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Mi animal preferido, Mikel
Agirregabiria Agirre. - 09/01/06
 
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Mi animal preferido
Mikel
Agirregabiria Agirre
Hay quienes buscan mascotas,
pero quienes amamos la libertad
sólo admiramos a los celestiales
pájaros.
Todos, cuando éramos niños,
observábamos el vuelo del
colibrí con envidia. Pensábamos
que si el ruiseñor sabe volar,
¿por qué nosotros no? Además,
los pájaros siempre parecen
contentos y cantan, pero no
cantan porque sean felices, sino
que son felices porque cantan.
Las gaviotas se contentan con
ser pájaros, no quieren ser
nubes. Intuyen que de oro sólo
son las celdas, y que si
engarzan en plata sus alas,
nunca más volarán hacia las
alturas.
Los pájaros son dichosos,
mientras trabajan. Dios provee a
cada ave con alimento, pero no
se lo lleva hasta el nido. Lo
que más diferencia a los hombres
de los pájaros es que éstos
dejan intacto el paisaje cuando
construyen su hogar. Tampoco se
engañan, más de dos días, con
los espantapájaros; al tercer
día, se posan y deponen sobre
los monigotes. Las volátiles
puede que ignoren las leyes
físicas por las que vuelan, pero
se saben más que artefactos
funcionando bajo leyes
mecánicas. Comprenden que las
esperanzas sostienen las almas,
como si fuesen alas.
Imitemos a los navegantes que
estudiaron a las especies de
aves. Así sabían que los cuervos
marinos son signo de que la
tierra firme está cerca, o que
el infalible petrel blanco
indica la presencia de témpanos.
Para observar a los pájaros, es
preciso silencio, quedarse
quieto y esperar. Entre las
aves, existe gran diversidad,
desde águilas a pingüinos, desde
avestruces a los pájaros mosca.
Están las viajeras, que según su
plumaje se unen en bandadas,
pero también las sedentarias,
que prefieren una estancia más
limitada. También están las
noctámbulas, como la lechuza, o
las madrugadoras, como la
alondra.
Los pajarillos comunes tienen
lástima del pavo real, cargado
así con su elegante cola.
Parecen decir “llámame gorrión y
échame trigo”. Confían en que
nadie usará un cañón para matar
un gorrión. Los pájaros
corrientes intuyen que los más
apuestos acaban enrejados. Así,
por bellas que sean las jaulas
sólo contienen cacatúas y presas
grotescas. Mi predilecta es un
ave suave, en clave de astronave
más que de aeronave, que está
siempre presente, no como una
golondrina que anuncia, pero no
hace el verano. Descarto al búho
del crepúsculo, que volando en
el ocaso se mezcla con el
murciélago.
Ronda la ladrona alondra.
Proclamo ganadora a la alondra
que alza el vuelo hasta lo más
alto. Su trino es dulce cuando
llora, porque la alondra no
sobrevive en cautiverio. Es el
mejor símbolo del canto poético,
que escapa azorada cuando repara
en la masa humana. Me sumo a la
vocación de Goethe, quien
mantuvo un destino radical de
alondra, y lo cumplió
contraviniéndolo al recluirse en
Weimar hasta su muerte. Como al
pez las aguas del océano, y al
pájaro la inmensidad del aire,
así cualquier lugar de la Tierra
le sirve de posada al ser
humano. El mundo tiene mucho
sitio donde posarse, si bien
para personas y alondras el nido
es algo único.
Mikel Agirregabiria Agirre.
Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/alondra.htm
Gentileza: Mikel Agirregabiria
Agirre
[agirregabiria@euskalnet.net]
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