Números incas: una nota
Laura
Laurencich-Minelli
Universidad de Bologna (Italia)
El curioso concepto de "cero
concreto" mesoamericano y andino
y la lógica de los dioses.
En el mundo de los Incas,
Mayas y Aztecas, el tiempo no es
concebido proceder linealmente
como en nuestras culturas, sino
circularmente, como se evidencia
en las creaciones y
destrucciones sucesivas, que se
narran justamente como eventos
cíclicos, tanto en Perú como en
Mesoamérica.
El concepto de tiempo entre los
Mayas y los Mesoamericanos era
tangible: algo concreto que se
manifestaba ya sea en la
proyección del tiempo sobre el
espacio (es decir en los lugares
de observación, para establecer
los movimientos del sol y
corregir el calendario), ya sea
en la división del calendario
ritual mesoamericano de 260 días
que coincidía con los cuatro
puntos cardinales que al mismo
tiempo lo regían, uno a la vez,
en la sucesión Este, Norte,
Oeste y Sur. Además, es
importante subrayar que el
tiempo era considerado llevado
directamente por los dioses,
como una especie de estafeta en
que el tiempo mismo era el
concreto testimonio. (Laurencich-
Minelli 1999a; 1999b).
Para los Incas, el tiempo
coincide con el espacio, como lo
expresa ya inicialmente el
vocablo quechua pacha que
significa tiempo y espacio
contemporáneamente. Esta
sinonimia entre tiempo y espacio
indica que el primero era
considerado concretamente y
proyectado sobre el espacio
geográfico. El tiempo en efecto,
era a tal punto considerado una
unidad con el espacio
humanizado, que los ceques,
aquellas líneas que partían del
centro del mundo inca, la ciudad
del Cuzco, permitían individuar
no sólo grupos sociales y las
328 huacas que marcan el
calendario ritual de 328 días de
los Incas, sino que algunos de
ellos codificaban también las
observaciones astronómicas,
indicando el punto de algunos
momentos significativos del sol
y de la luna (Zuidema 1990: 73;
1995). Tiempo que se consideraba
proceder circularmente, y entre
los Incas hacia atrás, como lo
indica el término quechua ñawpa
pacha= tiempo pasado, que
significa también tiempo/espacio
adelante.
En el mundo precolombino, que
considera el tiempo concreto, no
debe sorprendernos que el
concepto de cero no represente
la nada como nuestro cero, sino
también algo concreto.
Ya por sí mismo, el símbolo cero
entre los Incas y Mayas es algo
tangible: es un colgante sin
nudo para los Incas, es un
caracol para los Mayas y una
mazorca para los Aztecas (Romano
1999, Harvey y Williams 1981,
1988).
He examinado el tema del cero en
varias fuentes sobre los Incas y
sobre Mesoamérica (Cieza de
León, José de Acosta, el Jesuita
Anónimo, Guamán Poma de Ayala,
Garcilaso de la Vega, los
vocabularios quechua-español de
Fray Domingo de Santo Thomas
(1560) y el impreso por A.
Ricardo (1686) y, para
Mesoamérica, Bernardino de
Sahagún, los Códices Mendoza,
Borgia, Magliabechianus,
Tellerianus-remensis y el
vocabulario nahuatl-español de
Molina (1571): los únicos
indicios que he hallado en estas
fuentes es que los diccionarios
no refieran la palabra indígena
para traducir cero, es decir, no
había en el léxico indígena una
palabra correspondiente a
nuestro cero.
Sin embargo, desde el
vocabulario de Molina se
evidencia que, aun si en el
antiguo idioma nahuatl no había
una palabra para decir cero, por
lo menos había un "lugar" para
el cero porque de acuerdo a la
manera de contar los días
pasados presentados por Molina
(1970 [1571]), los Nahua del
siglo XVI contaban los días de
la semana partiendo de cero,
como evidencia Chamoux
(2003:29): es decir el cero es
el primer número, lo que genera
los otros números.
Además la Luna parece haber sido
la diosa del "cero" en
Mesoamérica con toda su carga de
fertilidad. Sin embargo ambos
símbolos del cero, el caracol
maya y la mazorca azteca,
estaban conectados con la Luna
en cuanto Tecciztecatl, la
divinidad de la Luna azteca, es
dicha proceder del caracol
marino mientras la mazorca es
parte de la diosa Chicomolotzin
(cuyo nombre significa 7
mazorcas) que está conectada a
la fecundidad terrestre que a su
vez está relacionada con la
Luna. Todavía en tiempos tardíos
Fray Francisco Ximenes en su
Historia Natural del Reino de
Granada (1722:215-216) recuerda
que el caracol era ligado a la
Luna.
Los datos etnohistóricos me
dejan suponer que el concepto de
"cero" concreto, que con su
fecundidad genera otros números,
pueda ser de origen calendárico
y esté ligado a la Luna que,
como hemos visto, está conectada
con la fertilidad de la mujer y
con la fertilidad en general ya
sea en Mesoamerica ya sea en los
Andes (Hocquenghem 1987:30-31),
planeta que aún hoy en día
permite a los Andinos como a los
Mesoamericanos que viven en el
campo de computar los meses
lunares y que cuando no se ve,
como en su fase de Luna nueva,
es considerada ausente, es
decir, cero.
A priori, parecería que el
calendario sacro mesoamericano
de 260 días, dicho tzolkin en
maya y tonalpohualli en nahua,
que funcionaba junto al
calendario solar de 360+5 días,
no hubiera tomado en
consideración los meses lunares,
sin embargo, éstos venían
computados y correlacionados con
el calendario sacro, como
resulta por ejemplo del Codex
Maya de Dresden.
Además, todavía hoy el concepto
de cero conectado a la luna y al
inicio de los meses lunares se
encuentra no sólo en la
contabilidad agrícola, como la
de los indios Chiapanecos y la
de los Mayas Lacandones, sino
que entre los Maya Kaqchikel (Mucía
Batz 1996: 17-32) y los Nahua (Chamoux
2003: 29) del tiempo presente
aún hoy se inicia a contar los
días de la semana partiendo de
cero: lo que me parece ser un
indicio de que el concepto de
cero no corresponde a la nada
sino a algo tangible, concreto,
que en ese momento ha concluido
y por lo tanto genera los días
sucesivos (por ej. suponiendo
que hoy sea domingo, para un
maya o nahua de hoy, sería el
día "cero", porque está ya
transcurriendo, mientras que el
primer día será el lunes y así
hasta dentro de siete días y no
ocho, como decimos nosotros,
será nuevamente domingo).
Complementariamente, cito mis
observaciones durante el trabajo
lingüístico-antropológico que
realicé entre los Bibri y
Cabecar de Costa Rica en los
años 1960-1962 para la
construcción de una escuela
bilingüe (bibri-español, cabecar-
español). Para ellos el día ya
concluido es cero, y tanto
adultos como niños no comprenden
el concepto de cero igual a la
nada, en cambio tienen bien
claro el concepto de cero
equivalente a algo que antes era
y al momento falta como por ej.
la luna que está y luego, cuando
es nueva, no se ve. Concepto que
por lo tanto llamaré "cero"(1).
Igualmente, es muy interesante
que José Mucía Batz (1996:
9-25), a propósito del "cero"
según los Maya Kaqchikel
contemporáneos, afirme que para
ellos el "cero" no es sólo el
principio y el fin de una cuenta
sino el centro y la madre de
todas las cosas: eso es genera
el tiempo.
Me parece curioso y estimulante
para nuestra búsqueda que un
documento secreto, es decir
escrito sin los recortes y las
imposiciones de la censura,
afirme no solo que el "cero" de
los Incas corresponde a Quilla,
la Luna, aquel planeta que se ve
y no se ve de acuerdo a sus
fases y que es responsable de la
fertilidad femenina, pero
también que justamente de la
Luna, es decir del "cero", se
inicia a contar la serie de los
números sacros inca. Se trata
del documento todavía poco
conocido Exsul Immeritus Populo
Suo (de ahora en adelante EI)
escrito por el jesuita mestizo
Blas Valera en 1618 del cual se
esta preparando la publicación
integral1. De acuerdo a este
documento, el "cero" asumiría
entre los Incas el valor de
generador de los números
sagrados y de los meses lunares:
así la Luna nueva que es "cero"
no es sólo el punto de partida
óptimo del calendario luni-solar
de los Incas, al igual de lo que
afirma Garcilazo de la Vega
(1963[1609]), sino que generaría
también cada mes lunar de su
calendario y los números
sagrados.
Es muy interesante que cuanto
revela el ms. EI sobre la Luna =
"cero" generador de números y
responsable de la fertilidad
corresponda a cuanto dicen las
fuentes etnohistóricas Mayas y
Aztecas (Molina 1970, Mucía Batz
1996, Chamoux 2003) y que se
sume a las fuentes
etnohistóricas andinas en
indicarnos a la Luna como la
diosa protectora de la
fertilidad y de la generación
que, en su aspecto de Luna
nueva, o sea en su aspecto más
explícito de "cero" inicie, es
decir, genera los meses lunares
del calendario Inca, Maya y
Azteca.
El número cero = la nada y el
número 1 como inicio de
numeración son propios de las
culturas en las cuales el
concepto de tiempo y espacio
están separados, culturas como
la nuestra que concibieron la
matemática abstracta en la cual,
como dice Platón en el Timeo,
los números nacen del tiempo. El
concepto de "cero" tangible,
parece al contrario, propio de
las culturas basadas en la
atenta observación de la
naturaleza y sus manifestaciones
concretas, que como los Mayas y
los Incas, han desarrollado una
matemática concreta en la cual
el tiempo se proyecta en el
espacio cósmico. Asimismo, las
culturas de Egipto y Babilonia
poseían el concepto de "cero"
tangible (Lumpkin 2002: 20-25).
¿Cuál es la lógica que rige este
curioso concepto de "cero" y la
manera de contar los días a
partir de "cero" que hay en el
mundo precolombino? Examinemos
los curiosos datos que, sobre
este tema, proporciona el
documento EI en cuanto parecen
abrir unas perspectivas no solo
sobre el tema del "cero" en el
antiguo mundo andino pero
también sobre la lógica que rige
eso y el cálculo cotidiano y
sacro de los Incas.
1. El cálculo "cotidiano"y el
quipu de los Incas
El cálculo de los Incas que los
Ascher y Ascher han recabado de
la atenta lectura de los números
registrados en los quipu,
consistía en sumas, restas,
divisiones en partes iguales,
divisiones en fracciones simples
y con denominador desigual,
divisiones en partes
proporcionales, multiplicaciones
de números enteros por números
enteros y la multiplicación de
números enteros por fracciones (Ascher
y Ascher 1981: 151-152). Cálculo
que se efectuaba con la ayuda de
la yupana y se registraba en el
quipu Es un cálculo que sigue
una simple lógica deductiva y
lineal que, a pesar de ser
efectuado por los quipucamayoc y
contadores de los Incas
pertenecientes, por lo general,
a la nobleza, llamaré cotidiano
para distinguirlo del cálculo
sagrado de que se refiere en el
párrafo 3.
Del documento secreto EI de Blas
Valera, resulta que los Incas
utilizaron el quipu en un modo
mucho más sofisticado de cuanto
los estudiosos lograron
determinar apoyándose en los
datos de los cronistas
oficiales, que lastimosamente
son muy lagunosos, quizás porque
no los comprendían, o porque a
causa de la censura a la cual
eran expuestos antes de obtener
el imprimatur, debían
simplificarlo: pues de la
comparación que he seguido entre
los textos de los cronistas
jesuitas oficiales, entre ellos
los PP. Acosta [1590], Cobo
[1653] y la obra del P. Oliva de
1631 destinada a la publicación
(Oliva 1998 [1631]), con lo que
el mismo P. Oliva escribe
respectivamente siete y ocho
años después en el documento
secreto Historia et rudimenta
linguae piruanorum (de ahora en
adelante HR) unido a cuanto
escribe al respecto Blas Valera
en EI, resulta que los cronistas
para obtener el imprimatur
estaban sujetos a describir el
quipu no como un lógico sistema
de registro sino como algo
infantil y aproximativo (Laurencich-Minelli
2003a, b, 2004).
Veamos ahora qué afirma sobre
este argumento P. Blas en el
documento secreto EI: él escribe
que existían por lo menos tres
tipos de quipu (y no uno sólo
como habitualmente consideran
los estudiosos). El primero, el
más conocido, porque sobre él se
concentran las investigaciones
desde el siglo pasado, es el
quipu numérico decimal que
llamaré de posición para
distinguirlo de los otros tipos
de quipu.2
De acuerdo a las afirmaciones de
P. Blas en EI, el quipu numérico
de posición cumplía igualmente
la función de registro de doble
entrada, de registro selectivo
de partidas averiadas o no
utilizables y de partidas
aceptables, mientras el
indicador de clase, es decir un
objeto oportunamente inserido al
final de la cuerda maestra,
permite identificar
cuidadosamente la clase a la
cual pertenecen las cosas
contadas (Laurencich-Minelli
2001: 69). Lo que significa, que
el quipu presentado en EI
resulta ser un instrumento de
registro muy eficiente, no
obstante su simplicidad, y tan
flexible que registraba también
los imprevistos y podía
programar balances, así como el
estado de salud y la eficiencia
de la población del Imperio: en
efecto presenta una lógica
contable simple y lineal que
servía para registrar el estado
de bienes, entradas, productos,
incluso lo esperado, lo ausente,
etc. Se acompaña de un
prontuario clasificatorio de los
bienes y de los seres
evidenciado con el indicador de
clase que los proyecta en las
varias clases en que estaban
subdivididos los bienes del
Imperio, por ejemplo la clase
minera, agrícola, poblacional,
etc.
Veamos juntos al autor de EI,
cuáles son los elementos
técnicos que aplicados al quipu
dan lugar a las prestaciones ya
mencionadas y al mismo tiempo
responden a unas preguntas que
han planteado los estudiosos
sobre la lectura del significado
extranumerico de los colores, de
los nudos a Z o a S y de la
hilatura a Z y a S de las
colgantes del quipu.
De acuerdo al manuscrito de Blas
Valera, el ojo de quien
consultaba el quipu debía
inicialmente buscar el indicador
de clase inserido en la cuerda
maestra, que evidenciaba a qué
clase pertenecía el quipu mismo
(por ej. las clases minera y
agrícola, la primera indicada
por una hebra de oro y la
segunda por una mazorca). En
efecto, explica P. Blas, el
mismo color, por ejemplo el
color rojo de una colgante,
podía indicar cosas diferentes
según la clase a la cual
pertenecía: es decir el color
rojo en la clase del quipu de
mina correspondía al cinabrio
mientras que en la clase
agrícola indicaba el ají. Este
indicador de clase se encuentra
presente aún en algunos quipu,
por ejemplo el n. VA 47122 del
Museum für Völkerkunde de
Berlín, cuya función es
planteada a modo de hipótesis
por Gary Urton, a pesar de no
haber tomado en cuenta el
documento EI.3
La manera de pensar concreta que
rige el quipu y sus prestaciones
es evidenciada también por la
manera de utilizar el quipu como
registro de doble entrada: el P.
Blas indica, en EI, que el nudo
a S evidencia la sustracción y
el nudo a Z la suma: es decir el
nudo a S correspondería a los
objetos previstos pero no
ingresados, mientras que el nudo
a Z a los realmente ingresados.
Por otra parte, la afirmación
genérica de Blas Valera en EI de
que las hebras hiladas a S
indica cosas viciosas y feas y
las hebras hiladas a Z cosas
bellas y virtuosas, aplicada a
las colgantes del quipu
indicaría que las cuerdas de un
quipu hiladas a S registrarían
bienes averiados, seres enfermos
o cosas en general feas,
inservibles o escasamente
utilizables; mientras que las
colgantes hiladas a Z
evidenciarían todo lo bueno y
bello que ha sido registrado, es
decir, lo utilizable.4
En el ámbito de los quipus
numéricos, EI señala además que
no siempre se recurría a la
posición del nudo para
evidenciar la pertenencia del
número a las decenas, centenas,
etc., sino que se podía enlazar
al nudo mismo hebras de colores,
por ejemplo rojo, para indicar
las decenas. Como ejemplo
presenta el miraypaquipu, un
quipu usado para expresar algo
como nuestras tablillas
pitagóricas, anudando sobre una
sola colgante los resultados del
n. 4 multiplicados por los
números 1-9. Esto evidencia la
flexibilidad del quipu que
nosotros en cambio tenemos la
costumbre de pensar como un
sistema mnemonico unívoco y
fijo.
No conozco hasta el momento
descripciones de quipu con nudos
marcados por hebras de diversos
colores, entre los existentes en
nuestros museos. Por ello, es
recomendable analizar
cuidadosamente, a la luz de esta
perspectiva, los llamados "markers"
que Frank Salomón, a propósito
del quipu de Tupicochan, dice
justamente que presentan colores
diversos (Salomon 2002:
293-319).
Además del quipu numérico de
posición, Blas Valera describe
el quipu ordinal, que dice ser
un sistema mucho más simple,
usado por ejemplo por los
pastores, para registrar el
número de objetos contados,
visualizándolos en las cuerdas
del quipu según el orden en que
se observan en el terreno: éste
es un quipu no de posición sino
más bien ordinal-topográfico que
marca el orden y las filas según
las cuales, el recaudador
registraba para el pastor las
llamas seleccionadas a
consignación de los oficiales
del Inca (por ej. de la primera
fila de cinco llamas presentadas
a la verificación e indicadas
sobre una de las colgantes del
quipu con otros tantos nudos,
suponemos que se escogiera la
segunda: venía inserido un fleco
de lana de llama sobre el
segundo nudo (a partir de la
cuerda maestra) para indicar la
llama escogida, fleco que en
este caso asume la función del
indicador de objeto): el quipu
ordinal es un quipu tan concreto
que proyecta sus factores, como
las llamas del ejemplo y el
respectivo cálculo, directamente
en el terreno. Además nos
permite aproximarnos a la
lectura del tipo de quipu que
Locke llama "spurious", del cual
tenemos algunos ejemplos en
nuestros museos, entre ellos el
quipu n. 3887 del Museo di
Antropologia e Etnologia
dell'Università di Firenze (Locke
1923: 27-31, Laurencich-Minelli
2003b).
Estos instrumentos mnemotécnicos
son concretos y tridimensionales
y los cálculos "cotidianos" que
registran siguen una simple
lógica lineal de matemática con
base 10 que calcula cosas
concretas.
En El Blas Valera describe
también el "quipu regal" o
capacaquipu que dice ser usado
solamente por la nobleza para
escribir en modo
ideográfico-fonético-silábico
mediante quipu textos y cantos
sacros (Laurencich-Minelli 1996,
2002a, 2003b) se basa en una
serie de ideogramas que van
leídos fonéticamente, dichos
ticcisimi o palabras claves (ver
Laurencich-Minelli 2003b,fig.1
en el numero 25 de esta misma
Revista): cada una de éstas
venía inserida en una de las
colgantes, mientras que el
número de nudos atados en la
parte inferior de la colgante
indicaba la sílaba que se debía
extrapolar y leer fonéticamente.
El escoger un ticcisimi en vez
que otro para componer el
capacquipu no era casual porque
el ideograma mismo tenía valor
conceptual que había que
calcular en el "escribir" el
texto: sin embargo el utilizar
la sílaba CHA extrapolada de el
ticcisimi PACHACAMAC conectaba
el texto entero al dios mientras
que extrapolándola de CHACATA
(cruz) lo conectaba a la cruz de
las cuatro direcciones. A cada
canto sacro escrito sobre el
capacquipu, dice el cronista
mestizo, correspondía un número
sagrado pero también a cada
ticcisimi con que se formaba el
capacquipu, correspondía un dios
o una fuerza divina que, como
hemos visto, acentuaba la
sacralidad del entero capacquipu
hacia aquel dios o aquella
fuerza divina. La lógica que
rige el capacquipu no era una
lógica lineal y deductiva pero
una lógica de molde holístico en
cuanto el todo, es decir, el
texto "escrito" no es igual a la
suma de sus partes.
Esta es una escritura que, al
igual que la Maya, compone sus
textos para una lectura fonética
combinando dioses y fuerzas
divinas e indicando, con un
indicador de sílaba, cuáles son
las sílabas que hay que
extrapolar de ellos para la
lectura fonética (Coe
1992:231-258). Dioses que,
contrariamente a nuestra manera
de pensar, eran concretos y se
podían tocar a través de unos
objetos concretos que
"contenían" su sacralidad: como
las huaca de acuerdo al
pensamiento andino y los nahual
o los símbolos de los dioses o
los mismos sacerdotes, de
acuerdo al pensamiento
mesoamericano. En suma, esa era
una escritura no solo
tridimensional pero concreta que
involucraba concretamente a los
dioses y a las fuerzas divinas
de acuerdo a una lógica
holística.
2. La "escritura" de los números
incas
Los números de los incas venían
"escritos" de manera concreta y
tridimensional, es decir,
mediante nudos, en los quipu: en
el quipu ordinal se trata de
nudos simples anudados uno a la
vez.
No entro en detalles sobre los
nudos utilizados en el tipo de
quipu numérico decimal de
posición, por ser muy conocidos,
pero recuerdo que el nudo a 8,
indica la unidad, es decir, es
el símbolo del n. 1, el nudo
largo a la franciscana indica,
con sus multiples vueltas, las
unidades desde el n. 2 hasta el
n.9, mientras que los nudos
simples son usados para
"escribir" los números
comprendidos en las clases de
las decenas, centenas, miles,
etc. Es decir, los diversos
modos de realizar un nudo nos
aclaran que ya sea el n. 1 ya
sea la clase de las unidades se
podían identificar prescindiendo
de su posición en la colgante,
mientras que las decenas,
centenas, miles se evidenciaban
solamente con la diversa
posición en la colgante (Asher y
Asher 1981:151-152).
Blas Valera en EI explica
también el abaco o yupana tanto
que lo que creíamos haber sido
un instrumento abstruso y
complicado resulta sencillo y
flexible: sobre la rejilla de
malla cuadrada llamada yupana se
calculaba a través de
piedrecillas o semillas que se
leían como un quipu numérico de
posición: eso es una columna de
cuadrados de la yupana
corresponde a una cuerda de
quipu en que se contaban, a
partir de abajo y hacia arriba,
las unidades, las decenas, las
centenas, etc.5 De el ms.EI se
infiere que la yupana servía no
solo para cálculos sino también
para apuntar números que se "escribian"
con piedrecillas o semillas que,
al igual que los nudos de los
quipu, son concretas.
Del mismo documento EI resulta
además que la yupana servía para
cálculos sagrados: en este caso
este instrumento permitía otras
posibilidades y su aplicación
seguía reglas distintas.
3.La "escritura" de los números
sagrados y sus cálculos
En las altas culturas
teocráticas mesoamericanas, como
la Maya y la Azteca, que
consideraban divinos no sólo a
reyes y nobles sino también a
los espacios que gobernaban (es
decir sus cacicazgos y estados),
existían números divinos, es
decir dioses que corresponden a
números que por lo tanto llamaré
dioses-números: se pueden leer
en numerosas fuentes
precolombinas, entre ellas los
dieciséis códices mesoamericanos
y varias estelas mayas del
periodo clásico. Los Mayas
"escribían" estos dioses-numeros
como ideogramas en forma de
rostros de dioses. Ellos y los
Aztecas "escribían" los numeros
sacros también en el calendario
de los 260 dias, el tzolkin o
tonalpohualli en forma de los 13
dioses- números de las trecenas
y de los 20 dioses de las
ventenas: los primeros a menudo
como números en forma de bolitas
(una bolita=1, dos bolitas=2,
etc. ver Codex Borbonicus),
bolitas- números que
corresponden respectivamente a
los dioses Xiuhtecutli,
Tletztecuhtli, etc. y los
segundos, los dioses números de
las ventenas, mediante cipactli,
ehecatl, calli, etc. que son
respectivamente los símbolos de
los dioses Ometeotl,
Quetzalcoatl, Tepeyollotl, etc.
Para el Imperio teocrático del
Tahuantinsuyu gobernado por un
rey divino, el Inca, cuyo
espacio cosmogonizado era
también considerado divino, y
del cual todas las fuentes
cronísticas revelan una
cuidadosa contabilidad
administrativa realizada a
través de los quipu,
curiosamente no han sido aun
halladas fuentes precolombinas
que refieran de números divinos,
quizás porque diversamente de
Mesoamerica, no existen códices
precolombinos o porque los
miramos sin darnos cuenta de su
sacralidad en cuanto los
cronistas oficiales no hablaron
de números sagrados, tal vez
porque no los entendieron o, en
caso contrario, para evitar de
ser acusados de idolatría (Laurencich-Minelli
2004b).
3a. Los numeros sagrados de los
Incas
El ms. EI, tal vez por ser un
documento secreto, nos revela
que los números sagrados de los
Incas existian y se podían
"escribir" ya sea en forma de
nudos de colgante de quipu, ya
sea en forma ideográfica, es
decir como tocapu (Laurencich-Minelli
2002b:267-284). Los primeros son
diseñados en EI anudados sobre
un fragmento de colgante de
quipu: a cada uno Blas Valera le
antepone la explicación el latín
que aquí transcribo después de
haberla traducido:
Quilla = la colgante sin nudo.
Inti = la colgante con un nudo.
Las fuerzas opuestas y la doble
torsión de la hebra = la
colgante con 2 nudos.
Amaru destructor y la
masculinidad = la colgante con 3
nudos.
La femineidad y Pachamama = la
colgante con 4 nudos.
El dios Pariacaca = la colgante
con 5 nudos.
El dios Illapa = la colgante con
6 nudos.
El Inca y su Coya = la colgante
con 7 nudos.
Los antepasados originarios en
la sacralidad de Uru = la
colgante con 8 nudos.
Amaru creador = la colgante con
9 nudos.
Pariacaca, Pachacamac,
Viracocha, Inti y Quilla = la
colgante con 10 nudos.
Examinamos ahora esta serie de
números sagrados: inicia, como
hemos visto, con las dos
divinidades mayores del Imperio,
que son respectivamente la hebra
sin nudos, el "cero", es decir
Quilla (la Luna) y el n.1 Inti,
el Sol; sigue el n.2: las
fuerzas opuestas, eso es el
elemento masculino y femenino
que entrelazados se consideraba
que formaban la fuerza cósmica
base, casi el tejido del mundo.
Sigue el n.3: Amaru destructivo
y la masculinidad: es la fuerza
destructiva que se consideraba
desencadenada cuando se alteraba
el equilibrio entre las fuerzas
cósmicas. El n.4 es la
femineidad y Pachamama. El n.5
es el dios Pariacaca, dios
creador, cuyo lugar sagrado
principal es la huaca, que se
encontraba en Huarochirí en los
Andes Centrales. El n.6 es el
dios Illapa, dios del rayo y del
trueno, cuyo número corresponde
a dos veces Amaru, casi a
indicar el vínculo entre Illapa
y la fuerza cósmica destructiva.
El n.7 es el Inca con su Coya
esposa-hermana: forman una
totalidad quizás compuesta del
n. 3, la masculinidad y el Amaru
y el n. 4 la femineidad y
Pachamama. Sin embargo, es
probable que al Inca le
correspondieran también otros
números (por ej. el Inca en la
escritura ideográfica de EI,
está representado por dos
cuadrados concéntricos que
sugieren dos veces el n. 4;
asimismo, por el n. 5 figurado
por una cruz). El n.8 representa
los antepasados originarios y la
sacralidad del dios de la hebra,
del tejido y de la palabra: el
dios Uru: es muy interesante
porque de aquí se infiere el
legamen entre las cuatro parejas
de los Ayar (que según el mito
omónimo fundan la historia de
los Incas) y el dios Uru que
continuaría a hilar el vínculo
con los antepasados; además Blas
Valera en el ms. EI describe el
legamen entre el dios Uru, los
textiles y la historia de los
Inca en la ceremonia urupyachana
que consistía en sacar antiguos
tejidos de los depósitos,
deshilar algunas hebras y
reutilizarlas en tejidos nuevos.
El n.9 es Amaru creador. Este
dios-número me parece muy
interesante para comprender la
lógica del cálculo sagrado: en
efecto el Amaru destructor
multiplicado por 2 proporciona
el dios Illapa cuya destrucción
se limita a su aspecto de saeta,
mientras multiplicado por sí
mismo daría la fuerza creadora.
El n.10 es Pariacaca, Pachacamac,
Viracocha, Inti e Quilla. Éste
es el número que parece
comprender y reunir a los dioses
creadores y fundadores, aunque
si el valor numérico asignado a
cada dios, cuando de por sí
solo, resulta diverso: en
efecto, Pariacaca es el n.5,
Inti es el n.1, Quilla es el
"cero". En otras palabras, me
parece que la decena tenga la
capacidad de unificar, bajo el
n.10, a los dioses creadores y
fundadores del Imperio sin
respetar la lógica del cálculo
numérico deductivo, pero sí una
lógica que llamo holística en
cuanto el todo no es igual a la
suma de las partes de que está
compuesto.
De los números sagrados
"escritos" en forma ideográfica
como tocapu Blas Valera dice en
EI que son textiles pero que
pueden también ser pintados
sobre madera. Que los tocapu
puedan llevar "escritos" unos
números sagrados esta
implicitamente afirmado por las
cifras arabes dibujadas en unos
de los tocapu de indumentos
pertenecientes a la sagrada
nobleza inca en la Nueva
Coronica y Buen Gobierno (Guaman
Poma de Ayala 1936:102,104,106,
120 etc.; Laurencich-Minelli
1996:77-87, 99-107).
No me detengo sobre los varios
tocapu-números presentados en EI
ni discuto aquí la
interpretación que de esos
proporciona Blas Valera y Anello
Oliva en HR en cuanto ya me
detuve sobre el tema (Laurencich-Minelli
2002, 2003a, 2003b, 2004b,c).
Menciono solamente que no
resulta que estos tocapu-números
podían componerse como los
números sacros anudados en la
colgante mediante los cálculos
sagrados: es decir, parecen ser
la forma fija y estática de
expresar un número sacro, ni
resulta que fueron usados para
el cálculo sacro. Se debe
también tomar en cuenta que nos
indican una vía para "leer" los
tejidos incas y los keros
decorados con estos ideogramas
dichos tocapu (Laurencich-Minelli
2002, 2004c).
3b. Cálculos sagrados de los
Incas
El hecho que los Mesoamericanos
y los Andinos veneraran a dioses
en forma de número abre la
posibilidad que ellos podian
hacer también cálculos sagrados
con estos números divinos. Sin
embargo las fuentes
precolombinas nunca evidencian
cálculos sagrados, quizás porque
formaban parte íntima de la
preparación y de las técnicas
sacerdotales transmitidas
directamente de maestro a
alumno, y por ellos encontraban
innecesario documentarlos. Del
mundo Inca colonial proceden en
cambio algunos datos del cálculo
sagrado: están en el documento
secreto jesuítico EI: que, en
cuanto secreto, es decir no
expuesto a la censura ni de la
Corona ni de la Orden, nos
revela este aspecto del cálculo
de los Incas con el intento de
comunicar y recordar la
complejidad de los quipu y la
preparación escolar de la
nobleza inca, ya sea al mundo
europeo culto, como a la nobleza
inca que se estaban
españolizando. Este tema
obviamente no se encuentra en
ninguna otra fuente colonial
porque habría sido considerada
obra del demonio y censurada
junto al autor6. En espera de
encontrar una confrontación a
cuanto escribe Blas Valera en EI,
quizás en un documento
judiciario colonial que trate de
un eventual proceso por brujería
concerniente a los números,
veamos aquí algunos apuntes
tomados del mismo documento.
De el ms.EI resulta que los
números sagrados anudados sobre
una hebra eran considerados
capaces de descomponerse y
recomponerse en varios modos de
acuerdo a curiosos calculos unos
de los cuales parecen lineares:
por ejemplo el n. 8, el dios Uru,
según las oportunidades
establecidas por los sacerdotes,
podía descomponerse en 4 x 2, es
decir, podía contener Pachamama
y las fuerzas opuestas, pero
también en 5 + 3, es decir, el
dios Pariacaca y Amaru
destructivo-masculinidad, pero
también en 6 + 2, es decir el
dios Illapa y las fuerzas
opuestas.
Mas curioso parece el cálculo
sobre el n.10 que tiene la
capacidad de reunir en sí a los
dioses creadores y fundadores
del Imperio sin respetar la
lógica del cálculo numérico
deductivo, pero sí una lógica
que llamo holística en cuanto el
todo no es igual a la suma de
las partes de que está
compuesto: sin embargo esta
compuesto del n.5, Paricaca, de
"cero" la Luna con el n. 1 Inti,
el Sol y de los dioses
Pachacamac y Viracocha cuyo
numero sacro parece ser el 10.
A esta misma lógica holística
pertenecen los curiosos cálculos
que Blas Valera en Exsul
Immeritus dice ser necesarios
para transformar el quipu "regal"
o capacquipu en números
apoyandose al ábaco o yupana y
registrando sobre un primer
quipu numérico los resultados
que se han obtenido dando valor
10 a cada ticcisimi y valor 1 a
cada sílaba extrapolada de el
ticcismi y sobre un segundo
quipu numérico los resultados
sacados dando en cambio valor 1
ya sea a cada ticcisimi ya sea a
cada sílaba . De esta base, de
acuerdo a EI, el sabio dicho
amauta tiene que alcanzar el
número sacro de cada canto o un
multiplo. No me detengo sobre
los varios pasajes que Blas
Valera dice ser necesarios para
alcanzar el número sacro y
producir al mismo tiempo la
mayor cantidad de múltiplos de
este numero porque ya traté en
detalle este tema (Laurencich-Minelli
2004b):miramos aquí solamente
los curiosos cálculos que se
efectuan para alcanzar, en este
caso, el n.5, el número del
canto Sumac Ñusta.
Por ej. en el primer quipu, las
colgantes en las cuales es
registrado el n.23 son dejadas
de lado porque según el cálculo
sagrado inca proporcionan un
múltiplo de 5 en cuanto 2+3=5, y
por lo tanto el amauta, por
haber ya alcanzado el n.5, no lo
somete a ulteriores cálculos,
mientras trabaja aún sobre otras
colgantes : es decir, suma los
números de la primera colgante
con aquellos de la segunda
(87+37=124) y los resta de la
suma entre los números de la
tercera colgante más aquellos de
la quinta (46+46=92) es decir
124-92=32 que según el cálculo
sagrado correspondería al n. 5,
en cuanto 3+2=5.
El cálculo registrado sobre el
segundo quipu parece en cambio
más simple, probablemente porque
cada colgante del mismo produce
el n. 5 ó unos de sus múltiplos,
así como la suma de todos los
números de este quipu
proporciona el n. 55, otro
múltiplo del n. 5, es decir del
canto mismo. En resumen,
considero la posibilidad de que
se trate de cálculos que llamaré
holísticos en cuanto el
resultado obtenido es diferente
a la suma de sus factores. Blas
Valera concluye su demostración
explicando que en estos
cálculos, es celada la fuerza
del n. 55, múltiplo sagrado del
n.5, número del canto Sumac
Nusta que a su vez vela el dios
del n.5, Pariacaca. Alcanzando
tal número, él dice que el
amauta honraba fuerzas que
establecían una corriente (el
kamaq) y comprendiendo los
números confería grandeza al
Tahuantinsuyu, supongo en cuanto
enfocaba, rifundaba y ordenaba
el imperio de los Incas en el
sistema númerico que
caracterizaba la entera
cosmogonia del Tahuantinsuyu.
Además, agrega que la yupana es
la imagen de Pachamama,
simbólicamente tejida por Uru,
el dios de la hebra y de las
palabras, a fin de que el sabio
sacerdote amauta pueda
simbólicamente descender del
Cielo sobre la yupana y moverse
entre las piedras blancas (las
unidades pero también las
sílabas del capacquipu) y negras
(las decenas pero también las
palabras cardinales) para
aferrar a Amaru, el gran
destructor y convertirlo en el
creador: el kamaq. Así, concluye
P. Blas la armonía del cosmos
quedaba en equilibrio porque se
activaban las fuerzas de los
dioses.
En síntesis, el número sagrado
anudado en la colgante no
correspondería a una sola
divinidad sino que podría asumir
en sí mismo a otros dioses de
acuerdo a la composición y
descomposición de un número y
según los cálculos hechos por el
amauta para transformar un canto
en número, mientras que el
número sagrado escrito por medio
de ideogramas parece fijar el
dios-número al territorio del
cual no sería posible removerlo
ni hacerlo englobar a otras
divinidades a menos que no se le
añadiera, en el mismo cartucho,
otro tocapu (Laurencich-Minelli
2003b,c, 2004c).
Cuánto de todo eso era Inca y
cuánto colonial no sabemos: hay
que seguir investigando
comparándolo también con los
números sacros mesoamericanos.
Mientras tanto, tomando como
referencia la época colonial de
los documentos EI e HR, los
denominaré números sacros
inca-coloniales esperando que
ulteriores estudios aclaren este
tema al igual que las curiosas
relaciones entre EI, HR y la
Nueva Coronica que de acuerdo no
sólo a éstos manuscritos sino
también a estudios comparativos
recientes resulta muy probable
que sea conectada con los
jesuitas.7
Palabras finales
Esta nota quiere plantear el
problema sobre el curioso
concepto de "cero" y la curiosa
manera de contar los días a
partir del número "cero" que
existió y existe todavía en el
mundo andino y mesoamericano y
cuál puede ser la lógica que
rige estos conceptos ilógicos
para nuestra manera de pensar.
Desde este búsqueda resulta que,
en el ámbito de los cálculos de
los Incas, parecen existir dos
tipos de lógica: una lineal y
deductiva utilizada en el
cálculo cotidiano y en los quipu
de número, la otra holística
para los cálculos sacros y los
capacquipu: ambas basadas sobre
conceptos, números y cálculos
concretos. La primera, utilizada
para los cálculos cotidianos,
cuenta a partir de 1, como esta
evidenciado en las varias clases
de quipu aquí examinados. En
cambio el razonamiento holístico
utilizado para "llamar" y contar
los dioses-números cuenta a
partir de la hebra sin nudo que
hemos llamado "cero". Esta
curiosidad en la lógica que rige
los números sacros incas parece
relacionada al hecho que trata
de números que son dioses, al
igual que los números dioses que
llevan los días del calendario
sacro mesoamericano dicho
tonalpohualli: sin embargo el
estudio que estoy efectuando
sobre el tonalpohualli del codex
Cospi evidencia que los 20
dioses-números del calendario
sagrado resultan tan dinámicos
que no sólo engloban ya en sí
mismos, gracias al sistema del
calendario de los 260 dias, los
dioses de los puntos cardinales
y los 13 dioses de las trecenas,
sino que también parecen ser
capaces de asumir, cada uno de
ellos en modo diferente (pero
tal vez ligado a las necesidades
religiosas del templo en el cual
el tlacuilo redactaba su Codex)
a otros dioses a través de
micro-símbolos que los
representarían (Laurencich-Minelli
2003c, 2002c). Dinamicidad que
Lopez-Austin (1989-90 I:268) ya
habia evidenciado ser presente
en los dioses del olimpo nahua,
capaces de cambiar atributo y de
fundirse entre ellos. En otras
palabras, en el tonalpohualli
utilizado más que todo para
predicciones y auspicios, es
decir para cálculos sagrados,
cada uno de los 20
dioses-números parece capaz,
aunque en modo diverso, de
generar holísticamente una clase
de dioses multiformes diferentes
de los originales de acuerdo a
la lógica que rige los dioses
mesoamericanos (Laurencich-Minelli
2003b, 2002e). Lo que parece,
como concepto, análogo a los
curiosos cálculos holísticos de
la matemática sacra inca
colonial evidenciados en EI pero
a sabienda que, en el caso de
Mesoamérica, la dinamicidad de
sus dioses es expresada a través
de los micro-símbolos de los
mismos dioses que se unen entre
ellos y, en el caso de los
Andes, bajo forma de dioses
números que se unen mediante
aquella curiosa forma de cálculo
que he llamado holística. Este
último, utilizado en el ámbito
de los números sacros incas para
ligar y activar a los dioses,
expresa una lógica que no es la
lógica occidental lineal,
deductiva sino la lógica
holística andina cuyos conceptos
son siempre concretos (Arnold y
Yapita 2000): lógica que se
observa también en el hecho que
ampliando o reduciendo el
número, éste puede asumir en sí
mismo más o menos dioses. Es una
lógica que expresa un continuo
devenir ya sea expansivo ya sea
reductivo que procede
circularmente como un tornillo
sin fin: es decir es un
movimiento, un devenir y una
interactuación de los dioses que
plantea la posibilidad que esta
sea la lógica que caracteriza la
era cosmogónica en la cual los
Aztecas decían vivir, la era
ollin, la era movimiento.
En otras palabras Valera en EI,
a través de la numerología y de
los cantos que transcribe
mediante el capacquipu, nos
presenta fuerzas sagradas que
son como diosas y dioses que no
son seres bien definidos
incapaces de salir de su
personalidad, como los dioses de
el Olimpo griego y romano, pero
dioses proteiformes, capaces de
interactuar y asumir a otros
dioses y a otras fuerzas
sagradas, cosa que pudo haber
favorecido a los Incas al asumir
nuevos dioses, como Viracocha,
Pachacamac y Pariacaca en su
Olimpo. Lógica que permitiría a
los dioses y a las fuerzas
sagradas de constituir un unicum
sacro: el kamaq (que el
vocabulario quechua-español
estampado por Antonio Ricardo en
1568, traduce como "creador", es
decir el soplo vital): un unicum
en contínuo fluir con movimiento
circular entre el mundo del los
dioses y el de los hombres pero
que es diverso de sus
componentes simples. Era en
efecto un todo, tal vez
personificado por el fluir
continuo del agua que corre en
la tierra y luego sube al cielo
bajo la forma de vapor para
luego bajar de nuevo a la tierra
bajo la forma de lluvia que los
sacerdotes intentaban gobernar
en su fluir a fin de que no
encuentre obstáculos, porque de
haber sucedido hubieran ocurrido
grandes catástrofes (Earls and
Silverblatt 1978).
¿Se trata de una lógica
contectada a la cuenta de
números que son divinos, como
eran también los dias del
calendario sagrado o
tonalpohualli y que, por lo
tanto, era efectuada en el
ámbito del razonamiento
holístico al igual que la
religión mesoamericana y andina?
¿Es este continuo
devenir-movimiento de los dioses
nahua la base filosófíca de la
era ollin, la era que
caracteriza el postclásico de
Mesoamérica?
Se nececitan ulteriores
investigaciones para contestar a
estas preguntas: por el momento
me parece que hay que subrayar
la analogía que hay sobre este
tema entre el mundo andino y el
mundo mesoamericano y sugerir
que la manera de contar los días
a partir de "cero" que existe
todavia entre los Mayas y los
Nahuas actuales puede ser debida
al hecho que, en Mesoamérica
precolombina los días eran
considerados llevados por los
dioses al igual que hoy en día
son considerados llevados por
los santos de nuestro
calendario. Además el parecido
entre los dioses dinámicos ya
sea de Mesoamerica ya sea de los
Andes y el concepto holístico
que caracteriza los dioses
mesoamericanos y los
dioses-números incas coloniales
nos deja suponer, en espera de
ulteriores investigaciones, que
la concepción de los números
sacros inca coloniales de que
refiere EI remonta a tiempos
precolombinos.
El razonamiento holístico, al
igual que la lógica que rige la
manera de calcular los
números-dioses, al primer
impacto parece ilógico y extraño
para nuestro modo de pensar. Sin
embargo, desde un examen más
detenido del cálculo sacro
parece más bien pertenecer a la
misma lógica que se diría
empapar el modo de pensar lo
sagrado, ya sea en Mesoamérica y
en Perú, y que además en Bolivia
es todavía observable en los
pueblos actuales de Aymaras (Arnold
y Yapita 2000).
Igualmente, aquel conjunto de
operaciones "ilógicas" que hemos
visto en el caso de la
transformación del canto Sumac
Ñusta en números, que parece
haber tenido el objetivo de
producir tantas cifras divinas
que debían de cualquier manera
expresar el n.5 ó sus múltiplos
y los dioses conectados con este
número, parecen un ejemplo de
razonamiento holístico.
De cualquier modo parece que los
cálculos de los Incas seguían el
razonamiento lineal deductivo
cuando se referían a objetos que
se podían proyectar en el
espacio geográfico visible y
práctico de la vida cotidiana,
es decir, cuando se trataba de
cálculos que llamaremos
cotidianos, mientras que cuando
se enfocaban en los grandes
espacios del tiempos sagrado,
que habíamos visto considerarse
proceder circularmente, venían
efectuados según un razonamiento
que producia el retorno, el
cerrarse en círculo del
pensamiento, la falta del
infinito en la proyección de las
cosas y del mundo pero al mismo
tiempo la proliferación del
razonamiento holístico multi-direccional
que provocaba aquel absurdo,
para nosotros, multiplicarse o
reducirse de números sagrados y
de dioses: aquellos números cuya
totalidad no es igual a la suma
de sus factores.
El "cero" concreto y la
concreción de los números usados
para contar cosas concretas,
sean mercaderías, tributos,
personas o divinidades,
proyectándolas en el espacio
real y concreto, podrían haber
facilitado a los Incas o a sus
predecesores el descubrimiento
de la matemática de posición,
que en los rangos de las
unidades, decenas, centenas,
miles, etc., recuerda la
secuencia de los andenes a modo
de graderías ascendentes, que
recubrían las montañas. Bajo
esta óptica no parece casual la
afirmación de P. Valera en EI
que el abaco o yupana represente
la Tierra, es decir la diosa
Pachamama (Laurencich-Minelli
2001a: 42-43).
Concluyendo se infiere que lo
sagrado de los Mayas, Aztecas y
Incas era regido por una lógica
de molde holístico que, quizás,
se puede relacionar con el hecho
de que las lenguas americanas
son aglutinantes, es decir, que
los hablantes siguen
inconscientemente una lógica
holística en la cual gracias a
infijos y sufijos, que son
morfemas analíticos, el todo, o
sea la palabra nueva completada
por los afijos es diferente a la
suma de sus partes.
De cualquier manera, estas son
por ahora sólo hipótesis de
trabajo que propongo a los
estudiosos en espera de
ulteriores investigaciones.
Es cierto que hasta ahora el
cálculo de los Incas ha sido
considerado en el ámbito de
nuestras principales
coordenadas: tiempo y lugar. Sin
embargo, nos encontramos frente
a culturas que realizen el
cálculo en coordenadas
diferentes a las nuestras, de
las cuales la más evidente
parece ser la de su espacio
antropizado, como desde varios
años va afirmando Zuidema.
Tampoco hemos tomado en cuenta
que cada una de las partes de su
cálculo se define a través de
aquella particular relación que
lo liga al todo divino, el kamaq.
Ni siquiera hemos considerado el
hecho de que las poblaciones
indígenas actuales de América,
como los Mayas Quiché, y los
Mayas Kaqchikel guatemaltecos y
los grupos Aymaras bolivianos,
que mantienen sus propias
tradiciones, no viven (porque no
conocen) las condiciones
establecidas por la racionalidad
occidental, como por ejemplo el
principio de la no
contradicción, las leyes de
identidad, las inferencias
deductivas, pero en cambio una
lógica holística en la cual A
puede ser cualquier cosa de
parecido a A pero también
distinto de A, residuo de
procesos psicológicos e
históricos que a nosotros se nos
escapan la mayor parte de la
veces (Levi-Strauss 1962):
contradicciones con la
racionalidad occidental que no
hay que considerar anomalías en
el ámbito de nuestra
racionalidad occidental que
erróneamente suponemos
universal, sino como anomalías
aparentes, pues causadas por
nosotros mismos cuando
intentamos aplicar nuestro
pensamiento occidental, que ha
desarrollado una fina lógica
abstracta, lineal y deductiva al
tonalpohualli, a la cosmogonía
de la era ollin de los Aztecas,
al cálculo sagrado Inca y el
pensamiento de los Ayamaras de
hoy que, en cambio, parecen
haber usado y usar la lógica
holística.
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Notas:
[1] Exsul immeritus Blas Valera
populo suo es un documento
secreto escrito en Alcalá de
Henares en 1618 por el jesuita
desterrado: el mestizo Blas
Valera, quien sufrió una muerte
jurídica en 1597 por su abierto
indigenismo y sus declaraciones
sobre cómo la conquista se había
realizado con el engaño, creando
así serios problemas a la
Compañía durante la Inquisición:
P.Blas escribe EI para
transmitir a quienes consideraba
su gente, los indios, y a la
élite cultural de la época,
entre ellos los jesuitas, la
complejidad de la cultura de los
Incas. Otro documento. si bien
vistos de diverso ángulo, es el
ms.jesuítico también secreto
Historia et rudimenta linguae
piruanorum escrito en Perú en
diferentes periodos de tiempo
por dos jesuitas italianos: F.
Antonio Cumis, quien inicia a
escribirlo hacia el 1600, y P.
Anello Oliva, quien continua
escribiendo una primera parte en
1637 y una segunda en 1638 (Laurencich-Minelli
L., Miccinelli C. y C.Animato
1995 (1997): 363-413). Los dos
documentos jesuíticos que
pertenecen a la colección
Miccinelli (Nápoles) revelan
varias noticias que modifican
algunos datos sobre la conquista
y las crónicas, entre ellos el
caso de P. Valera: después de su
muerte jurídica y gracias a la
complicidad de algunos jesuitas
habría retornado al Perú en
1598, donde para ayudar a los
indios y para dar a conocer al
Rey de España la destrucción
cultural sufrida a causa de la
conquista, habría escrito,
ayudado por sus cofrades Anello
Oliva y Gonzalo Ruíz, Nueva
Coronica y Buen Gobierno (1936)
escondiéndose, dado que estaba
oficialmente muerto, detrás del
nombre del indio Guamán Poma de
Ayala, que le sirve también de
informante principal. Los dos
documentos han sido presentados,
junto a los exámenes técnicos (Altamura
2001:143-170; Bertoluzza A.,
C.Fagnano, M.Rossi y A.Tinti
2001:181-190; Gasparotto
2001:195-246) y a dos
manuscritos provenientes de
archivos externos (que exponen
los mismos problemas de los dos
documentos secretos) al coloquio
"Guamán Poma y Blas Valera"
organizado por el IILA en Roma
el 29-30 septiembre 1999 (Laurencich-Minelli
2001a: 111-142; 2001b:247-272;
Cantù 2001:475-519; Gnerre
2001:181-190): examinas técnicos
y documentos externos que
prueban que EI e HR son
auténticos y escritos por las
personas que los firman y que la
Compañia sufrió graves tensiones
con la Inquisición que la
indujeron a darle muerte
jurídica a Blas Valera. Por lo
que concierne los recortes e
imposiciones de la censura a los
cronistas que escriben sobre
Perú entre finales del siglo XVI
y el 1638 ver Laurencich-Minelli
(2003b, 2004a, b). Historia et
rudimenta ha sido publicada por
completo (Laurencich-Minelli et
Al 1995 (1997), de Exsul
immeritus se ha publicado la
parte mas antigua (1533) (Laurencich-Minelli
et Al (1998), se ha presentado
una sintesis (Laurencich-Minelli
2001a) y varios recortes (Laurencich-Minelli
2001c, 2002a,b 2003a,b 2004a,b).
Se esta ademas preparando la
publicación integral también de
este documento.
[2] Para una panorámica de los
estudios realizados sobre quipu
v. Locke 1912: 325-332; 1923;
Radicati di Primeglio 1979;
Asher 1991; Laurencich-Minelli
1996;Urton 2003; para las
fuentes cronísticas sobre la
"escritura" de los Incas y sus
quipus Laurencich-Minelli 1996:
13-30 y en particular los
cronistas Acosta 1954 [1590]:
189-190 y Garcilaso de La Vega
1977 [1609-1617]: 445-447,
449-451.
[3] "I have examined some twenty
khipu samples in various
collections that have large
needlework "bundles" (marcado
por el autor) that terminate one
end of the primary cord " [...]
que podrían ser indicadores de
quipus administrativos, porque
en la comunidad andina de
Tupicocha bundles parecidos se
refieren todavía como
pachacamanta (concernientes a la
centena) y concluye que siendo
la centena una importante unidad
administrativa para los Inca:
[...] "may have indicated the
administrative class of khipu in
question, as well as its general
subject matter and the magnitudo
of units recorded" (Urton 2003:
6). Para las preguntas que
plantea la lectura extranumeral
del quipu ver Urton 2003 y
Quilter and Urton 2002.,
Radicati 1979.
[4] Por hilado a Z se entiende
el hilado a la derecha
evidenciado sobre la hebra por
la torsión dispuesta como la
diagonal de la Z, mientras por
hilado a S se entiende el hilado
a la izquierda. La retorsión es
siempre en sentido contrario al
hilado.
[5] Para los modos de "escribir"
los nudos en los quipus v. Locke
1923; Ascher 1991:24-25;
Laurencich-Minelli 1996: 37,
fig.3; Urton 2003: 37, fig. 2.
Para la yupana v. Wassen 1999:
205-218; Pereyra-Sanchez 1999:
235-256; Ansion 1999: 257-266;
Laurencich-Minelli (2002): 46-4,
fig.16.
[6] Censura a la cual eran
sometidos los cronistas y en
particular los que pertenecían a
ordenes religiosas después del
III Concilio Limense (1583) (Laurencich-Minelli
2003a,b,c).
[7] A pesar de que no todos los
estudiosos hayan todavía
aceptado la colaboración del
supuesto autor de le Nueva
Coronica, Guamán Poma, con el
grupo de Jesuitas denunciada ya
sea en EI ya sea en HI, ya unos
indicios de conexión del
documento con los jesuitas
habían sido mencionados por
Vargas Ugarte en una nota que
puede haberse escapado (Vargas
Ugarte 1939: 229-230) y el mismo
Porras Barrenechea (1948:27)
había denunciado, aun si muy
genéricamente, que la Coronica
tiene "tufillo de sacristía" .
Además otros indicios que
indican su relación con los
jesuitas han sido hallados
recientemente en documentos
externos o en la misma Nueva
Coronica (Gnerre 2001, Lopez-Grigera
2001, Numhauser 2001, 2003,
Laurencich-Minelli 2003d, para
el cuadro actual del problema,
ver también Domenici et Al.
2003).
© Laura Laurencich-Minelli 2004
Espéculo. Revista de estudios
literarios.
Universidad Complutense de
Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/cero.html
Gentileza::
volar@fibertel.com.ar
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