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La
revolución de la ternura, Mikel
Agirregabiria Agirre. - 01/04/06
 
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La revolución de la ternura
Mikel
Agirregabiria Agirre
La última revolución habrá
de ser de ternura para
comprender las diferencias y
hallar el camino hacia una
singularidad convivida en la
abundancia de la multiplicidad.
Pablo Neruda citó, hablando del
poeta Mayakovski, el invento de
una alianza indestructible entre
la revolución y la ternura.
También Víctor Hugo sugirió que
“la indignación y la ternura
constituyen la misma facultad
vuelta en los dos sentidos de la
dolorosa esclavitud humana; y
quienes son capaces de
encolerizarse son también
capaces de amar”. El mismo
Ernesto "Ché" Guevara señaló que
“a veces debemos endurecernos,
pero jamás debemos olvidarnos de
la ternura”. Antes se decía que
una mujer sin ternura era una
monstruosidad, todavía más que
un hombre sin coraje; ahora,
hemos de considerar que toda
persona sin coraje y sin ternura
es alguien truncado.
Lo cierto es que la ternura
aunque soterrada, se halla por
doquier. Jacques Brel, el
trovador de la ternura, cantaba
“Cuando sabemos dar la ternura y
también sabemos recibirla, nos
damos cuenta que se halla
presente todas partes: en un
perro, en un amigo o en una
desconocida”. Hay una ternura
infinita en todos los corazones
humanos como en una noche llena
de estrellas.
Aún los más centenarios y
gigantes árboles, los que
inspiran solidez, altura y
firmeza, se rodean de una tierna
corteza donde los amantes graban
sus nombres y amores para la
posteridad. La ternura nos hace
vulnerables, nos convierte en
humanos, y nos eleva a la
categoría de ángeles mortales.
Tenemos la misma edad que
nuestra ternura. Nuestro
desgaste de ternura no es más
que amor sin utilizar, porque el
amor crea ternura… que sobrevive
al amor. La ternura es esa
realidad que consigue superar al
ensueño de la utopía.
Hay ternuras de todas clases.
Todas, menos las ternuras
postizas, son válidas. Un niño
describió la ternura como una
luz y un calor que permanece en
nuestro corazón aunque afuera
esté lloviendo. Por ello, la
ternura infantil es la más
entrañable, pero en la mirada de
una mujer alcanza la ternura su
expresión suprema. Aunque jamás
en la vida encontraremos ternura
mejor, más profunda, más
desinteresada, ni más verdadera
que la de una madre. Nunca
agradecemos lo suficiente a las
mujeres del mundo, por mantener
algo de ternura y sensatez en
nuestras infancias, en nuestros
juegos y en nuestra existencia a
lo largo de la historia.
La ternura es el reposo de la
pasión, eso que convierte la
existencia de la otra persona en
nuestra segunda piel. Por ello,
cuando se expresa la ternura, se
expresa en plural. El escritor
de la ternura, Jacques Salomé,
cree que la ternura no es un
estado permanente, sino un
descubrimiento perpetuo que cada
uno de nosotros podemos hacer,
no a través de la fragilidad de
las apariencias o la rutina de
las costumbres, sino en una
vivencia consciente y completa
del presente. La ternura no nace
de lo imposible, sino que
engendra vitalmente lo posible.
Nada es pequeño para la ternura.
Aquellos que esperan las grandes
ocasiones para probar su
ternura,… no saben amar. Si sólo
por el sufrimiento se alcanza la
grandeza, sólo por la ternura se
descubre los grandes amores.
Ternura es una palabra o un
silencio convertido en
ofrenda... para quien sabe
escucharlo con confianza. Saber
escuchar con tolerancia es otra
de las mejores manifestaciones
de la ternura. Una risa sin
fronteras, un ligero roce y una
caricia que hace temblar el
suelo bajo nuestros pies,… son
cumplidos reflejos de la
ternura.
La ternura reencontrada es igual
que unas gafas graduadas,
destinadas a corregir nuestra
prosaica visión de la vida.
Cuando la muerte, la gran
reconciliadora, llega a
nosotros, nunca nos arrepentimos
de nuestra ternura, sino de
nuestra severidad. Nadie puede
llamarse feliz hasta que haya
aprendido a cultivar la alegría,
la estima, la ternura y la buena
voluntad hasta el punto de
hallarse determinado a ser feliz
todos los días, haciendo felices
a los otros.
Todos buscamos ternura natural
de forma desesperada. Jacques
Brel lo cantó “Somos como barcos
partiendo todos juntos en la
pesca de la ternura”. Y
recuerda: La ternura no pide
nada, no espera nada, se basta a
sí misma. Jamás hay que prestar
la ternura; hay que obsequiarla,
si no, duele demasiado.
Mikel Agirregabiria Agirre.
Getxo
http://www.agirregabiria.net/mikel
http://www.agirregabiria.net/mikel/2006/ternura.htm
Gentileza:: Mikel Agirregabiria
Agirre
[agirregabiria@euskalnet.net]
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