresiones externas.
Ello implica que habrán de
contemplarse factores
personales, así como
socio-ambientales y
socio-culturales propios de cada
entorno (además de específicos
para dicho grupo de edad) a la
hora de detectar, valorar y
comprender las necesidades de
este sector de población.
Intervención psicosocial
El desarrollo a escala humana
incorpora a los viejos junto con
otros miembros de la sociedad en
la definición y construcción de
su futuro.
Este tipo de desarrollo supone
una democracia directa y
participativa, significa llevar
adelante el concepto de
ciudadanía, entendido como: …"
la competencia histórica para
decidir y concretar la
oportunidad del desarrollo
humano sostenible, indica la
capacidad para comprender
críticamente la realidad y sobre
la base de esta conciencia
crítica elaborada, de intervenir
de manera alternativa, se trata
de transformarse en sujeto
histórico y como tal participar
activamente, en este sentido la
capacidad organizativa es
fundamental porque potencia la
competencia innovadora, en el
reverso de la moneda, la
cuestión consistiría en la
superación de la masa
manipulable y la pobreza
política."
Pensar en términos de desarrollo
a escala humana, de acuerdo a
los escritos de Max Neff,
significa crear las condiciones
para que los mayores sean los
protagonistas principales en
este desarrollo, esto implica
respetar las diferencias y la
autonomía de los espacios en que
actúan, alentar soluciones
creativas que asciendan de las
bases a la cima.
La satisfacción de las
necesidades debe considerarse no
sólo como superación de
carencias sino también como la
capacitación de los mayores como
participantes activos en el
desarrollo de su sociedad y como
protagonistas del crecimiento
personal de cada cual como ser
humano, pasar a ser personas
sujeto y no objeto.
Este desarrollo supera la
antinomia entre lo individual y
lo social, fomenta la adopción
de medidas que combinan el
crecimiento individual y social
como dos aspectos de una misma
realidad.
Lo que se busca en el desarrollo
a escala humana es una
planificación global de la
autonomía local, con estrategias
capaces de movilizar a las
diferentes organizaciones de los
mayores de modo que puedan
transformar su lucha por
sobrevivir en opciones y
alternativas vitales basadas en
la dignidad y creatividad y no
en la pobreza y degradación
humana.
Al ser la vejez una construcción
social, el desarrollo a escala
humana cambiaría desde el inicio
las fuerzas que estigmatizan a
los viejos y los empujan al
margen de la sociedad. Avanzar
en esta modalidad podría dar
lugar al ejercicio activo de los
principios propuestos por las
Naciones Unidas a favor de los
Adultos Mayores: "independencia,
participación, cuidado,
realización personal y
dignidad".
En otro aspecto, y en relación a
la salud de la comunidad, un
objetivo importante es ofrecer
un encuadre conceptual y
metodológico para el trabajo con
la comunidad, que supone una
serie de actividades referidas
al equipo, a la comunidad y a
otros sectores involucrados.
Con respecto al equipo se
plantea la necesidad de:
Recuperar la historia del grupo
y realizar un diagnóstico sobre
la situación presente, la
inclusión de nuevos integrantes,
el grado de acercamiento y
compromiso con la propuesta de
"salud de la comunidad".
- Sondear las expectativas y
actitudes relativas al trabajo
en el centro de salud.
- Promover espacios de trabajo
interdisciplinario.
- Analizar las dificultades
cotidianas, los obstáculos que
impiden la realización de las
tareas programadas, revisando
las consignas surgidas en las
reuniones de equipo.
- Registrar las actividades,
proyectos y programas
colaborando en el
establecimiento de prioridades y
la planificación de las
actividades.
- Incorporar la dimensión
sociocultural e histórica al
interior del equipo, para
ampliar su concepción de los
procesos de
salud-enfermedad-atención.
- Incentivar los procesos de
reflexión sobre la institución:
su historia, organización,
normativas, relaciones de poder.
- Brindar información sobre la
población del área programática
en lo referente a composición
sociodemográfica, historia,
organizaciones, grupos e
instituciones.
- Reflexionar sobre las
estrategias de trabajo
comunitario con el fin de
coordinar las actividades extra
muro.
Esto significa con respecto a la
comunidad, profundizar el
conocimiento de la historia, las
formas de organización,
instituciones, liderazgo, redes,
formas de comunicación, lógicas
existentes.
Avanzar en el conocimiento de
las distintas instituciones,
organizaciones y grupos que
estaban trabajando en el barrio,
intentando en la medida de lo
posible una coordinación de
acciones.
Reflexionar sobre la relación
centro de salud comunidad, el
grado de acercamiento, las
imágenes, expectativas,
experiencias, las demandas en lo
asistencial y en los programas,
intentando fortalecer los
vínculos existentes y formulando
una metodología adecuada de
trabajo.
Entrar en un mundo conocido
desde la experiencia social pero
desde una posición distinta, una
experiencia que se asocia al
padecimiento, a la enfermedad y
a la muerte, que genera
angustia, temor. Intervenir,
conocer para transformar, para
pensar alternativas,
involucrarse.
Esta experiencia supone aprender
a trabajar de otro modo, muchas
veces con problemas enunciados
por otras disciplinas, redefinir
una problemática desde
diferentes perspectivas,
trabajar con un ritmo distinto,
atravesados por urgencias,
contradicciones, frustraciones.
El supuesto teórico implícito es
trabajar sobre las diferencias
no como oposiciones sino como
relaciones (nosotros-otros),
trabajar sobre los espacios de
intercambio, las interacciones,
las mediaciones entre los
individual y lo social, lo micro
y lo macro, la teoría y la
práctica: las relaciones entre
el C.S. y la comunidad, entre
clases sociales. Las modalidades
a través de las cuales se me
impone el otro, el lugar que
ocupamos, las formas de
comunicación, las distancias,
las relaciones de poder.
Relacionar lo macro y lo
microsocial, analizando cómo el
contexto histórico, político y
económico, las modificaciones en
las políticas sociales, podemos
verlas en la cotidianeidad y en
las rupturas de esa
cotidianeidad, asociadas a
experiencias colectivas.
El
enfoque de resiliencia
En lo fundamental, en
intervención nuestro trabajo
supone un cambio de enfoque. El
que proponemos: la resiliencia.
Promover la resiliencia apunta a
mejorar la calidad de vida de
las personas a partir de sus
propios significados, del modo
como ellos perciben y enfrentan
el mundo. Entonces nuestra
primera tarea es reconocer
aquellas cualidades y fortalezas
que han permitido a las personas
enfrentar positivamente
experiencias estresantes.
Estimular un comportamiento
resiliente implica potenciar
estos atributos involucrando a
todos los miembros de la
comunidad en el desarrollo, la
implementación y la evaluación
de los programas de
intervención.
El desarrollo de la resiliencia
no es otro que el proceso de
desarrollo saludable y dinámico
de los seres humanos en el cual
la personalidad y la influencia
del ambiente interactúan
recíprocamente.
El desarrollo humano, es un
proceso y no un programa. Rutter
estimula el uso del término
proceso protector, el cual
comprende la naturaleza dinámica
de la resiliencia en lugar de
los elementos protectores más
comunes: "No se refiere a
elementos en un sentido amplio,
sino simplemente a mecanismos
para desarrollar el proceso de
protección" (Rutter,1987). Las
investigaciones son una
esperanza para que los programas
de prevención, educación y
desarrollo de jóvenes no giren
alrededor del programa en sí,
sino más bien en el proceso y en
cómo realizamos lo que hacemos;
es decir, no concentrándonos en
el contenido, sino en el
contexto.
Existen factores internos como
la autoestima, el optimismo, la
fe, la confianza en sí mismo, la
responsabilidad, la capacidad de
elegir o de cambio de las
competencias cognoscitivas. Una
vez fortalecidos estos aspectos,
se refuerzan las posibilidades
del grupo de apoyar a las
personas como ser humano
integro, seguro y capaz de salir
adelante.
Por ello es importante, además
de desarrollar factores
internos, afianzar los apoyos
externos. Sin embargo, si la
autoestima es baja o no se
conjuga bien con las destrezas
sociales, o si la esperanza en
uno mismo no fluye no se
canaliza de la mejor manera y si
se le quita al individuo el
apoyo externo vuelven a
derrumbarse.
A continuación detallamos diez
puntos que fortalecen
internamente el poder personal:
1. Trato estable con al menos
uno de los padres u otra persona
de referencia.
2. Apoyo social desde dentro y
fuera de la familia
3. Clima educativo
emocionalmente positivo,
abierto, orientador y regido por
normas.
4. Modelos sociales que
estimulen un conductismo
constructivo.
5. Balance de responsabilidades
sociales y exigencia de
resultados.
6. Competencias cognoscitivas.
7. Rasgos conductistas que
favorecen a una actitud eficaz.
8. Experiencia de autoeficacia,
confianza en uno mismo y
concepto positivo de uno mismo.
9. Actuación positiva frente a
los inductores del stress.
10. Ejercicio de sentido,
estructura y significado en el
propio crecimiento.
Son condicionantes externos los
de carácter social, económico,
familiar, institucional,
espiritual, recreativo y
religioso, los cuales son
promovidos o facilitados por el
ambiente, las personas, las
instituciones y las familias que
intervienen en la atención, el
trato y el tratamiento de los
grupos e individuos que están en
situación de riesgo y
vulnerabilidad.
Al margen de los ya mencionados,
caben otros ámbitos y claves que
la resiliencia genera no pocos
insisten en la necesidad de
contar con buenos modelos de rol
en la vida diaria especialmente
cuando se trata de niños,
personas de las cuales los
individuos u otros niños pueden
aprender. En la actualidad
algunos educadores han
desarrollado estas técnicas con
experiencias realizadas en el
campo con bosques, flores y
demás. También constan entre los
factores externos los factores
de riesgo que pueden ser muchos,
los cuales vulnerabilizan la
integridad psíquica, moral, y
social.
No basta con compartir su
cotidianidad y diluirse en ella,
ni reflexionar su problemática
identificando los factores de
riesgo que los llevó a tomar
esta opción, pues sería
vulnerabilizar aún mas sus
condiciones de vida, sobre todo
se fomenta una doble
estigmatización, marcándoles con
una etiqueta como de callejero,
drogadicto, etc.
En estos casos, es la luz
interior la que en determinados
casos sirve para determinar una
decisión y tomar una oportunidad
privilegiada que se presenta en
el momento justo. Esto
representa fortalecer los
factores de protección que
promueve la resiliencia,
revalorizando el potencial
interno y externo de cada
persona para reconstruir su
proyecto de vida personal y
comunitaria.
Se puede considerar que las
principales actitudes que
fortalecen en los factores
protectores o resilientes en los
humanos son:
- Demostraciones físicas y
verbales de afecto y cariño en
los primeros cuatro años de
vida.
- Reconocimiento y atención a
sus éxitos y habilidades.
- Oportunidades de desarrollo de
destrezas.
- Actitud de cultivo, cuidado y
amor por parte de todos sus
semejantes y especialmente de
los encargados de su cuidado y
protección.
- Apoyo de un marco de
referencia ético, moral.
En lo fundamental, contar con un
proyecto para vivir
genuinamente. Estos proyectos
son posibles hoy en día, sin
necesidad de acudir a sectas o a
voces mesiánicas para la
solución a los grandes
interrogantes de la vida.
Primero tenemos que reconocernos
como seres humanos con valores y
potencialidades y en ese espejo
mirar también a los otros con
una visión holística que apunta
al crecimiento, al
fortalecimiento interior y al
cultivo de la autoestima.
Las investigaciones sobre
resiliencia son un llamado para
que se dé un cambio a nivel
social -- un toque de trompeta
para crear relaciones y
oportunidades para todos los
seres humanos durante toda una
vida. Si deseamos cambiar el
"status quo" de la sociedad,
esto significa cambiar
paradigmas, tanto a nivel
personal como profesional,
cambiar los riesgos por la
resiliencia, el control por la
participación, la resolución de
problemas por el desarrollo
positivo, el no percibir a los y
las jóvenes como problemas, sino
como recursos, el edificar
instituciones, por la
edificación de comunidades, etc.
El fomentar la resiliencia es un
proceso estructural profundo que
se inicia de adentro hacia
afuera, en el cual cambiamos
nuestra forma de pensar para
poder percibir a los y las
jóvenes, a sus familias y su
cultura como recursos y no como
problemas.
Sin embargo, el fomentar la
resiliencia también significa
que se debe trabajar a nivel de
las políticas educativas,
sociales y de justicia
económica. Asimismo, significa
transformar no sólo a nuestras
familias, centros educativos y
comunidades, sino también crear
una sociedad cuyo interés
principal sea el darle una
respuesta a las necesidades de
los ciudadanos, de los y las
jóvenes y de las personas de
mayor edad. Para hacer esto una
realidad, nuestra mayor
esperanza recae en los y las
jóvenes y en la credibilidad que
ellos y ellas nos inspiren.
Si bien es cierto que las
acciones que haya que emprender
dependerán de los recursos
disponibles y del estado actual
de la atención en salud.
Necesitamos claros lineamientos
de política y programas que
deben formularse partiendo de
información actualizada y fiable
acerca de la comunidad, los
indicadores de salud, los
tratamientos eficaces, la
estrategias de prevención y
promoción y los recursos de
salud, a ser revisados
periódicamente para modificarlos
o actualizarlos si es preciso.
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http://www.monografias.com/trabajos14/psicolvejez/psicolvejez
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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