|
|
|
Género y Docencia, Gabriela
Ramos. - 06/01/06
 
|
|
Género y Docencia
Gabriela
Ramos
..."No hay nada que
hacer. El lenguaje es siempre el
poder. Hablar es ejercitar una
voluntad de poder. En el espacio
de la palabra, ninguna
inocencia, ninguna seguridad es
posible"...
R. Barthes
El tema género compromete mi
cuerpo políticamente y
constituye mi especialidad de
trabajo.
Quiero compartirles una
investigación, de la Universidad
de Buenos Aires, llamada
"Autobiografías docentes". Se
busca indagar la importancia de
la toma de la palabra en mujeres
- docentes. ¿Cómo toman la
palabra mujeres que
continuamente enseñan a otros?,
¿por qué muchas veces no
producen palabras propias?
La historia del magisterio
argentino responde a un proyecto
de país en configuración que
busca homogeneizar, masificar e
igualar a las personas devenidas
de diferentes sitios. Son las
maestras extranjeras contratadas
por Sarmiento las encargadas de
formar a las maestras argentinas
y al ciudadano, entiéndase al
hombre de ciudad.
En el contrato del año 1923,
vigente en nuestros días, las
maestras se comprometen a no
mostrarse en público en compañía
masculina, a no utilizar polvo
facial, a utilizar tres enaguas
durante el trabajo, a no beber
ni fumar. Se les pide más que
profesionalismo, decencia. Para
moralizar a la nueva generación
las virtudes morales eran lo más
importante. Se esperaba que las
docentes educaran con el ejemplo
de la buena moral a los bárbaros
que desconocían como
comportarse.
¿Estos orígenes están presentes
en el magisterio? ¿Cuáles son
los estereotipos de género que
se reproducen?
Los docentes y las docentes en
las situaciones críticas
recurren a esas vivencias que
les marcaron el cuerpo. Esto es:
"te vas al rincón", "te tiro de
la oreja", "repetí cincuenta
veces la palabra". Estas
situaciones suceden a pesar de
su no-adherencia.
Al notar esta recurrencia
pensamos lo importante que
podría ser para cada docente
reconstruir su historia escolar.
Los docentes, como ninguna otra
profesión, pasan toda su vida en
la escuela. Ciertamente los
lugares a ocupar van cambiando,
pero el modelo de alumno se va
repitiendo. Este modo de ser
alumno se aprende en el paso por
la escuela.
Consideramos que los
estereotipos podrían ser
derrumbados si los docentes
tenían un espacio para escribir.
Notamos que las entrevistas
orales eran rápidas, espontáneas
y menos comprometidas que la
escritura. Nuestro interés pasó
por conocer relatos y
trayectorias escolares
despojados de todo signo o
valoración.
Con la escritura buscamos
recuperar la palabra porque
sostenemos que es la única
posibilidad de entrada al mundo
de la cultura.
A partir de la historia del
magisterio las docentes son
productoras de algunas
cuestiones que tienen que ver
con el afecto, la crianza, el
asistencialismo y reproductoras
de conocimientos de otros.
Aquellos que ni siquiera pasaron
por las aulas dicen lo que se
tiene que hacer. Se depende de
los gobiernos de turno, de las
investigaciones en boga. Ni
siquiera con la reforma
educativa se nos preguntó que
teníamos por decir desde la
experiencia de pasaje por el
aula.
Para poder armar un discurso
docente con autoridad hay que
cortar todas estas cosas. Sin un
tiempo y un espacio para que las
maestras valoricen su
ser-mujeres-en-el-mundo no será
posible la valorización de su
conocimiento.
A diferencia de nuestros países
latinoamericanos, en los países
anglosajones el magisterio surge
a partir de los movimientos
feministas. En Argentina la
educación está por demás alejada
de las reivindicaciones
feministas. Para las mujeres el
dedicarse a la docencia
significó una salida decente al
mundo de lo público. El problema
es que a partir de ese momento
las mujeres entraron al mundo de
lo público repitiendo palabras
construidas por otros.
La severa crisis que el sistema
educativo atraviesa hoy da la
posibilidad de empezar a tomar
la palabra desde otro lugar
(desde el lugar de las bases).
No alcanza solo con escribir y
pronunciar una palabra propia.
Es necesario un grupo que
contenga tales palabras. No se
puede solas, necesitamos de los
otros. Tenemos que construir
palabras compartidas desde
abajo.
Al ver estos "viejos"
estereotipos dejaremos de
reproducir aquellas cosas de las
que tanto nos quejamos. La sala
de maestros y de profesores se
ha convertido en un lugar de
catarsis cotidiana: los padres
no hacen, fulano es
insoportable, el incentivo no lo
pagan, la rectora se toma
licencia... y una sola con todos
los problemas. Dejo de ser el
lugar donde compartir otra
posibilidad de construir
conocimiento. Ester Moncarz
habla de la queja-lamento como
la queja constante que termina
paralizando e impidiendo actuar.
Una cosa es la queja que apunta
a la crítica y mueve a la acción
y otra las que deja anclada en
el mero lamento.
Los docentes somos puentes entre
ciertos contenidos y cierta
historia, entre las generaciones
pasadas y venideras. Sin sentir
la capacidad para reelaborar lo
dado
no será posible que las nuevas
generaciones produzcan
modificaciones.
Habrá que conectarse con la
historia personal y pensar-se,
escribir-se, re-inventar-se. En
el acto de escribir uno se
compromete y se distancia de sí
al leerse. El escritor y el
lector llevan el mismo nombre,
pero dejan de compartir el mismo
tiempo y espacio. Lo cual
permite al sujeto de la
narración mirar sus vivencias
con la distancia necesaria para
producir las modificaciones
queridas.
Entonces las invito a sentarse a
escribir y a compartir esas
escrituras con otras para ver
que modificaciones tenemos para
darle a las futuras
generaciones.
Licenciada en Ciencias de la
Educación. Es especialista en
género. Esa es su principal
línea de trabajo en el área de
educación. Es docente e
investigadora de la UBA.
Este texto es un extracto de un
panel del Espacio Freire 2005.
Gentileza:
educacionnuevatierra-bounces@listas.wamani.apc.org
|
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|