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De Madre Araña a demonio
Escorpión: Los arácnidos en la
Mitología, Antonio Melic. - 20/01/06
 
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De Madre Araña a demonio
Escorpión: Los arácnidos en la
Mitología
Antonio
Melic
Resumen
La Aracnología cultural,
a diferencia de la académica y
aplicada, se ocupa del estudio
de los arácnidos en las diversas
manifestaciones artísticas,
culturales y religiosas de la
especie humana. Con frecuencia
constituye una suerte de
prehistoria del auténtico
conocimiento científico.
El escorpión es un elemento
simbólico muy común en la mayor
parte de las creencias de las
civilizaciones antiguas. Dos
aspectos esenciales justifican
la intensidad de esta presencia.
En primer lugar, la peligrosidad
para nuestra especie a
consecuencia de la toxicidad de
su veneno y de los hábitos de
caza de la mayor parte de las
especies, lo que facilita la
producción de graves accidentes.
En segundo lugar, las marcadas
preferencias ecológicas de la
mayor parte de las especies por
estepas y desiertos, convierten
al animal en un símbolo de
lugares yermos e inhóspitos,
poco favorables para el
desarrollo de la vida humana.
Ambos aspectos han convertido al
escorpión en una poderosa fuerza
maligna, que con frecuencia ha
adoptado la forma de demonio o
divinidad malvada directamente
enfrentada con los intereses de
nuestra especie.
Sin embargo, junto a numerosos
casos que apoyan esta
interpretación, es posible
encontrar ritos y creencias en
las que el escorpión es
considerado un animal benéfico o
aliado que adopta formas
protectoras frente a las
calamidades naturales y,
especialmente, ante las plagas
de insectos fitófagos, jugando
un papel dual, mucho más rico y
complejo que el actual.
Probablemente el artrópodo con
presencia más intensa en el
conjunto de creencias humanas
primitivas es la araña. A lo
largo de cinco continentes y de
un periodo que abarca 5000 años,
la araña ha sido vinculada a
importantes divinidades en las
que residen a un tiempo tanto
poderes creadores como
destructores. La araña ha sido
símbolo de Vida (Creación,
fertilidad y sexo) por su
capacidad para la construcción
de telas orbiculares a partir de
sí misma, pero también de Muerte
(Guerra y destrucción) por su
capacidad predadora y la
toxicidad de su veneno. Esta
ambivalencia, basada en la
interpretación de la actividad,
biología y capacidades generales
de las arañas, puede rastrearse
en antiguos mitos mediterráneos
(Mesopotamia, Egipto, Grecia),
pero también en el continente
africano, en las culturas
mesoamericanas (especialmente en
la civilización Maya) y entre
las tribus de nativos
norteamericanos o en las islas
del Pacífico.
La araña además ha atribuido a
sus divinidades portadoras otros
poderes o facultades como la
astucia y habilidad para la caza
o las actividades de hilado y
confección textil.
Resulta sorprendente la
extensión del mito pero,
especialmente, en un símbolo de
esta complejidad, asombra la
coincidencia de interpretaciones
entre civilizaciones tan
alejadas en el tiempo y en el
espacio.
Introducción
Hogue (1987), en 'Cultural
Entomology', distinguió tres
áreas básicas a las que nuestra
especie dedica su energía
intelectual: la supervivencia,
el conocimiento científico y el
conjunto de actividades que hoy
son conocidas como 'humanidades'
(de la religión al arte). La
Aracnología, entendida en un
sentido amplio, forma parte de
cada una de esas áreas
adoptando, respectivamente, la
forma de aracnología aplicada,
aracnología científica o
académica y aracnología cultural
o etnoaracnología. Sin duda, la
aracnología científica es la
única que ha alcanzado un cierto
grado de desarrollo, muy por
delante de la aplicada. La
aracnología cultural apenas ha
sido objeto de atención. Son muy
escasas las referencias
disponibles de una cierta
entidad y prácticamente
inexistentes trabajos amplios
sobre el tema. Una de las
razones de esta escasez es la
dificultad de abordar el papel
de los arácnidos desde una
perspectiva global que abarque
los últimos cinco milenios (al
menos) de la historia de la
humanidad, a escala planetaria y
en cualquier tipo de
manifestación cultural, ya sea
religiosa, simbólica, artística
o de otro tipo. El conjunto se
ve incrementado por la frecuente
tendencia a mezclar aracnología
aplicada primitiva y aracnología
cultural. Así, las aplicaciones
farmacológicas del uso de arañas
y escorpiones en medicinas
tradicionales pertenecen al
primer rango; sólo cuando su uso
está relacionado, por ejemplo,
con ritos religiosos, puede
considerarse aracnología
cultural. Otro tanto puede
decirse del uso de arácnidos
como alimento o de la
araneicultura.
Como antecedentes inmediatos,
hemos de mencionar el trabajo de
Cloudsley-Thompsom (1986) 'The
Mythology of Scorpions and
Spiders' en el que se pasa
revista a los mitos
fundamentales relacionados con
el escorpión y en menor medida
con la araña. Sobre ésta se
indica que aparece
frecuentemente en supersticiones
de la Europa templada, Asia y
Norteamérica. Igualmente, se
menciona que fue ignorada en el
antiguo Egipto (a diferencia del
escorpión y, especialmente, de
algunos insectos como el
escarabajo). Se incluyen breves
referencias a la Biblia y el
Corán, así como a la cultura
griega y al mito clásico de
Aracné. Posteriormente se
comenta la Historia Natural de
Plinio y las tradiciones
europeas medievales relacionadas
con la araña y el tarantismo en
el sur de Italia.
Otra referencia reciente es 'The
Book of the Spider. From
Arachnophobia to the love of
Spiders' de Paul Hillyard
(1994), dedicado íntegramente a
la araña. El capítulo segundo
recopila la información sobre la
presencia de la araña en el
folclore, mitos y literatura.
Respecto a la mitología
araneológica se recoge el mito
griego de Aracné, la mitología
de los nativos americanos en
relación a Mujer Araña, Anansi
en África y diversas
tradiciones, leyendas y muestras
del uso artístico de la araña y
de su simbología.
A pesar de estas referencias
históricas, el potencial
mitológico-simbólico de la araña
parece francamente
infrautilizado, especialmente en
comparación con otros artrópodos
como la mariposa, la abeja y el
escorpión. Con ocasión de la
preparación de un trabajo
general sobre la presencia de
los artrópodos en la cultura (Melic,
2002), hemos prestado una
especial atención a la figura de
la araña, rastreando su
presencia en otras culturas
antiguas no mencionadas e
intentando profundizar en su
auténtico papel en las citadas
(egipcia, griega y
norteamericana). La presentación
de los primeros resultados de
esa revisión constituyen el
objeto de este artículo.
El término cultura es utilizado
en un sentido amplio, como el
conjunto de modos de vida y
costumbres, conocimientos y
grado de desarrollo artístico,
científico e industrial, en una
época o grupo social.
Entendemos, con Leclerq (1999),
que aracnología cultural y
etnoaracnología son sinónimos.
Para la redacción de este
artículo se ha consultado
diversa bibliografía relacionada
con temas históricos,
mitológicos y simbólicos. Además
de los textos que se mencionan
en cada lugar, es preciso
destacar algunas fuentes
relacionadas con la
interpretación de los símbolos y
signos: Cirlot (1997; reedición
de 1958), Johnson (1994),
Saunders (1996), Bruce-Milford
(2000), Cooper (2000) y Grossato
(2000).
En el principio...
Las primeras representaciones
que pueden ser razonablemente
asignadas a artrópodos
pertenecen a utensilios del
Magdaleniense con una antigüedad
estimada de unos 10.000 años.
Entre ellos, destacan diversos
amuletos colgantes que parecen
representar coleópteros (aunque
su interpretación no es
pacífica). Durante el Mesolítico
aparecen numerosas pinturas
rupestres relacionadas con la
recolección de miel silvestre y
representaciones esquemáticas de
abejas. Existen ejemplos de este
tipo en la Península Ibérica,
Zimbabwe, Sudáfrica, la India,
etc. Probablemente el sentido de
las escenas mesolíticas de
recolección de miel eran
rituales mágico-religiosos de
tipo propiciatorio. Mucho más
intrigante es el caso de un
ortóptero grabado en un hueso de
bisonte hallado en la Gruta de
los Tres Hermanos (Francia).
Bellés (1997b) recuerda que los
saltamontes son un alimento
consumido en algunas culturas y,
por tanto, la representación
podría tener el mismo sentido.
Un caso especialmente complicado
de interpretar son las
representaciones de lo que
parecen ser arañas y/o telas de
arañas con moscas revoloteando a
su alrededor (fig. 1) (Beltrán
Martínez, 1993; Bellés, 1997b).
Lo cierto es que difícilmente
puede considerarse a la araña un
'recurso alimenticio' en la
Iberia meridional, lo que hace
pensar en manifestaciones de
carácter religioso o simplemente
naturalista. Otra posibilidad es
la idealización de la actividad
de la caza en la araña, pues
ésta debió resultar una escena
común en la vida cotidiana del
hombre prehistórico, básicamente
un cazador-recolector. La escena
de la araña, sin embargo, no es
accidental. Recientemente ha
sido descubierta otra muestra de
arte calcolítico en Guadalix de
la Sierra (Madrid) con
representaciones de numerosas
figuras antropomórficas
(llamadas en forma de 'phi' por
los arqueólogos) y un arácnido
Mesopotamia
Mesopotamia fue habitada hace
unos 35.000 años, desarrollando
durante parte del Paleolítico y
Mesolítico diversas culturas de
las que quedan muy pocos
vestigios. Aproximadamente hacia
el 3.500 a. C. puede datarse el
comienzo de la auténtica
Historia de la Humanidad a
partir del desarrollo de la
escritura, la ciencia y el
urbanismo.
La entomología cultural de la
época sumeria es de carácter
fundamentalmente aracnológico.
Los dos artrópodos más
importantes en su mitología son
el escorpión y la araña.
Cloudsley-Thompsom (1986) recoge
diversas referencias en las
mitologías de la región (hasta
los Persas) relacionadas con el
escorpión. Este fue una de los
primeras constelaciones
reconocidas en el firmamento por
los astrónomos de Babilonia
entre el IV y el II milenio a.
C. A pesar de esta
identificación, los escorpiones
son considerados elementos
malignos y con frecuencia el
escorpión recibió el trato de
'demonio' (así aparece en la
Biblioteca de Asurbanipal, s.
VII a.C.). Además de ser
animales agresivos y un peligro
directo por sus hábitos de caza
por contacto, probablemente
fueron considerados animales
malignos asociados a lugares
duros, yermos e inhóspitos,
simbolizando la sequía y el
desierto. Así, por ejemplo, el
pueblo qutu, 'bárbaros del
norte' de los que apenas hay
noticias, eran conocidos por los
sumerios como los 'escorpiones
de las motañas'. En las figs. 3
y 4 pueden verse fragmentos de 'kudurrus'
o documentos reales de tiempos
de Nabucodonosor con más de
3.000 años de antigüedad que
eran utilizados para demarcar
límites y fronteras y en la fig.
5 cilindro-sellos, todos ellos
con ejemplos de escorpiones. Los
escorpiones parecen jugar un
papel 'amenazante' hacia los
potenciales invasores, y por
tanto, serían un símbolo
protector frente a los nativos.
Otra muestra de estas ideas es
el personaje Pazuzu (fig. 6), un
importante demonio mesopotámico
y una criatura de cabeza
deformada, con alas de águila,
dientes y garras de león y cola
de escorpión. Se trata de la
personificación de la tormenta
que causa desastres y, por
supuesto, es un habitante de los
desiertos. Sin embargo, es el
protector de las plagas y de
otras fuerzas del mal. Resulta
bastante evidente que los
sumerios y asirios temían a los
escorpiones por las razones
anteriormente indicadas, pero al
mismo tiempo, percibían el
servicio ecológico que brindaban
en su lucha contra los
fitófagos. Por tanto, los
escorpiones jugaron un papel
dual, complejo, mucho más rico
en matices que el actual. Eran
seres poderosos, malignos, pero
que podían resultar beneficiosos
en ciertas circunstancias (al
menos en sociedades agrícolas).
Los kudurrus son documentos que
se usaron en Mesopotamia para
dejar constancia de las cesiones
reales de tierras, por lo que
aparecían señalando fronteras o
límites. En la figura se muestra
uno de tiempos de Nabucodonosor
I (hacia 1.140 a.C.), con dos
representaciones diferentes del
escorpión. 3b. Detalle, una
figura antropomórfica, relativa
al demonio escorpión o al pueblo
quto, conocido como escorpiones
de las montañas. 3c. Detalle,
abajo aparece otro escorpión (de
Roaf, 2000 y elaboración
propia).
La ambivalencia del escorpión se
ve ratificada en los mitos más
antiguos sumerios, en los que se
relaciona directamente con la
diosa Inanna, una divinidad
creadora, madre de los dioses.
Es preciso señalar que el número
de divinidades entre estos
pueblos no tiene nada que
envidiar en densidad y mestizaje
al panteón egipcio, quien
probablemente importó algunos
elementos y que con frecuencia
el nombre de estas diosas fue
cambiando, aunque manteniendo en
esencia sus poderes y
facultades. Inanna fue conocida
entre los acadios como Isthar y
como Atargatis por los asirios.
Las diosas mencionadas son un
arquetipo que se repite en
muchas otras culturas
posteriores relacionadas con la
diosa madre o diosa de la
fertilidad. Esta parece una
tradición que arranca en el
Neolítico y que se extendió por
casi todo el Mediterráneo (Gimbutas,
1989; Gimbutas & Marler, 1991;
Husain, 1997, entre otros). En
los orígenes, la diosa es
representada inicialmente como
una figura de pechos enormes,
grandes caderas y abdomen, bien
como exponente de carnalidad
femenina, maternidad o todo a un
tiempo. El agua es un elemento
estrechamente vinculado a la
diosa, como fuente de vida. Las
fig. 7, 8 y 9 muestran varios
ejemplos de esta relación entre
escorpiones y fertilidad.
Probablemente el sentido
conjunto pretende enfrentar los
símbolos de vida y muerte como
un todo.
La presencia de la 'araña' en
estas culturas resulta bastante
más oscura e indirecta. La
información disponible procede
de fuentes escritas y apenas
cuenta con iconografía (fig.
10). Por algún motivo la araña
no suele disponer de
representaciones gráficas, o son
muy escasas, a pesar de jugar un
destacado papel en los sistemas
mitológicos. Este fenómeno se
repite, misteriosamente, en
otras culturas.
Los ritos religiosos sumerios
estaban muy relacionados con la
muerte (incluían sacrificios
humanos), pero también con el
sexo, transunto de la
fertilidad. Muchos de sus textos
alcanzan un elevado grado de
sensualidad explícita. Es
habitual que creación y
fertilidad formen una pareja
indisoluble. A su vez, existe
una relación biunívoca entre
fertilidad, por una lado y sexo
y agua, por otro. La fertilidad
animal depende del sexo como
mecanismo de reproducción; la
vegetal es función del agua,
especialmente en culturas
agrícolas primitivas. Por esta
razón los símbolos del complejo
Inanna son conjuntamente la
araña y el pez (además del
escorpión). La araña crea un
universo geométrico, ordenado, a
partir de sí misma, extrayendo
hebras de seda de su propio
cuerpo y formando estructuras de
una maravillosa perfección. El
pez representa el agua, el
elemento esencial para la
obtención de la cosecha. Inanna/Ishtar
es además de Gran Madre y diosa
de fertilidad, tejedora del
destino, en el que quedan
entrelazados los hombres. Hay
otros elementos que caracterizan
a la araña y que difícilmente
pueden pasar desapercibidos: su
capacidad para inocular veneno a
través de la mordedura y su
habilidad para capturar presas
gracias al uso de telas como
trampas. La asociación de la
araña a la diosa resulta
ratificada precisamente por
estas capacidades. Un poema
sumerio dice respecto a Inanna:
'Cual un temible león con tu
veneno aniquiliste a los
hostiles y a los desobedientes'.
La antigua Inanna y sus
derivaciones son siempre la
diosa de la guerra para los
pueblos mesopotámicos. Amor
(maternal y carnal) y guerra
conforman una unidad que
confluyen en la diosa y sus
símbolos (ya sea el escorpión o
la araña).
Por tanto, aunque la iconografía
disponible de la época es
relativamente limitada, creo que
existen pocas dudas sobre la
vinculación entre la araña y la
principal deidad mesopotámica.
El complejo Inanna fue origen de
otros mitos, tal vez gracias a
los Fenicios que la exportaron a
otros lugares.
Egipto
La civilización egipcia se
prolongó durante más de tres
milenios, desde el periodo
predinástico tardío hasta el
Grecorromano. La mitología e
iconografía del Egipto faraónico
son unas de las más ricas y
variadas del mundo antiguo. Los
egipcios llenaron sus hogares,
templos y tumbas de obras
artísticas de todo tipo:
pinturas, esculturas,
ornamentos, utensilios, joyas,
amuletos.... pero ellos no deben
ser considerados como simples
objetos o elementos decorativos;
al contrario, se trata de un
fenómeno totalmente religioso o
al menos mágico, a través de los
cuales se representaban sus
creencias e ideas sobre la
naturaleza del cosmos y éstas
llegaban a confundirse de tal
modo que en ocasiones era
preciso alterar los símbolos
para evitar su picadura (es el
caso del escorpión sin cola o la
serpiente con un puñal clavado
en su espalda).
Los egipcios utilizaron
ampliamente a los insectos en su
iconografía y mitología, así
como al escorpión. Como todos
los animales peligrosos el
escorpión recibió en Egipto una
veneración divina (figs. 11).
Representaba junto a la
serpiente una encarnación de las
potencias del caos amenazantes
del orden del mundo. Sin
embargo, si se podían dominar
resultaban beneficiosos. Tal vez
por ello se llevaban pequeños
amuletos en el periodo Arcaico,
posiblemente como protección. El
escorpión era ya previamente
conocido como signo zodiacal.
Inicialmente fue asociado a un
rey –denominado Rey Escorpión–,
aunque posteriormente sus
poderes fueron asociados a la
diosa Selket (fig. 12),
protectora de nacimientos y de
los cadáveres momificados
durante el enterramiento.
Existen varias leyendas sobre el
tema. Los halcones
(representación del dios Horus)
eran venerados en Egipto porque
se alimentaban de escorpiones,
así que su destrucción resultaba
ser un acto benéfico. El mito
del escorpión ha sido abordado
recientemente en Monzón & Blasco
(1995, 1996).
Junto al escorpión, la araña
jugó un papel poco conocido pero
fundamental como símbolo de la
diosa Neith, 'madre de los
dioses' (fig.13). Al igual que
en el caso de Mesopotamia las
representaciones de la araña son
prácticamente inexistentes a
pesar de ser un símbolo
destacado y de la extraordinaria
productividad de los artistas
egipcios. El culto a esta diosa
es muy antiguo y se remonta al
periodo Predinástico (finales
del V milenio-3200 a. C) en la
región del delta del Nilo. En la
ciudad de Esna es representada
en ocasiones con el Pez Lates.
Sus atributos eran el arco, las
flechas y el escudo. Al igual
que en las culturas
mesopotámicas, la araña/Neith
terminó convertida en mito
creador, primero como Madre de
Ra, luego como madre de todos
los dioses y por último
'creadora del semen de los
hombres y los dioses', y
asociado a la fertilidad además
de a la caza y a la guerra. Esta
ambivalencia vida-muerte está
presente en sus títulos:
'amamantadora de cocodrilos' y
'la Terrorífica', es decir,
tierna madre y monstruo feroz.
Es también una divinidad
funeraria, una de las guardianas
de los vasos Canopes y quien
ofrecía los vendajes para el
cuerpo del difunto. Fue
considerada también la inventora
del tejido y patrona de las
hilanderas. Con todos estos
atributos parece evidente la
relación de Neith con la araña
en sus múltiples facetas de
divinidad creadora, experta
cazadora/guerrera y consumada
tejedora. Como simple hipótesis,
es curioso que un animal cuya
característica más destacable es
su capacidad para construir
telas y, por tanto, para predar
sobre otros invertebrados sea
nombrado guardián de los vasos
donde se introducían las
vísceras más importantes del
difunto. Parece inevitable que
las moscas y otros necrófagos
debían sentirse atraídos hacia
estos lugares y, por tanto, que
debía ser vista con muy buenos
ojos la actividad de las arañas
como aparentes defensoras de los
restos. Selket –el rey
escorpión, otro gran depredador
de insectos– era también
guardián de los vasos Canopes.
La diosa Neith es también la
'tejedora del mundo' en alusión
directa a la capacidad de las
arañas para construir telas.
Aracné o Atenea ¿Quién es la
araña?
La presencia de insectos en el
arte griego quedó ampliamente
recogida en el libro Greek
Insects de Davis & Kathirithamby
(1986). Bellés (1997a) y Moret
(1997a) han complementado esos
resultados. El arte y mitología
griegos recoge un número amplio
de referencias artrópodas. No
obstante, resulta un tanto pobre
en relación a antecedentes tan
extensos como el mundo egipcio,
especialmente ante la amplitud
de los temas tratados en la
cultura griega. Con los griegos
se inicia realmente el
desarrollo de los conocimientos
zoológicos gracias a
Aristóteles, pero también un
paulatina humanización (y
masculinización) del panteón
mitológico y, con ella, un
cambio cualitativo en materia de
creencias.
La referencia clásica de la
cultura helena en materia
aracnológica es la leyenda de
Aracné en la que una doncella
lidia es convertida por la
celosa diosa Atenea en araña y
condenada a tejer etermanente (figs.
14 y 15). Todo comenzó como una
apuesta entre la diosa y la
joven, una auténtica artista en
el arte de tejer. Aracné se mofó
de la diosa y la retó a un
concurso de tapices. Atenea
preparó el suyo (relativo a la
ciudad de Atenas) pero Aracné
usó su habilidad para
representar escenas de las
infidelidades de Zeus. A pesar
del aparente éxito de Aracné,
Atenea tocó la frente de la
muchacha y ésta se arrepintió de
haberse burlado de los dioses.
Inmediatamente después se
suicidó, pero Atenea se apiadó y
le devolvió la vida convertida
en araña. El mito parece tener
una función de tipo moralizante:
no es conveniente molestar a los
dioses. Ahí parece acabar todo.
Sin embargo es posible rastrear
otras pistas que relacionan esta
historia marginal con el
auténtico mito de la araña.
Atenea es una de las diosas más
poderosas de la mitología griega
(entre otras cosas, porque nació
de la cabeza de Zeus). Casi
siempre es representada con
coraza y diversas armas en su
calidad de figura militar y gran
consejera. Es una divinidad
asociada directamente a la
guerra, pero también a la
sabiduría y la astucia (tanto
por su origen como por su
actividad). La relación entre
Atenea y la araña no es
simplemente accidental. Algunos
autores, desde Herodoto (484-420
a. C.) a Rober Graves (1980)
opinan que Atenea es la versión
griega de Neith, lo que resulta
reforzado si consideramos que
Atenea era la diosa griega de
las artes y la habilidad. Junto
a Hefestos, era la protectora de
los oficios y de las actividades
domésticas tradicionalmente
femeninas como hilar y tejer (de
ahí que Aracné retara a Atenea y
no a otras divinidades: se quiso
medir con la diosa del hilado).
Lo que sí parece faltar en la
mitología griega son las
referencias a la creación y la
fertilidad. Atenea, aun siendo
protectora de las actividades de
las mujeres casadas, era
considerada virgen y soltera,
pero ello no debe representar un
problema. Las mitologías
antiguas convertían en
divinidades guerreras a diosas
vírgenes o no casadas. Pero
además, el acto creador de la
araña es ciertamente singular.
La fertilidad del animal no está
relacionada con la cópula con el
macho (habitualmente más
pequeño, menos perceptibles en
sus costumbres y contrucciones y
de vida mucho más breve), ni con
la puesta. La creación
araneológica es un acto
aparentemente asexuado, pues su
obra es la tela, el cosmos.
Virgen y Madre celestial,
incluso en las religiones
modernas, son estados
perfectamente complementarios.
No obstante, los mitos de la
creación helenos son bastante
confusos. De hecho, existen
varias versiones enfrentadas en
los textos clásicos. En uno de
ellos, ateniense (Atenea, además
de dar nombre a la ciudad, era
su protectora), relativo a los
orígenes de la humanidad,
aparece la figura de la diosa
como protagonista indirecta. El
dios Hefestos intentó violar a
Atenea, que lo rechazó. Hefestos
eyaculó sobre el muslo de la
diosa, quien limpió el semen con
un trozo de lana (otro tejido,
como la seda) y lo tiró al
suelo, asqueada. Del trozo de
lana nació Erectonio, futuro rey
de Atenas. Un hombre, pues,
nacido de la tierra. Atenea no
creó a los dioses en este caso,
pero sí a un rey ateniense. Por
tanto, la araña 'es' en realidad
Atenea y no Aracné, quien sólo
padeció una transformación como
castigo.
Los distintos mitos antiguos
mediterráneos y los
mesopotámicos sin duda
estuvieron relacionados entre sí
bien por contactos directos o
bien gracias a contaminaciones
mitológicas producidas a través
de otros pueblos. Los Fenicios,
por ejemplo, debieron actuar
como elemento dispersador de
este tipo de creencias (fig.
16).
Los romanos apenas realizan
aportaciones significativas a la
iconografía artrópoda. Las
principales hay que buscarlas en
textos escritos como los de
Plinio y Claudio Eliano, que no
obstante tienen más de obra
enciclopédica o recopilatoria,
que de investigación novedosa.
La expansión del cristianismo y
otras religiones monoteístas fue
un elemento importante,
esencial, en la erradicación de
las zoolatrías previas y el
paganismo, así como en la
restricción en el uso de motivos
alegóricos y simbólicos. Los
libros sagrados (la Biblia, el
Corán) incluyen referencias a
los artrópodos pero suelen ser
escasas y profundamente
negativas.
Oriente
La impresionante civilización
china es imposible de condensar
en unas pocas líneas. Por
suerte, no lo pretendemos, pero
su gigantismo y duración hacen
difícil la búsqueda y selección
de algunos ejemplos que puedan
ilustrar la presencia de los
artrópodos en su cultura. Es
preciso comenzar destacando el
papel de los insectos desde el
punto de vista de la entomología
aplicada. China fue el primer
pueblo en utilizar la seda de
Bombyx mori ('gusano de seda'),
al menos en el 2.600 a.C. Al
parecer fue una emperatriz la
que se interesó por el asunto
(Si-Lung-Chi), de tal modo que
este insecto llegó a afectar
seriamente a la historia
económica del imperio durante
muchos siglos. Tan importante
llegó a ser el comercio de la
seda que estaba prohibido sacar
de China los huevos o las orugas
y arrancar una 'morera' era
castigado con la muerte (fig.
17). Junto a Bombyx mori, son
destacables el grillo, la
cigarra y la mariposa en la
cultura china. Apenas son
conocidas supersticiones y
menciones a arácnidos.
La entomología cultural de otros
países del sur y este asiáticos
es también muy mal conocida. En
Japón hay referencias a diversos
insectos (incluyendo una
tradición o cultura de la seda
similares a la de China) y a
múltiples 'arañas gigantes
venenosas' con las que tienen
que enfrentarse algunos héroes (Kintaro,
Kumo, Reiko, Tawara, etc.), así
como a uno de los más
enigmáticos dioses japoneses (Inari,
hombre y mujer al mismo tiempo),
quien adopta la forma de araña
y, a pesar de ello, es
considerado un símbolo de
prosperidad y amistad. También
existe una mujer-araña que
atrapa y enreda a los viajeros
incautos. En la fig. 18 se
muestra un ejemplo de
iconografía de Indonesia.
En general, Oriente no ha
destacado por las referencias
artrópodas en su mitología. Las
razones pueden estar
relacionadas con sus creencias
respecto a la reencarnación o
retorno. Recordemos que el peor
destino posible para un alma era
volver como invertebrado,
especialmente en el caso de
insectos de vida efímera que
nacen y mueren en un solo día y
que, en consecuencia, no tienen
tiempo de producir un 'karma'
capaz de permitirles un
renacimiento mejor. Ello daba
lugar a una serie de
renacimientos sucesivos e
inútiles, un infinito laberinto
del que difícilmente se podía
escapar.
África
Más que ningún otro continente,
África, es una amasijo de
culturas, lenguas y religiones.
Es prácticamente imposible
abordarla como unidad, ni
siquiera en un tema tan puntual
como la mitología aracnológica.
A ello deben sumarse dos
problemas prácticos: una
tradición fundamentalmente oral
y la tendencia al uso de
materiales poco duraderos en
muchas de sus manifestaciones
artísticas. Todo ello complica
el rastreo etnoaracnológico y no
es de extrañar que, realmente,
apenas existan antecedentes
serios y documentados.
De nuevo, como en el caso de
Asia (pero también del
Pacífico), existen multitud de
referencias aisladas, datos o
iconografías puntuales y
personajes artrópodos en
leyendas más o menos locales,
pero dos de ellos son
especialmente importantes. Los
Pueblos Koisán, que incluyen a
los 'hotentotes' y a los san o
bosquimanos, entre otros,
disponen de una mitología muy
relacionada con los animales
salvajes y, entre ellos, uno de
los más importantes es la
mantis, quien trajo el fuego a
la humanidad tras habérselo
robado al avestruz, e inventó
las palabras (tal vez, en
esencia, sea el mismo acto). El
otro es Anansi, un mito muy
popular en África central y
occidental. Es una araña u
hombre-araña con varios
significados, en ocasiones,
perfectamente simultáneos. Por
un lado está íntimamente
relacionado con el mito de la
creación del mundo. Por otro,
juega un papel destacado en
momentos clave relacionados con
la salvación del hombre. Por
último, representa a la figura
del embustero o héroe bribón
protagonista de relatos con
moraleja, cuentos y otro tipo de
enseñanzas. Anansi es hija es
Nyame y es considerada la
creadora del sol, la luna y las
estrellas y es quien instituye
la sucesión del día y la noche.
También creó al primer hombre,
cuya vida fue insuflada por
Nyame. Entre las facultades
otorgadas por Nyame a Anansi se
cuentan traer la lluvia cuando
el bosque se incendia y
determinar los límites de
océanos y ríos cuando diluvia.
Resulta sorprendente que de
nuevo la figura de la araña sea
entidad creadora como en
Mesopotamia o Egipto (pero ver
también más adelante). Las
coincidencias van más allá: por
extraños caminos, tal vez
simplemente accidentales, araña
y agua resultan emparejadas.
Neith, la diosa-madre egipcia
cuyos símbolos eran el pez y la
araña, contaba entre sus títulos
la de señora de los mares
primordiales; Anansi fija los
límites de los mares y los
ríos... Otro elemento que
resulta significativo es la
vinculación entre el hilo (de la
tela) y el papel de interlocutor
(o hilo conductor) entre la
divinidad superior, Nyame, y los
hombres, lo que se pone de
manifiesto especialmente en los
mitos relacionados con la
salvación humana a través de la
intermediación arácnida.
Pero hemos citado otros papeles.
Anansi asume el de animal astuto
capaz de vencer con su
inteligencia a otros mayores o,
incluso, a ciertos demonios y
divinidades. Una de las leyendas
más extendidas es el robo del
fuego a alguna entidad superior
y su entrega a los hombres. En
África Oriental, la ladrona es
Anansi; en las praderas
norteamericanas, Mujer-Araña
hace lo mismo con los dioses. La
leyenda es idéntica, como lo es
la capacidad creadora o la
dualidad del personaje como
divinidad-embaucador. Aunque el
mito de Anansi ha sido
localizado igualmente en
Carolina del Sur (como 'Miss
Nancy') o el Caribe ('Anency') a
consecuencia del tráfico de
esclavos africanos en siglos
recientes, las leyendas nativas
indias tienen una antigüedad muy
superior a la llegada de los
esclavos, así que las
coincidencias no son una simple
contaminación mitológica.
Los dos artrópodos mencionados
en la mitología africana tienen
además la condición de esposos
según diversas leyendas. En
efecto, Koki, la mantis, es la
esposa de la araña en los mitos
de algunas regiones. No deja de
sorprender que los dos animales
cuyas prácticas sexuales incluye
el canibalismo terminen formando
pareja estable.
El Pacífico
La etnoentomología australiana
y, por extensión, la de los
archipiélagos del Pacífico, ha
sido también poco estudiada. En
principio, presenta problemas
muy similares a los comentados
para el continente africano. La
diversidad cultural (y su
fragmentación), la tradición
oral de sus leyendas y mitos y
las relativamente escasas
muestras de su arte constituyen
una barrera difícil de saltar (fig.
19). Cherry (1993) recoge
diversas relaciones entre los
aborígenes australianos y los
artrópodos. En su mayor parte,
constituyen muestras de
entomología aplicada primitiva.
Existen un buen número de
fábulas, leyendas y cuentos en
los que aparecen insectos,
incluyendo algunos en los que se
reconoce la metamorfosis de la
mariposa como trasunto de
salvación / resurección. Otras
leyendas convierten a la araña
en héroe celestial. Sin embargo,
en las islas del océano Pacífico
es donde la araña vuelve a
surgir como un poderoso mito
creador. La Araña Anciana, o
Areop-Enap, es la divinidad
creadora en Nauru (Micronesia).
Al principio sólo existía Aerop-Enap
y los mares. A través de un
singular proceso que incluye el
uso de una concha gigante de
mejillón, caracolas y algún tipo
de gusano marino terminó creando
los cielos y la tierra.
Utilizando unas piedras hizo al
hombre y unas criaturas aladas a
partir de la 'suciedad de las
uñas' (extraño concepto que, sin
embargo, ya fue utilizado en la
mitología sumeria en relación a
Isthar, diosa araña, en su
descenso a los Infiernos, así
como por los egipcios en su
medicina).
Un mito muy similar aparece en
las islas Gilbert (Kiribati, al
este de Papúa Nueva Guinea). En
Melanesia, la araña-diosa recibe
el nombre de Marawa, pero en
este caso la divinidad asume un
papel de engañadora. En
resumidas cuentas, la araña
vuelve a ser mito creador y
también símbolo de la astucia
(y, por tanto del engaño).
Arácnidos americanos
La historia de los pueblos
americanos es mucho menos
conocida que la europea, pero en
algunos casos la información
disponible es relativamente
amplia (por ejemplo, en la
cultura Maya y Azteca).
El Pueblo Nazca (200 a. C.-700
d. C.) fue una civilización
aislada que vivió en los valles
fluviales contiguos a la franja
desértica del sur del Perú y que
alcanzó un cierto desarrollo.
Fue una civilización dedicada al
comercio, cazadora y agrícola,
con una cultura muy relacionada
con el agua. El legado más
importante que nos dejaron son
sus famosos geoglifos (llamados
líneas Nazca) grabadas
directamente sobre el suelo en
la Pampa (fig. 20). Son
excavaciones someras en la capa
superior de las rocas y su
función es un misterio, así como
su significado. Habitualmente
consisten en figuras geométricas
o en la representación
esquemática de algunos animales.
Los más frecuentes fueron el
colibrí, la ballena y la araña.
Su tamaño es colosal (supera los
50 m de longitud), pero lo más
enigmático es que sólo son
perceptibles desde el aire (en
un terreno que carece de alturas
relevantes). No podemos saber
qué significan esos geoglifos de
artrópodos gigantes, pero
teniendo en cuenta su tamaño (y
repetición), éste debió ser
ciertamente importante.
Los antiguos mejicanos
desarrollaron una serie de
culturas de alto contenido
entomológico, tal vez sólo
comparable en su riqueza y
variedad a la egipcia. Incluyen
la cultura Tolteca (del 900 al
1200 d.C.), Maya (entre 1200 y
1700 d.C.), y Azteca (1300-1500
d.C.), entre otras.
La cultura Tolteca practicaba
ritos sangrientos, con
sacrificios de animales y
hombres. Entre los animales, se
contaban vertebrados, pero
también langostas, mariposas,
etc. Varios códices de la época
hacen referencias a ofrendas de
serpientes, pájaros y mariposas.
A medio camino entre la
entomofagia y el ritual mágico,
existió una 'comida divina',
denominada Teotlacualli, que era
preparada por los sacerdotes.
Sus ingredientes eran toda clase
de sabandijas ponzoñosas
(arañas, alacranes, ciempiés,
víboras, etc.). Con todo ello,
hacían un ungüento demoníaco,
hediondo y mortífero que
ofrecían a sus dioses, pero que
también servía para otorgar
poderes a los sacerdotes frente
a las fuerzas de la noche, o de
medicina.
La Maya fue una gran
civilización que cuenta
actualmente con más de cuatro
millones de descendientes.
Presenta ejemplos soberbios de
arquitectura, escritura
jeroglífica y amplios
conocimientos matemáticos y
astronómicos. El centro de sus
motivos 'artrópodos' fue la
mariposa. Pero no faltan
notables referencias a otros
animales especialmente en
antiguos códices
Los dos arácnidos clásicos, el
alacrán y la araña, también
juegan un importante papel entre
los mayas. El primero,
identificado perfectamente con
la constelación de escorpión, es
el dios de la caza entre los
mayas (su nombre significa
'Signo de Dios Muerte', fig.
22). Los aztecas lo dedicaban al
'Señor de los Infiernos' y lo
representaban por el fuego, ya
que su picadura era como una
quemadura. Se conocen varias
divinidades antropomorfas que
portan a su espalda una 'cola de
escorpión'. En la fig. 24
aparece un bailarín masculino
con esta apariencia.
Otra figura curiosa es la araña
y especialmente su tela. Esta
última representa la placenta de
Ix Chel (fig. 25), diosa maya
del parto, pues la araña crea el
hilo de la vida de sí misma,
uniendo a toda la humanidad a
través de este cordón umbilical.
Los mayas distinguían varios
tipos de arañas, a las que
bautizaron. Algunas de ellas
estaban relacionadas
directamente con el tejido –algo
perfectamente previsible– y la
hechicería. Ix Chel era patrona
de las tejedoras. Era también
uno de los tres animales
vinculados con el Señor de los
Muertos (Mictlantecuthtli; fig.
26) y con los monstruos
tzitzimime que, según se creía,
tenían como misión devorar a la
humanidad cuando llegara el fin
del mundo. De nuevo nos
encontramos ante un conjunto de
símbolos y relaciones que
parecen ser, con ligeras
diferencias, prácticamente
universales. Antes es preciso
comentar que el panteón maya
resulta sumamente complejo,
debido entre otras cosas a los
múltiples aspectos y títulos que
podía adoptar una misma deidad,
pero también al hecho de que
muchos de ellos tenían un
equivalente de sexo opuesto y/o
un trasunto maligno o infernal.
La mitología de los antiguos
mejicanos es pródiga en ejemplos
de significación de lo doble y
lo enfrentado (el día contra la
noche, el tema obsesivo de los
gemelos o, por ejemplo, el mito
de la creación azteca como
resultado de la oposición y el
conflicto). El dios principal
maya era Itzama, supremo creador
y protector de la escritura. Su
esposa, o contraparte, es la
diosa Ix-Chel, 'Señora del Arco
iris', diosa de los partos y,
por tanto, mito estrechamente
relacionado con la fertilidad.
La placenta de Ix Chel es una
telaraña de la que cuelga la
vida a través del cordón
umbilical. Hilo o cordón, han
relacionado siempre la tela con
el hilado y las tejedoras, en
femenino, pues siempre son
mujeres las encargadas de esta
labor, en la que subyace la
propia idea de identificación de
la araña con la mujer o la
feminidad. El símbolo funciona,
porque encierra también la idea
de 'voracidad sexual' de la
mujer –femme fatal, meretriz,
devoradora– que debe ser
controlada por el hombre, y la
de actividad misteriosa, oculta,
engañosa para con éste. En el
fondo expresa la teoría de que
el hombre debe controlar a la
mujer, un ser instintivo, y
defenderse de sus maniobras y
tretas. En el juego de roles
separados de ambos sexos en las
culturas primitivas, las mujeres
hilaban en conciliábulo, ocultas
a los ojos de los varones, en
una suerte de reuniones secretas
de las que sólo podían resultar
conspiraciones y engaños. Algo
así como los invisibles hilos de
la tela en que quedan enredadas
las desprevendias presas de la
araña. Y por si quedaban dudas,
las referencias al agua también
están presentes. Dice una
leyenda que en los tiempos de
Haiyocacab, Ix-Chel inundó y
rehizo la tierra, enviando
grandes olas del océano. Vacío
su vaso gigante desde los cielos
para que la Tierra pudiera
limpiarse y para que la vida
pudiera comenzar nuevamente
(¿metáfora del flujo menstrual
femenino que limpia y permite el
inicio de un nuevo ciclo
creador? Posiblemente).
Las culturas nativas
norteamericanas surgieron hace
entre 10.000 y 8.000 años, pero
su conocimiento moderno (fuera
de su propio contexto) no se
remonta más allá de un siglo.
Carecen de escritura y sus
tradiciones son orales, lo que
dificulta su estudio.
Practicaban el Totemismo, es
decir, religiones que convertían
a animales o plantas en
divinidades. Estas zoolatrías
servían además como elemento de
unión del clan o tribu. El tótem
une al hombre y sacraliza al
animal. Los miembros no pueden
matar al tótem ni mucho menos
comerlo (lo que representa una
suerte de tabú similar al
incesto). La palabra 'tótem'
proviene de la lengua algonquina
de las tribus de los Grandes
Lagos de América del Norte.
Entre los tótem conocidos son
raros los artrópodos (fig. 27),
pero uno de ellos juega un papel
esencial en la mitología de
diversas tribus. Se trata de
Madre Araña, también conocida
como Mujer Araña, creadora de la
Tierra (figs. 28 y 29) (Taylor,
1995; Tobert & Pitt, 1995). En
otras tradiciones próximas asume
el papel de divinidad que guía a
los hombres hacia los mundos
superiores. También juega un
papel fundamental en un mito que
se repite entre las diversas
culturas: el robo del fuego a
los dioses. La astuta araña se
lo entregó a los hombres, a
pesar de que Cuervo, Culebra,
Buho y Caballo habían fallado
previamente (mito Cheroquee).
Entre los Zandé y otros pueblos
africanos, la araña triunfa allá
donde Elefante, León y otros
animales fracasaron. En la fig.
30 se muestran conchas con una
antigüedad de unos 1.000 años
atribuidas a tribus
norteamericanas. La tradición
oral de algunas tribus
meridionales de las praderas
norteamericanas ha sido
recopilada y estudiada por
diversos autores (Mullet, 1919;
Patterson-Rudolph, 1997). Los
indios Hopi cuentan con un
espíritu poderoso como aliado,
la Mujer Araña. Es un animal
considerado como medicina
viviente, fuente de consejos y
auxiliador de gente en peligro.
El primer cuento recopilado por
G. M. Mullett (1919) comienza:
'Al principio solo existían Tawa,
el Dios Sol, y Mujer Araña, la
Diosa Tierra. Todos los
misterios y el poder del cielo
pertenecían a Tawa, mientras que
Mujer araña controlaba la magia
de la tierra...'. Por supuesto,
Mujer araña enseñó a las mujeres
navajo a tejer. La araña juega
otros papeles. Para las tribus
de California es un espíritu
vengador que castiga el mal; en
las llanuras centrales (por
ejemplo, Cheyenes, Lakotas)
asume el papel del 'embustero',
una figura más o menos heroica,
astuta pero bromista o poco
fiable. Lo extraordinario es la
presencia de la araña, de una u
otra forma, en casi todas las
mitologías nativas, con papeles
que parecen repetirse de una a
otra cultura.
Comentarios finales
Las coincidencias entre las
mitologías africanas y
norteamericanas son enormes.
Incluso el doble sentido del
mito (divinidad creadora y héroe
embustero) se repite de forma
enigmática e inexplicable en el
caso de la araña. ¿Es posible
que algunos mitos formen parte
de una suerte de patrimonio
primigenio o fundador que
subsistió durante miles de años
para emerger de nuevo en los
registros mitológicos y
artísticos de sociedades
posteriores repartidas por todo
el planeta? ¿O es que los mitos
–algunos al menos– son realmente
universales, algo así como un
atributo genético? ¿Tal vez
forman parte de una suerte de
memoria social, similar a la del
hormiguero como grupo? ¿O son
sólo coindencias? Es previsible
que en sociedades vinculadas
directamente a la naturaleza en
las que se produce la aparición
de zoolatrías, como formas
elementales o primitivas de
religión, resulten llamativos
algunos animales concretos y
otros pasen perfectamente
desapercibidos y no
transciendan. Pero ello no
explica las similitudes de
detalle comentadas. Por ejemplo,
la abeja, gracias al recurso de
la miel, sólo puede ser objeto
de bendiciones y enaltecida en
los Olimpos de la mayor parte de
las mitologías. Aunque en
ocasiones pueda picar y producir
dolor, su dulce ofrenda sólo
puede ser objeto de veneración.
Por contra, el escorpión, fuente
de accidentes, dolor o incluso
muerte, habitante de páramos y
estepas infernales, está
condenado a la condición de
demonio y representación del
Mal, aunque en ocasiones el
temor termine convirtiéndolos en
dioses (tal vez como medida
profiláctico-preventiva). Este
sistema de asignación de papeles
derivado directamente de la
'oferta' (o del valor de uso
inmediato) funciona bien en
estos dos casos (tal vez en
alguno más) y puede justificar
su universalidad. Pero hay otros
artrópodos en los que la
explicación no parece tan
sencilla.
La araña constituye el artrópodo
más intensamente utilizado en el
terreno de la mitología y
simbología. Lo ha sido además
con una manifiesta –incluso
inquietante– concordancia en la
mayor parte de los términos y en
sus elementos más profundos o
ambivalentes. La araña es un
animal capaz de elaborar
construcciones de extraordinaria
complejidad (especialmente para
un hombre primitivo) en forma de
telas orbiculares de aspecto
perfectamente geométrico. Ello
ocurre en mitad de la
naturaleza, una 'entidad'
armoniosa y bella para los
poetas, pero escenario salvaje
de dramas intensos, fuente de
temores y problemas para sus
moradores, en la que residen
fuerzas poderosas, indomables, y
en las que acecha el peligro y
la muerte. En el caos abigarrado
de lo Natural, en el que se
entremezclan vegetación, bestias
y alimañas, inundaciones,
tormentas y climas dramáticos
(junto a demonios, monstruos y
sombras...), surgen como por
encanto símbolos perfectos del
orden del cosmos en forma de
perfectas telas geométricas.
Sólo pueden ser un símbolo
divino.Y las construye un
pequeño y misterioso animal con
una sustancia que extrae de su
interior, creando el orden
dentro del caos a partir de sí
mismo. No sorprende que la araña
sea un mito prácticamente
universal porque la escena
anterior debió producirse en
todo el planeta.
Tal vez puede preguntarse por
qué la vieja Asia no percibió
con igual intensidad este
símbolo. No cabe sino la simple
especulación, pero resulta
terriblemente curioso el hecho
de que China y Japón fueran las
dos grandes civilizaciones
explotadoras de la otra seda, la
de Bombyx mori, durante muchos
siglos. ¿Fue en este caso la
araña relegada a un segundo
plano? Es posible. Difícilmente
la China antigua, que ya
orquestaba su monopolio de la
seda, pudo verse impactada por
las creaciones de la araña. Otro
tanto cabría preguntar respecto
a la cultura griega (y
posteriores, derivadas de ésta
de una u otra forma). Ya hemos
comentado el breve mito de
Aracné y la existencia de un
transfondo subterráneo,
aparentemente oculto, en el que
puede detectarse la pervivencia
de gran parte del entramado
mitológico relacionado con la
araña. La paulatina debilidad de
este mito en las culturas del
Mediterráneo a partir de los
griegos posiblemente tenga mucho
que ver con el progresivo
deterioro del mito principal: el
de la divinidad femenina
creadora a la que estuvo
estrechamente vinculada la araña
(y con menor intensidad, la
mariposa). Los orígenes de la
mitología mesopotámica y egipcia
están íntimamente relacionados
con la diosa madre neolítica.
Este conjunto de creencias fue
derrocado durante el II milenio
a. C., fecha en la que las
mitologías citadas se
encontraban en plena madurez.
Los mitos griegos son
posteriores y su origen se
remonta a ese milenio, si bien a
lo largo de su evolución fue
perdiendo numerosas referencias,
especialmente relacionadas con
la zoolatría (la mariposa en
Micenas; el escarabajo en Creta;
la araña en Atenas, etc.). La
cultura griega emergió en un
momento de decadencia (o
derrocamiento) del mito de la
diosa creadora y contó con
precedentes mucho más elaborados
que las mitologías previas. Se
trata de una nueva fase en la
paulatina humanización de los
dioses (y, de paso, en la
masculinización de las
divinidades, tendencia observada
por diversos historiadores;
Gimbutas, 1989), cada vez más
alejados de la pura y simple
representación de los poderes de
la naturaleza. Romanos y otras
civilizaciones posteriores
mantuvieron este camino y sólo
consideraron a los artrópodos
personajes de fábulas y
elementos de algunas
supersticiones imposibles de
exterminar, especialmente en el
mundo rural. Al menos en el
Viejo Mundo próximo al
Mediterráneo. América, África y
Oceanía tan tenido un calendario
histórico bien distinto. En
realidad, no sorprende la
proximidad de algunos mitos
compartidos por culturas
africanas o micronésicas de hace
cinco siglos con las egipcias o
sumerias de hace cuatro
milenios. La razón no está
relacionada con algún tipo de
jerarquía cultural (más
atrasadas o más adelantadas),
sino con la clase de relación
establecida con el medio
natural. La forma de vida, la
relación con el entorno, la
estructura de su mitología, su
grado de conocimiento técnico
(astronómico, arquitectónico,
económico...) parecen pertener a
una misma categoría. De ser así,
resultaría bastante lógico el
mapamundi de la mitología
araneológica, y su cronología.
El mito de la araña surgiría en
lo más profundo de los tiempos
en múltiples sociedades
primitivas, adoptando la forma
de zoolatrías y mitos creadores
a partir de una determinada
percepción del animal en la
naturaleza (el escorpión como
fuente de problemas y daños; la
araña, creadora y hábil
cazadora, aunque venenosa). A
este estadio corresponderían los
mitos de Anansi en África, los
de Aerop-Enap y otras formas en
Oceanía o los de Mujer-Araña
norteamericanos. El desarrollo
de algunas culturas dió lugar a
tradiciones escritas y otras
formas de expresión, así como a
una mayor elaboración del
sistema de mitos en teogonías
más o menos complejas. A este
segundo estadio corresponderían
las mitologías de Mesopotamia, e
inmediatamente después, Egipto,
junto a las culturas mejicanas
antiguas (Tolteca, Maya,
Azteca). Probablemente los
elementos fundadores de estas
mitologías fueron similares a la
de aquellas que nunca superaron
el primer estadio y aunque
evolucionaron, no perdieron
todavía el contacto con sus
raíces. El siguiente paso dió
lugar a una humanización (y
masculinización) de las
divinidades y, con ella, al
paulatino deterioro del papel
privilegiado de los animales en
el corpus mitológico-simbólico
(como en el caso de Grecia y
especialmente de las culturas
derivadas).
Sea como fuere, lo cierto es que
la mayor parte de las
civilizaciones antiguas han
convertido a la araña en símbolo
de la diosa creadora y, después,
en madre de los dioses, lo que
implica un sutil deterioro de su
importancia intrínseca. Como ya
hemos visto, la relación entre
creación y sexo es evidente en
el caso de los animales. El agua
equivale al sexo en el mundo
vegetal. Fertilidad y lujuria
son, pues, componentes de la
divinidad arácnida. Otras
asociaciones de la araña surgen
también de forma natural. La
construcción de telas, la forma
en que algunas especies se
deslizan por los hilos, y la
estructura geométrica de esas
construcciones relacionan a la
araña con el hilado y con el
destino, o la convierten en
medio de comunicación –hilo
conductor– entre el hombre y el
universo o los dioses. La araña
debe ser necesariamente mujer.
Por un lado, es Madre y sólo las
mujeres son capaces de parir.
Por otro, la araña es hilandera,
actividad tradicional exclusiva
de las mujeres. En muchos
sentidos, la araña es la esencia
de lo femenino, incluido el lado
oscuro del sexo, por lo que
tiene de irresistible y de
debilidad para el varón
teóricamente dominante; placer y
peligro a un tiempo. Peligro,
por que la araña es una experta
cazadora, un ser capaz de
diseñar trampas invisibles y
engaños invencibles. Es la
personificación de la astucia,
de la sabiduría ancestral
aplicada a la obtención del
placer (sea una presa a la que
devorar o un encuentro sexual...
que puede acabar del mismo
modo). Y es venenosa, como
pronto debió descubrir el hombre
primitivo. Un perfecto artefacto
para matar. Un aliado frente a
las plagas y sabandijas, pero
también un doloroso enemigo
capaz de producir la muerte.
Como tantos animales venenosos,
la araña deviene motivo bélico y
diosa guerrera. Como hábil
trampera, se convierte en diosa
cazadora pero también en
embustera, tramposa y
engañadora. Es un animal listo
capaz de conseguir lo que no
puede el tamaño o la fuerza (¿el
hombre?): el fuego o la propia
sabiduría esencial.
La historia natural de la araña
es digna de figurar en la más
alta categoría simbólica.
Dificilmente otro animal, planta
o fenómeno natural puede hacer
converger en su seno tal
cantidad de elementos míticos y
sicológicos, tantas ansias,
temores y deseos. Creación,
Muerte y Sabiduría constituyen
las piezas esenciales de
cualquier mitología y, al
tiempo, la mejor expresión de
los interrogantes fundamentales
de la humanidad desde sus
orígenes. Las múltiples facetas
de la araña justifican
sobradamente sus antiguos
esplendores en cinco continentes
y al menos cinco mil años de
historia, aunque en la
actualidad las cosas hayan
cambiado. Sin embargo la araña
guarda todavía un asombroso
misterio: la explicación de cómo
todos esos mitos se han
presentado, cual copias, una y
otra vez, sin apenas variación,
sin cambio, a pesar de la
materia resbaladiza con la que
están construidos los dioses y
los símbolos, o la propia
cultura.
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