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La metáfora de Blancanieves
Por Mikel Agirregabiria
Agirre
Para que los padres entendamos
la evolución de nuestros hijos
en su paso por la infancia y por
la adolescencia, es una buena
parábola el cuento escrito por
los hermanos Grimm.
La fábula es tan prolífica que,
de modo informal, ha sido
múltiple alegoría con
intencionalidad variada. Algunos
se han referido más a la
madrastra que Blancanieves, para
asemejarla a políticos que
incesantemente consultan las
encuestas (como si fuese el
espejo mágico), y que se
disgustan cuando ya no son los
más valorados. Otros, también
con propósito sarcástico han
aplicado el “síndrome de
Blancanieves”, para denostar a
quienes “sólo se rodean de
enanitos” o a quienes “esperan,
tras quedarse dormidos, que
otros les solucionen sus
problemas de manera prodigiosa”
como en los cuentos.
La historia relata que la
princesa sufrió dos ataques de
su malvada madrastra. El primero
cuando la vanidosa reina, al
escuchar de su espejo mágico que
la más bella era Blancanieves,
ordenó a un cazador llevar a
Blancanieves al bosque, matarla
y presentar su corazón como
prueba. La segunda amenaza vino
cuando la madrastra, disfrazada
de anciana, ofreció a
Blancanieves una manzana
envenenada que la sumió en un
sueño sin fin.
La salvación de Blancanieves
provino de dos insospechadas
ayudas. En la primera ocasión,
cuando el leñador se apiadó y la
abandonó, fueron los siete
enanitos sus salvadores. En el
segundo trance no bastaron los
cuidados de los enanitos, y el
hechizo de la manzana sólo se
rompió cuando apareció un
príncipe y besó a Blancanieves.
Los riesgos y protecciones que
halló Blancanieves son una
metáfora de las primeras etapas
de la existencia.
La infancia. Implica la
socialización gradual fuera del
amparo familiar, afortunadamente
no por rechazo (como con la
madrastra) sino porque el ámbito
del nido se queda escaso como
entorno para quienes crecen, se
relacionan y escolarizan,…. con
otros enanitos, de quienes
aprenden mucho como amigos o
condiscípulos. Entre los
enanitos, y las enanitas, hay de
todo: muchos alegres, sabios y
dormilones; menos tímidos,
mocosos y gruñones; y casi
ningún mudito. Pero con todo, la
infancia vivida entre el hogar y
la escuela es una etapa feliz,
como cuando Blancanieves moraba
en la casita de los enanitos.
Pero una amenaza se cierne sobre
el horizonte, es.
La adolescencia. Significa una
brusca crisis de identidad, de
bruscas transformaciones
fisiológicas, emocionales y
sociales. Los infantes, tan
contentos con su rutina
cotidiana, parecen entrar en
trance súbitamente alterados
como por una manzana envenenada.
Superar la pubertad requiere
algo más que un beso
principesco, pero al final
-cuando los padres parecen
desesperar- llega un día
gloriosos en el que los
adolescentes despiertan de su
mutante letargo. Goethe lo
describió acertadamente: “Sólo
una pasión verdadera transforma,
de pronto, al adolescente en
adulto.
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
http://www.geocities.com/agirregabiria2006/blancanieves.htm
Gentileza: Mikel Agirregabiria
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