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Antunes Filho:
"Lucho contra los estereotipos
que sufren los actores".-
02/11/05 (España)  
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Antunes Filho: "Lucho contra los
estereotipos que sufren los
actores"
Liz Perales.
El Mundo.
Filho está considerado uno
de los padres del teatro moderno
brasileño. Su compañía, la
mítica Macunaima, visita nuestro
país con su último trabajo,
Antígona, de Sófocles, un nuevo
desafío para este director e
investigador teatral que se ha
atrevido con un texto muy
oportuno para estos tiempos de
intolerancia. Invitada por el
Festival de Otoño de Madrid, la
obra se representa el 14 de
octubre en Alcorcón y, del 20 al
23, en el Albéniz de Madrid.
Luego viajará hasta el Festival
Iberoamericano de Teatro de
Cádiz (día 26) para clausurar la
Feria de Teatro de Puertollano,
(día 28).
Antunes Filho visitó España en
1982 para presentar Macunaima,
su montaje más carismático y
considerado el más
representativo de la dramaturgia
latinoamericana de los ochenta.
Dejó una gran huella: era un
espectáculo de escenografía
dantesca, un derroche de
barroquismo exótico inspirado en
la novela homónima de Mario de
Andrade sobre un héroe “sin
carácter” creado con retazos de
muchas fuentes. Su inquietud por
profundizar en el teatro, sobre
todo por encontrar un “actor
nuevo”, llevó a Filho a esta
creación a la que dedicó más de
un año de investigación y que
estrenó en 1978. Antes había
trabajado en el teatro
comercial, había hecho alguna
incursión en Lorca e Ibsen y
conocía bien el trabajo de las
compañías de teatro francesas
que visitaban Sao Paulo (Cocteau,
Barrault, Jouvet...); vinculado
a la “inteligentsia” paulista,
había filmado una película y sus
inquietudes artísticas se
encaminaron a intentar
“conquistar la expresión
brasileña” para lo que, a
diferencia de otros
contemporáneos suyos que
optarían por romper lazos con el
pasado, él establecería
contactos con la tradición
teatral de su país.
UNA HETEROGÉNEA COMBINACIÓN. En
1985 su compañía volvió a Madrid
con un repertorio que daba
cuenta de su evolución: además
de Macunaima, presentó Nelson 2
Rodrigues y Romeo y Julieta. De
esta forma, Filho, en vez de
continuar el camino iniciado, el
de la reinvención de una
dramaturgia, se refugia en un
autor dramático brasileño poco
reconocido que él admira, Nelson
Rodrigues, y en Shakespeare.
Ésta ha sido la línea que ha
marcado el repertorio de
Macunaima, una combinación de
clásicos con autores brasileños
marcada en los últimos años por
la tragedia griega y alguna
rareza como Foi Carmen Miranda,
un espectáculo de danza-teatro
en homenaje a Kazuo Ohno,
maestro japonés con el que Filho
tuvo el privilegio de colaborar.
–Medea y Antígona han inspirado
los últimos espectáculos del
grupo ¿Ha sido inevitable montar
Antígona después del anterior
Fragmentos Troyanos? ¿Qué le ha
llevado a la tragedia griega?
–Existen dos razones. La primera
es nuestra tentativa de
conseguir elaborar cada vez más
una tragedia griega, ya que
siempre hubo en Brasil un cierto
miedo a hacerla. La otra es que
con los terribles problemas
mundiales de hoy, étnicos y
religiosos, y los
posicionamientos radicales,
Antígona nos propone una
discusión sobre el problema de
la intolerancia.
–Para el espectador que conoce
la obra ¿Qué de nuevo puede
descubrir en la versión de
Macunaima?
–Es una pieza planteada desde
otro punto de vista al habitual,
no desde el punto de vista de
Sófocles a Baco, sino de Baco a
Sófocles. Es como si Sófocles,
muy influenciado por las ideas
de Platón, entreviera a un Baco
arquetípico, en su templo, que
dirige y retira a los personajes
estereotipados de los sepulcros
para que revivan de manera
ejemplar la historia de Antígona.
En 1982 el éxito de Macunaima
lleva también a Filho a fundar
en Sao Paulo el Centro de
Pesquisas Teatral (Centro de
Investigación Teatral), desde el
que pone en práctica sus
postulados dramáticos y al que
hoy acuden un buen número de
actores de su país. Para él, el
núcleo del arte teatral es el
actor, al que hay que llevar a
una nueva conciencia de su arte.
Desde aquí, Filho se se dedica a
sistematizar sus ejercicios
interpretativos y a dar forma a
un método que combina principios
de la Filosofía oriental y
europea, teniendo como fin la
reflexión del hombre en la
sociedad.
–Cuando crea su Centro de
Investigación Teatral tiene
claro ya la formulación de un
método dramático. ¿Cómo nació la
idea de crear un método?
–La idea no fue crear un método,
sino un sistema de ejercicios
para que el actor pudiera
armonizar cuerpo y voz, siendo
una misma cosa. Es una lucha de
muchos años, una lucha contra
los estereotipos de voz y cuerpo
que padecen los actores.
–¿Cuánto tiempo le ha llevado
formularlo?
–Comencé estos sistemas de
ejercicios hace muchos años y no
he acabado. Nunca acabaré. No
importa. Lo que importa es el
proceso: el arte teatral es un
saco sin fondo, nunca acaba.
– ¿Este método o sistema fue
también su respuesta a la
necesidad de contar con una
nueva dramaturgia brasileña?
–Con la epidemia horrible de las
telenovelas, en mi país todo es
estereotipado, las actuaciones y
las producciones , que buscan
solo el consumo. Yo siempre he
dicho que si surgiesen actores
con una nueva expresión, o sea,
con una nueva sensibilidad, se
podrían formar autores que
escribiesen de manera coherente
con esa sensibilidad.
– Quiere decir que el nacimiento
de un autor depende de la
aparición de un actor nuevo. ¿El
texto no es más que un pretexto?
¿Cómo escriben los autores del
Centro de Pesquisa Teatral?
–Lo que se procura en el Centro
es incentivar que cada uno sea
uno, respetar las
individualidades de los autores.
No existe un método para
escribir, existe la necesidad
vital de cada uno. Como dice el
viejo refrán, el arte no se
enseña, se aprende.
–He leído que en un momento le
interesó desarrollar un lengua
propia. ¿Qué valor concede usted
a la palabra, al texto, en el
teatro?
–Es básico el valor de la
palabra, sea para plantear
ideas, sea para establecer los
conflictos dramáticos , sea por
la puesta en escena, todo, la
elección de los figurines, de la
escenografía, en fin, todo
depende de la palabra. Lo mismo
para llegar al mundo del
inconsciente de los arquetipos,
yo necesito las palabras como
una guía básica para contactos
de algún grado.
–También defiende el teatro como
arte ¿Olvida premeditadamente su
vertiente como entretenimiento?
–No hay conflicto en ello. No
puede existir el arte, el
teatro, sin proyecto. Una
improvisación “naturalista” no
tiene nada que ver con el arte.
Claro que el entretenimiento en
el teatro debe de ser de orden
superior. Un actor para hacer
cualquier papel precisa de
ingenio, para establecer una
manifestación artística. Si no
tiene eso, hace apenas una
improvisación “naturalista”, y
eso es un caso clínico, no hay
juego. Ese tipo de “naturalismo”
no se da como una alta cultura.
CINE FRENTE A TEATRO.
–¿Qué fue lo que le inclinó
hacia el teatro, porque usted,
testigo del Sao Paulo de los 60,
hizo una película, escribía en
revistas literarias, pintaba...?
–Yo nunca pinté, era mi ex-mujer
la que se dedicaba a las artes
plásticas. Yo estudié cine, y
tal vez me guste más el cine, la
literatura y la poesía que el
teatro. Tal vez, tal vez, no
sé...
–¿Qué influencia tiene la
pintura en su obra?
–Los museos de todo el mundo me
descontaminan los ojos. Pasé más
de tres semanas, en el Prado de
Madrid, por ejemplo, mirando y
remirando. Sólo haciendo eso.
Gentileza:: celcit [
celcit@sinectis.com.ar ]
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