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El lío de la LOE. -
06/12/05 (España)
 
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El lío de la LOE
Leo el lío lelo de la LOE, y
loo a la leal aula. Allí ulula
la ola de ellos y ellas. La olla
de aquí, de allá y de Alá lanza
el olé al óleo lila… de la vida.
Se ha repetido muy oportunamente
que la Educación se parecía a la
aventura de Cristóbal Colón: no
sabía adónde iba, casi no
alcanza su meta, nunca supo
dónde había llegado, fue
financiada con fondos públicos
y, a pesar de o por todo ello,
constituye el mayor
descubrimiento de la Historia de
la Humanidad.
La educación es un bien cada vez
más preciado. Actualmente ya no
existe ningún sector estratégico
de futuro más trascendente que
la educación en todas sus
opciones y etapas. Por ello,
unos la intentan convertir en
una mercancía más sometida a las
leyes del comercio, mientras
otros desean que forme parte de
una planificada estrategia de
proselitismo social. Pero la
educación, un anhelo de utopía
que nunca debiera ser
instrumentalizado, es mucho más:
Es un derecho reconocido por la
Declaración Universal de
Derechos Humanos de 1948,
prerrogativa reconocida por los
países firmantes de todo el
planeta y potestad depositada en
el alumnado y en sus familias.
Este compromiso explicitado
afecta a toda regulación
jurídica de la educación. La
Declaración de la ONU exhorta
hacia un modelo educativo
orientado por la demanda
familiar, y no por la oferta
oficial como todavía
lamentablemente subsiste en
pleno siglo XXI, incluso en la
Unión Europea. Vale la pena
recordar textualmente el
Artículo 26:
1. Toda persona tiene derecho a
la educación. La educación debe
ser gratuita, al menos en lo
concerniente a la instrucción
elemental y fundamental. La
instrucción elemental será
obligatoria. La instrucción
técnica y profesional habrá de
ser generalizada; el acceso a
los estudios superiores será
igual para todos, en función de
los méritos respectivos.
2. La educación tendrá por
objeto el pleno desarrollo de la
personalidad humana y el
fortalecimiento del respeto a
los derechos humanos y a las
libertades fundamentales;
favorecerá la comprensión, la
tolerancia y la amistad entre
todas las naciones y todos los
grupos étnicos o religiosos, y
promoverá el desarrollo de las
actividades de las Naciones
Unidas para el mantenimiento de
la paz.
3. Los padres tendrán derecho
preferente a escoger el tipo de
educación que habrá de darse a
sus hijos.
Ojalá los políticos que debaten
en el parlamento pudieran
acercarse a la realidad de las
aulas, especialmente en aquellos
centros donde se enfrentan con
los máximos desafíos de educar a
los más especiales, a los más
desfavorecidos y a los más
recientemente llegados.
Comprenderían que el debate no
debe concentrarse en un pulso
para acumular privilegios para
unos, ni en poner trabas a la
acción escolar de la
competencia, sino en dotar a
todos los centros de la mejor
organización y de los debidos
recursos para apostar por una
educación de calidad y de
equidad con fórmulas plurales
siempre que cuenten con
suficiente respaldo familiar y
social.
Parafraseando a Albert Camus,
quien señaló que “quien fracasa
en conciliar la justicia y la
libertad, fracasa en todo”, si
la educación falla en articular
la calidad con la equidad, como
demuestran fehacientemente las
evaluaciones internacionales
PISA y TIMMS, naufragará por
completo. Si la educación no es
transgresoramente integradora,
el saber como la riqueza
seguirán segregadas en nuestra
sociedad. No queda más esperanza
colectiva que una educación de
excelencia para todos. Este
objetivo escolar, garantía de
supervivencia individual y
general, sí merece la máxima
movilización de toda la sociedad
civil.
Mikel Agirregabiria Agirre.
Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/lio-loe.htm
Gentileza: Mikel Agirregabiria
Agirre
[agirregabiria@euskalnet.net]
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