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Control de la información
científica
Los intentos sin precedente del
gobierno del presidente George
W. Bush por silenciar y suprimir
resultados de investigaciones
que no le gustan están poniendo
en peligro la ciencia en Estados
Unidos, denuncian especialistas.
El caso de James Hansen, experto
en cambio climático de la
Administración Nacional de
Aeronáutica y el Espacio [NASA],
quien reveló en enero que fue
censurado por el gobierno, es la
más reciente evidencia de la
incomodidad de la Casa Blanca
con científicos que discrepan de
sus posturas en temas
ambientales. En 2004 un
prominente grupo de científicos,
que incluyó 20 premios Nobel y
19 galardonados con la Medalla
Nacional de la Ciencia, firmaron
una carta abierta que acusó al
gobierno de Bush de tergiversar
deliberadamente hechos
científicos con fines
político-partidarios. La
prestigiosa Academia Nacional de
Ciencias de Estados Unidos
también exigió en 2004 dejar de
preguntar a los especialistas si
apoyan a Bush cuando son
entrevistados para integrar
comités de asesoramiento
científico.
En 2002, el biólogo Mike Kelly,
del Servicio Nacional de
Pesquerías Marinas, dimitió tras
las presiones que recibió para
habilitar un mayor bombeo de
agua para irrigación desde el
río Klamath, en Washington, que
beneficiaría a los partidarios
locales de Bush y a
contribuyentes de agronegocios.
El análisis de Kelly mostró
claramente que reducir el agua
del río dañaría al amenazado
salmón coho [*Oncorhynchus
kisutch*], protegido por las
leyes estadounidenses. Querían
que hiciera algo ilegal y
renuncié, dijo Nelly. Figuras
políticas, entre ellas el
consejero político de la Casa
Blanca Karl Rove, remplazaron el
análisis de Kelly y el agua fue
desviada del río. Al año
siguiente, más de 30 mil
salmones cohos adultos y cientos
de miles jóvenes murieron a
causa de los bajos niveles del
agua, según el especialista.
Cuando el gobierno de Bush
obtiene una respuesta científica
que no le gusta, la elimina o la
cambia, aseguró Kelly, quien
trabajó 10 años en la
dependencia pesquera de la
Oficina Nacional de
Administración Oceánica y
Atmosférica [NOAA, por sus
siglas en inglés]. Hay un
intento sistemático y obsesivo
de controlar información, sin
importar lo que la ciencia
encuentre, afirmó Jeff Ruch,
director ejecutivo de Empleados
Públicos para la Responsabilidad
Ambiental. Cientos de
importantes estudios científicos
e informes de campo locales son
cuestionados por razones
extracientíficas, como cuando
los hallazgos científicos
contradicen intereses políticos
o corporativo-empresariales,
dijo Ruch.
Los torpes intentos del gobierno
de Bush por eliminar las
evidencias científicas en torno
del cambio climático, provocado
por el calentamiento global, son
los más conocidos. En septiembre
de 2002 funcionarios políticos,
entre ellos algunos que antes
presionaron en favor de
compañías petroleras, eliminaron
una sección sobre calentamiento
global del informe anual de la
Agencia de Protección Ambiental
[EPA]. En junio de 2003, las
demandas de cambios extensivos
en una sección sobre
calentamiento global de otro
informe de la EPA obligaron a
esa agencia a suprimir la
sección completa.
En el otoño pasado, funcionarios
del gobierno ordenaron al
prominente especialista James
Hansen, de la NASA, que
eliminara datos de Internet que
sugerían que 2005 podría ser el
año más cálido del que se
tuviera registro. Pronto se
demostró que Hansen tenía razón
y acudió en enero a los medios
de comunicación para denunciar
los muchos intentos de impedirle
hablar sobre el cambio
climático.
A Hansen no se le permitía
hablar con periodistas sin
permiso, mismo que le fue
denegado varias veces, afirmó
Tom Devine, director legal del
la organización no gubernamental
Proyecto para la Responsabilidad
del Gobierno.
Y cuando se le permitía hablar,
se suponía que debía presentar
la otra cara [del asunto] o
enfrentar severas consecuencias,
dijo Devine. Es una intimidación
sin precedente, diferente a todo
lo que he visto en mis 27 años
en dicho proyecto. También es
ilegal, conforme las leyes
estadounidenses que protegen a
denunciantes de prácticas
corruptas dentro de su
organización e impiden que los
gobiernos silencien a sus
empleados. Sin embargo la
mayoría de los científicos no
conocen las leyes y rara vez
luchan contra los intentos de
amordazarlos, dijo.
Nunca vi nada que se acercara al
grado de control sobre la
información que fluye de los
científicos al público como el
que hay ahora, afirmó
recientemente Hansen, que ahora
es uno de los clientes del
proyecto. Las consecuencias de
este abuso son funestas, según
Michael Halpern, quien preside
el Programa de Integridad
Científica de la estadounidense
Unión de Científicos
Comprometidos. Esta
tergiversación de la ciencia
está debilitando lo que ha sido
una parte enorme del éxito
económico de Estados Unidos,
dijo Halpern.
También genera muertes
innecesarias, dijo. Funcionarios
políticos de la EPA, a menudo
provenientes del mundo de la
industria, han desoído
recomendaciones formuladas por
científicos al establecer nuevas
reglas de contaminación del aire
en relación con emisiones de
mercurio y hollín. También en la
Administración de Drogas y
Alimentos, empleados eliminaron
investigaciones que revelaban
que el popular analgésico Vioxx
estaba vinculado a 139 mil
ataques cardiacos y derrames
cerebrales.
Funcionarios designados por Bush
no sólo han desarrollado reglas
favorables a las empresas, sino
también las elaboraron con base
en su conservadurismo religioso,
aseguró Halpern. En la
Administración de Drogas y
Alimentos invalidaron comisiones
científicas y denegaron el
acceso público a un
anticonceptivo de emergencia
llamado Plan B. Y en el
gubernamental Instituto Nacional
del Cáncer han sugerido que
existen vínculos entre el aborto
y el cáncer de mama, pese a que
no hay una conexión científica,
afirmó.
Los políticos necesitan acceder
a información científica precisa
e imparcial, opinó Halpern.
Enfrentamos un problema sin
precedente que amenaza a la
democracia estadounidense,
puntualizó.
http://www.alfa-redi.org
Protejamos nuestra Biodiversidad
y el Medio Ambiente
Juan Alberto Llaguno Betancourt
Lima - Perú SurAmérica
Gentileza: Juan Alberto Llaguno
Betancourt [
titollb@gmail.com ]
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