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Un diseño inteligente. -
28/12/05 (Estados Unidos)
 
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Un diseño inteligente
CCS *
Adital
La derecha religiosa
estadounidense está consiguiendo
colar en las escuelas su propia
teoría del origen y la evolución
de las especies que se hace
llamar "diseño inteligente".
Este sutil envoltorio del
movimiento creacionista ha
entrado a formar parte de la
enseñanza de las ciencias en el
estado de Kansas, tras ser
aprobado por su Consejo de
Educación. Desde ahora los
alumnos pueden considerar
refutables o débiles las tesis
evolucionistas aceptadas por los
investigadores. Una hábil
maniobra que indica que el
movimiento puede empezar a
fructificar en la población de
la primera potencia económica y
cultural del mundo.
El diseño inteligente tiene sus
raíces en las iglesias
evangélicas y el cristianismo
conservador dentro de la teoría
religiosa del creacionismo, que
dice que cada ser vivo viene de
un acto de creación divina y que
el cosmos es una arquitectura de
Dios. De un tiempo a esta parte,
la creencia supera cualquier
círculo adoptando un lenguaje
científico para hacerse un hueco
en la educación norteamericana.
El peligro es que no se reconoce
como una opción religiosa sino
como una alternativa científica,
que critica sin rigor la teoría
de evolución darwiniana, base
fundamental de la biología
moderna.
Charles Darwin ya tuvo que
toparse en la segunda mitad del
siglo XIX con el conservadurismo
de la sociedad victoriana, que
le acusó de negar la existencia
de Dios al definir a los humanos
como el resultado de un proceso
natural. Entonces, las tesis del
biólogo británico revolucionaron
las ideas. La alarma surge ahora
cuando en los primeros pasos del
siglo XXI el pensamiento
evolucionista, legado de Darwin,
vuelve a ser atacado desde el
campo de la religión, encubierto
esta vez con el disfraz de la
ciencia.
Los componentes de este
movimiento no buscan el debate
en la comunidad científica ni
tampoco pretenden aportar nuevos
caminos de investigación.
Ideólogos y creyentes aúnan sus
esfuerzos en convencer a
políticos y ciudadanos. De
acuerdo a Dembski, uno de las
figuras más destacadas del
movimiento, el diseño
inteligente "es simplemente los
Logos del Evangelio de Lucas
traducidos al lenguaje de la
teoría de la información". Los
estrategas quieren unificar a
los cristianos a través de la
creencia compartida en la
"simple" creación, buscando
"triunfar sobre el naturalismo y
sus consecuencias".
Las artimañas políticas que
mueven los criterios del diseño
inteligente son lo
suficientemente pujantes como
para arrinconar el conocimiento
científico. El gran promotor de
este diseño es el Instituto
Discovery, un grupo de presión
constituido por cristianos
conservadores, con base en
Seattle, que cuenta con un
presupuesto anual de cuatro
millones de dólares para
persuadir a la opinión pública,
a los gestores de la educación y
a los representantes políticos.
Así, el apoyo del presidente del
país, George W. Bush, es un
hecho público. Algunos de sus
mensajes parecen sacados de esta
última escuela creacionista.
Mientras tanto el Vaticano no ha
respondido a los cantos de
sirena del Instituto Discovery,
aunque el cardenal de Viena,
Christoph Schönborn, ya ha
defendido la tesis del diseño
inteligente en las páginas del
periódico The New York Times.
El movimiento del diseño
inteligente habla de
"naturalismo ateístico" cuando
se refiere a la investigación
empírica. Sus integrantes antes
que interpretar el mundo
interpretan el Génesis. Lo que
hacen es introducir en la
ecuación científica siempre la
intervención de Dios. Una
fórmula con la que esperan
obtener resultados
satisfactorios en la América
Profunda.
Nuestra vida no sería lo mismo
sin las aportaciones de
Copérnico, Galileo, Newton o
Darwin, todos ellos hombres que
hicieron de la observación, no
de la contemplación, el método
científico. Albert Einstein se
preguntó en cierta ocasión:
"¿Qué posibilidades de elección
tuvo Dios al construir el
universo?". Una de tantas de sus
inquietudes que hizo avanzar su
pensamiento hasta la teoría de
la relatividad o la mecánica
cuántica, imprescindibles para
el mundo que hoy conocemos. Un
mundo en el que a Dios le queda
confinado las áreas que la
ciencia no comprende, en el caso
de aquel que se agarre a la fe
ante el misterio de lo
desconocido, nunca de lo
conocido.
Fernando Navarro
Periodista
* Centro de Colaboraciones
Solidarias
Gentileza: Melina Alfaro [melina.alfaro@gmail.com]
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