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Las universidades contra el
hambre y la pobreza
Por Carlos Berzosa
Hace cuarenta años estudié
economía en la Universidad
Complutense. Durante los
estudios de licenciatura comencé
a tomar conciencia sobre los
problemas del subdesarrollo, la
pobreza, el hambre y las grandes
desigualdades existentes entre
países. Esta toma de conciencia
no se quedó en un nivel de
descripción, sino que traté de
hacerme preguntas de por qué
esto era así. Todo ello me
condujo a leer a diferentes
autores que trataban los
problemas del desarrollo y el
subdesarrollo. Cuando me
incorporé a la docencia, y ya
como economista, los temas
relativos a las cuestiones
mencionadas se convirtieron en
el objeto preferente de mis
estudios e investigaciones.
Desde entonces se han producido
muchos cambios en la economía
mundial; sin embargo, la
pobreza, el hambre y la
desigualdad siguen estando ahí
en el mundo actual. La
persistencia de estos graves
problemas provoca una sensación
de fracaso de la economía del
desarrollo, de las acciones
internacionales llevadas a cabo
para erradicar la pobreza y el
hambre. Es cierto que en esos
cambios que se han dado en estos
cuarenta años, un conjunto de
países han salido del
subdesarrollo y han atenuado la
pobreza dentro de sus fronteras.
Estos países han tenido un
proceso rápido de crecimiento
industrial y han conseguido
competir en el mercado mundial
con cierto éxito. Los nuevos
países industriales se
concentran en su mayor parte en
Asia.
En África, sin embargo, la
tragedia de la pobreza y el
hambre han aumentado, así como
en América Latina, que ha
sufrido avances y retrocesos, y
en Asia, en la que aún quedan
grandes bolsas de pobreza a
pesar del éxito de un grupo de
países. Se han añadido, además,
a la legión de pobres muchos
habitantes de los países del
Este de Europa, una vez que se
derrumbó el sistema de
socialismo.
Las políticas de ajuste puestas
en marcha en la década de los
ochenta agravó la situación de
bastantes países menos
desarrollados. La creciente
globalización deja a merced del
mercado a los países más
vulnerables. La tragedia que
afecta a tantos habitantes de la
población mundial ha venido
acompañada de un aumento de la
conciencia a escala planetaria
y, así, se han incrementado el
número de las Organizaciones No
Gubernamentales (ONG) y se
producen manifestaciones por
todo el mundo contra las
políticas de ajuste y
neoliberales puestas en marcha
por el Fondo Monetario
Internacional (FMI), el Banco
Mundial (BM) y la Organización
Mundial de Comercio (OM), al
tiempo que se lanzan planes para
acabar con la pobreza y el
hambre.
En este contexto, la cooperación
al desarrollo es más urgente que
nunca, sobre todo en un mundo en
el que se destinan muchos más
fondos para los gastos de guerra
que a la ayuda al desarrollo. La
Universidad tiene que jugar un
papel crucial, no sólo llevando
acciones de cooperación, sino
poniendo sus conocimientos al
servicio de la lucha contra el
hambre y la pobreza.
Todo lo que se haga es poco,
pero necesario, no sólo para
crear conciencia, sino para
actuar. Ahora bien, tenemos que
ser conscientes de que las
acciones a llevar a cabo no
deben estar sólo basadas en
conseguir más recursos
económicos y financieros, lo que
sin duda es importante, pero no
suficiente, sino en realizar
otras políticas económicas desde
los organismos internacionales,
regular la globalización,
aplicar medidas compensatorias
para paliar los efectos
negativos del mercado y, lo que
es fundamental, reformar las
estructuras internacionales,
basadas en el poder de los
ricos, y las estructuras
internas de los propios países
subdesarrollados, que se
sustentan en muchas ocasiones en
graves desigualdades.
Gentileza: volar
[volar@fibertel.com.ar]
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