|
La Física Cuántica se pone de
moda
Por Eduardo Martínez
La película ¿Y Tú qué sabes?
populariza el ancestral debate
sobre la naturaleza de la
realidad. Después de recorrer
multitud de círculos y foros,
llega a las grandes pantallas de
España la película ¿Y Tú qué
sabes? (What The Bleep Do We
Know?), avalada por el éxito de
taquilla en las salas
comerciales de Estados Unidos.
La película está poniendo de
moda la Física Cuántica, ya que
trae a colación un importante
debate filosófico y científico
que se remonta a Platón, si bien
tiene connotaciones metafísicas
que trascienden el mundo de la
ciencia. Los Creativos
Culturales encuentran en ella
una nueva fuente de inspiración
porque la película les ofrece un
posible modelo de integración,
al mismo tiempo que populariza
la duda sobre la naturaleza de
la realidad, restringida hasta
ahora a ámbitos académicos.
La película documental ¿Y Tú qué
sabes? (What The Bleep Do We
Know?) lleva por fin a la gran
pantalla un importante debate
filosófico y científico. Lo hace
con lucidez, aunque no está
exenta de un cierto aire
californiano que ha irritado a
algunos medios académicos.
Sin embargo, la película
constituye un nuevo intento por
acercar al gran público las
cuestiones sobre las que se está
planteando una profunda
revolución cultural, surgida de
los conocimientos sobre las
partículas elementales,
englobados en lo que ha dado en
llamarse la Física Cuántica.
La Física Cuántica, tal como
explicamos en otro artículo, es
una manera de describir el
mundo. Su campo de actuación es
el de las partículas
elementales, que se desenvuelven
de manera misteriosa para la
percepción ordinaria, ajenas a
las leyes de los objetos
físicos, dando lugar a
diferentes interpretaciones.
Dudas
de realidad
La revolución cultural que se
deriva de estos conocimientos
tiene que ver, sobre todo, con
la naturaleza de la realidad. La
tesis de la película es que la
realidad se reduce a la
percepción y que la percepción
(a la que llamamos realidad) se
forma por el efecto combinado de
pensamientos y emociones.
La consecuencia de esta tesis es
que el sujeto es el artífice
último de lo real y que, cuando
descubrimos la estrecha relación
entre el mundo interno de las
personas y lo que acontece en su
entorno, alcanzamos la capacidad
de alterar la realidad, una de
las más antiguas aspiraciones
humanas.
El argumento sobre la estructura
cuántica de la realidad se
completa en la película con
recientes descubrimientos sobre
el funcionamiento del cerebro,
capaz de reaccionar de la misma
forma tanto respecto a un objeto
real como a otro imaginario,
siempre que una emoción esté
asociada a estos procesos.
Este descubrimiento lleva a los
protagonistas a proponer una
mayor atención a los procesos de
pensamiento y a la
profundización en las emociones,
al considerar que una revisión
profunda del interior humano
puede ayudar a comprender mejor
el mundo que nos rodea y a
hacerlo más habitable y
confortable. Y, sobre todo,
mucho más feliz.
Dos
críticas
Las críticas que ha recibido la
película tienen dos dimensiones.
Una se refiere al rigor de los
descubrimientos comentados, que
si por una parte de la comunidad
científica se consideran
consistentes, por otra parte no
están completamente aceptados
como ciertos.
La película está articulada en
torno a una protagonista que
busca sentido a su vida, a la
que acompañan en su experiencia
una serie de expertos de
diferentes disciplinas: física,
neurología, psiquiatría,
filosofía, medicina, biología,
teología, explicando
conocimientos relativos a la
experiencia de la protagonista,
Amanda (Marlee Matlin).
Los argumentos que los
diferentes expertos exponen en
la película están documentados
en muchos casos, pero en otros
aspectos son más débiles. La
fragilidad de algunas de las
exposiciones de la película está
bien recogida en un artículo de
Wikipedia. Además, según Popular
Science, uno de los expertos
entrevistados, David Albert,
profesor en la Universidad de
Columbia, considera que las
declaraciones suyas que aparecen
en la película son incompletas y
que están distorsionadas.
Aspectos metafísicos
Otra dimensión de la crítica se
refiere a los aspectos
metafísicos, que están
deliberadamente entremezclados
con los planteamientos
científicos. Lo más grave es que
la película no desvela su
estrecha relación con la Ramtha
School of Enlightenment, que
pretende la iluminación de las
personas a partir de una serie
de prácticas que no están
basadas en el conocimiento
científico.
No se trata de negar a esta
escuela el derecho a realizar
las películas y documentales que
mejor estime y que pretenda su
máxima divulgación, sino que es
una obligación moral dejar
constancia a los posibles
públicos de la inspiración que
está detrás del documental. Es
lo que se echa en falta y lo que
explica ese aire próximo al
movimiento cultural de la New
Age que refleja la película.
Para
Creativos Culturales
Según explican sus promotores,
sin embargo, la finalidad de la
película es presentar una
propuesta al movimiento llamado
de los Creativos Culturales, un
concepto acuñado por Paul Ray y
Sherry Anderson en su
emblemática obra The Cultural
Creatives: How 50 Million People
Are Changing the World,
publicada en 2001.
La propuesta consiste, según ha
explicado la única mujer de la
terna de directores de la cinta,
Betsy Chasse, a El País, en
abrir un diálogo para descubrir
dónde está la unión entre la
realidad y nuestra mente.
El movimiento de los Creativos
Culturales está constituido por
una amplia capa social de
profesionales desencantados del
actual modelo cultural y que
representan más de 50 millones
de personas en Estados Unidos y
alrededor de 80 o 90 millones en
Europa.
El objetivo de elaborar un
mensaje para este colectivo
tiene mucho sentido porque la
película ofrece tanto un tema
como un formato atractivo y un
guión comprensible, alcanzando
así la capacidad de atraer el
interés de personas con un nivel
de formación medio, con
inquietudes personales y
sociales insatisfechas y que
están buscando modelos en los
que desenvolver su actividad.
La prueba del acierto se observa
en el inesperado éxito obtenido
en las salas comerciales de
Estados Unidos y en el hecho de
que, antes de llegar a las
grandes pantallas de España, ha
estado circulando casi
clandestinamente por países
latinoamericanos y regiones
españolas, aglutinando foros de
reflexión “sobre física
cuántica” a partir de esta
película.
La Física Cuántica, de esta
forma, se está poniendo de moda,
con todo lo bueno y lo malo que
eso supone: despertar el interés
por una disciplina científica es
positivo, pero reducirla a una
tertulia de salón y convertirla
casi en una religión capaz de
resolverlo prácticamente todo,
es algo que no tiene nada que
ver con la ciencia.
Telón
de fondo
En cualquier caso, lo cierto es
que la película evoca un
importante debate filosófico y
científico que se remonta al
Siglo IV antes de Cristo, cuando
Platón señaló con el mito de la
caverna que no conocemos la
realidad, sino las sombras que
el mundo refleja en las paredes
de la caverna en la que estamos
encerrados.
En 1781 Kant especula con que
sólo podemos conocer a través de
modelos de realidad, innatos en
nosotros, que son sólo una tenue
representación del mundo real,
por lo demás inaccesible al
conocimiento.
Más de cien años después,
Einstein descubre, ya sobre
bases científicas, que el mundo
real no coincide siempre con
nuestras estructuras mentales,
ya que a partir del conocimiento
de las partículas elementales,
hemos descubierto que lo que
sabemos del mundo objetivo es
muy diferente de las ideas que
tenemos sobre ese mismo mundo.
En realidad este es el punto de
partida de la película, que
recupera el papel del sujeto
(observador en el lenguaje de la
Física) en la construcción de la
realidad planteado por la teoría
cuántica: en 1984, John Wheeler
y Wojcieck Zurek, en su obra
Quantum Theory and Measurement,
señalaron que son necesarios los
observadores para dar existencia
al mundo.
Aunque más tarde el físico
alemán Dieter Zeh cuestionara
esta hipótesis con su propuesta
de los procesos de decoherencia
para explicar los mecanismos de
formación de la realidad, el
debate sobre el papel del
observador en el mundo no ha
concluido.
La neurología ha venido a
arrojar nueva luz al señalar que
el cerebro nos ofrece, no un
reflejo de la realidad, sino una
interpretación de señales,
símbolos y signos a través de un
complicado ejercicio vertiginoso
de matemáticas complejas, lo que
aparentemente reduce la
naturaleza de la realidad a un
conjunto de ondas
electromagnéticas que se
concretan en objetos por
mediación del cerebro.
Edgar Morin, entre otros,
explica muy bien estos procesos
en su obra El Conocimiento del
Conocimiento y concluye: el
cerebro se ha construido en el
mundo y ha reconstruido el mundo
a su manera dentro de sí, por lo
que el mundo está en nuestro
espíritu, que a su vez está en
el mundo.
Un buen resumen del argumento
básico de la película y una
posible explicación de su
mensaje porque, si damos por
ciertos estos supuestos,
realmente estamos adentrándonos
en la próxima evolución de
nuestra especie.
Fuente:
www.tendenciascientificas.net
Gentileza: Temis [
temis_r@yahoo.com ]
paginadigital |