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Las ciencias sociales y la
democracia en México
Por Pablo González Casanova
Hace unos días se organizó en el
Instituto de Investigaciones
Sociales de la UNAM una mesa
redonda sobre La democracia en
México. Al final me invitaron a
decir unas palabras, cuyas tesis
principales no aparecieron en la
nota de prensa. Como tal vez sea
interesante darlas a conocer, a
continuación hago una breve
reseña que busca enmendar la
desinformación. Digo que dije:
Uno: Hoy las ciencias sociales
tienen que afrontar, más que
nunca, el problema del
conocimiento de la verdad, el
problema de la crítica de la
mentira, y el problema de decir
lo que se piensa y de pensar lo
que no se quiere ni pensar.
En tan viejos problemas es
necesario ver sus novedades: por
ejemplo la importancia que han
cobrado las mentiras que no se
hacen para engañar, sino para
buscar cómplices, y cuyo arte
tanto han enriquecido los
organismos internacionales y los
gobiernos neoliberales. Y otro
ejemplo: la importancia que han
cobrado las groserías, más que
como injurias, como expresiones
burdas y respuestas enojosas que
sustituyen al pensamiento
crítico en la explicación de
temas controvertidos que
deberían aclararse.
Dos: Las ciencias sociales
tienen que partir de hipótesis
altamente probables, como las
que se mencionan a continuación,
y precisarlas con todos los
recursos científicos y las
"experiencias narradas" cuidando
de no sustituir los
razonamientos con
racionalizaciones o
justificaciones, y de usar la
retórica como arte de la
persuasión que pueda apoyarse en
la ciencia y también en la
conciencia.
Tres: Es falso sostener que "nos
hemos acercado a la democracia y
que se ha acabado el régimen
autoritario que dominaba en
México".
Cuatro: El régimen
presidencialista continúa aunque
ahora la decisión final y los
límites de la libertad de
acción, y de las medidas y
ofrecimientos "políticamente
correctos", ya no los fije el
Presidente de la República, sino
el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional, las
megaempresas y los complejos
empresariales y militares del
"Imperio" y sus asociados
nativos.
Cinco: La "división de poderes"
no se da en las principales
medidas de la política
neoliberal privatizadora y
desnacionalizadora en que
coinciden el Ejecutivo, el
Legislativo y el Judicial en la
"toma de decisiones", palabras
más, palabras menos.
Seis: La lucha de partidos
desaparece en conceptos,
léxicos, programas,
supuestamente alternativos a la
política neoliberal, todos
carentes de medidas concretas y
de bases sociales organizadas y
articuladas, que los hagan
creíbles. Hoy, el partido del
Estado parece haberse
transformado en tres partidos
distintos y uno solo verdadero.
Entre unos partidos y otros se
libran luchas que antes se
libraban en el interior del PRI,
e incluso del PRM, como cuando
se discutía si era mejor elegir
a Mújica o a Avila Camacho. En
los partidos y con los partidos
se libran las luchas y se
establecen las alianzas de
individuos y clientelas para
triunfar en la selección de las
elites gobernantes y en el
reparto de los puestos públicos.
Siete: Las reformas
constitucionales aprobadas por
todos los partidos en el
"gobierno del cambio" son tres:
1ª: La que negó los derechos a
los pueblos indios e incluso los
privó de algunos derechos que
venían de la Colonia. 2ª: La que
entregó los medios de
comunicación e información de
masas a Televisa y Tv Azteca.
3ª: La que entregó la propiedad
de los sitios arqueológicos y
culturales del patrimonio
nacional, a los gobiernos
federales, con una intención
parecida a la que tuvo Salinas
de Gortari al acabar con la
propiedad ejidal y mercantilizar
las tierras de los campesinos
pobres. Ahora el patrimonio
cultural de México es
mercantilizable, o se acerca
mucho a serlo.
Ocho: Frente a ese panorama
-exacto- hay un hecho muy
importante y positivo, creador:
la democracia se ha convertido
en parte de la cultura mexicana
y de los ideales de gobierno. El
pueblo mexicano no "se ha
desilusionado de la democracia",
así en general como dicen los
informes de algunos "expertos".
El pueblo es cada vez más
crítico de esa dizque democracia
que no es representativa ni
participativa, sino "suplantativa".
En numerosas organizaciones de
base tiende a prevalecer una
cultura en que se escucha el
discurso razonado, el diálogo
político con expresiones claras,
a veces muy originales, el
respeto a las creencias e ideas,
a la autonomía y la dignidad de
personas y comunidades. Si
nuestra cultura autoritaria no
cesa de ser un serio problema en
las propias formaciones
alternativas y en las prácticas
de la democracia, y el
acatamiento de la mayoría cuando
no del consenso, existe una
cultura de la organización
colectiva coordinada, plural y
democrática, que logra
expresarse cada vez más entre
los pobres de nuestra tierra y
entre quienes están con ellos.
Yo por mi lado, como todos ustes
saben, estoy con la otra
campaña.
Unas palabras para terminar: En
ciencias sociales existe en
nuestro país y en nuestra
universidad un personal
altamente calificado, con muchos
investigadores y profesores de
nivel internacional y que se
encuentran en las avanzadas de
esta región latinoamericana, que
de por sí está en las avanzadas
del mundo, quizás porque venimos
de pueblos conquistadores y
conquistados rebeldes al yugo,
muchos de cuyos dirigentes han
ido a las universidades y
normales que el neoliberalismo
en vano ha tratado de privatizar
y desnacionalizar, y que han
hecho estudios y prácticas de
posgrado en los campus de las
mejores universidades del mundo
y en los campos de México y
América Latina.
Cuando yo entré aquí al
instituto como ayudante de
investigador, hace más de medio
siglo, la universidad no tenía
el alto nivel que tiene ahora,
aunque ya jugaba ese papel
crítico, y autónomo del poder
del Estado, que entre
contradicciones, es tan
importante para la emancipación
de los pueblos. Hoy, estoy
seguro que tiene aún más
posibilidades y mucho más
personal para vincular las
ciencias sociales a la teoría y
práctica de la democracia en
México. Y allí añadí algunas
palabras de agradecimiento.
Gentileza: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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