El negocio de la educación
Por Mario
Roberto Morales La Insignia
El neoliberalismo propone la
privatización de lo público como
condición para que surja la
libre competencia, especialmente
en lo referido a los servicios
básicos y a la salud y la
educación, aunque no sólo a eso.
También llama libre mercado a la
ausencia de leyes que regulen
las decisiones que los
capitalistas toman en relación a
qué hacer con su propiedad sobre
el capital. Esto contradice los
principios del liberalismo, que
deduce la libre competencia de
la justicia social, es decir, de
la igualdad de oportunidades
para todos, al margen de los
resultados que cada uno obtenga
con su esfuerzo individual a
partir de esa igualdad inicial.
En otras palabras, en el
liberalismo las leyes garantes
de la justicia social o igualdad
de oportunidades no emanan del
capital sino del Estado. La
fórmula neoliberal inversa es
una perversión teórica y
práctica del ideario liberal y
de la libertad económica, y es
propia de una ideología
empresarial monopolista y
totalitaria.
Según el criterio neoliberal,
los propietarios del capital
deben someter las leyes a la
lógica del mercado, es decir, al
objetivo primordial de alcanzar
mayores márgenes de lucro sin
considerar si eso conlleva el
deterioro de la calidad de vida
de las mayorías y del ambiente o
el decrecimiento de la capacidad
intelectiva y la decadencia
espiritual que resulta del
consumismo disciplinado al que
induce la publicidad. Esto no
forma parte de la lógica del
mercado ni de su ética, para las
que sólo hay que privatizarlo
todo porque eso garantiza la
libertad económica de los ricos,
quienes impiden mediante
prácticas monopolistas que haya
más ricos, coartando así la
libertad económica, la libre
competencia y la democracia, que
son la esencia originaria del
capitalismo.
Siguiendo la lógica neoliberal,
la educación debe ser
privatizada para evitar que el
Estado -si cayera en manos de
políticos concientes y
responsables del bienestar de su
pueblo- promueva la formación de
seres humanos cultos, analíticos
y críticos que se percaten de
cómo funciona la sociedad y de
cómo se articula el poder
económico, así como de la
diferencia que existe entre
liberalismo y neoliberalismo. La
educación privada neoliberal
busca formar profesionales sin
más inquietud que el afán de
lucrar y de lubricar su mala
conciencia mediante la caridad,
la beneficencia y el despliegue
de comportamientos socialmente
aceptados como esas sonrisas
"francas y espontáneas" que
resultan inmejorables para las
relaciones públicas de la
empresa.
Cuando la lógica neoliberal
controla el Estado, se apresura
a sentar las bases para la
privatización de lo público a
fin de que las transnacionales
asuman la inversión necesaria de
la modernización económica y
para que las atrasadas
oligarquías puedan solicitarles
volverse socias minoritarias de
sus monopolios. Cuando esta
lógica llega a controlar los
ministerios de educación
mediante la gestión burocrática
de tecnócratas administrativos
que nada saben de pedagogía ni
de didáctica (y ni siquiera de
ortografía y sintaxis), las
reformas educativas empiezan por
sentar las bases para
neutralizar el conocimiento
crítico de las ciencias sociales
y las humanidades, y para formar
educadores en saberes aislados y
sin relación con la totalidad
social. El resultado es una
ciudadanía acrítica y
superficial, favorable por ello
a la privatización y a otras
"sugerencias" consumistas.
En mi país, la oligarquía y sus
cuadros neoliberales de clase
media impulsan desde el Estado
una reforma educativa
fraudulenta que ha privatizado
la formación de docentes
aboliendo la carrera escolar de
magisterio y remitiéndola a
instituciones educativas de su
propiedad, y además han pactado
con empresas de familiares,
amigos y empleados la impresión
de miles de textos escolares que
-financiados con nuestros
impuestos y por la cooperación
internacional- serán obsequiados
a planteles públicos y privados
para uniformizar la mente de los
educandos. La lógica neoliberal
borra fronteras entre lo público
y lo privado cuando se trata de
lucrar, y para el efecto acude
sin el menor pudor al más
desembozado mercantilismo, de
modo que aquí el negocio de la
educación se administra
abiertamente desde el ministerio
respectivo. Un ministerio que
"capacita" maestros a punta de
dianética y "sabiduría"
conductista New Age, y que
produce materiales didácticos
cuyas "mediaciones pedagógicas"
engullen los contenidos y las
interpretaciones críticas,
propiciando así la muy rentable
anulación proconsumista de la
inteligencia analítica.
También
publicado en A fuego lento
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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