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Amenaza nuclear. - 16/04/06
 
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Amenaza nuclear
Mikel Agirregabiria Agirre
Lo que atemorizó al
planeta durante décadas ya no
asusta ante nuevos enemigos como
el terrorismo. Pero persiste el
riesgo de un holocausto nuclear.
Las armas nucleares, basadas
en reacciones de fisión atómica
o de fusión nuclear, cuentan
desde el inicio del Proyecto
Manhattan con una historia de
apenas 65 años. Pero no se han
jubilado. Han pasado a segundo
plano, porque la “guerra fría”
se desdibujó tras la caída y
desintegración de la Unión
Soviética. Pero aún restan más
de 15.000 ingenios nucleares
capaces de extinguir toda forma
de vida en nuestro planeta.
El descubrimiento del neutrón
por Chadwick en 1932, permitió
que sólo siete meses después (el
12 de septiembre de 1933) el
físico Leo Szilard, comprendiese
que era posible generar inmensas
cantidades de energía mediante
reacciones neutrónicas en
cadena. El 4 de julio de 1934,
Szilard solicitó la patente de
una bomba atómica, describiendo
la reacción y el concepto de
masa crítica. La patente le fue
concedida, por lo que Leo
Szilard fue el inventor de la
bomba atómica. Al obtener la
patente, se la ofreció como
regalo al Reino Unido, confiando
en que la caballerosidad
británica evitaría que su
invento fuese mal empleado
alguna vez; sólo aceptaba que
fuera usada contra los nazis si
éstos la desarrollaban por su
cuenta.
En los preámbulos y el
desarrollo de la II Guerra
Mundial, sólo hubo tres
proyectos de construir una bomba
atómica: el programa alemán, el
francés y el angloamericano,
siendo éste el único que lo
concluyó a tiempo para
intervenir en la última fase de
la contienda, acabadas ya las
hostilidades en Europa. La
Alemania nazi carecía de fuentes
de uranio, había perdido a sus
científicos de origen judío y
otros no colaboraron con el
nazismo, y le faltaba de la
capacidad industrial. Sus
avances difícilmente hubiesen
alcanzado algún resultado antes
de 1950. El programa nuclear
francés se vio interrumpido en
sus albores por la ocupación
nazi de la parte principal del
país.
Con científicos alemanes
expatriados, como Frisch y
Peierls, el Reino Unido avanzó
en el análisis teórico de la
fisión rápida del uranio U-235.
El 3 de septiembre de 1941,
Winston Churchill decidió
construir una bomba atómica,
pero en diciembre el proyecto
fue transferido a los EE.UU.,
donde el 9 de octubre de 1941,
Franklin Roosevelt había
autorizado la producción del
arma atómica. De forma conjunta,
y bajo la dirección de Julius
Robert H. Oppenheimer, se puso
en marcha el Proyecto Manhattan.
El 16 de julio de 1945 se detonó
la primera bomba de fisión en la
desértica zona de pruebas de
Alamogordo (Nuevo México), con
una potencia de 17,5 Kilotones
(1 KT equivalente a mil
toneladas del explosivo
convencional TNT). Al mes
siguiente, se lanzaban dos
bombas atómicas sobre Japón. El
6 de agosto, la primera bomba A
lanzada sobre Hiroshima causó
inmediatamente 90.000 muertos.
El 9 de agosto la segunda bomba
ocasionó en Nagasaki la muerte
inmediata de 60.000 personas,
además de los miles de heridos e
irradiados que fallecieron
posteriormente. Las trágicas
secuelas de ambas bombas, las
únicas empleadas en guerra por
autorización de Harry Truman,
aún perduran entre los
supervivientes y sus
descendientes.
El 15 de agosto de 1945 finaliza
la II Guerra Mundial, e
inmediatamente la ventaja
nuclear de EE.UU. asusta a su
“aliada” (hasta entonces) la
Unión Soviética. Josef Stalin
entra en la carrera nuclear, con
una doble vía de la tecnología
propia y del espionaje. Con los
datos del espía Klaus Fuchs, que
les proporcionó los planos
finales de la bomba de Nagasaki
en junio de 1945, la URSS
explosiona el 29 de agosto de
1949 en el polígono de
Semipalatinsk (Kazajstán), una
copia exacta de la bomba de
Nagasaki que liberó una potencia
de 22 KT. Dos años después, el
24 de septiembre de 1951
detonaron otro ingenio de diseño
propio más refinado, de la
"generación uno y medio". La
Guerra Fría Nuclear había
comenzado.
Pronto se suma otras potencias a
la carrera nuclear. El 3 de
octubre de 1952, el Reino Unido
hace estallar su primera bomba
atómica británica, a bordo de un
viejo buque anclado cerca de la
isla Trimouille (Australia).
Francia, tras la debacle en la
Indochina francesa (Vietnam), y
la humillación de la
confiscación del canal de Suez
(octubre de 1956) gracias a que
EE.UU. dejó sin apoyo a sus
aliados, acelera su programa
nuclear y el 13 de febrero de
1960 prueba su primera bomba en
el Sahara argelino.
China, con asistencia inicial de
la URSS, el 16 de octubre de
1964 detona su primera bomba A
en el campo de pruebas de Lop
Nor. Por esas fechas, Israel,
había madurado su secreto
programa nuclear aprovechando la
transferencia de tecnología
francesa. Parece confirmado que
Israel en 1967, durante la
guerra de los Seis Días disponía
de 2 bombas atómicas que
entraron en alerta. El 22 de
septiembre de 1979 se produjo
una misteriosa explosión nuclear
en el sur del Océano Índico, que
nadie se cree que fue una prueba
conjunta sudafricana-israelí.
India, con asistencia civil
occidental preliminar, detonó el
18 de mayo de 1974 un
dispositivo atómico en el
desierto de Thar (Rajastán).
Tras la entrada de la India en
el selecto club atómico, su
vecino Pakistán tardaría años en
dotarse de su primera bomba por
las estrictas restricciones a la
exportación de tecnologías de
doble uso impuestas por las
grandes potencias. El 28 de mayo
de 1998 Pakistán una prueba de 5
explosiones atómicas simultáneas
en las montañas del Beluchistán.
La fecha se precipitó porque
India había probado su primera
bomba H termonuclear el 11 de
mayo de 1998.
Mientras más países se dotaban
de bombas atómicas de fisión
atómica, bombas A, las potencias
entraron en la carrera de las
bombas H, de fusión nuclear con
isótopos del hidrógeno. Estados
Unidos probó el 1 de noviembre
de 1952 la primera bomba
termonuclear en el Atolón de
Enewetak, en el Océano Pacífico,
con una potencia de 10,4 MT.
Aunque hubo un arsenal de estas
"bombas H de emergencia", EE.UU.
no dispuso de bombas H con
normalidad hasta 1955, o quizá
1956. Como a continuación
veremos, esto significa que la
ventaja tecnológica real con la
URSS en materia de armas
nucleares se había perdido. La
Unión Soviética esperaría hasta
el 22 de noviembre de 1955 para
probar su bomba H en
Semipalatinsk, pero su obra era
plenamente operativa
militarmente.
Las restantes potencias
militares también fueron
logrando sus propias bombas H.
El Reino Unido en noviembre de
1957; China en 1967 sólo 32
meses después de su primera
bomba A; Francia esperó hasta
principios de 1977 para
instalarlas a bordo de sus
submarinos nucleares. Israel
parece contar con un arsenal
reducido de armas
termonucleares. India, tras más
de 20 años sin pruebas
nucleares, realizó su primera
prueba termonuclear el 11 de
mayo de 1998, acelerando –como
se ha expuesto en líneas
precedentes- la decisión
pakistaní de realizar sus
pruebas con armas de fisión, dos
semanas después.
La distribución del arsenal
termonucleares actual concentra
en EE.UU. un total de entre
5.000 y 10.000 cabezas nucleares
desplegadas. Rusia, heredera
nuclear de lo que fuera la URSS
y tras el desmantelamiento
voluntario de Bielorrusia,
Ucrania y Kazajstán, acumula
entre un mínimo de 1.500 y un
máximo de 3.500 ojivas
operativas. Francia es la
tercera potencia en armamento
nuclear con entre 500 y 1000
artefactos nucleares. El Reino
Unido cuenta con un máximo de
250 cabezas nucleares, mientras
China dispone de entre 70 y un
máximo de "varios centenares" de
ojivas.
Israel con entre 100 y 200
cabezas nucleares desplegadas y
operacionales, India con 200
cabezas nucleares y Pakistán con
unas 50 armas atómicas a lo
sumo, cierran el club atómico.
Sudáfrica, que construyó al
menos diez bombas atómicas de
uranio enriquecido, es el único
país de las desmanteló y
renunció a su programa nuclear.
La tensión actual parece
concentrarse en Corea del Norte,
que declaró disponer de armas
nucleares el 24 de abril de 2003
(probablemente aún no
militarizadas) e Irán, que
dispone ya de uranio altamente
enriquecido (HEU) y mantiene
activo un programa de misiles.
A modo de curiosidad histórica,
a principios de los años '70,
Franco encargó un estudio sobre
la posibilidad de construir
armas nucleares. Aunque disponía
de la tecnología necesaria,
reservas de uranio y una zona de
prueba (el Sahara), finalmente
se desechó semejante proyecto.
Actualmente se calcula que más
de 40 países, incluido el Estado
español, disponen de la
tecnología y recursos para
construir armas nucleares.
Ha habido varias situaciones en
las que hubo riesgo del inicio
de una guerra nuclear. Además de
la Crisis de los misiles de
Cuba, en octubre de 1962,
ocasionada en respuesta al
despliegue norteamericano de
misiles en Turquía y a la
invasión de Bahía de Cochinos,
ha habido al menos otras cinco
ocasiones en las que los
sistemas de guerra nuclear de
alguna superpotencia han entrado
en alerta. El 9 de noviembre de
1979, los ordenadores del
Pentágono notificaron
súbitamente la existencia de un
ataque nuclear soviético masivo.
Todo el sistema de represalia
nuclear se puso en marcha, los
bombarderos despegaron y la
defensa civil llegó a activarse.
Sin embargo, los datos
procedentes de los satélites y
de los radares no coincidían,
sin verse ningún misil soviético
mientras los ordenadores
aseguraban que había 300
dirigiéndose a toda velocidad
hacia los Estados Unidos. Al
final se comprobó que alguien
había introducido
inadvertidamente una cinta de
entrenamiento como fuente de
datos del ordenador central
analizador de amenazas. Estos
hechos trascendieron a la
opinión pública e inspiraron la
célebre película Juegos de
Guerra.
Posteriormente el 3 de junio de
1980 se produjo otro incidente
de alerta de un ataque nuclear
soviético a causa de un chip
defectuoso. El 26 de septiembre
de 1983, sólo 25 días después
del derribo de un Jumbo
surcoreano civil por las Fuerzas
Aéreas Soviéticas, una rara
conjunción del equinoccio de
otoño ocasionó un error en la
red de satélites soviéticos que
estuvo a punto de disparar la
represalia de la URSS ante un
falso ataque norteamericano. El
más reciente suceso del que se
tiene noticia ocurrió el 25 de
enero de 1995 de un cohete
suborbital noruego, de
dimensiones parecidas a las de
un misil intercontinental.
Aunque el lanzamiento había sido
notificado a la administración
rusa de Yeltsin, por extravío en
la comunicación este cohete real
en el espacio activó la
prealerta de toda la fuerza
nuclear rusa.
En pleno siglo XXI pervive el
peligro de un fin apocalíptico,
bien por un acto de agresión
desde un Estado o desde una
organización terrorista, todo
ello sin considerar los
accidentes nucleares en
instalaciones civiles. El
Tratado de No Proliferación
Nuclear, de 1968 y firmado hasta
la fecha por 189 países, debiera
avanzar en la triple dirección
del paulatino desarme nuclear de
las potencias atómicas, el no
incremento de potencias
nucleares y el uso
exclusivamente civil de la
energía atómica.
El riesgo de una catástrofe
proviene no exclusivamente de
Irán o de Corea del Norte, y
haríamos bien las ciudadanías
democráticas de todo el planeta
en exigir “políticas de futuro”
para la erradicación progresiva
del armamento nuclear, tan
disperso y diseminado por todos
los continentes y océanos. El
Organismo Internacional de la
Energía Atómica (OIEA) debiera
velar simultáneamente por el
desarme y contra el tráfico
ilícito de material nuclear,
evitando no sólo que nuevos
países ingresen en el tenebroso
club atómico, sino animando a la
salida de tal círculo a los
países que apuestan por la paz
(como hizo Nelson Mandela al
desmantelar en Sudáfrica su
armamento nuclear). Sólo así
podríamos disipar la amenaza
nuclear, reduciendo todos los
arsenales al mínimo que bajo
criterios de no-empleo por la
destrucción mutua asegurada
baste para esa controvertida
“disuasión nuclear” que, es de
reconocer, ha servido hasta la
fecha para evitar una Tercera
Guerra Mundial.
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Gentileza:: Mikel Agirregabiria
Agirre
[agirregabiria@euskalnet.net]
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