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Vivir juntos, Tariq Ramadan y
Oscar Reyes. -
22/11/05
 
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Vivir
juntos
Por Tariq
Ramadan y Oscar Reyes
Red Pepper
Traducido por Felisa Sastre y
revisado por Esther Carrera
Tariq Ramadan es uno de
los más importantes académicos
musulmanes de tendencia
progresista en Europa. Habló con
Oscar Reyes sobre integración,
multiculturalismo y el papel del
movimiento mundial por la
justicia tras los atentados de
Londres.
OR.: El gobierno británico
afirma que los atentados
terroristas no tienen relación
alguna con su política exterior;
la prensa se niega a hablar de
la enajenación entre los jóvenes
musulmanes, y los líderes
islámicos dicen que los
atentados no tienen nada que ver
con el Islam. ¿Qué habría que
hacer para superar estas
reacciones?
TR.: Es normal que en el primer
momento se produzcan este tipo
de reacciones "defensivas".
Cuando Toni Blair dice que no
existe relación entre los
atentados de Londres y lo de
Irak, tiene razón en el plano
ético –no se puede justificar lo
que se ha hecho en Londres por
lo que está sucediendo en Irak.
Pero por supuesto que existe una
vinculación en el plano
político. Así que una cosa es
decir lo que está bien y lo que
está mal y otra ofrecer una
explicación sin justificar lo
que está pasando.
Pero más allá de esto,
necesitamos dar un segundo paso
que afecta a todo el mundo. Como
musulmanes necesitamos dejar de
estar a la defensiva y
enfrentarnos a nuestras
responsabilidades en lo que
concierne a la educación
islámica y a su interpretación.
Pero el Gobierno y la sociedad
en general también tienen
responsabilidad en vigilar qué
clase de educación es la que
estamos ofreciendo a esta
sociedad, y si ella ayuda a los
musulmanes a comprender que se
les acepta como ciudadanos en un
plano de igualdad. Para ello es
necesario un análisis completo
desde el Gobierno y no sólo
centrarse en la seguridad, que
es la respuesta típica. Ahora
nos enfrentamos al mismo
problema en toda Europa- en
Holanda, tras el asesinato de
Theo Van Gogh; en Francia, donde
se está expulsando imames y
prohibiendo sus actuaciones - y
va a ocurrir lo mismo en el
Reino Unido. Esas acciones no
respetan la legislación europea
sobre los derechos humanos al
enviar a gente a Argelia o
Pakistán donde no sabemos lo que
pueda pasarles. Pero, por encima
de todo, son simplemente
actuaciones simbólicas que no
resuelven los problemas reales.
OR.: Se está estableciendo una
distinción entre musulmanes
"moderados" y
"fundamentalistas". ¿Cómo se
puede ir más allá de esta
simplificación y aislar, al
mismo tiempo, a quienes se
sirven del Islam para justificar
el terrorismo?
T.R.: Es muy importante rechazar
esta división simplista en la
que consideramos "moderados" a
los musulmanes que dicen lo que
queremos que digan y al resto
los calificamos de
"fundamentalistas". Digamos que
la comunidad musulmana es tan
compleja como la comunidad
cristiana y que en ella existen
opiniones muy diferentes. En el
momento en que se acepta que "el
otro" es tan complejo como
nosotros, es cuando se le
respeta, a él o a ella.
Es también muy importante para
los musulmanes de cualquier
tendencia ideológica tener una
postura clara sobre la idea de
que el Islam significa estar
"contra Occidente". Tenemos
gentes, ideólogos, que utilizan
el Islam en este sentido y que
representan exactamente la misma
actitud de los neoconservadores
en el otro lado, con su
percepción de que una
civilización se opone a la otra.
Ambos extremos alimentan esta
nueva ideología del miedo. Y nos
corresponde a nosotros los
musulmanes, pero también a los
occidentales, entender que
estamos luchando contra dos
extremismos que se alientan uno
al otro.
OR.: A los jóvenes musulmanes se
les presenta, con frecuencia,
como un "problema" pero Usted
habla, en términos más
positivos, de una "revolución
silenciosa" entre la juventud
musulmana de Europa. ¿Qué quiere
decir con esa frase?
TR.: En los últimos 15 ó 20
años, la segunda y tercera
generaciones de musulmanes han
desarrollado una interpretación
mejor de lo que es el Islam por
encima de todo. Esto significa
ser capaces de distinguir entre
culturas de origen- percibidas,
por supuesto, como una riqueza-
y los principios islámicos.
Mucha gente dice "tienes que
integrarte en nuestra cultura",
pero eso no quiere decir
renunciar a las convicciones
islámicas. Mi opinión es que
nuestros valores universales nos
ayudan a integrar lo que es
positivo de las culturas
europeas.
A la vista de la actual reacción
en Gran Bretaña, se puede
comprobar que la segunda y
tercera generaciones están
afianzando su identidad al
sentirse musulmanes y británicos
a la vez. Exigen que se respeten
sus derechos y que no se les
mantenga al margen de la
sociedad, lo que prueba que
aceptan su ciudadanía y que esta
sociedad es su hogar, que ya no
se encuentran en la dar al-harb
(territorio de guerra). Las
mujeres están más presentes, más
firmes y más conscientes también
de sus derechos en contra de la
discriminación.
Si buscamos indicios en los
diferentes países, entonces creo
que lo que ha ocurrido en Gran
Bretaña con el movimiento contra
la guerra es muy importante.
Hemos visto a muchos musulmanes
implicados en el Foro Social
Europeo, y en Francia tenemos el
grupo "Escuela para todos" que
agrupa a musulmanes y no
musulmanes; incluso a los grupos
feministas se les ve trabajar
codo con codo en nombre de unos
valores comunes. Todo ello son
muestras de una nueva tendencia,
de un nuevo movimiento que
escapa a nuestra percepción. Y a
eso es a lo que llamo
"revolución silenciosa".
OR.: Con frecuencia, cuando se
habla de integración se puede
terminar haciéndolo de
asimilación, lo que tácitamente
exige de los musulmanes el
renunciar a sus creencias para
conseguir el reconocimiento en
la esfera pública.
TR.: Integración es un término
que se utiliza con diferentes
acepciones en diferentes países.
En Francia, la integración está
mucho más cerca de la
asimilación. Tú estás integrado
cuando piensas como nosotros, te
vistes igual y resultas
invisible. No ocurre exactamente
lo mismo en el Reino Unido donde
puedes integrarte y seguir
siendo como eres ya que puedes
seguir siendo tú entre gente que
es como tú. Aunque el
multiculturalismo del que
hablamos en el Reino Unido es
bueno, no lo es si queremos
decir con él que consiste en un
mosaico de comunidades que no
viven juntas sino unas al lado
de las otras. Aquí es donde está
el problema: tenemos idealizado
el multiculturalismo pero con
mucha frecuencia los ciudadanos
británicos "indígenas" no se
mezclan con musulmanes ni con
los británicos de origen
pakistaní, bengalí o india.
La integración debería
significar seguir siendo quien
eres, vivir con tus múltiples
identidades y vivir con los
otros. Se trata de cómo
abordamos la visibilidad de las
diferencias y la psicología de
saber que vivimos con gente que
no es como nosotros en nombre de
una sociedad común, en el marco
de la misma legislación y con
respeto mutuo.
No resulta sencillo, ya que no
existe mutua o recíproca
integración sin conocimiento,
educación, y tomándose el tiempo
necesario para conocer más sobre
el "otro". Es imposible
construir la integración o una
sociedad multicultural sobre la
mutua ignorancia.
OR.: La integración también
puede verse como un test de
lealtad. ¿Cómo se pueden
promover formas de vivir juntos
que permitan a los musulmanes
occidentales disponer de un
espacio para cuestionar el
predominio cultural de los
actuales consumismos e
individualismos occidentales?
TR.: Esto es muy importante
porque de nuevo se les pide a
los musulmanes que muestren
lealtad y sentimiento de
pertenencia, como si tuvieran
que seguir a ciegas la cultura
dominante. La integración real
en las sociedades occidentales
consiste en mezclarse, en ser
selectivo y en promover el
espíritu crítico.
Frecuentemente, se pone en duda
nuestra lealtad cuando hablamos
sobre la moralidad del
consumismo o del individualismo.
Pero en estas cuestiones es
preciso tener una lealtad
crítica. Es importante que los
musulmanes entiendan que no
deberían estar tan asustados
hasta el punto de ofrecer una
lealtad ciega por la presión
psicológica a la que se
enfrentan hoy.
Y hay gente a la que le pasa
eso. Durante la época colonial,
había personas totalmente
absorbidas que resultaban
invisibles en el interior de la
cultura dominante. Como
musulmanes occidentales, es
verdaderamente importante
afirmar que aceptamos todo lo
que es bueno de la cultura
occidental, pero que vamos a ser
auto críticos y críticos hacia
todo lo que es malo según
nuestros valores y principios. Y
esta es la verdadera lealtad, la
que se basa en el análisis
crítico sobre lo que hacemos y
en la coherencia. Resulta muy
fácil decir que estamos
promoviendo la democracia,
promoviendo la libertad. Pero la
cuestión clave para cada
civilización es como conseguir
la coherencia entre los valores
que proclama y la política que
lleva a cabo. Esto es lo que
tenemos que pedir y lo que los
musulmanes deberían exigir
también cuando se trata de
países de mayoría islámica.
OR.: Los nuevos movimientos
globales por la justicia ¿están
intentando llegar de manera
efectiva a los musulmanes o
repiten un tipo de imperialismo
cultural?
TR.: Se dan ambos casos. Hay
gente dentro de esos movimientos
que comprende que tienen que
estudiar, conocer mejor,
apartarse de la ideología
cultural dominante pero otros
están completamente engañados
por su percepción de que son
políticamente progresistas, y
son incapaces de entender que
culturalmente todavía son muy
conservadores y, en ocasiones,
incluso retrógrados, muy
impregnados de la ideología del
colonialismo, esa que "conocemos
mejor". Con esa gente resulta
muy difícil tratar.
En estos movimientos hay una
mezcolanza de gentes, pero la
mayoría todavía son bastante
ignorantes del potencial de
otras culturas y religiones. Es
como si estuviéramos utilizando
viejos conceptos, antiguos
malentendidos, reorganizándolos
e intentando encontrar nuevas
estrategias. Pero no necesitamos
sólo nuevas estrategias,
precisamos de un movimiento
basado en nuevas percepciones e
incluso en nuevas gentes.
Necesitamos personas que
comprendan que tienen que ser
serios en lo relativo a la
diversidad. Nos relacionamos con
otras gentes en nombre de una
resistencia común pero
procedemos de unas realidades,
valores e historias
particulares.
De esta constatación puede
aparecer un movimiento más
transparente porque es como si
la vieja guardia todavía supiera
cómo funcionan las cosas y
quienes se incorporan al proceso
estuvieran un poco perdidos. No
se puede confiar en que otro
mundo es posible si volvemos a
repetir las antiguas estrategias
carentes de transparencia para
tomar el poder o para
conservarlo.
Gentileza: Melina Alfaro
[melina.alfaro@gmail.com]
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