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Sobre antropología de
urgencia en Bolivia: Pueblos
étnicos en situación de
vulnerabilidad y aislamiento
La realidad antropológica en
Bolivia ha sido tradicionalmente
ocultada bajo la imagen de ser
una sociedad multicultural
idealmente armónica, cuando en
realidad se trata de un país
gravemente herido por la
antidemocracia y la desigualdad
cultural.
Por Alvaro Díez Astete
Introducción
La realidad antropológica en
Bolivia ha sido tradicionalmente
ocultada bajo la imagen de ser
una sociedad multicultural
idealmente armónica, cuando en
realidad se trata de un país
gravemente herido por la
antidemocracia y la desigualdad
cultural. Sociedad en la que
domina el racismo, por lo que
sus relaciones interculturales
son extremadamente negativas, y
donde las clases económicamente
dominantes se autoidentifican
como superiores, sobre las
clases dominadas que emergen de
los pueblos indígenas y
originarios, y que
paradójicamente constituyen más
del 60% de los habitantes del
país.
En Bolivia existen 33 etnias o
formaciones etnosociales
distintas, reconocidas
oficialmente como tales, y con
un abanico poblacional que va
desde las macro etnias Quechua
(2.500.000) o Aymara
(1.500.000), hasta el otro
extremo como la micro etnia
Pacahuara (11 personas). Al
interior de las etnias de mayor
población aparecen muchas
configuraciones de identidad
sociocultural diversa, como el
caso de los Callahuayas (aymara-quechuas),
los Tentayape (guaranís), los
Paiconeca (chiquitanos), los
Ignacianos y Trinitarios (mojeños),
los Joaquinianos (baures), los
afrodescendientes (aymara-criollos),
y muchos otros que conservan
singularidades etnoculturales
dentro de los cuerpos
sociohistóricos y
sociolingüísticos mayores.
Este breve texto de Antropología
de Urgencia en Bolivia se
referirá solamente a la región
de Tierras Bajas (amazonía,
chaco y oriente), sin ignorar
que existen minorías étnicas
oprimidas en la región andina,
tema para otra publicación. Aún
así, por lo pronto aquí sólo
llamaremos la atención acerca de
aquellos pueblos en situación de
alta vulnerabilidad y los
posibles pueblos en aislamiento
voluntario, para fijar algunas
ideas operativas respecto de
aquello, que son cada vez más
compartidas por las instancias
internacionales de la
antropología latinoamericana.
Definiciones preliminares.
Si bien la definición de “lo
indígena”, y más aún “lo
étnico”, puede (y debe) ser
controversial desde el punto de
vista de los procesos
electorales en el país (donde
cabe esperar la “autoasignación”
oportunista de ser o no ser
indígena), tratándose de los
pueblos indígenas en situación
de Alta vulnerabilidad y pueblos
indígenas Aislados, tal
tecnicismo político sobra, y se
impone una visión clara de
antropología política y cultural
que no dude en identificar
frente al Estado grupos étnicos
en grave crisis de existencia
social y biológica.
La definición de la etnicidad
puede tener muchos componentes
que concurren a formar un
concepto comprehensivo y
académico, que los antropólogos
utilizamos provechosamente
cuando se trata de examinar,
analizar e interpretar la enorme
riqueza de la diversidad
cultural indígena y no indígena.
Pero cuandoencontramos que
dentro de esa diversidad existen
pueblos nativos que sólo se
distinguen ya por una extrema
pobreza, que los tiene al borde
de la extinción,entonces estamos
convocados a asumir un
compromiso de defensa de los
derechos humanos, en cuanto
tales, que aquí denominamos
antropología de urgencia.
Entonces, nuestro concepto de
etnicidad se referirá a los
pueblos indígenas históricamente
oprimidos, discriminados,
humillados y despojados de sus
derechos, a tal punto que están
en camino a su desaparición, y
así pondremos en segundo lugar
la consideración de “lo
extraño”, “lo sui géneris
cultural”, “lo complejo
diferente”, y en cambio en
nuestra base conceptual se
considerarán al menos tres
componentes esenciales de la
identidad étnica: 1) el derecho
a la tierra y sus recursos
naturales; 2) el derecho al uso
pleno de la lengua propia y la
educación situada y pertinente;
3) el derecho a realizar la
historia colectiva y sus
costumbres con
autodeterminación. Todo ello en
el entendido de que la etnicidad
de los pueblos oprimidos pugna
por establecer relaciones de
interculturalidad positivas con
el Estado, es decir, alcanzar a
vivir en un contexto de
seguridad jurídico-legal y
social igualitaria.
En este punto afirmamos que la
etnicidad de la totalidad de las
etnias de tierras bajas -a pesar
de que sus organizaciones
sociopolíticas estén
comprendidas dentro del
ordenamiento legal del país, y
de haber recibido por parte del
Estado la promesa de obtener el
reconocimiento de sus tierras
tradicionales- sufre algún grado
de vulnerabilidad permanente.
Aunque no es tema específico del
presente artículo, conviene
hacer una rápida mención de esta
situación generalizada.
Las organizaciones indígenas y
la cuestión de la Tierra y
territorio.
La Confederación Indígena de
Bolivia (CIDOB)es la
organización “de primer nivel”
que virtualmente representa a
todos los pueblos indígenas de
la amazonía, chaco y oriente
(que alcanzan a unas 300.000
personas), quienes a su vez
están organizados en un “segundo
nivel”, como la Asamblea del
Pueblo Guaraní (APG); Central de
Pueblos Indígenas del Beni (CPIB);
Central de Pueblos Indígenas de
Santa Cruz (CEPESC);
Coordinadora Indígena de la
Región Amazónica de Bolivia (CIRABO);
Organización de Capitanes
Weenhayek y Tapietes (ORCAWETA).
Cada una de estas organizaciones
agrupa a otras de “tercer
nivel”, etnia por etnia, que son
las Sub-centrales, y estas
finalmente contienen en un
“cuarto nivel” a las Comunidades
de cada etnia.
Sobre esos datos someros de cómo
están organizados los pueblos
indígenas, veamos un esbozo del
proceso de su derecho a la
tierra y al territorio.
Sabemos que la Reforma Agraria
de 1953 favoreció sobre todo al
altiplano y los valles de la
región andina, que no a las
tierras bajas, en las cuales
también se favoreció más a
colonizadores andinos y a
lugareños criollos, y no a los
pueblos originarios amazónicos,
orientales y chaqueños: pero lo
más grave es que a través de las
manipulaciones políticas de
todos los elementos oligárquicos
habidos en todos los gobiernos,
sin excepción, particularmente
desde 1964 al presente, en las
tierras bajas se impuso
nuevamente el latifundismo y el
gamonalismo: si bien es cierto
que hubo algunos momentos y
modos de acceso a la tierra por
parte de los indígenas a través
de la Reforma Agraria, ello era
siempre a título individual, con
no más de 50 has. por familia
(cantidad insuficiente en
tierras bajas –por otra parte no
aptas para la agricultura- donde
la sobrevivencia depende de las
labores territoriales de caza,
pesca, recolección y agricultura
ecológica tradicional
itinerante, además de concebirse
la profunda unión del ser humano
comunitario con la naturaleza
irrestricta y con lo
sobrenatural que emerge de ella,
etc.). De hecho, cuando se
alcanzaba una dotación de esta
clase, terminaba cayendo en
manos de los latifundistas que
iniciaron tempranamente (contra
la misma Ley y la complacencia
de las autoridades locales y
nacionales) la compra de esas
tierras; en otras ocasiones, y
no raras, eran los mismos
latifundistas que gestionaban la
dotación de tierras a nombre de
los indígenas, así de pronto “campesinizados”,
tierras que cuando eran dotadas
pasaban automáticamente a
ampliar el latifundio, por lo
que los indígenas de tierras
bajas nunca fueron considerados
ni siquiera campesinos reales,
sino simplemente peones
“empatronados” como fuerza de
trabajo barata o gratuita, pues
en muchos sitios nunca dejó de
regir el sistema gamonal del
“enganche” por deudas que
pasaban de padres a hijos.
Dos consecuencias vergonzantes
de esto deben ser señaladas
netamente: de la compra ilícita
de tierras, los latifundistas
pasaron a la actual
mercantilización de las tierras;
del gamonalismo de los grandes
patrones derivó la
desestructuración y
desintegración de muchas
comunidades.
En 1990, a raíz de la “Marcha
por el Territorio y la Dignidad”
realizada por los indígenas de
la Amazonía boliviana (200 msnm),
hasta La Cumbre de la sede de
gobierno (4000 msnm),
recorriendo a pie más de 500 kms.
(con ancianos, niños y mujeres
embarazadas) durante un mes,
ellos lograron que el gobierno
nacional otorgue por sendos
Decretos Supremos 8
“territorios” –luego llamados
Tierras Comunitarias de Origen (TCO),
en la Ley del Servicio Nacional
de Reforma Agraria, Nº 1716 (Ley
INRA), que se promulgó en 1996.
Para la Ley INRA las TCO
representarían: “espacios
geográficos que constituyen el
hábitat de los pueblos y
comunidades indígenas y
originarias, a los cuales han
tenido tradicionalmente acceso y
donde mantienen y desarrollan
sus propias formas de
organización económica, social y
cultural, de modo que aseguren
su sobrevivencia y desarrollo”
Esa declaración es solamente
lírica, pues hasta el presente
ninguna de las TCO otorgadas por
Decreto Supremo ha concluido sus
saneamientos, habiéndose más
bien reducido en algunos casos
considerablemente la cantidad de
tierra inicialmente designada,
por la múltiple aparición de
“terceros” en todas partes. Con
todo, actualmente existen 33
nuevas demandas de TCO, sin
definición completa de
saneamiento ni titulación.
Además esa declaración tiene que
ser comparada con otras
determinaciones de la misma Ley,
como estas:
“La TCO no permite autonomía
política y administrativa del
pueblo indígena”;
“Los recursos del subsuelo en la
TCO pueden ser explotados por
empresas, cumpliendo un proceso
de consulta con el pueblo
indígena, cuyo contenido no esté
especificado en la legislación”.
Así, definitivamente una
cuestión queda muy clara: todas
las TCO otorgadas carecen de
titulación y saneamiento
efectivo, y además se encuentran
cribadas por concesiones
forestales, petroleras y
mineras, cazadores furtivos de
animales valiosos por sus pieles
y otros depredadores de las
culturas nativas (por ejemplo
los comerciantes que llevan
alcohol y baratijas a los
pobladores nativos a cambio de
sus destrezas en cacería de
especies de fauna).
Para el resumen de esta
vulnerabilidad general de los
pueblos indígenas y sus
organizaciones, contrastaremos
una declaración de sus
necesidades y propósitos hecha
por la CIDOB en 1998, que tiene
plena vigencia:
“El desafío actual de las
comunidades y organizaciones
indígenas consiste en consolidar
territorios viables que
faciliten un desarrollo como
ellas mismas se lo plantean: 1)
La consolidación jurídica de la
propiedad del territorio y del
acceso a los recursos naturales
en su interior; 2) La
consolidación de la gestión
indígena del territorio, tanto
para administrar internamente el
propio espacio, como para
negociar y relacionar con
sectores no indígenas presentes
en el territorio; 3) La
consolidación económica y
social, mediante el desarrollo
de las comunidades de la manera
que ellas mismas proponen” (1).
con la cruda realidad de la
situación actual en la
distribución de la propiedad
agrícola y ganadera, a partir de
las conclusiones de un estudio
técnico fidedigno:
- Pequeños productores = 80%;
poseen 3% de la tierra.
- Propietarios medianos = 15%;
poseen 8% de la tierra.
- Grandes propietarios = 5%;
poseen 89% de la tierra
(Fuente: Centro de Servicios
Agropecuarios:La Vía, Boletín Nº
4, La Paz, julio-2005)
Alta
vulnerabilidad y pueblos
indígenas aislados.
a) Pueblos indígenas en
situación de Alta vulnerabilidad
en tierras bajas.
En esta sección destacamos que
de las 29 etnias que componen el
mosaico etnocultural de la
amazonía, chaco y oriente de
Bolivia, nosotros caracterizamos
al menos 14 de ellas que
presentan diferentes situaciones
de vida extremadamente crítica.
Los pueblos que entran
claramente en esa
caracterización son:
Amazonía: Araona (97); Machineri
(200); Ese Ejja (2.300); Moré
(300); Chacobo (850); Pacahuara
(11); Yaminahua (400); Mbya Yuki
(120); Sirionó (800); Yuracaré
(3.600).
Chaco-Oriente: Guaraní (77.000,
con casos especiales); Guarayo
(11.000, con casos especiales);
Ayoreo (2.500, con casos
especiales); Tapiete (130);
Weenhayek (2.500).
No vamos a extendernos en la
consideración pormenorizada de
cada caso, que por lo demás
requiere de los estudios
específicos y en profundidad que
recién estamos adelantando; sin
embargo es posible señalar las
razones para esta
caracterización, algunas en
realidad comunes a todas las
etnias de tierras bajas, que en
estos casos se agravan
extremadamente:
1) Bajísima densidad
poblacional, con alto riesgo de
reproducción biológico-
vegetativa, donde la totalidad
de las familias sufren de forma
masiva el hambre y la
desnutrición, la constante
mortalidad infantil y la
indefensión general ante las
enfermedades (habiendo sido
poblaciones muy numerosas en sus
orígenes).
2) Carencia de recursos
naturales de subsistencia, por
carecer de tierras, mínimas, o
por ocupar tierras eriazas,
improductivas y pobres de vida
natural (víctimas del despojo,
empujados a sitios inhabitables
por el latifundismo).
3) Grupos étnicos que están bajo
tutorías foráneas, no demandadas
por los nativos, que aunque
intervengan a título
humanitario, efectúan traslados
forzados de hábitat y
desarrollan una labor de
inmovilización y aislamiento
artificial de estos pueblos.
4) Grupos étnicos perseguidos
por sectas religiosas.
5) Ser víctimas de desalojos con
violencia armada por parte de
sicarios, cuando los indígenas
se asientan en sus propias
tierras tradicionales, ahora
detentadas por los latifundistas
(casos Guaraní de Pananti en
Tarija, o Guarayos en Santa
Cruz).
6) Víctimas de la presión de
colonizadores de tierras
andinos, madereros, empresas
agrícolas, ganaderas, petroleras
y mineras; narcotraficantes y
comerciantes inescrupulosos.
7) La existencia hasta el día de
hoy de familias cautivas en
servidumbre perenne por deudas
absurdas, sin remuneración y
sometidas a pago en especie vil,
y mantenidas en relaciones
laborales semiesclavistas(2),
como otros casos de centenares
de indígenas de la etnia
Guaraní, en haciendas de las
provincias Luis Calvo y Hernando
Siles de Chuquisaca, y en otras
de Santa Cruz y Tarija (ver La
Prensa, 10.03.06).
8) Difícil accesibilidad a los
centros de auxilio médico o de
escolarización, viviendo en
estado de abandono, que no es lo
mismo que el aislamiento
voluntario, puesto que ya están
contaminados con las
enfermedades importadas por el
hombre blanco y mestizo, en
tanto que los aislados no.
9) Pérdida de cohesión
sociocultural propia, al extremo
de producirse casos de
mendicidad y prostitución para
sobrevivir, en tanto individuos
desarraigados, como sucede con
numerosas personas de los Ayoreo
en la ciudad de Santa Cruz.
b) Pueblos indígenas en
Aislamiento voluntario.
A partir de las proyecciones de
la Expedición Madidi que venimos
realizando desde hace cinco
años, con la dirección del
historiador y periodista Pablo
Cingolani, hemos decidido dar
una respuesta definitiva a la
acuciosa cuestión de la
existencia de la etnia Toromona,
y ahora además la Fundación
Madidi se propone desvelar las
interrogantes sobre la
existencia de todos los pueblos
indígenas en Aislamiento
voluntario en las tierras bajas
de Bolivia.
Aquí damos cuenta sobre este
particular, basándonos en
nuestras propias observaciones
de campo, y citando ahora un
trabajo también de síntesis de
otro especialista, con quien
hemos coincidido en el presente
planteamiento. (3)
Departamento de La Paz.
1. Toromona. Al Norte del
departamento de La Paz, en el
centro del Parque Nacional
Madidi (1.895.740 has.), se
encontraría viviendo en forma
seminómada el pueblo Toromona,
entre las cabeceras del río
Colorado (o Pukamayu) y las
cabeceras del río Heath (o
Sonene), en una zona
impenetrable de la selva objeto
de nuestras expediciones. Son
varias las fuentes que se
aproximan entre sí para suponer
insistentemente la existencia de
esta etnia emparentada
lingüísticamente con los Araona,
por la familia lingüística común
Tacana. Aparte de las fuentes
etnohistóricas sobre los
Toromona y los relatos de la
época del auge del caucho en que
fueron diezmados, la presunción
de su existencia en el siglo XX
fue esporádica, pero nunca
desapareció, y es a finales del
mismo en que la posibilidad de
su existencia aislada vuelve a
ser mencionada: versiones hay
entre los Araona del Alto
Manupare, que fueron recogidas
directamente por el autor de
este artículo; la versión del
científico noruego Lars
Hafskjold, que en 1997 penetró
sólo en la selva en busca de los
Toromona y nunca más regresó (la
búsqueda de Lars es uno de los
objetivos permanentes de la
Expedición Madidi); versiones
entre pobladores de las
comunidades tacanas y mestizas
de la región del Madidi, que
hablan de la existencia de los
“peligrosos chunchos” o de los
“chamanes”; versiones en la
presunción de algunos miembros
del New Tribes Misión; en la
mención temerosa de
Guardaparques del Parque
Nacional Madidi; en la
especificación del texto de
zonificación del Plan Madidi,
que refiere la presencia de un
grupo no contactado en las
cabeceras del río Colorado, que
es zona de protección estricta.
El problema principal de existir
los Toromona (o cualquier otro
grupo humano aislado,
obviamente) es lograr un primer
contacto con ellos, antes que lo
hagan los madereros o buscadores
de minerales que ya se desplazan
por la región y que intentan
penetrar más adentro, a despecho
de las disposiciones legales y
aprovechando la irregular
protección del Parque Nacional:
y advertimos, si los
depredadores hicieran el primer
contacto, tenemos la certeza de
que sería desastroso para el
pueblo en situación de
aislamiento, pues quedarían a
merced de las armas de fuego
hasta ser borrados del mapa,
como en el pasado. De ahí la
urgencia de establecer su
existencia o inexistencia
probadas, para tomar las medidas
correspondientes.
2. Araona. Fuera de los 90
Araona señalados anteriormente,
es posible que existan algunas
familias aisladas en la selva,
en las cercanías de Puerto
Araona, que no hayan querido
estar bajo la tutela de los
misioneros norteamericanos de
“Nuevas Tribus”. Esta afirmación
la hicieron los mismos Araona al
autor de este trabajo en 1986 y
1994; Brackelaire cita que el
antropólogo francés Michaël
Brohan, quien estudia
actualmente a los Araona,
recogió la misma versión, y otra
fuente semejante es la
Organización del Pueblo Indígena
Mosetén.
3. Ese Ejja. La población
central habita a orillas del río
Beni, entre los departamentos de
La Paz y Beni; pertenecen a la
familia lingüística Tacana. Se
menciona que podrían haber
grupos nómadas sin contacto en
la frontera entre Bolivia y
Perú, en territorio del Parque
Nacional Madidi.
Departamento de Santa Cruz
4. Mbya Yuki. La población
central (120), de la familia
lingüística Guaraní, se
encuentra en el puesto Mbya
Recuaté, regentada por “Nuevas
Tribus”, sobre el río Chimoré en
el Parque Nacional Carrasco de
Cochabamba. Allí mismo habrían
algunas familias aisladas que se
separaron del grupo principal
por no aceptar vivir bajo la
normativa de los misioneros. Hay
que aclarar que el hábitat
original de los Yuki no era éste
sino el de las tierras del Chore,
en los alrededores de Puerto
Grether sobre el río Ichilo y
sobre el río Yapacaní en el
departamento de Santa Cruz, de
donde fueron sacados
forzosamente y llevados en
avioneta en 1989 y 1992 por los
miembros de “Nuevas Tribus”: se
dice que quedaron en su
territorio de origen alrededor
de 15 yukis sin aceptar ningún
contacto hasta hoy, de lo que
dan fe algunos lugareños que
habrían sido atacados con
flechas, sin mayores
consecuencias.
5. Ayoreode. En el Parque
Nacional Kaa Yya(3.441.100 has.)
del Gran Chaco boliviano en la
provincia Cordillera de Santa
Cruz, existe un grupo no
contactado del pueblo Ayoréode
(2.500), de la familia
lingüística Zamuco, que se
distribuye en pequeñas
poblaciones-clanes en las
provincias Chiquitos y Germán
Busch de dicho departamento.
Fuera de las versiones de
lugareños, se tiene la de los
mismos ayoreos que participaron
en los talleres para la creación
del Kaa Yya, por lo que se
menciona a ese grupo de aislados
en el mismo.
Departamento de Pando
6. Pacahuara. Se ha dicho en
otro momento que los Pacahuara
son actualmente sólo 11
personas, que han sido acogidos
por los Chacobo ,de la misma
familia lingüística Pano, que
tienen su localización en el
Alto Ivon, de la provincia Vaca
Díez del departamento del Beni.
Estos Pacahuara fueron
trasladados allí en avioneta
desde su hábitat originario, el
río Pacahuaras del departamento
de Pando, por los misioneros
norteamericanos del ex Instituto
Lingüístico de Verano y “Nuevas
Tribus”. Ahora se recibe
diferentes versiones sobre la
existencia de un grupo de
familias Pacahuara no
contactadas (serían 50
personas), que se encuentran
entre los ríos Negro y
Pacahuaras, en el municipio
Santa Rosa de Abuná, en la
provincia Federico Román, dentro
de concesiones forestales y
cerca de la frontera con el
Brasil.
Departamento del Beni
7. Yuracaré. De familia
lingüística aislada (sin
clasificación científica),
tienen como hábitat (3.600) el
Territorio Indígena Parque
Nacional Isidoro-Sécure (TIPNIS)
del departamento del Beni, donde
viven en pequeñas comunidades
dispersas. Conversaciones con
miembros de la etnia y con
diferentes viajeros hablan de la
existencia del algunos grupos de
yuracarés no contactados, que
viven en la selva libremente,
pero como en los otros casos
bajo potenciales amenazas,
especialmente por la presencia
comprobada del narcotráfico.
c) Algunas estrategias actuales
para enfrentar ambas
situaciones.
Los pueblos indígenas que se
encuentran en situación de Alta
vulnerabilidad en nuestro país,
aún no cuentan con ninguna
política oficial,
profesionalmente competente y
decidida, para empezar siquiera
a dar soluciones a los urgentes
problemas de sobrevivencia y de
defensa de los derechos humanos
más elementales de aquellos
compatriotas que hasta ahora son
considerados como “salvajes”,
bolivianos de segunda o tercera
categoría, a pesar de que las
mismas entidades internacionales
que controlan el desarrollo
económico del país –y por ende
el pensamiento neoliberal de los
gobiernos de turno- como son el
Banco Mundial o el BID, han
donado cientos de miles de
dólares para que los distintos
gobiernos intervengan contra
esta inhumana e inaceptable (aún
para esas entidades) situación
en pleno siglo XX . Nada
significativo se ha logrado
hasta ahora.
Respecto de la situación de los
pueblos indígenas en Aislamiento
voluntario, se están produciendo
a nivel internacional, esta vez
desde entidades de la sociedad
civil y el apoyo de algunos
gobiernos, diferentes eventos
que tienden a desembocar en la
creación de una Alianza
Internacional para la Protección
de los Pueblos Indígenas
Aislados, de pronta
constitución. Los países en los
que se encuentran pueblos
indígenas aislados (es
importante el apunte de
Brackelaire, de que el concepto
de “aislamiento” es muy
relativo, ya que la sociedad
moderna está hoy tan cerca que
amenaza realmente su
sobrevivencia) son: Brasil,
Colombia, Ecuador Perú y Bolivia
de la Cuenca Amazónica, y
Paraguay y Bolivia del Gran
Chaco, países todos que han
ratificado el Convenio 169sobre
Pueblos Indígenas y Tribales en
Países Independientes de la
Organización Internacional del
Trabajo (OIT).
Es dolorosamente irónico que,
como lo dice el autor citado,
numerosas especies animales en
vías de extinción son mejor
protegidas gracias a la
Convención CITES sobre especies
amenazadas, que los últimos
pueblos desconocidos del
planeta, con sociedades, tipos
de saber, lenguas y culturas que
pueden ser extintos antes de ser
conocidos, como muchos
desaparecieron estos últimos
cinco siglos, y probablemente
todavía estos últimos años. Este
ha sido el convencimiento en la
realización del Primer Encuentro
Internacional sobre Pueblos
Indígenas de la Amazonía y del
Gran Chaco en Belem do Pará
(Brasil), que emitió el 11 de
noviembre de 2005 la
“Declaración de Belem sobre los
Pueblos Indígenas Aislados”, en
la que con sabia precisión y
contundencia, bajo 15
Considerandos, se plantean 14
Demandas y Exigencias a los
gobiernos de los países
involucrados, que ya consisten
en la base para el diseño de
políticas de investigación,
acercamiento y solución a la
multiplicidad de campos que
entraña la existencia de seres
humanos prácticamente segregados
por las sociedades nacionales
(por parte de Bolivia asistieron
al evento el antropólogo Bernd
Fischermann y Arturo Villanueva
del Defensor del Pueblo).
Finalmente, repetimos que los
documentos internacionales
fundamentales, que deben ser
tomados como referencia
constante para asumir
definitivamente este desafío
(pues se trata de desafío ético
y profesional, tanto como
humano) son: Declaración
Universal de los Derechos del
Humanos (1948); Convenio sobre
Prevención y Sanción del
Genocidio (1948); Declaración
Universal sobre Diversidad
Cultural de la UNESCO (2001);
Convención de París sobre
Protección del Patrimonio
Intangible (2003); Convenio
sobre la Diversidad Biológica
(Río, 1992); la Resolución 3056
sobre Pueblos Indígenas que
viven en Aislamiento Voluntario
en la Región Amazónica y el
Chaco de la Unión Mundial para
la Conservación de la Naturaleza
(UINC, dada en Bangkok,
Tailandia, 2004); Recomendación
(Párrafo 73) sobre Pueblos
Indígenas Aislados adoptada en
la 4ª Sesión del Foro Permanente
de la ONU (2005); Propuesta del
Grupo de Trabajo encargado de
elaborar el proyecto de
Declaración Americana sobre los
Derechos de los Pueblos
Indígenas de la Organización de
los Estado Americanos (OEA),
Guatemala(2005).
www.EcoPortal.net
(1) -De Vries, Aldert.
Territorios Indígenas en las
Tierras Bajas. CIDOB, SNV, Santa
Cruz, 1998.
(2) -Guerrero Peñaranda, Ramiro.
Huacareta: Tierra, territorio y
libertad. Fundación Tierra, La
Paz, 2005.
(3) -Brackelaire, Vincent
(Sociólogo-antropólogo- Río de
Janeiro, vibra@alternex.com.br).
“Pueblos indígenas no
contactados de Bolivia, un
tesoro cultural sin protección”.
Febrero, 2006.
Gentileza: @ volar [
volar_2004@yahoo.com.ar ]
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