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Cambiando miradas, Mikel
Agirregabiria Agirre. - 10/01/06
 
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Cambiando miradas
El arte de educar se
relaciona con la capacidad de,
intercambiando miradas, aprender
a cambiar las miradas ajenas y
la propia.
Preguntaron al filósofo John
Dewey dos cuestiones claves
sobre la pedagogía perfecta:
¿Cuándo y qué hay que enseñarles
a los niños? El filósofo
condensó las respuestas de modo
magistral: “Si quiere saber
cuándo hay que enseñar a un
niño, mírele a la cara. Y si
quiere saber qué hay que
enseñar, mire a la vida”. Ya el
proverbio latino advertía: “No
aprendemos para la escuela, sino
para la vida” (“Non scholae, sed
vitae discimus”).
Dos cosas definen a una persona:
su mirada y su corazón. La
naturaleza irguió la frente del
ser humano y le mandó contemplar
el cielo, alzando la mirada
hacia las estrellas. Pero sin
olvidar que quien consigue
apreciar las cosas pequeñas
tiene limpia la mirada. La
perspectiva personal determina
la circunstancia que rodea a
cada individuo y le hace
singular, incluso entre sus
semejantes. Ortega y Gasset, el
maestro del “yo y mi
circunstancia” estableció que
“la realidad no puede ser mirada
sino desde el punto de vista que
cada cual ocupa, fatalmente, en
el universo”.
El aprendizaje es algo que se
puede lograr solo o con ayuda de
los demás, pero el segundo
método es el más acelerado y
eficaz, especialmente en la
infancia. “Aprender a mirar” y
“mirar para aprender” son dos
competencias básicas que nos
permiten crecer a los seres
humanos. Dumas sugirió que “Dios
quiso que la mirada humana fuera
la única cosa que no se puede
disfrazar”. Lo cierto es que se
descubre en la mirada la
cualidad humana. Dicen que en
las palabras se refleja el
talento, pero en las miradas, el
alma.
Aprender a mirar cordialmente a
nuestros semejantes,
particularmente a los más
necesitados y en los momentos
más críticos, nos reporta paz y
serenidad a todos. Un proverbio
árabe asegura que “quien no
comprende una mirada, tampoco
comprenderá una larga
explicación”. Educar consiste en
dotar a la mirada de los más
pequeños con más sabiduría y con
más cultura, pero la
inteligencia y la humanidad ya
reside en su mirada. Su ternura
son ojos que se convierten en
mirada. Los niños adivinan qué
personas les aman. Es un don que
con el tiempo se pierde.
Mikel Agirregabiria Agirre.
Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/alondra.htm
Gentileza: Mikel Agirregabiria
Agirre
[agirregabiria@euskalnet.net]
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