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Rosa Lee Parks, por Mikel Agirre . -
07/01/06
 
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Rosa Lee Parks
Mikel
Agirregabiria Agirre
Ha
muerto una anónima costurera
mulata que hace medio siglo
cambió el curso de la Historia
con el simple gesto de no
moverse de su asiento en un
autobús.
El 1 de diciembre de 1955, con
42 años esta mujer cansada
después de un largo día de
trabajo en unos grandes
almacenes del centro, se negó a
dejar su asiento a un hombre
blanco que viajaba de pie en el
mismo autobús de su ciudad (Montgomery).
Bajo las leyes de segregación
racial, y en Alabama, uno de sus
Estados más discriminatorios, su
conducta era “ilegal” y fue
arrestada. Los ciudadanos “de
color” debían sentarse sólo en
la parte de atrás, y podían
acomodarse en las filas
intermedias únicamente si los
“blancos” disponían de asientos
en la zona delantera.
El autobús era un escenario más
de la continua y humillante
confinación en los peores
barrios, casas, escuelas,
lavabos y hasta de las peores
sillas de quienes lucían una
piel oscura. James Blake, el
conductor del autocar aquel día,
obligaba a los pasajeros negros
a entrar por la puerta trasera
tras haber pagado en la
delantera y, mientras caminaban
hacia la trasera, solía pisar el
acelerador. Blake, al advertir
que había un blanco de pie,
gritó a Rosa y a otras tres
personas negras: “¡Moveos todos,
necesito esos sitios!”. Los
compañeros de Rosa desalojaron
en silencio, pero ella
permaneció en su asiento. El
racista conductor se acercó y,
amenazante, le espetó: “¿Te vas
a levantar?”. Rosa tan sólo
respondió: “No”. Blake, algo
desconcertado, replicó: “Voy a
hacer que te arresten”. Rosa,
serena corroboró la amenaza en
su inglés más formal: “Podrías
hacerlo” (“You may do that”).
Parks era la tercera mujer
detenida en pocos meses (a un
hombre negro una desobediencia
similar podía acarrearle el
linchamiento). Las anteriores,
Mary Louise Smith y Claudette
Colvin, pasaron desapercibidas
por su juventud y –aunque
parezca paradójico- por ser de
tez menos clara. La detención de
una mujer delicada, educada y
madura se propagó rápidamente.
La indignación descubrió un
eficaz modo de protesta: un
boicot a los autobuses de 381
días, tras el impulso de un
entonces desconocido reverendo
baptista llamado Martin Luther
King. En 1956, el Tribunal
Supremo estadounidense hubo de
declarar inconstitucional
cualquier división por razas en
el transporte público.
Lo que pudiera parecer un hecho
puntual, era la consecuencia de
una sufrida vivencia. Parks
acostumbraba de niña a dormir
vestida, por si debía salir
huyendo del Ku Klux Klan. Creció
marcada por las afrentas
originadas por su color de su
piel. Su hartazgo de tanto abuso
se acentuó al no poder votar (a
Franklin D. Roosevelt), porque
el derecho de voto exigía una
tasa especial y superar un
examen usualmente amañado.
Cuentan que no era una líder,
sino una abnegada trabajadora.
En una asamblea a la que
faltaron muchos miembros, casi
por casualidad resultó elegida
secretaria local del NAACP
(Asociación para el Progreso de
la Gente de Color). Rosa en su
autobiografía relató que “era
demasiado tímida para rechazar
el puesto”. Toda una vida de
intolerancia hasta aquel
glorioso momento en el que
decidió que no cedería su
dignidad humana por aberraciones
raciales.
. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Gentileza: Mikel Agirregabiria
Agirre [
agirregabiria@euskalnet.net
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