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Arqueóloga Ruth Shady,
descubridora de Caral, busca
articular el pasado con el
presente. - 27/01/06
(Perú)
 
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Arqueóloga Ruth Shady,
descubridora de Caral, busca
articular el pasado con el
presente
Para entender La condición
humana Ruth Shady Solís acaba de
recibir el Premio Concytec a la
Trayectoria Científica y
Tecnológica 2005. Arqueóloga
destacada, descubrió Caral en
1994, la primera sociedad urbana
del continente americano y una
de las cinco en el mundo. Es una
mujer de modales pausados y
respuestas claras y directas.
Hija de padre judío y madre
nacida en Pacarán (Cañete), le
debe a su progenitor su amor por
nuestra cultura. Para ella,
Caral es el lugar de lo que
fuimos y podemos ser.
¿Eligió la arqueología para
descubrir su propia historia?
–No creo. Me gustó la
arqueología desde muy niña, y
fue una vocación motivada por
las conversaciones con mi padre.
Él era extranjero y admiraba el
patrimonio cultural nuestro.
Llegó a los 20 años, y siempre
buscaba bibliografía. Acudía a
libros de Windendorf y me los
traducía. Su admiración por
nuestra historia prehispánica,
quizá motivó mi interés.
¿Él fue autodidacta?
–Fue agrónomo, y llegó al Perú
escapando de la Segunda Guerra
Mundial, pero mi abuelo fue
filósofo. Seguramente creció en
un ambiente de reflexión y
discusión. Supe que su padre
salió un día por una ventana en
plena guerra y nunca más
regresó. Mi padre y su madre
cambiaron de apellido para
escapar de su país.
¿Esa historia la afectó?
–Recuerdo que entre los 8 y 11
años tenía pesadillas sobre
aviones que bombardeaban. Creo
que era porque durante mi
primera infancia escuchaba los
relatos de mi familia. A casa
llegaba gente que había huido
también de la guerra. Quedó
marcado en mi inconsciente, no
soporto ver películas de la
guerra mundial.
¿Qué quiere entender del pasado?
–La condición humana. Hurgué
sobre aspectos del hombre como
especie. El porqué tuvo
determinados comportamientos a
lo largo de la historia. Me
interesa articular el pasado con
el presente. Podemos identificar
en el continuo histórico
nuestros errores y aciertos.
¿Caral, qué respuestas le da del
Perú?
–Muy importantes. Es la primera
civilización. El hombre ha
estado en el planeta por varios
millones de años como especie,
pero sólo hace cinco mil años
empezó a vivir en forma
conglomerada en cinco lugares
del planeta. Y nosotros, el
Perú, su área norcentral donde
se ubica Caral, es uno de ellos.
Nos permite entender cómo sólo
en cinco mil años creamos todo
lo que hoy tenemos como especie
humana en el mundo.
¿Qué semejanzas y diferencias
existen entre estos cinco
lugares?
–Es lo que nosotros y otros
científicos del mundo estamos
buscando. Cómo es que se forma
la vida en asentamientos
urbanos. Cómo se crea el Estado
que, por primera vez, logra un
gobierno centralizado sobre un
conjunto de gente. Antes de
Caral funcionaba el sistema de
parentesco que regía las
relaciones interpersonales.
Después, es el Estado.
¿Qué es lo recurrente?
–Que el hombre desde hace cinco
mil años empieza a vivir de
manera organizada, tiene normas
que rigen la vida interpersonal,
tiene un gobierno sobre ellos
que ya no es de parentesco, y
comienza a especializarse.
Inicia la producción de
conocimiento intelectual. Hasta
ese momento no había, y eso
permitió el avance acelerado
desde que surge la civilización
a la fecha. Por eso, la división
y especialización del trabajo.
Antes todos estaban preocupados
en el autosostenimiento.
¿Caral qué tiene de particular?
–La importancia tan marcada de
la religión. Hasta el día de
hoy, los pobladores de Caral le
hacen el pago a la tierra, y
sienten que haciéndolo estarán
bien, contarán con el apoyo de
la divinidad. La religión fue
importante y el Estado fuerte.
Son dos reguladores, que en los
otros focos del mundo no han
sido marcados.
¿Ha sido negativo?
–Hemos sido una sociedad de
profundas distinciones sociales
desde hace cinco mil años y
cuando se produce la Conquista
ocurren modificaciones a esas
relaciones marcadas por el
Estado y la religión. El tejido
social que regulaba toda la
conducta humana se pierde. Se
hizo crack. Esas regulaciones
permitieron el avance y el
desarrollo de nuestra sociedad,
a pesar de las diferencias
sociales abismales. Había un
orden interno. La autoridad de
aguas decía que había que
limpiar los canales de agua, y
todo el colectivo acudía de
manera organizada a hacer una
obra de beneficio público,
compartido. Hoy, las autoridades
no logran obtener el respeto en
el interior del colectivo.
¿La descentralización podría ser
una oportunidad para que se
recupere esa organización?
–No tengo mucha confianza en la
descentralización, quizás por la
mala experiencia que tuve con el
presidente de la Región
Lima-Provincias, Miguel Ángel
Mufarech. Creo que es un proceso
que debería empezar desde abajo.
Tengo más confianza en las
alcaldías porque tratan con los
grupos más reducidos de
pobladores de forma directa.
¿Se siente peruana?
–Totalmente.
Cuando los pobladores de Caral
hacen su pago a la tierra, ¿qué
siente?
–Yo participo; también le hago
el pago a la tierra. Siento la
necesidad de creer, de dirigirme
a una fuerza sobrenatural que me
oriente y me dé la energía
necesaria para continuar.
En 2000 no existía el proyecto
Caral, ¿qué hizo Ruth Shady para
hacerlo realidad?
–Dedicarle mi vida. He trabajado
muy fuerte. Ahora, ya cumplí con
mis hijos. Tengo dos, el mayor
tiene 33 años y el segundo 30.
Ninguno es arqueólogo, son
economistas. Su reacción la
comprendo. Yo me di mucho a la
profesión. Cuando debí
acompañarlos a los juegos, los
llevaba a lugares arqueológicos.
¿Siente cargo de culpa?
–Sentí que los había saturado.
Tuve algunos momentos en que
pensé que los sacrifiqué en
razón a mi vocación y mi pasión
por ella. Grandes, me di cuenta
de que les debía dar tiempo para
que con más madurez evaluaran mi
relación con ellos. Lo
comprendieron después. Una vez
mi hijo menor me dijo que lo
principal que yo les había dado
eran valores, a través de mi
ejemplo.
¿Se ha sentido sola?
–A veces he sentido una actitud
muy agresiva de mis colegas
varones; y eso que soy profesora
universitaria y mi mundo ha
estado vinculado con el de los
intelectuales mayormente, aunque
me siento muy bien con las
personas con las que trabajo en
el campo. Pero sentí mucha
agresión en razón del género, y
sobre todo porque he sido una
mujer solitaria. No aceptan que
una mujer rechace sus asedios.
¿Caral qué nos enseña a los
peruanos?
–Una vez realicé una pequeña
encuesta entre los campesinos de
la zona. Les pregunté quiénes
habían construido Caral según su
idea. La mayoría me contestó los
gentiles, seres diferentes a los
humanos con capacidades
fabulosas. Y luego les
repregunté y por qué no nuestros
antepasados. Me dijeron,
imposible, nosotros no
hubiéramos podido.
¿Qué significa eso?
–Durante todos estos siglos nos
han convencido de que somos unos
incapaces.
¿Caral es un referente?
–Sí, para todos los sectores,
porque le demuestra al mundo que
en este territorio los antiguos
peruanos tuvieron la capacidad
para producir conocimientos. No
se puede construir una ciudad,
edificar monumentos que han
tenido hasta 30 metros de
altura, si no cuentas con
conocimientos de matemáticas,
geometría, ingeniería,
arquitectura y un sistema social
que haga posible su construcción
y mantenimiento.
Hay que reconocer lo andino en
nuestra identidad.
–Eso es así. Nosotros
necesitamos trabajar desde el
colegio nuestros valores
históricos, culturales y
sociales.
¿Qué le ha dado Caral a usted?
–Orgullo. Cada día aprendo más
de la sociedad que nos
antecedió, me siento
peruanísima. Mi padre amó al
Perú y nos enseñó a amarlo. Le
he dicho a mi hijo mayor, que
trabaja en el extranjero, que
regrese porque lo hemos formado
para que contribuya con su país.
¿Cuál es el aporte de Caral al
conocimiento?
–Nos muestra que hubo un grupo
de intelectuales que fue
reconocido, con poder e
involucrado en el
desenvolvimiento de esa
sociedad. Por la importancia que
le concedió al conocimiento es
que avanzó la ciencia y la
tecnología en esa época. Hubo un
tejido social muy importante,
que posibilitó que todos
compartieran el interés por
sacar adelante la obra que fue
la construcción y mantenimiento
de esa ciudad.
¿Tiene algún defecto Caral?
–Claro que sí, muchos errores
como cualquier sociedad antigua.
La política despótica de la
máxima autoridad o rey, durante
los milenios transcurridos,
constituye un defecto. Pero a
pesar de eso, hubo respeto por
las identidades. Si bien se
impuso una lengua, autoridades y
al dios Sol, se respetó la
diversidad cultural. Eso
significa que la visión del
gobierno y Estado estaba
centrada en obtener resultados
óptimos. Desgraciadamente, a
partir del siglo XVI, se perdió
la clase intelectual que existía
y nunca más siguió trabajando en
los conocimientos que se debían
seguir produciendo. Sólo quedó
la población dedicada a la
producción primaria. La clase
intelectual desapareció.
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Gentileza: Carlos Franco Pacheco
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