|
|
Influencias de las lenguas
indígenas en el español de
Chile, Miguel Correa Mujica. - 13/04/06
 
|
|
Influencias de las lenguas
indígenas en el español de Chile
Miguel
Correa Mujica
Aunque el estudio del
español hablado de Chile no
comienza exactamente con la
llegada de Rodolfo Lenz
(1863-1938) a ese país, ni con
la publicación de sus estudios
filológicos, con él sí comienza
un apasionado debate lingüístico
que aún no ha cesado. Creo que
el gran ganador de ese debate ya
transepocal e histórico ha sido
Chile, pues de la controversia a
favor o en contra de los
postulados de Lenz siguen
haciéndose investigaciones y
estudios sobre las
particularidades lingüísticas de
ese país, estudios que ayudan a
ubicar a Chile en el mapa
filológico y cultural del mundo.
Etapa pre-lenziana
Con anterioridad a la llegada de
Lenz a Chile, Andrés Bello había
publicado, entre 1833 y 1834,
una serie de artículos de
carácter pedagógico en el
semanario El Araucano bajo el
título de Advertencias sobre el
uso de la lengua castellana
dirigidas a los padres de
familia, profesores de los
colegios y maestros de escuelas
, los que estaban destinados más
bien a corregir vulgarismos y
expresiones viciosas en el
empleo del castellano en Chile.
En 1895 Bello publica sus
Principios de ortología y
métrica de la lengua castellana
, obra que el autor escribe
movido tal vez por el temor a
que el idioma se aplebeyara aún
más quebrando con ello la unidad
léxica y fonética del español
hablado en Chile, según lo
afirma la filóloga argentina B.R.
Enríquez. Los textos de Bello
han generado también algunas
polémicas: catedráticos,
filólogos y eruditos toman
partido al considerar los
estudios del ilustre venezolano
encaminados a corregir
únicamente vicios del habla
chilena. Otros se inclinan a
pensar que su propósito era el
de conservar la unidad
lingüística continental y no
solamente la del habla nacional
chilena, como considera Rodolfo
Oroz, notable filólogo chileno y
Director de la Academia Chilena.
También de esta controversia
sale ganando Chile y la
superestructura de la sociedad
chilena. A los estudios
realizados por Bello siguieron
los de Valentín Gormaz y Miguel
Luis Amunátegui con obras que
hoy se podrían considerar
históricas pero que dieron
testimonio de la evolución del
castellano en ese país. Talmente
parece que la energía y el
empellón iniciales aportados por
Andrés Bello al estudio del
castellano en Chile prevalecen
hoy día con extraordinaria
vigencia.
Rodolfo Lenz y Chile
La llegada de Rodolfo Lenz a
Chile en 1891 constituyó un
acontecimiento de primer orden
en la historia del estudio del
español de ese país. Nacido en
Halle, Sajonia (Alemania) en
1863, Lenz residió en Chile
hasta su muerte, ocurrida el 7
de septiembre de 1938. Filólogo
con una sólida preparación,
estudió la lengua y el folklore
araucanos que fundamentó
científicamente. Hablaba trece
idiomas. Además de sus estudios
lingüísticos, también se dedicó
a la enseñanza universitaria.
Fue titular de la cátedra
araucanista de la Universidad de
Santiago de Chile. Sus
Chilenische Studien, publicados
de 1892 a 1893, constituyen la
primera descripción científica
de la pronunciación chilena.
Rodolfo Lenz es considerado hoy
día como la máxima autoridad en
el conocimiento del idioma
araucano del siglo pasado.
En el mismo año de 1893, Lenz
publica su artículo Beiträge zur
Kenntnis de Amerikanospanischen
(Contribución para el
conocimiento del español de
América). En ese trabajo Lenz,
después de analizar la evolución
demográfica y la historia
cultural chilena, describe los
sistemas fonológicos mapuches y
los del español chileno
señalando más de diez rasgos que
a su juicio distinguen el
español de Chile del resto de
los dialectos españoles y que
son resultantes de la influencia
del sustrato sobre el español
hablado en ese país. De esta
forma queda echada la semilla de
la polémica: al comparar el
sistema fonético del araucano o
mapuche con el del castellano
chileno, Lenz en este trabajo
llega a la conclusión de que
''el español vulgar de Chile es
principalmente español con
sonidos araucanos'' (249).
Afirma Rodolfo Oroz, quien se
opone vigorosamente a la tesis
araucanista, que cuando Lenz
llegó a Chile se encontró con
una serie de fenómenos en la
pronunciación chilena (el seseo,
la aspiración de -s al final de
sílaba, la f bilabial, la r y la
rr asibiladas) que él interpretó
como peculiaridades del habla
chilena debido a la influencia
de la lengua araucana
desplazada, lo que le llevó a
afirmar que el español vulgar de
Chile no era otra cosa que
español con fonética araucana.
Oroz considera que esos
fenómenos fonéticos que Lenz
creyó de origen araucano son
comunes a todas las variedades
del español hablado en América
M.L.Wagner, un cuarto de siglo
más tarde, en su artículo
Americanisch-Spanisch und
Vulgärlatein acepta, aunque
parcialmente, la tesis
araucanista de Lenz, sobre todo
en lo que respecta a la
asibilación de la rr y del grupo
tr, así como el carácter
alveolar de las consonantes d,
t, n, s en el habla vulgar
chilena. En 1935, el inglés W.
J. Entwistle publicó en Londres
su libro The Spanish Language en
el que redujo la influencia de
las lenguas sustratistas
americanas en el español de
América prácticamente a cero al
declarar que ninguna
peculiaridad lingüística
indígena --en el aspecto
fonético, morfológico y
sintáctico-- había pasado a
América, no admitiendo tampoco
influencia del sustrato mapuche
en el español de Chile.
Amado Alonso también entra en la
controversia al someter a un
riguroso análisis la tesis
araucanista de Lenz en sus
Estudios Lingüísticos,
retocándolo después en los Temas
Hispanoamericanos , donde toma
una posición más ecuánime sobre
el asunto: no niega del todo la
influencia del araucano en el
español chileno afirmando que en
el caso de Chile ''puede suceder
que un estudio (...) descubra
algunos rasgos de sustrato (en
la entonación de Chile y de
todas partes es seguro'' (397) .
Y concluye diciendo: ''no hay
que descartar la posibilidad de
que el araucano (...) haya
dejado alguna huella en el
chileno, sobre todo en las
melodías y en los juegos
rítmicos, pero en el sistema
fonético, conjunto de
articulaciones sistemáticamente
relacionadas como un juego de
valores, no ha impuesto
influencia alguna'' (289).
Rodolfo Oroz se suma plenamente
al juicio de Alonso en su libro
La Lengua Castellana en Chile.
Pero, ¿Araucanos o Mapuches?
Antes de continuar nuestra
indagación lingüística sobre si
hay o no influencias indígenas
en el español de Chile, hemos
considerado conveniente
averiguar quiénes eran, dónde
vivían, a qué se dedicaban los
aborígenes en cuestión y cuáles
eran las particularidades de su
idioma, hoy al centro de varios
desacuerdos filológicos.
Y hemos encontrado mucho. Según
Esteban Erize, en su Diccionario
comentado Mapuche-Español, el
término araucano es una
''creación híbrida
hispano-indígena que
conquistadores y escritores
impusieron'' (13). El mismo
autor considera que mapuche es
una denominación genérica (de
mapu, tierra; che, gente) con la
que se conocían las tribus
indígenas a ambos lados de la
Cordillera de Los Andes que
hablaban un mismo idioma y
compartían las mismas creencias,
costumbres y organización
interna. Estas tribus ocuparon
enormes territorios en la zona
meridional del continente
americano, zonas que en la
actualidad se corresponden con
las naciones de Chile y
Argentina. El término araucano
parece haber entrado en crisis
definitiva dado su carácter de
vocablo importado. Muchos
lingüistas coinciden con Erize
en que la denominación genérica
de mapuche es la más apropiada
para nombrar estas tribus
indígenas precolombinas.
Orígenes
En Chile, el asentamiento de las
tribus mapuches se hizo
relativamente compacto en la
zona central del país,
extendiéndose desde Copiapo
hasta las islas Guaitecas y
desde el Pacífico hasta la
Cordillera. Aunque no existen
datos exactos para calcular la
población de estas zonas, se
estima que a la llegada de los
conquistadores españoles en el
siglo XVI, la población mapuche
asentada en esas tierras
oscilaba entre los cuatrocientos
a los quinientos mil habitantes.
Actualmente las tribus mapuches
en territorio chileno no superan
el 10% de esa cifra. Existen
grupos indígenas en que los
ancianos tratan de inculcar a
las nuevas generaciones el habla
castiza de sus antepasados. La
españolización ha hecho del
mapuche un idioma y un pueblo
cada día más alterado.
En la Argentina, el destino de
las tribus mapuches ha sido
todavía más triste. Existían en
ese país tribus nómadas, poco
densas y no siempre en contacto
directo entre sí dada la
naturaleza semiárida del
terreno. Se extendían desde los
flancos orientales de la
Cordillera hasta el Atlántico
abarcando partes de las actuales
provincias de Mendoza, San Luis,
Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires,
Chubut, y en su totalidad, las
provincias de Neuquen, La Pampa
y Río Negro. La suma de estas
aglomeraciones aborígenes en
territorio argentino oscilaba
entre las setenta y las noventa
mil almas a la llegada de los
conquistadores españoles en el
siglo XVI. Actualmente el pueblo
mapuche de la Argentina se puede
considerar prácticamente
extinguido. Sobreviven acaso
algunos núcleos de sangre
mezclada con la del huinca,
tribu cuya lengua se aleja a
pasos agigantados de la original
debido al continuo contacto con
la civilización occidental.
Las tribus mapuches se dividen
en dos grandes ramas: la de los
ngulluches (Chile) y la de los
puelche (Argentina), cada una de
ellas con múltiples
subdivisiones: picunche,
pehuenche, huiliche, ranculche,
chadiche, mamulche , etc.
Al grano lingüístico
En medio de postulados en
oposición emitidos por
filólogos, destacados
catedráticos y tratadistas
americanos, resulta difícil
llegar a una conclusión
definitiva sobre si existe o no
influencia indígena en el
español de Chile. Aunque para
este trabajo hemos consultado un
sinfín de obras y autores que
abordan el tema desde
perspectivas diferentes y con
amplia variedad de criterios,
también hemos considerado
importante centrarme en dos
trabajos en particular que a
nuestro juicio tratan el tema
desde posiciones similares
aunque con diferentes
resultados: el Diccionario
comentado Mapuche-Español de
Esteban Erize (1987-1990) que
hace hincapié en el aspecto
fonológico y morfosintáctico del
idioma mapuche desde ángulos
menos viciados y sobre todo, más
recientes, y el libro de Rodolfo
Oroz, La Lengua Castellana en
Chile (1966), obra monumental
que se adentra en el estudio del
español de Chile tanto desde la
perspectiva morfofonológica como
desde la léxica sin pasar por
alto los aspectos históricos de
esa nación desde tiempos
precolombinos. Desde luego que
utilizaremos los postulados
teóricos de Rodolfo Lenz como
sustrato investigativo por ser
este autor el que desata la
polémica inicial.
Esteban Erize nos brinda en su
diccionario comentado una
transcripción gráfica de los
fonemas mapuches partiendo de la
realización de los fonemas
españoles, o sea una
aproximación a cómo deben
articularse o producirse los
fonemas (el subrayado es nuestro
ya que el autor no utiliza este
término) mapuches en español.
Desafortunadamente, el autor no
nos aclara si para comparar los
fonemas se sirvió de las
realizaciones fonéticas del
español de Chile, del español
peninsular o de algún
insospechado otro pues, como se
sabe, ninguna de esas variantes
de español tienen que ser
necesariamente equivalentes
entre sí (ni de hecho lo son)
desde la perspectiva fonológica.
De todos modos, Erize distingue
26 ''letras o grafías''(14) en
el idioma mapuche de las cuales
brinda su ''correspondiente
pronunciación'' (14) en un
español al que no le asigna una
procedencia definida pero que,
por el contexto y por cierta
intención implícita, parece ser
el de la variedad chilena. Ellos
son: A, C, CH, CHR, D, E, G, H,
I, L, LL, M, N, NG, Ñ, O, P, Q,
R, S, T, U, Ü, Ù, V, Y.
Erize distingue 8 ''letras''
mapuches (no nos atrevemos a
nombrarlos fonemas por respetar
la voluntad del autor)
equivalentes en español:
A, E, LL, Ñ, M, O, P, Y.
Erize afirma, sin mayores
trámites, que éstos se
pronuncian ''como en español''
(14-16). Y acto seguido describe
la realización fonética de los
restantes sonidos mapuches por
similitud con los del español o
con los de otras lenguas
occidentales.
Un detalle interesante de su
comparación fonológica entre los
dos idiomas (que, por lo demás,
nos pareció extraordinariamente
elemental y carente de
fundamentos científicos serios)
es su descripción del sonido
mapuche -chr. Afirma Erize que
éste es el sonido más difícil de
transcribir por ser ''extraño al
español'' (14). El autor
sostiene que este sonido mapuche
ha tenido diversas
representaciones gráficas a
través del tiempo: ha sido
denominado T particular por
algunos autores; T especial por
otros y afirma que ha sido
representado gráficamente de
cuatro maneras distintas (t, th,
tr, ch, con variantes todos
menos el último). Con respecto a
este mismo sonido, Erize afirma
haberlo escuchado en su infancia
''en boca de viejos paisanos que
habían convivido con los últimos
indígenas de la zona, sonido que
siempre transformaba nuestra tr
en una nítida chr, pronunciando
chres por tres, chradición por
tradición, cuachro por cuatro,
chrenza por trenza y así
sucesivamente'' (14). Con este
ejemplo de origen más bien
doméstico, Erize parece formular
una influencia fonética directa
del mapuche sobre el español
hablado en Chile. Nos ha
sorprendido que el autor no haya
hecho referencia en su
diccionario comentado al hecho
de que, en el siglo pasado, ya
Rodolfo Lenz había atribuido el
origen de este fonema a la
influencia mapuche. Desde que
descubrmos el fonema en el
diccionario de Erize, éste nos
llamó poderosamente la atención
pues tenemos, también nosotros,
hispanohablantes residentes en
la ciudad de Nueva York hacia
finales del siglo XX, amigos
chilenos recientemente emigrados
de Chile que ejecutan el mismo
tipo de sonido -chr que Erize
recuerda haber escuchado en boca
de unos viejos paisanos y que él
considera extraño al español.
Sin embargo, no es éste el final
de la historia del fonema
mapuche que Erize representa con
las letras chr. Rodolfo Oroz en
su libro La Lengua castellana en
Chile (1966) rechaza el origen
mapuche que Lenz (y Erize) le
atribuyera al fonema apoyándose
para ello en estudios
posteriores realizados por Amado
Alonso ( ''El grupo tr en España
y América'', Madrid, 1925), los
que le convencieron de que el
fenómeno no era exclusivo de la
pronunciación chilena sino que
ocurría en muchos países
hispanoamericanos y no en pocas
regiones de España por lo que
Oroz lo desecha en tanto influjo
del sustrato mapuche. Sobre el
mencionado fonema, Oroz cita a
Alonso cuando éste afirma:
''(...) la aparición de este tr
en Chile es posterior a la de
otros países, como Guatemala y
Ecuador, donde las personas
cultas, por mí observadas,
tienen un grado más avanzado del
fonema; o más probablemente que
en Chile, debido a su ambiente
más culto ha encontrado el
desenvolvimiento de tr mayor
resistencia'' (167-191). Y
concluye Oroz en La Lengua
castellana en Chile: ''en
posición interior, consonante +
r se comporta como en inicial''
(111). Y nos brinda la
transcripción fonética del
vocablo cabra. Afirma Oroz que
en la lengua culta chilena los
grupos -tr (y también los -dr)
se pronuncian como en España
(por ejemplo en otro, adrede).
Sin embargo, en el habla popular
y en la familiar, en la
semiculta y hasta en la culta -tr
se convierte en una articulación
ápico-prepalatal africada sorda
(o sea en la realización -chr
que Erize y Lenz consideran de
origen mapuche, p.ej. en otro ).
Rodolfo Oroz sólo acepta
participación del influjo
sustratista en dos aspectos del
español hablado en Chile: en los
préstamos lexicográficos y en la
entonación del español vulgar
chileno. En general, Oroz
considera que las
particularidades fonéticas del
español chileno (seseo, yeísmo,
aspiración de -s al final de
sílaba, etc.) son en realidad
características comunes a todo
el español americano, del cual
es una variedad el que se habla
en Chile. Oroz y otros eruditos
rechazan el influjo fonético
indígena sobre el español
hablado en Chile.
El aspecto fonológico
Oroz despliega argumentos
sólidos y bien documentados en
su libro La Lengua castellana en
Chile con los que refuta la
tesis araucanista de Lenz. Su
posición al respecto es
básicamente una resuelta
oposición a aceptar el influjo
fonológico mapuche sobre el
español chileno (tesis
araucanista de Lenz). Sin
embargo, a diferencia de Lenz,
Oroz afirma que en lo
concerniente a la entonación del
español chileno sí ha habido
cierta influencia indígena. Nos
dice Oroz que Lenz no le dio
importancia en sus estudios a
este tópico primordial pues no
alude al mismo sino de paso y
con referencia solamente al
tratar las vocales del habla
chilena. Y Oroz agrega en La
Lengua castellana...: ''De todos
modos, nuestra entonación
difiere bastante de la española
y a juicio nuestro, es lo más
probable que las entonaciones
regionales tengan un origen
indígena''(189). Y Alonso afirma
en su comentario crítico La
interpretación araucana de Lenz
para la pronunciación chilena:
''no hay que descartar la
probabilidad de que el araucano,
ya como sustrato, ya como
adstrato, haya dejado alguna
huella en el chileno, sobre todo
en las melodías y en los rasgos
rítmicos'' (289). Creo que con
varios pensadores notables
esencialmente de acuerdo sobre
el tópico del influjo
sustratista en la entonación del
español hablado de Chile,
podemos afirmar con cierta
justificación que en efecto, la
entonación del español hablado
en Chile ha recibido el influjo
de la lengua sustratista
indígena.
Historia y léxico
Según Oroz, es en el vocabulario
donde el influjo de las lenguas
indígenas sobre el español
hablado en Chile ha sido mayor,
en los llamados préstamos
lexicográficos. Sin embargo, esa
adopción de términos indígenas
por parte del español chileno no
proviene únicamente del idioma
mapuche sino también del
quechua. En los primeros tiempos
de la colonia, el español en
general adoptó vocablos de otras
lenguas americanas como el
aymará, el náhuatl y el caribe,
cuya presencia está reflejada en
el español actual de Chile y en
el de toda Hispanoamérica.
Hacia el siglo XV, unos 70 años
antes de la llegada de los
conquistadores españoles, los
incas subyugaron el país hasta
las riberas del río Maule donde
se encontraron con la tenaz
resistencia de la población
mapuche. Según Oroz, existen
testimonios de que, tras la
dominación exterior, parte de la
población allí asentada fue
removida y reemplazada por
gentes del inca. El Norte del
territorio de la actual
República de Chile recibió el
impacto de la lengua incaica, la
que penetró a su vez a la lengua
mapuche y de la cual ésta adoptó
no pocos vocablos. Sin embargo,
Oroz considera que el quechua no
desplazó las lenguas autóctonas
de la región. Su influjo se
limitó a préstamos. Muchos de
los topónimos chilenos de esa
región, desde el punto más al
Norte del país hasta la
provincia de Santiago,
manifiestan la procedencia
quechua.
Chile fue conquistado desde el
Perú. Diego de Almagro
(1475-1538) inició la fallida
conquista del territorio chileno
(fue ejecutado en el Cuzco por
seguidores de Pizarro, contra
quien Almagro se había
sublevado). Pedro de Valdivia,
teniente bajo las órdenes de
Pizarro, emprendió la conquista
de Chile en 1540. Fundó las
ciudades de Santiago,
Concepción, Valdivia y Confines.
Los indios mapuches le dan
muerte en la batalla del fuerte
de Tucapel. Su sucesor, Hurtado
de Mendoza, conquistó y exploró
las regiones del Sur donde
también se encontró con la
enconada resistencia de los
indios mapuches quienes quemaron
varias veces las ciudades
fundadas por los españoles. Las
insurrecciones aborígenes
(mapuches) se prolongaron hasta
el siglo XIX cuando fue quebrada
definitivamente la resistencia a
la dominación española.
Los conquistadores españoles
ayudaron a propagar términos de
origen quechua que en la
actualidad se encuentran no sólo
en la lengua nacional chilena
sino también en el español de
muchas naciones americanas y
hasta en otras lenguas europeas.
Los misioneros, por su parte, en
su intento de evangelizar a las
tribus indígenas, se vieron en
la necesidad de estudiar
sistemáticamente la lengua de
los aborígenes.
Con respecto a las demás lenguas
indígenas que se encontraban en
el territorio chileno a la
llegada de los conquistadores
españoles, según Oroz, todas han
sucumbido al empuje del
castellano. Lo que sobrevive de
ellas es poquísimo. Un ejemplo
de ello es el pueblo atacama o
atacameño, que hablaba su propio
idioma, el kunzu, el cual no se
ha podido hacer concordar con
ningún otro. Se conserva un
breve vocabulario de la lengua
atacameña, hoy desaparecida
entre los idiomas hablados. No
se ha podido comprobar ninguna
influencia de este idioma en el
español de Chile, salvo en la
adopción de algunos de sus
términos por parte del español
chileno. Oroz descarta el rapa-nui
de la Isla de Pascua, así como
la lengua de los escasos indios
fueguinos pues considera que su
influencia sobre el español de
Chile es nula.
Oroz ofrece en su libro La
Lengua castellana en Chile, un
vocabulario mínimo de términos
indígenas ampliamente utilizados
en el español chileno de hoy
día. Nos limitaremos a algunos
ejemplos:
De origen quechua
a.- Con referencia a objetos y
estados de la vida social y
cultural:
cancha
: terreno, espacio, lugar
destinado al juego de pelota o a
peleas de gallos
chala
: zapato rústico china:
india o mestiza que se dedica al
servicio doméstico chupalla:
sombrero tosco de paja guagua:
niño de pecho (con derivaciones)
guaso:
rústico, campesino de Chile b.-
Palabras relativas a comidas:
cocaví:
provisión de víveres para un
viaje charqui:
tasajo chuchoca:
maíz cocido y seco huachalomo:
lonja de carne c.- Voces
relativas a la vida agrícola:
chacra:
granja chépica:
grama guano:
materia excrementicia de aves
utilizada como abono en la
agricultura.
d.- Palabras que corresponden a
fenómenos meteorológicos y
geográficos:
garúa:
llovizna pampa:
cualquiera llanura que no tiene
vegetación arbórea e.- Voces
relativas a la fauna y flora:
achira:
planta cochayuyo:
alga marina cóndor:
especie de buitre chirimoya:
fruto del chirimoyo llama:
mamífero rumiante papa:
patata palta:
aguacate e.- Palabras relativas
a la construcción:
pirca:
pared de piedra con barro
(derivado: pircar) quincha:
reparo de cañas o de ramas La
enorme influencia que ejerció el
imperio incaico en el Norte de
Chile quedó reflejada no sólo en
la toponimia de la zona sino en
el arraigo de más de doscientos
quechuismos cuyo uso perdura
hasta nuestros días, sobre todo
en la provincia de Tarapacá. He
aquí algunos:
aguaguacharse:
engreírse como las criaturas
anticucho:
trozos de corazón de vaca que se
comen asados a la parrilla
calincha:
mujer varonil cuculí:
clase de paloma que habita los
valles cordilleranos del norte
de Chile chacchar:
masticar la coca pichana:
nombre vulgar de la escoba pupo:
ombligo
De origen mapuche
Palabras relativas a
instituciones sociales, oficios
y costumbres:
cahuín:
reunión de gente para beber y
embriagarse; comentario, boche
chépica:
grama guata:
panza, barriga machi:
curandera o curandero de oficio
malón:
era el asalto sorpresivo de los
indios entre tribus enemigas. El
término designa en la actualidad
el asalto pacífico de una casa,
de un amigo, por ejemplo para
organizar una fiesta. En inglés
equivale a surprise party minga:
fiesta que sigue a la fiesta en
común
un pichintún:
un poco, una pequeña porción
(''No lave un pichintún, lave
más ropa''. ''El Mercurio'',
1963)
El elemento indígena se va
reduciendo en Chile cada vez
más. Los indios tienden no sólo
a ser bilingües sino que las
generaciones recientes se
asimilan completamente a las
condiciones chilenas, olvidando
rápidamente su propio idioma. De
las 1,660 voces indígenas que
aparecen en el Diccionario
etimológico de Rodolfo Lenz,
sólo una pequeña parte se usa en
la lengua común del chileno,
salvo las que designan elementos
de la flora y de la fauna cuyo
empleo parece estar más
extendido y generalizado y aún
ellas están condicionadas por el
ambiente social y las
circunstancias que posibilitan
su empleo.
Algunas conclusiones
La influencia de las lenguas
indígenas en el español hablado
en Chile es un tema que todavía
se presta a polémicas debido tal
vez a que la tesis araucanista
de Rodolfo Lenz tiende a
polarizar las opiniones sobre el
tema. En ella su autor asegura
haber encontrado alrededor de
diez rasgos fonéticos del
mapuche en el español hablado de
Chile (como lo son la
palatización de j,
diferenciación entre ll/y, el
fonema -tr, la aspiración de -s
al final de sílaba, las r y rr
asibiladas, etc.). Esteban Erize
coincide con Lenz en que sí han
habido filtraciones fonológicas
mapuchistas en el español de
Chile. Tanto Amado Alonso como
Rodolfo Oroz rechazan el aspecto
fonológico de la tesis
araucanista de Lenz aduciendo
que los rasgos fonéticos que
Lenz creyó ver en el español
hablado en Chile son en realidad
rasgos comunes al español
americano resultante del
transplante del español
peninsular durante la conquista
y ulterior colonización del
continente americano. Oroz
considera que la única
influencia de las lenguas
sustratistas indígenas sobre el
español hablado en Chile está en
la entonación y en los préstamos
léxicos que el español chileno
ha tomado del mapuche y del
quechua.
Por lo que, a la pregunta de si
ha habido influencia de las
lenguas indígenas en el español
hablado de Chile, nos sentimos
ahora más capacitados para decir
que sí, que sin lugar a dudas la
ha habido y en gran escala.
Bibliografía
Academia Chilena. Diccionario
del habla chilena. Santiago,
Chile: Editorial Universitaria,
1978.
Alonso, Amado. Estudios
lingüísticos. Temas
Hispanoamericanos. Madrid: 1953.
La interpretación araucana de
Lenz, para la pronunciación
chilena. Buenos Aires: BDH,
1930-1949.
Araya, Guillermo. Atlas
lingüístico-etnográfico del sur
de Chile. Valdivia:
(ALESUCH) Instituto de Filología
de la Universidad Austral de
Chile, 1973.
Cárdenas A., Renato. Apuntes
para un diccionario de Chiloe.
Castro, Chile: Ediciones Aumen,
1978.
Cox Balmaceda, Andrés. A
garabato limpio: una
interpretación del mal lenguaje
del chileno. Santiago, Chile:
Ediciones Cerro Huelen, 1985.
Erize, Esteban. Diccionario
comentado Mapuche-Español.
Santiago de Chile: Editorial
Nacional del Sur, 1987-1990.
García-Pelayo y Gross, Ramón.
Pequeño Larousse ilustrado.
Buenos Aires, Argentina:
Ediciones Larousse, 1964.
Lenz, Rodolfo. Contribución para
el conocimiento del español de
América. Buenos Aires:
Universidad de Buenos Aires,
1893.
Diccionario etimológico de las
voces chilenas derivadas de
lenguas indígenas americanas.
Santiago: Universidad de Chile,
1980.
Mejías, Hugo A. Préstamos de
lenguas indígenas en el español
americano del siglo XVII.
México: Universidad Autónoma de
México, 1980.
Morales Pettorino, Felix.
Diccionario ejemplificado de
chilenismos y de otros usos
diferenciales del español de
Chile: Valparaíso, Chile:
Academia Superior de Ciencias
Pedagógicas de Valparaíso,
1984-1987.
Oroz, Rodolfo. La Lengua
castellana en Chile. Santiago de
Chile: Editorial Universitaria,
1966.
Rosemblat, Angel. El castellano
de España y el castellano de
América. Madrid, España: Taurus
Ediciones, S.A., 1970 Sole,
Carlos A. Bibliografía sobre el
español en América (1920-1967).
Washington, D.C. Georgetown
University Press, 1970.
Tangol, Nicasio. Diccionario
etimológico chilote. Santiago,
Chile: Editorial Nascimento,
1976.
Miguel Correa Mujica The
MARIEL Literary Journal
©
Miguel Correa Mujica 2001
Espéculo. Revista de estudios
literarios.
Universidad Complutense de
Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero17/mapuche.html
Gentileza:: Melina Alfaro
[melina.alfaro@gmail.com]
paginadigital |
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política,
derechos humanos, movimientos
sociales, informes,
latinoamerica |
|
|