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Penuria de un Maestro Nacional,
Jesús Salamanca Alonso. -
13/12/05 (España)
 
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Penuria de un Maestro
Nacional
Jesús
Salamanca Alonso
Hace unos años, contrastando
fuentes orales para el estudio
de los momentos posteriores a la
guerra civil española en el
ámbito rural vallisoletano, pude
conocer y comprobar 'in situ'
las secuelas de la penuria de un
maestro nacional que - tras los
sucesos de 1936 - se vio inmerso
en una desesperada situación.
Reflejaban cierta amargura sus
palabras, consciente de haberse
sentido calumniado y perseguido
como resultado de las envidias e
injurias contra él levantadas
con anterioridad a la triste
contienda civil española. Con
razón Francisco Umbral escribió
que "las guerras son
beneficiosas a condición de no
hacerlas".
Cuando nos conocimos aún vivía
en el Coto de Solaviña, a pocos
kilómetros de Roales de Campos.
El tiempo transcurrido, las
circunstancias personales de
ambos y los avatares de la vida
hicieron que pasáramos varios
años sin vernos, pero sí solía
releer su amplia muestra de
cartas manuscritas, con la
escritura temblorosa y
vacilante, donde se reflejaba el
sufrimiento y las penas de quien
se sentía "dolido, disgustado y
afligido". Ni siquiera Jesús
Torbado y Manu Leguineche hacen
mención de él en su
investigación sobre los llamados
"Topos".
Dentro de unos meses se
cumplirán diez años de su
defunción. "El topo de Roales",
como se le conocía en la zona,
falleció a los 93 años y fue
enterrado "sin curas ni
sacristanes". Aunque él nunca me
lo dijo, supe por la prensa, con
motivo de su fallecimiento, que
algunos años antes había mandado
construir su tumba, con una
lápida presidida por una
estrella de cinco puntas y la
hoz y el martillo. En la lápida
mandó imprimir el autoepitafio
que él ideó para su eterno
descanso:
"Se intentó despacharme, y casi
atrapado, / me escurrí del fuego
y el terror marcial, / lo que
fue un difícil logro inusitado.
/ ¿Seré en el futuro otra vez
calumniado / aún debajo de este
mármol sepulcral?"
En los años anteriores a su
penosa experiencia ejerció como
maestro nacional en Valladolid y
en una graduada mixta de Llano
de Olmedo. No militó en ningún
partido político durante la
Segunda República, tampoco
asistió a manifestaciones, ni
intervino en actos vandálicos ni
de revuelta. Ello se puso de
manifiesto en el momento en que
se vio obligado a abandonar su
último escondrijo y, más
concretamente, en la declaración
solicitada a las autoridades
locales en 1958: "...las
acusaciones vertidas contra él
fueron simplemente por envidias
y nada más".
Permaneció oculto durante
veintidós años: desde 1936 hasta
1958. Dedicó buena parte de ese
tiempo a escribir poemas sobre
las dos guerras (segunda guerra
mundial y guerra civil española)
y, con esfuerzo económico propio
y sacrificio, pudo ver publicada
parte de su obra a finales de
los años ochenta.
Cuando se precipitaron los
acontecimientos en julio del
treinta y seis se encontraba en
el mismo Coto de Solaviña, donde
tuve ocasión de conocerle en
1986. Nadie supo, durante los
veintidós años que permaneció
"enterrado en vida", en qué
lugar se encontraba, excepto sus
hermanos. Sólo con ellos tuvo
contacto. Tres veces cambió de
lugar: primero estuvo escondido
en un pajar, después en un silo
y, por último, en una bodega de
diez metros cuadrado de
superficie.
Continuamente 'circularon'
comentarios y se hicieron
cábalas sobre su posible
paradero; incluso, uno de sus
hermanos contribuyó a extender
un rumor que llevara a que en el
pueblo se olvidaran de él. El
rumor consistió en difundir que
había aparecido ahorcado en una
encina.
Durante buena parte de su
obligado cautiverio permaneció
informado de sucesos y
detenciones por la lectura
atrasada del diario ABC que le
hacían llegar sus hermanos. No
fue ajeno a la publicación de
diversas amnistías; no obstante,
nunca creyó en ellas. Únicamente
se decidió a salir como
consecuencia de un fortuito
accidente: se rompió un brazo al
caer por unas escaleras y - ante
el temor de una posible gangrena
- optó por abandonar en 1958 la
que había sido su "sepultura en
vida". No recibió mal trato en
ese momento, aunque las
autoridades dudaron entre
encarcelarle o no. "Quedamos
detenidos todos... hasta que se
aclaró el asunto. El mismo
Franco tuvo noticia de mi
aparición. Mandaron aquí un
documento con el que no pude
quedarme, porque lo trajo el
juez. Lo firmé y se lo
llevaron".
Una vez recuperado del brazo
decidió viajar a París con
intención de quedarse allí a
trabajar. Tuvo ocasión de
entrevistarse con don Félix
Gordón Ordáx, que en ese momento
era la 'mano derecha' de
Martínez Barrio, al igual que
éste lo había sido - en su día -
del líder radical Alejandro
Lerroux. Llevaba una carta de
recomendación de un traductor de
idiomas del Palacio de Ginebra,
pero de nada le sirvió. Todos
los exiliados que conoció en
París le dijeron que había
equivocado el viaje y que donde
debió dirigirse era a Méjico.
Santiago Marcos, el topo de
Roales, iba dispuesto a trabajar
en cualquier cosa, pero pronto
desconfió de encontrar trabajo y
decidió regresar a España, a
pesar de que le aconsejaron que
visitara a Picasso en Marsella
antes de volver a Valladolid.
Este maestro nacional apenas
pasó un año en Francia. Regresó
a España al ver frustradas sus
esperanzas de trabajar; pero no
se incorporó al Cuerpo del
Magisterio, al que había
pertenecido hasta 1936. "Si yo
fuese médico o veterinario o
cualquier otra profesión...¡ a
ejercer y a intentar olvidar !,
pero... ¿ maestro? ...¡ me
echarían del pueblo!... "
Cuando nos conocimos iba a
cumplir ochenta y cinco años y
aún vivía con un hermano dos
años mayor que él. Toda su
ilusión era ver publicados sus
poemas y, en buena medida, lo
consiguió costeándose la primera
parte de "Mi lira canta
¡escucha!". Apenas salía del
Coto y era el escaso vecindario
de los caseríos próximos, así
como los pastores que se
acercaban con sus rebaños hasta
el mismo, quienes le
proporcionaban las pocas
necesidades que tenía para su
sustento. Su insignificante
pensión, de veinticinco mil
pesetas, se vio incrementada en
diez mil más a partir de julio
de 1988, como consecuencia de
las gestiones que sus amigos
hicimos con el ex ministro
socialista de Educación José Mª
Maravall. Fue una de las pocas y
míseras compensaciones que
recibió, pues, como él mismo
plasmó en una de sus numerosas
composiciones: "Hay los que me
han calumniado, / perseguido y
arruinado, / y ésta es la cruel
verdad, / que me iré a la
eternidad / tras de cornudo,
apaleado".
Si bien es verdad que la
tolerancia es la madre de la
paz, tal y como manifiesta
Filangieri, también es cierto
que la envidia y la mala fe del
acusador hace pensar, a veces,
que lo trágico surge a partir de
la acumulación de lo
insignificante.
Jesús Salamanca Alonso
Profesor de educación de adultos
Gentileza: Jesús Salamanca
Alonso
[jesaal57@hotmail.com]
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