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Honduras: La resistencia
contra la industria minera
Por Juan Almendares
La explotación minera La
explotación minera en gran
escala nunca ha sido realizada
por nosotros(as); el coloniaje
fue opresivo contra la cultura y
contra la vida ya que perdimos
gran parte de nuestra riqueza
natural y humana durante esa
feroz etapa histórica. En el
siglo XIX asistimos a un periodo
postcolonial estadounidense y
británico (minas, tabaco,
alcohol y banano); cuyo impacto
en la pobreza, corrupción,
drogas y las consecuencias de
pánico, terror, tortura
enfermedad y muerte no han sido
superadas en este siglo XXI.
Estas industrias han funcionado
como verdaderos enclaves en los
que la libertad de los
trabajadores siempre ha estado
restringida y sus derechos
elementales han sido violados.
Las concesiones mineras son el
reflejo de la más vil corrupción
y venta de la patria. Para
lograr estas prebendas las
compañías han tenido que formar
un grupo de aliados internos y
desarrollar una estructura que
les permita la creación de leyes
favorables a sus intereses. Han
manipulado a los gobiernos e
incluso han impuesto presidentes
del país fieles a sus intereses.
El impacto de la industria
minera es de naturaleza
acumulativa. La Rosario Mining
Company, que operó en el siglo
XIX, dejó múltiples excavaciones
en San Juancito, pueblo cercano
a Tegucigalpa. Con el embate del
Huracán Mitch se formaron cuñas
hidráulicas que hicieron
prácticamente explotar dichas
cuevas y al remover el sedimento
de los metales pesados como
mercurio, plomo, hierro,
manganeso, éstos llegaron a
contaminar casi cien años
después las aguas y suelos de
San Juancito, Cantarranas y de
Valle de Ángeles; que están
ubicados a unos 40 kilómetros de
Tegucigalpa, la capital de
Honduras. La desgracia es que un
siglo después no es posible
demandar a una empresa que ya no
existe con ese nombre mientras
la contaminación continúa.
A pesar de los esfuerzos por
resolver la contaminación de
Valle de Ángeles y de la mayoría
de los ríos cercanos a las minas
en las diferentes zonas del
país, las concentraciones de
metales pesados exceden los
límites permisibles por la
Organización Mundial de la Salud
y en algunos lugares los valores
son extremadamente peligrosos.
Como no existen investigaciones
sobre diferentes enfermedades,
deformaciones congénitas,
tumores y daños renales que se
derivan de los altos niveles de
contaminación, no ha sido
posible evaluar el impacto
generado por tales enfermedades
y la destrucción ambiental. En
vez de alertar sobre estas
contaminaciones a las
poblaciones cercanas y
educarlas, en los últimos años
no se les ha proporcionado la
información necesaria para la
protección correspondiente. Al
final de cuentas con estas
omisiones lo únicos sectores
beneficiados son las
multinacionales mineras que
continúan su política
postcolonial en el presente
siglo.
La primera consideración
esencial sobre la minería es la
relación con la violación de los
derechos humanos y la
corrupción: procesos de
legislación viciados,
autorizaciones ilegales de
licencias ambientales y sistemas
de operaciones que no siguen las
normas mínimas de las industrias
mineras que demandan las
agencias ambientales de Estados
Unidos y Canadá. El
resurgimiento de la fiebre del
oro ocurre inmediatamente
después del desastre ecológico y
social que produjo el huracán
Mitch en noviembre de 1998. Se
multiplican los préstamos
bancarios no para los hondureños
sino para las empresas
multinacionales a expensas del
sufrimiento de nuestros pueblos.
Es difícil diferenciar entre
exploración y explotación. Una
licencia para operar es una
licencia para matar: asesina la
flora, la fauna, mata la
cultura, enferma a las personas,
vulnera la dignidad y corrompe a
los funcionarios, a los técnicos
y a los profesionales. Mueve y
traslada cementerios e iglesias
y hasta pueblos; como en San
Andrés, Copán. Cuando estamos
más desgraciados, tal como
ocurrió durante el Huracán Mitch,
las empresas mineras ofrecen el
paraíso y la solución a los
problemas de la economía
hondureña construyendo sus
lagunas de cianuro; despojando a
las comunidades de sus
viviendas, bosques, aguas y
cultura. Arreglando y acomodando
las decisiones en los grandes
hoteles de lujo mediante
agasajos a los funcionarios. Más
de un tercio del territorio
destinado a la vida productiva
ha sido ocupado por la minería,
incluso aquellas zonas que son
monumentos a la cultura y
reservas naturales.
El Derecho a la
autodeterminación ha sido
violentado tanto en San Andrés,
Santa Bárbara, Ocotepeque, El
Corpus, la zona sur del país, La
Paz, como en el proyecto minero
San Martín (Valle de Siria). No
fueron consultados las
comunidades ni los sectores
técnicos y científicos de la
sociedad civil hondureña; en San
Andrés esta industria ha
construido a pocos metros de la
población las lagunas de
cianuro. El principio de
Democracia, según la Declaración
de Viena, fue violentado en lo
que taxativamente dice:
"Democracia está basada en la
voluntad expresa de las personas
que determinan su propio sistema
político, económico, social y
cultural y su completa
participación en todos los
aspectos de la vida". O sea que
no se manifestó el poder del
pueblo para decidir. La
industria minera fue impuesta a
las comunidades mediante la
corrupción en las relaciones con
algunas autoridades locales. Así
mismo, en el desarrollo de esta
industria, no se ha seguido ni
aplicado un código ético tanto
para la empresa como para la
mayoría de los funcionarios.
Desde las reformas a la ley de
minería, el otorgamiento de las
licencias y las operaciones, se
observaron las irregularidades
más insólitas: maniobras
leguleyas influidas por las
empresas, deforestación y
dragado de los ríos,
contaminación con el polvo y por
el ruido de las explosiones se
resquebrajan las casas y se
produce insomnio, nerviosidad,
sordera e hipertensión arterial;
inducción de miedo, intimidación
y terror engendrado en las
comunidades y hasta una
propaganda sistemática y
deshonesta en la que se
expresaba que el cianuro no es
perjudicial contra la salud.
El principio, "el que contamina
paga" no se ha aplicado a las
empresas ya que gozan de todos
los privilegios y actúan con
total impunidad y apoyo de las
autoridades ambientales en la
mayor parte de sus operaciones.
La falta del derecho de
autodeterminación se ha hecho
más notorio en cuanto a la
ausencia de la aplicación del
principio precautorio que está
basado en el "no hacer daño" y
en lo que, en un proyecto
ambiental "aún cuando no exista
evidencia científica, pero sí
existen condiciones de que pueda
hacerse daño, éste proyecto debe
evitarse." En igual forma han
sido violados los principios de
equidad, desarrollo sostenible y
no digamos de amor, cuidado y
preservación de la madre tierra.
En relación con la violación del
derecho a condiciones de trabajo
favorables está claro que la
infraestructura y las
operaciones de esta empresa se
han desarrollado en proximidad a
las viviendas de los
trabajadores. Las garantías
laborales han sido una burla
contra la clase trabajadora la
que, en el caso de San Andrés,
no fue debidamente indemnizada,
y no existen ni se aplican
normas de seguridad ocupacional.
El derecho a un nivel adecuado
de vida no sólo ha sido
vulnerado sino que es una burla
y ofensa a la dignidad de los
habitantes de San Andrés, el
proyecto San Martín, El Mochito,
Las Vegas, y otros proyectos. En
el Valle de Siria el agua ha
sido substraída por la empresa
dejando sin el vital líquido a
las poblaciones. La empresa
compra agua a cierto sector de
los habitantes y esta situación
esta contribuyendo a crear una
profunda división y
enfrentamiento entre los
pobladores o entre éstos y la
industria minera.
El derecho a la salud y a un
ambiente sano ha sido
menoscabado. En nuestros
estudios en algunas de las
comunidades se ha observado en
forma notable la mayor
incidencia de enfermedades
respiratorias y de la piel como
consecuencia de las operaciones
mineras. Por otra parte ese tipo
de industria es uno de los más
importantes en la contaminación
con metales pesados contra los
principales ríos de Honduras. No
existen las medidas preventivas
ni de atención en casos de
emergencia o en desastres que
pudieran ser ocasionados por
esta industria.
En suma queremos señalar que se
ha demostrado una falta de
monitoreo integral sistemático
que prevenga las actividades que
ocasionan contaminación y
residuos tóxicos. Ante estos
hechos debemos señalar que se ha
desarrollado en forma progresiva
una resistencia de las
comunidades afectadas, de la
población en general y de
organizaciones ambientalistas,
populares y algunas
organizaciones no
gubernamentales.
El Valle de Siria
Nos vamos a centrar sobre el
Valle de Siria que está ubicado
a 70 kilómetros de Tegucigalpa,
en el corredor histórico de los
desastres naturales, con una
población de 40 mil habitantes,
campesina y ganadera. Este sitio
es conocido por sus fuentes
termales. El estudio de impacto
ambiental fue realizado por la
Glamis Limitada y no tomó en
cuenta el impacto del huracán
Mitch ni las consecuencias de
las lagunas de cianuro.
En tiempo de verano, en el Valle
de Siria, el agua es escasa y
abundante en invierno. Debido a
las enormes cantidades que
utiliza la empresa minera se ha
reducido la cantidad para el
consumo de los habitantes, el
ganado y la agricultura. La
empresa está destruyendo los
conductos acuíferos subterráneos
y ha construido y contaminado
los pozos, de donde consumen el
agua los pobladores. Al
comprarle el agua a ciertos
pobladores ha generado
enfrentamientos entre las
familias y se pronostica
fenómenos mayores de violencia
relacionados con la grave
reducción del suministro acuoso.
Las familias se han empobrecido
porque tienen que gastar más en
el consumo del agua.
Las primeras iniciativas de
resistencia contra la minería
surgieron con la organización
del Comité Ambiental del Valle
de Siria que comenzó
organizándose en el municipio de
San Ignacio. En la primera
movilización casi no hubo
respuesta de la comunidad porque
consideraban que la presencia
minera resolvería su problema de
perenne pobreza. Lo primero que
hizo la empresa fue conquistar
al alcalde del pueblo y editar
uno de los mejores boletines del
país sobre el "milagro" de la
minería. Asistimos a la marcha y
a un mitin público. Los autos y
guardias de la empresa siempre
estaban al acecho en forma
intimidatoria. El papel del los
maestros y estudiantes fue
relevante para levantar la
conciencia sobre la destrucción
ambiental. Además, fue positiva
la respuesta de otros poblados.
El alcalde de El Porvenir tuvo
conjuntamente con la corporación
municipal y las maestras y la
comunidad de El Pedernal una
participación activa al asistir
a las marchas que se realizaron
frente al Congreso de la
República, y frente al
Ministerio de Recursos Naturales
y Medio Ambiente.
Los miembros del Comité
visitaron las Minas de San
Andrés, Copán y El Mochito, Las
Vegas con el fin de observar los
resultados del impacto ambiental
de la industria minera. El
coraje y la honestidad de las
mujeres y hombres, miembros del
Comité Ambiental del Valle de
Siria, ha estado bajo toda
prueba. Han sido insobornables.
En el proceso se han preparado
en asuntos mineros y han
mantenido una línea de no
realizar trabajos conjuntos con
tal industria.
Los problemas relacionados con
la escasez de agua y
enfermedades ocasionadas por la
minería fueron decisivos en la
toma de conciencia de la
población y en la opinión
nacional e internacional contra
la explotación minera. Una
marcha de diferentes sectores
del Valle de Siria se realizó
con la presencia del cardenal
Óscar Rodríguez. Las brigadas de
salud y los trabajos de
investigación que realizamos con
el Movimiento Madre Tierra
fueron valiosos para presentar
el problema a la comunidad
nacional e internacional, a tal
grado que el gerente de la
Empresa Minera amenazó con
enviar a la cárcel al autor de
este artículo y así mismo se
recibieron varias amenazas a
muerte por nuestra lucha en pro
de los derechos humanos y de la
justicia ambiental. Un archivo
completo de nuestras
investigaciones fue robado de
nuestras oficinas dejando
amenazas a muerte.
Resultó interesante que en una
ocasión, las autoridades
policiales me requirieron para
preguntarme los nombres de
quiénes integrábamos las
brigadas de salud, como si este
autor fuese un vil informador de
los que ellos sacan de las
alcantarillas de la sociedad.
Por otra parte también nos
guardamos con lealtad los
nombres de los participantes en
los trabajos de investigación,
porque también podrían ser
blanco de amenazas, sobre todo
para conseguir trabajo; o ser
objeto de intimidación. En
iguales circunstancias han
estado los hombres y mujeres
miembros del Comité Ambiental
del Valle de Siria quienes en
diversas ocasiones han sido
intimidados y perseguidos por
sujetos aparentemente
desconocidos.
Sin el apoyo del Comité
Ambiental y de las Comunidades
no hubiera sido posible realizar
nuestro trabajo, el que siempre
ha sido inseparable de ellos y
ellas. El Comité Ambiental del
Valle de Siria ha desarrollado
actividades para la protección
del bosque de comunidades
vecinas como Cedros, Talanga y
Olancho. En las Marchas por la
Vida, este Comité se ha
movilizado en nivel nacional
para motivar la protesta contra
la industria minera. La
resistencia nacional ha crecido.
En La Labor, municipio de
Ocotepeque, los campesinos con
sus machetes impidieron la
instalación minera. En Güinope,
El Paraíso, la población ha
estado unida frente a la minera.
En la Zona Sur y la Zona
Central, el pueblo se ha
organizado casi espontáneamente
contra las nuevas instalaciones
de lagunas de cianuro.
Sin embargo las empresas mineras
han contado con un fuerte apoyo
de los gobiernos y sobre todo de
las fuerzas militares y
policiales que son excelentes
para defender los intereses de
las multinacionales y dar
garrote, fusil, metralla y balas
-que están hechas de plomo que
el mismo pueblo extrae, con su
sufrimiento para enviarlo al
Norte, y este mismo plomo
regresa convertido en balas que
terminan en los cuerpos
famélicos de los hondureños-. El
Valle de Siria ha sido visitado
por Madre Selva de Guatemala,
Amigos de la Tierra de Kenia,
África; por organizaciones
ambientales de Canadá, Suecia,
Estados Unidos y Europa y las
diferentes comunidades de
Honduras. Es un bastión de la
resistencia.
En el marco de este proceso ha
surgido frente a la explotación
minera una posición radical que
compartimos con el Comité
Ambiental del Valle de Siria, ya
que exigimos el cierre de
operaciones de las Empresa
Mineras y la no utilización del
cianuro o cualquier
procedimiento que sea lesivo a
la vida de las comunidades y de
la naturaleza y que se indemnice
a las comunidades por los daños
ocasionados a la flora, fauna,
suelos, aires, aguas y vidas
humanas. Frente a esta posición
está otra que es proclive a que
se continúe la explotación
minera, que se reformen las
leyes tocando levemente los
intereses multinacionales y que
sigan las concesiones
bochornosas.
En tal sentido, en caso de
formularse nuevas leyes:
1.- Consideramos que una reforma
o una nueva ley de minería sin
conocer previamente la situación
actual de las concesiones,
ubicación y su extensión dentro
del territorio nacional, vendría
a consolidar una situación
ilegal, contraria a muchos
principios jurídicos, incluso
constitucionales, que dejaría
indefensa a nuestra población,
debido a que los beneficiados de
las concesiones alegarían el
principio de irretroactividad de
la ley, señalado en el artículo
96 de la Constitución de la
República.
2.- En vista de lo anterior y
sin menoscabo de continuar con
la iniciativa de obtener la
aprobación de una nueva de ley
de minería, creemos que
simultáneamente se debería
estudiar y formular el
procedimiento correspondiente
para que la actual ley de
minería sea declarada
anticonstitucional; lo que haría
necesario la emisión de una
nueva ley que exalte al ser
humano ante todo interés y lo
consagre como verdadero
beneficiario de la misma.
3.- Es de carácter prioritario
que la nueva ley contemple y
regule debidamente los
diferentes tipos de explotación.
Es nuestra opinión que la
explotación a cielo abierto con
uso de cianuro para la
separación de metales o
cualquier método dañino contra
la vida debe ser prohibida, como
se ha decretado en otros países.
En este proceso de Resistencia
se señalan las siguientes
lecciones aprendidas:
La explotación minera, por parte
de las multinacionales, es
intensiva, lesiva al medio
ambiente y es causa de
enfermedad, pobreza, muerte y
destrucción de seres humanos y
de la naturaleza. La mitigación
del daño es multimillonaria en
dólares y desproporcionada con
relación a las supuestas
ganancias que nuestros pueblos
obtienen de las empresas
mineras.
Las comunidades reciben del uno
a res por ciento de las
ganancias, fondos que resultan
irrisorios si se comparan con
las pérdidas y daños ocasionados
y las enormes ganancias de las
multinacionales.
A las comunidades no avisan ni
las autoridades ni las empresas
de la contaminación de las
aguas, suelos y aires con
metales pesados. Tal es el caso
de la comunidad de Palo Ralo en
el Valle de Siria que estuvo
recibiendo agua contaminada de
arsénico durante cinco años sin
que tuvieran conocimiento las
comunidades. Este proceder
refleja el poco interés en los
seres humanos y ambiente que
tienen las empresas y nuestros
funcionarios
Las empresas mineras tienen
experiencia en dividir a las
comunidades y a las personas
mediante ofertas deshonestas y
actos de corrupción
La escalada de la explotación
minera se extiende hacia toda
Centroamérica y por lo tanto se
requiere hacer un frente común
nacional, centroamericano y
latinoamericano contra esta
destrucción e injusticia
ambiental.
Las empresas mineras no están
solas, tienen alianzas entre
ellas. Funcionan con préstamos
de los organismos financieros
internacionales; el Banco
Mundial y otros. Entre sus
aliados están los propios
gobiernos que ponen a su
servicio los cuerpos represivos
del Estado.
Se demanda en forma urgente la
solidaridad internacional para
realizar con mayor fuerza y
unidad la lucha contra la
explotación minera.
La investigación científica, con
la participación de las
comunidades es un instrumento
valioso para la toma de
conciencia.
Finalmente queremos señalar que
detrás de esta fiebre del oro
puede existir la extracción de
minerales estratégicos: uranio,
cromo, cadmio etc. para la
guerra o la experimentación
humana.
La resistencia de nuestros
pueblos está en la fuerza de la
cultura, la defensa de la
identidad y de sus valores y el
logro de la defensa de la
soberanía y la
autodeterminación. Tiene que ser
efectiva para luchar contra la
vorágine violenta de la red
injusta y antihumana que
representa la globalización del
capitalismo imperial.
Presidente del Movimiento
Madre-Tierra
[Ukhamawa: Red de Noticias
Indigenas]
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Gentileza: volar [
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