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Motores del aprendizaje
Nos conviene saber qué secretos
impulsos nos mueven a aprender
desde la edad más temprana hasta
el final de nuestra vida.
Por Mikel Agirregabiria
Agirre
La psicopedagogía moderna parece
haber determinado las tres
claves básicas del aprendizaje
continuo a lo largo de la vida.
Fomentándolos en nuestros hijos,
alumnos o en nosotros mismos
descubriremos la potencialidad
de las inmensas capacidades que
yacen en nuestro interior,
dispuestas a ser despertadas y
desplegadas mediante el poder
del aprendizaje.
Primer motor: La curiosidad. Es
el factor primario que conduce
al conocimiento, el principio de
la inteligencia activa y el más
despierto instigador del género
humano. Quizá sea hija de la
ignorancia, pero es madre de la
sabiduría. Es un impulso humano
de amplitud infinita que oscila
entre lo vulgar y lo sublime:
Puede llevar a escuchar detrás
de una puerta, o a descubrir
América. El proverbio dice "la
curiosidad mató al gato", pero
la falta de curiosidad mata la
mente.
Si en el nacimiento de un niño
la madre pudiese pedirle a un
hada madrina que lo dotase de
alguna gracia, la más ventajosa
sería la curiosidad. La
curiosidad debe mantenerse viva
siempre, porque la vejez sólo
aparece con su pérdida. La
curiosidad es viva en las almas
felices, que la distinguen como
la primera y la última pasión.
Segundo motor: El logro. Es el
inmenso descubrimiento de la
validez de un aprendizaje, como
cuando uno comprende para qué
sirve la lectura. La aplicación
del conocimiento produce más sed
de nuevos aprendizajes. Los
pequeños éxitos son estímulos
que conducen a éxitos mayores.
El logro nos da confianza y
constancia para superar los
fracasos e interpretarlos como
meros ensayos de futuros éxitos.
Como el niño que pasa de gatear
a andar e inmediatamente aspira
a saltar y correr.
Gozar del valor de un
aprendizaje otorga una
experiencia de triunfo, que
anima a proseguir con ulteriores
aprendizajes. Así se decide que
el aprendizaje no es meta, sino
camino. De este modo un
aprendizaje logrado espoleada la
voluntad para el esfuerzo
requerido por sucesivos y
mayores conocimientos.
Tercer motor: El reconocimiento.
Ya el bebé que consigue una
meta, por pequeña que sea como
poner en fila una serie de
objetos, busca la mirada de sus
padres o el aplauso de su
profesora. Ello le alienta a
nuevos objetivos. Grande siempre
es el amor materno o la vocación
docente, pero roza lo sublime
cuando llega a la admiración por
el hijo amado o el alumno
apreciado.
Es muy difícil resistirse a la
gran potencia de la admiración.
La necesidad de autoafirmación y
autoconfianza en nuestra
capacidad de aprendizaje se
revalida mediante el criterio de
los demás, con la aceptación
social de nuestros condiscípulos
y con las altas expectativas en
nosotros depositadas por
nuestros padres y maestros. El
reconocimiento contrastado
impele hacia la madurez del
aprendizaje, que busca triunfar
en actividades trascendentes
para el grupo social al que se
pertenece.
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://blog.agirregabiria.net/
Versión final en:
http://mikel.agirregabiria.net/2006/aprendizaje.htm
Gentileza: Mikel Agirregabiria
Agirre [
agirregabiria@euskalnet.net
]
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