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El mundo tiene hambre
Hay cosas que no parecen
cambiar, año tras año, década
tras década. A pesar de que
vivimos en un mundo dominado por
los avances tecnológicos,
científicos, el desarrollo de
las comunicaciones, la
investigación espacial, etc.,
etc., el problema más grande
sigue siendo el más básico,
primario, ancestral y sencillo
de solucionar: el hambre.
Según cifras de la Organización
de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación
(FAO) presentadas a finales del
año pasado, 852 millones de
personas padecen hambre en el
mundo, de los cuales un 95 por
ciento se encuentra en los
países en vías de desarrollo.
La ONU, que es un foro
internacional donde se vuelcan
un montón de buenas intenciones,
se marcó hace un tiempo una
serie de retos y los bautizó
pomposamente como "Los objetivos
del Milenio". Se trata de ocho
retos que tocan los puntos más
importantes a solucionar a nivel
global, desde fomentar la
educación hasta detener el sida.
Y entre ellos está claro,
reducir a la mitad el número de
personas que padecen hambre. Y
todo eso de aquí al 2015.
Pueden considerarse objetivos
ambiciosos, teniendo en cuenta
que está asumido que por fuerza
las cosas de palacio van
despacio. No es fácil sentar a
los responsables políticos de
distintos países en la misma
mesa, ponerlos a hablar, hacer
que lleguen a un acuerdo decente
y no simbólico, conseguir que lo
firmen, y una vez firmado y
hecha la foto para la prensa,
hacer que lo cumplan. Conseguir
todo eso de una forma
políticamente correcta, es
decir, sin amenazarlos con una
pistola en la sien, es tarea de
titanes.
Porque lo que está claro es que
medios para dar de comer a toda
la población mundial, sobran. Lo
que no hay ni parece que habrá
de momento es voluntad de
solucionar. ¿Cuánto ha costado
hasta el momento la guerra de
Irak? ¿Cuánto ganan las
multinacionales, que por cierto,
tienen su despensa normalmente
en países en vías de desarrollo,
que les dan mucho por muy poco?
Y no hay que irse tan lejos:
¿cuánto dinero se gasta en este
país, por no ir más lejos, en
cosas que cualquier ciudadano
normal calificaría como
absolutamente inútiles? Ahora
empieza el verano, y con él se
disparan las fiestas en cientos
de ciudades españolas, ¿cuánto
se van a gastar los
ayuntamientos en fanfarrias,
cuando en la puerta de al lado
hay familias con el agua al
cuello? Ahí es donde la presión
ciudadana es fundamental.
Por otra parte, teniendo en
cuenta como decíamos que sobran
medios, y que lo único que hace
falta es tener un poquito de
intención, el plazo que se ha
puesto la ONU para cumplir sus
objetivos, hasta el 2015, es
ridículo. Porque, suponiendo que
se consiguiese ¿cuándo cree la
ONU que se podría zanjar el
problema definitivamente? ¿O es
que consideran que el hambre es
una condena divina de la que no
nos podemos deshacer por los
siglos de los siglos? Puede que
en 2015 la mitad que queda ya
esté muerta de hambre, en
sentido literal, y se haya
acabado el problema. A este
ritmo, cualquiera sabe. Por otro
lado, resulta francamente
vergonzoso que mientras una
parte del planeta muere de
hambre la otra mitad muera de
obesidad, porque los problemas
cardiovasculares, resultado de
comer como animales, se estén
convirtiendo en una de las
principales causas de
fallecimiento en el mundo
desarrollado.
En fin, el caso es que ante
problemas globales hay que poner
soluciones globales, y ésas
están en manos de los países
desarrollados y de sus
gobiernos. Ellos son los que
pueden destinar ayudas al
desarrollo, hacer hincapié en la
escolarización y en la
formación, dar ayudas para
sanidad, establecer relaciones
empresariales, invertir en la
creación de infraestructuras, en
definitiva, no dar una limosna
con fecha de caducidad, sino
poner los medios para crear
caminos para el desarrollo. Y
acabar de una vez con ese
sinsentido que es la deuda
externa, que nunca se va a
pagar, ni en justicia se debería
cobrar. Y si todo eso no cambia,
que no va a cambiar, es
responsabilidad de los
ciudadanos poner a los
respectivos gobiernos en su
sitio, algo que, como hemos
visto en alguna ocasión, que
funciona de maravilla. Y si no,
auguro que todo este egoísmo
nuestro nos lo vamos a tener que
comer cualquier día de estos.
Con patatas. / C.F.
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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