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El Dalai Lama nos visita
Por Antonio Fernández Arce
Perú 21 - Lima
Tientsyn Gyatso, nombre real
aunque abreviado del Dalai Lama,
líder religioso del budismo
tibetano, llegará a Lima el 7 de
mayo. Según su "Oficina de
Enlace con América Latina"
instalada en Nueva York, hará lo
mismo que desde el día 26 de
abril en Brasil, Argentina y
Chile (y días después en
Colombia): pregonar el
independentismo tibetano bajo
virtuosos conceptos de sagacidad
y compasión, ciencia y
espiritualidad, paz interior y
tolerancia.
La gira por cinco naciones
latinoamericanas del líder
espiritual del lamaísmo tibetano
-así reconocido hasta por la
propia China, para cuyo gobierno
es enemigo público número uno-
tiene el abierto respaldo de
Washington que, no obstante,
igual que todos los estados,
reconoce que el Tibet es parte
inseparable de China.
Pero rezagos geopolíticos de la
Guerra Fría siguen jugando su
rol y, al amparo de prácticas
religiosas, Yashi Norbu persiste
en ser herramienta del
pretendido hegemonismo político
mundial. Yashi Norbu es Tientsyn
Gyatso. No es un tibetano
cualquiera. Es un "dios
viviente", jefe espiritual de
millones de lamaístas,
convencidos de que todo
sufrimiento terrenal debe
soportarse y que uno debe
liberarse del mundo para llegar
al estado del "Nirvana", que
hace entrar en el reino de dios
sobre la Tierra. ¿Por eso habla
de compasión?
El budismo es una religión
reconocida por el Estado chino.
Por eso, sus fieles no pueden
ser reprimidos, a pesar de su
enorme carga de superstición y
de algunos de sus ritos
inhumanos, como lo son los del
culto Falun Gong, que ha llevado
a la muerte a más de 1.400
personas.
¿Quién
es el Dalai Lama?
Cuarto de cinco hermanos en una
familia campesina de la aldea de
Qijianchuan, en la remota
provincia china de Qinhai, nació
en 1935. Tientsyn Gyatso fue
descubierto por emisarios
lamaístas que buscaban un niño
en quien se hubiera reencarnado
el entonces fallecido Tupden
Gyatso, décimo tercer Dalai, y
fue llevado al Tibet con
autorización del gobierno
kuomintanista de Chiang Kai-shek,
quien después aprobó su
designación como Buda Viviente.
Antes de convertirse en el
décimo cuarto Dalai Lama, su
nombre era Lbamo Dondrup. Cuando
se le rapó el cráneo para
hacerlo Buda Viviente, recibió
el largo nombre de Jetsun Jampei
Ngawang Lozang Yeshe Tientsyn
Gyatso Sridsun Wanggyur Tsungra
Medpai Dechenpo. Nombre tan
largo y enrevesado como su
tortuosa trayectoria política,
fue apocopado en la abreviatura
de Tientsyn Gyatso.
Fue consagrado como Dalai Lama
en 1940 conforme al ceremonial y
los ritos establecidos por la
dinastía Qing y supervisados por
altos funcionarios del gobierno
del Kuomintang. Instaurada la
República Popular China (1 de
octubre de 1949), el gobierno de
Mao Tsetung decretó expulsar del
Tibet a las fuerzas británicas
que se inmiscuían en la política
china. En 1951 negociaron el
gobierno local del Tibet y el
gobierno central, en Pekín.
El 23 de mayo de 1951 fue
firmado un acuerdo para "la
liberación pacífica del Tibet".
Entre sus 17 cláusulas se
dispuso expulsar a las fuerzas
imperialistas de ese territorio,
al que se concedió autonomía
regional, y consolidar la
unificación tibetana con China.
También se estipuló la ayuda que
el gobierno local tibetano daría
al Ejército Popular de
Liberación para que entrara en
la región y asumiera su defensa.
Se ordenó urgentes reformas
sociales para liquidar la
servidumbre y el sistema
esclavista a que estaban
sometidos un millón de
tibetanos. Se estatuyó la
libertad religiosa y el respeto
a los hábitos y costumbres del
pueblo tibetano. Y fueron
emprendidos programas de
desarrollo agrícola, ganadero,
industrial, de comercio,
educación y cultura.
El 24 de octubre de 1951, tras
el acuerdo firmado en la capital
china por sus delegados, el
Dalai Lama envió un telegrama al
presidente Mao expresándole su
pleno apoyo. "El gobierno
tibetano y el pueblo tibetano,
tanto monjes como laicos,
apoyarán unánimemente el acuerdo
de 17 cláusulas, y bajo la
dirección del presidente Mao y
del Gobierno Popular Central,
ayudarán activamente al Ejército
Popular de Liberación a
desplegarse en el Tibet para
consolidar la defensa nacional,
expulsar del Tibet a las fuerzas
imperialistas y salvaguardar la
unificación, la integridad
territorial y la soberanía de la
patria", dijo el Dalai Lama a
Mao Tsetung en ese telegrama.
¡Palabras que se llevó el viento
del Oeste!
Dalai
conjurador
Se fijó siete años para las
reformas económicas y sociales y
para liberar a los siervos. Pero
los plazos vencían y, ocho años
después, la situación era
"insoportable", según propios
historiadores tibetanos.
Dirigentes de la clerecía feudal
comenzaron a entenderse con
fuerzas imperialistas
extranjeras. En 1959 desataron
la rebelión que, con consignas
religiosas, venían incubando
entre su fanatizada grey. El
ejército fue enérgico al
aplastar la rebelión armada. El
Dalai Lama y miles de sus
seguidores "amos de siervos"
huyeron a refugiarse en el
poblado de Dharamshala, en la
India. Ahí formaron un "gobierno
tibetano en el exilio", al que
nadie jamás reconoció.
Desde que en marzo de 1959 el
Dalai Lama fugó del país, ve
frustrados sus intentos
separatistas. Hay que recordar
su historial de volubles
intentos por escindir a China e
"independizar al Tibet": El 21
de setiembre de 1987, en un
discurso ante el Comité de
Derechos Humanos de la Cámara de
Representantes de Estados Unidos
anunció un "Plan de Paz" de
cinco puntos para hacer de esa
región una zona de contención
entre China e India. Ese plan
fue originalmente de la corona
británica, que al final de la II
Guerra Mundial ya lo había
propuesto internacionalmente. El
propósito, obviamente, era hacer
del Tibet una colonia británica.
El 15 de junio de 1988, el Dalai
Lama planteó en Estrasburgo una
nueva propuesta de siete puntos,
que preveía alta autonomía y una
alianza con China. La llamó "El
camino intermedio". En 1991, en
París, dijo que el Tibet sería
independiente en tres años.
Estaba "envalentonado" por el
derrumbe de la URSS y los países
socialistas del Este europeo. En
1995 predijo que eran "contados
los días para que el Tibet sea
independiente". La prensa china
se mofó de sus vaticinios y
afirmó que China jamás
permitiría que volviera la
ominosa servidumbre que hubo en
Tibet bajo el régimen teocrático
de los Lamas.
Defraudado
Cuando el Dalai Lama huyó,
comenzó a denunciar que el Tibet
había sido "anexado" por China.
Los archivos históricos
demuestran, sin embargo, que la
irrupción del ejército en 1959
fue en territorio propio, ya que
China ejerce soberanía sobre esa
región desde la dinastía mongola
de los Yuan (1271-1368). La
propia consagración de Tientsyn
Gyatso como Dalai Lama en 1940
solo fue posible con el
consentimiento y aprobación del
gobierno central.
Inclusive el título de Dalai
Lama fue concedido por el
gobierno central a Tientsyn
Gyatso. Él suscribió acuerdos
personalmente con Mao Tsetung y
con el gobierno comunista. El
hecho de que no quiera reconocer
al Tibet como parte de China es
incluso una traición a Tsongkapa,
fundador de la secta Geluc (la
del Dalai Lama). Durante la
dinastía Ming, Tsongkapa envió a
su discípulo Sagya Yeshi a
visitar al gobierno central de
la corte, que lo nombró Gran
Tutor del Estado y Príncipe
Dharma de la Misericordia. ¿Si
Tibet no era parte de China,
cómo pudo suceder eso?
Ahora que el Dalai Lama irá a
nuestros países a hablar de
sagacidad, compasión, tolerancia
en aras de la paz (es "Premio
Nobel de la Paz"), hay que
recordarle que la premisa básica
para que haga realidad su
prédica es que abandone su
propuesta de un Tibet
independiente y sus actividades
separatistas y que reconozca,
como lo hacen sus tutores, que
la Región Autónoma del Tibet es
parte inseparable de China.
El altiplánico Tibet, "el techo
del mundo", deja de ser un mundo
misterioso. Sobre 1 millón 200
mil km2 viven poco mas de 2
millones de seres que en 40 años
de liberación han prosperado en
todos los terrenos y cuya
esperanza de vida se ha elevado
de 35 años durante el esclavismo
lamaísta, a 72 años en la
actualidad. Bien lo sabe el
compasivo Dalai.
Gentileza: Ricardo Alvarado [
killincho1973@gmail.com ]
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