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El Ocaso de la Revolución
Industrial y Agrícola, Miguel
Ángel Llana. - 18/12/05
 
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El Ocaso de la Revolución
Industrial y Agrícola
por Miguel
Ángel Llana *
La energía es el componente
más sensible sobre el que está
montado el sistema productivo,
incluido el agrícola. No se
concibe nada sin que su
participación sea absolutamente
imprescindible, e incluso la
energía fósil, es utilizada como
materia prima para la obtención
de productos derivados del
petróleo y gas.
"El despilfarro de la energía y
materias primas, anuncian el
final de la revolución
industrial y agrícola"
El conocimiento de la ciencia y
de la tecnología junto con la
utilización de enormes
cantidades de materias primas y
de energía, abrieron una nueva
era social y económica para unos
pocos países. Los recursos de
las colonias, el crecimiento de
las ciudades -de sus suburbios-
y una abundante y barata mano de
obra fueron el complemento
necesario. Los aspectos sociales
de la explotación laboral, que
sobrepasó lo imaginable, es más
conocido, en cambio, las
materias primas y los productos
energéticos, no se han
relacionado suficientemente con
el proceso.
La máquina de vapor, el motor de
explosión y el motor eléctrico,
aportan la fuerza -la energía -
para realizar las
transformaciones y trabajos
necesarios; transporte de las
materias primas, de las
mercancías producidas y de los
propios trabajadores. La
cuestión es que todo ello se
basa principalmente –y cada vez
más- en la importación de esas
materias primas y de la energía
necesaria. Los llamados países
industriales ya hace tiempo que
agotaron sus recursos y llevan
años dependiendo de proveedores,
que son precisamente los países
del tercer mundo, los llamados
subdesarrollados, que lo son -y
han de seguir siéndolo- para
mantener "nuestro" desarrollo.
La energía es el componente más
sensible sobre el que está
montado el sistema productivo,
incluido el agrícola. No se
concibe nada sin que su
participación sea absolutamente
imprescindible, e incluso la
energía fósil, es también
utilizada como materia prima
para la obtención de gran
cantidad de productos derivados
del petróleo y gas. La
revolución agrícola que se
origina con la mecanización de
los cultivos; siembra, cosecha y
almacenamiento, utiliza petróleo
y gas para la obtención de
abonos y pesticidas, sin los que
la agricultura no podría
subsistir.
Esta "revolución", dependiente
del petróleo y gas, está abocada
a un inminente declive vinculado
a la escasez y al agotamiento de
los yacimientos, que han sido el
ahorro generado, durante
millones de años, por la
fotosíntesis. Ni el biodiesel ni
la biomasa podrán ser sustitutos
energéticos pues, la
fotosíntesis que los origina es
limitada, y habrá de utilizarse,
prioritariamente, como
sustitutos de los actuales
fertilizantes y de la actual
mecanización agrícola.
El incremento del consumo
energético -ineficiencia
energética- es mayor que el
crecimiento económico y peor aún
en lo agrícola, pues los
cultivos intensivos reducen los
acuíferos, agotan los
nutrientes, aumentan las plagas,
lo que se traduce en un mayor
consumo de fertilizantes y
pesticidas, para un rendimiento
por hectárea decreciente.
En la agricultura intensiva,
para obtener una caloría es
necesario consumir algo más, y
en algunos vegetales,
transportados miles de
kilómetros, bastante más.
Si hablamos de proteína animal,
por cada caloría obtenida,
necesitamos de cinco a diez
calorías; según qué animales,
crecimiento y engorde. Dicho de
otro modo, hemos de gastar de
cinco a diez unidades de
petróleo o gas, para obtener
sólo una.
El objetivo razonable e
inmediato debería ser la
reducción drástica del consumo
energético. Las fuentes
alternativas sólo pueden
sustituir una pequeña parte del
actual consumo. Los transportes
de cientos o de miles de
kilómetros de cualquier
mercancía, es un disparate
energético, y lo mismo que los
restantes usos masivos de
energía, que habría que limitar
y optimizar. La gran revolución
que se avecina será la de
comenzar a escatimar su uso y a
darle el valor que tiene y es,
un bien muy escaso.
Se habla del inicio de la crisis
energética para esta misma
década, o como mucho, en unos
pocos años más. Así se acabarán,
al menos, las políticas de huida
hacia delante y de crecimiento
cuantitativo insostenible. Puede
que así no vivamos mejor, pero
seguro que más tranquilos sí.
Será el final de sangre por
petróleo y del choque de
civilizaciones o del choque
Norte-Sur.
* Miguel Ángel Llana
ingeniero y diplomado en
Empresariales
www.EcoPortal.net
subscribe@ecoportal.net
Gentileza: Melina Alfaro
[melina.alfaro@gmail.com]
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