|
|
Enséñale a tu hijo, Frei Betto.
- 09/12/05
 
|
|
Enséñale a tu hijo
Escribe
Fri Betto
Enséñale a tu hijo que el
Brasil merece la pena que él
debe crecer feliz por ser
brasileño. Hay en este país
jueces justos, aunque esta
verdad suene a cacofonía. Jueces
que, como mi padre, nunca
emplearon a familiares, aunque
tuviesen hijos abogados, que
nunca usaron su cargo como medio
para recoger mordidas y que
sirvieron también gratuitamente
a los pobres, contrariando a
patrones ávidos o a empresas que
se vieron obligadas a aprender
que, para ciertas personas, la
honra es innegociable.
Enséñale a tu hijo que en este
país hay políticos íntegros,
administradores competentes,
autoridades honradas, que no se
dejan corromper, no esconden la
suciedad bajo la alfombra, no
temen desagradar a los amigos y
molestara los poderosos, que se
atreven a pensar con su propia
cabeza y a preservar antes la
honra que la vida.
Enséñale a tu hijo que el no
tener talento deportivo o rostro
y cuerpo de modelo, y sentirse
feo ante los patrones vigentes
de belleza no es motivo para que
pierda la autoestima. La
felicidad no se compra ni es un
trofeo que se gana venciendo a
la competencia, sino que se teje
con valores y virtudes y le da a
nuestra existencia un sentido
por el cual vale la pena vivir y
morir.
Enséñale a tu hijo que el Brasil
tiene dimensiones continentales
y las más fértiles tierras del
planeta. Que no se justifica,
pues, tanta tierra sin gente y
tanta gente sin tierra. Así como
la liberación de los esclavos
tardó pero llegó, la reforma
agraria habrá de implantarse.
Ojalá que fuera regada con muy
poca sangre.
Que tu hijo sepa que los sin
tierra que ocupan zonas baldías,
desocupadas, hoy son llamados
"bandidos", como en otro tiempo
recayó dicha acusación sobre
Gandhi sentado en los rieles de
los ferrocarriles ingleses y
sobre Luther King ocupando
escuelas vetadas a los negros.
Enséñale a tu hijo que los
pioneros y los profetas, desde
Jesús a Tiradentes, de Francisco
de Asís a Nelson Mandela, son
invariablemente tratados, por la
élite de su tiempo, como
subversivos, malhechores y
visionarios.
Enséñale a tu hijo que el Brasil
es una nación trabajadora y
creativa. Millones de brasileños
se levantan temprano todos los
días, comen por debajo de sus
necesidades y gastan la mayor
parte de sus vidas en el
trabajo, a cambio de un salario
que no les asegura siquiera el
acceso a tener casa propia. Sin
embargo, esa gente es incapaz de
hurtar un lápiz de la oficina,
un ladrillo de la obra, una
herramienta de la fábrica. Se
siente honrada por no descender
al ras que nivela a delincuentes
de cuello blanco con gentes en
zapatillas. Es gente hecha de
aquella materia prima de los
recogedores de basura de Vitoria
que entregaron a la policía
sacos llenos de dinero que unos
asaltantes de banco habían
escondido en uno de sus
camiones.
Enséñale a tu hijo a evitar la
vía preferencial de esta
sociedad neoliberal que trata de
inculcarnos que ser consumidor
es más importante que ser
ciudadano, que inciensa a quien
despilfarra el dinero y que le
da más importancia a la estética
que a la ética. Convéncelo de
que la felicidad no proviene de
la suma de placeres, que la vida
espiritual es un tesoro guardado
en el fondo del corazón, y que
quien consigue abrirlo disfruta
de alegrías inefables.
Que sepa tu hijo que el Brasil
es la tierra de indios que no se
inclinaron ante el yugo
portugués, y de Zumbí, de
Angelim y de Frei Caneca, de la
madre Juana Angélica y de Anita
Garibaldi, de Dom Helder Camara
y de Chico Mendes.
Enséñale a tu hijo que no
necesita estar de acuerdo con el
desorden establecido y que será
feliz al unirse a quienes luchan
por transformaciones sociales
que logren que este país sea
libre y justo. Entonces él
transmitirá a tu nieto el legado
de tu sabiduría.
Enséñale a tu hijo a votar en
conciencia y a no tener asco de
la política, pues quien actúa
así será gobernado por quien no
lo tiene, y si la mayoría lo
sintiera sería el fin de la
democracia. Que tu voto y el de
él sean en pro de la justicia
social y de los derechos de los
brasileños inmerecidamente tan
pobres y excluidos, por razones
políticas, de los dones de la
vida.
Enséñale a tu hijo que a una
persona le bastan el pan, el
vino y un gran amor. Cultiva en
él las ansias del espíritu, la
reverencia hacia los más viejos,
el cuidado de la naturaleza, la
protección de los más débiles.
Que tu hijo sepa escuchar el
silencio, reverenciar las
expresiones de vida y dejarse
amar por Dios que habita en él.
Traducción de J.L.Burguet.
Copyright ©
Semanario Liberación
liberacion@telia.com
Gentileza: @ volar
[volar_2004@yahoo.com.ar]
|
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|