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Los mapuches de Isla Mocha desde la óptica de los europeos: 1554-1687.-07/11/05
 

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Los mapuches de Isla Mocha desde la óptica de los europeos: 1554-1687.- 07/11/05


 


Los mapuches de Isla Mocha desde la óptica de los europeos: 1554-1687.

Por Rafael Ojeda

Durante los siglos XVI y XVII, navegantes europeos provenientes de España, Holanda e Inglaterra pudieron recalar en el bordemar de la Isla Mocha. Muchos de ellos dejaron relatos de sus encuentros, proporcionándonos diferentes visiones de los indígenas isleños. Los textos de los relatos de los viajes de Pastene [1544], Drake [1578] , Cavendish [1587], Hawkins [1594], de Cordes [1599], van Noort [1600], Spilbergen [1615], las crónicas de los historiadores jesuítas Ovalle [1642] y Rosales [1667], y los documentos que se conservan en el Fondo Bibliográfico José Toribio Medina, para el período 1550-1690, permiten construir un cuadro muy nítido del estilo de vida de los mapuche en Isla Mocha en los siglos XVI y XVII, cuyos restos hoy encontramos en innumerables sitios arqueológicos en la isla.

Bibar [1558] nos entrega la primera descripción que nos ofrecen los europeos de los habitantes de la isla:

Esta ysla se decia de Amocha [...]. Tenra una legua de ancho y dos y media en torno. Ay más de ochocientos yndios. [...] y luego vinieron los yndios, y nos mandaron sentar, y que no pasasemos adelante que nos matarian. Mandó el capitan diesemos en ellos, y mataronse hasta catorce yndios, y los demas huyeron, y perdieronse dos señores, los cuales metimos en la galera. Y con el servicio que llevauamos cargamos los navios de mayz y papas y frisoles, que avia gran cantidad. Y fue que en la sazon que llegamos estavan diferentes dos señores que ay en aquella ysla, y por esto no se nos defendio. Y como ellos en condicion general se huelgan del mal de unos y otros, no se confederaron, y ansy la tomamos seguramente. Aunque yo e andado e visto hartas provincias, no e visto yndios más proveydos de bastimento y de mejores casas que en esta ysla. Mas no es de maravillar, porque es muy fertil la tierra. Y hecho este salto y rrancheria, como aca dezimos, nos hezimos a la vela, y nos bolvimos a la ciudad . (Bibar 1979 [1558]).


Los navegantes españoles consideraron salvajes a los indígenas de la Isla. Para ellos la prosperidad de la comunidad salvaje no es efecto del trabajo organizado de sus miembros, es sólo fertilidad potente de la tierra que se desborda sobre la comunidad. Es un regalo de Dios. Con aquellos que viven en divina abundancia benéfica y que no son hombres, no se pueden celebrar contratos para el intercambio de bienes. No se puede comerciar con quienes no son hombres. Entonces, arrebatar a la fuerza es vía legítima de obtener lo deseado.

La información sobre el accidentado viaje de Drake (quién quedará con una cicatriz en su rostro) es más abundante aunque tampoco muy variada. Uno de los relatos señala lo siguiente:


We ranne off againe with an Iland, wich lay in sight, named of the Spaniards Mucho [...], we found it to be a fruitfull place, and well stored with sundrie sorts of good things: as sheepe and other cattell, maize (wich is a kinde of grain whereof they make bread), potatoes, with such other rootes; besides that, it is thought to be wonderfull rich in gold, and to want no good thing for the use of mans life. [...] They had layed closely behind the rockes an ambushment of (as we guessed) about 500 men, armed and well appointed for such a mischiefe, who suddenly attempting their purpose (the rocks being very dangerous for the boate, and the sea-gate exceeding great) by shootting their arrowes hurt and wounded every one of our men [...]. The weapons wich this people use in their warres, are arrowes of reeds, with heads of stone very brittle and indented, buts dart of a great lenght, headed with iron or bone (Fletcher, 1635: 95-99).


Existe otra versión de este relato, que no difiere mucho del anterior, pero entrega nuevos datos sobre los habitantes de la Isla Mocha:

for their comodytes were such as wee wanted, as fatt muttons, hens, maize, or as commonly its named, Guiney wheat, etc. [...]. The souldiers hidden in the reeds, well armed with bowes, arrows and darts, made of canes [...]. The multitude was great, by estimation 2000 persons, well appointed, with bowes, darts, spears, shields, pikes, and other weapons, most of them headed with pure silver, wich in the light of the sonn made a wonderfull show and glittering (Fletcher, Mss. Sloane, 1635: 93-96, el subrayado es nuestro).


En las descripciones de los ingleses del siglo XVII, no se consignan noticias abundantes acerca de la comunidad indígena de Isla Mocha. Es probable que para ellos sólo era importante la rápida y quieta obtención de bastimentos y agua fresca. No existe el deseo de un encuentro profundo. El silencio se convierte en ambigüedad atemorizante que desencadena actos de violencia. La cicatriz en la cara de Drake es sólo un testimonio. Los mapuches pretenden aminorar el umbral de la tensión provocada, reiterar la única manera de relacionarse, reafirmando su propia identidad: guerreros, comerciantes, políticos.

La crónica de los viajes de los navegantes holandeses van Noort (1602) y Spilbergen (1619) son, al contrario, abundantes en noticias sobre los habitantes de la Mocha. Nos señalan que los mochanos son navegantes, poseen instrumentos musicales (trutruka), tienen guanacos y ovejas, gallinas y otras aves, siembran maíz, papas, porotos y zapallos, productos que intercambian por hachas y cuchillos. Se visten con lana que sacan de los guanacos y beben chicha que hacen maíz. Sus casas tienen dos o tres entradas. Una costumbre notada por los holandeses es que los mapuche no les permiten a los extraños la entrada a sus casas.

El general envío el bote a tierra con alguna gente para ver si podríamos tranzar en amistad, utilizó para esto a un hombre (llamado Jan Claasz) que sabía como llegar a tierra desconocida. El fué sola a la isla con algunos regalos como cuchillos, fierro y padrenuestros, los que ellos recibieron amistosamente, pero indicaron que ya era muy tarde y que volvieran al dia siguiente. A lo que regresaron a bordo. Pensamos que aquí se podría obtener alimento ya que vimos muchas ovejas y animales pastando con tierra bien labrada.

Al otro día partimos en dos botes a tierra con algunas hachas y cuchillos de Rosenburgo. Remamos con un bote hasta una entrada ya que es muy rocoso, ahí se nos acercaron los habitanes y nos cambiaron por cada hacha una oveja, por un cuchillo una gallina y a veces incluso dos. Además otros alimentos como maíz, raices de papas, zapallos y otras frutas que allá crecen. Llenamos nuestro bote con ellas y las llevamos a bordo, con dos de los principales casiques o caballeros de la tierra y que voluntariamente quisieron ir donde el Almirante, quién los agasajó mucho. Se quedaron esa noche a bordo pero no se les pudo entender. Nos indicaron con señas que hasta Valdivia se habrían degollado a algunos españoles y pudieron nombrarnos lugares como Arauco y Tucapel, los que se ubican allá al frente en la costa de Chile, como se relatará a continuación.

El 23 del presente fuimos con el bote nuevamente a tierra y luego de honrar a los habitantes con algunos presentes (como camisas, sombreros y otras cosas) fuimos hasta el lugar donde vivían. Había un pueblo de cerca de cincuenta casas hechas de paja y de forma alargada, con un portal en el medio. Pero no nos dejaron entrar en ellas y tampoco acercarnos a las mujeres que salieron todas de sus casas. Luego de un llamado de sus hombres ellas se arrodillaron en dos o tres grupos. Los hombres nos indicaron que nos sentáramos en troncos que estaban en el campo.

Después se nos acerco una anciana que traía un jarro de greda lleno de su bebida, la que llaman Cici, la bebimos con gusto y tenía muy buen sabor. Esta bebida está hecha de maíz (que es su trigo) y agua y la preparan de esta manera, las ancianas que tienen malos dientes mascan el maiz y por la saliba de las ancianas fermenta la bebida que entonces guardan en tinajas. Tienen la superstición de que si la bebida la hacen las más ancianas es mejor. Con esto se emborrachan los indígenas y celebran sus fiestas, las que se realizan así: hacen que se reuna toda la población del pueblo, y uno se sube a un palo el que emite algunos sonidos con flautas o canta, y así beben alrededor/.../Estos indígenas toman tantas mujeres como pueden alimentar, y el que tiene muchas hijas es rico porque el que las desee debe comprarlas del padre por bueyes, ovejas, ganado o alguna otra cosa que ellos estimen. Viven libremente entre ellos, pero cuando alguien es muerto pueden los amigos del muerto vengarlo con la misma suerte para el criminal, a menos que el que mató se amiste con ellos entregándole Cice, la que tienen que pagar anualmente. De esta manera viven casi todos los de Chile que no están en territorio español. Visten aquí faldas abajo y arriba que fabrican de la lana de ovejas grandes. Las mencionadas ovejas tienen cuellos muy largos y la lana es tan larga que casi les llega al suelo. Estas ovejas las usan para su trabajo, y para llevar carga. Cuando se cansan de trabajar no se les puede obligar a seguir ni a golpes; y vuelven la cabeza hacia uno con una gran hediondez que hechan. No nos quisieron vender estas ovejas sino otras que son como las ovejas de nuestra tierra, siendo muy gordas y hermosas, también nos dieron gallinas, ovejas y diferentes frutos a cambio de hachas y cuchillos porque apetecen mucho el fierro trabajado ya que lo prefieren vender en tierra firme. (van Noort 1602, en van Meurs 1993: 195-196)



Los relatos holandeses evocan la plenitud que había logrado alcanzar el estilo de vida indígena, religiosidad compleja y profunda que se desborda para hacerla casi ininteligible a los forasteros, exquisitas formas rituales, claros patrones de asentamiento, su gusto por las artes de la música, la sutil idea de intimidad que no puede ser expuesta al ojear del forastero, las maneras rígidas de la relación entre los sexos, la especial organización de la familia, las ideas de justicia. Para los navegantes holandeses los mapuches de Isla Mocha fueron hombres, sujetos iguales, pares. Aquello, posibilita un encuentro diferente: La paz de los hombres en el intercambio de bienes deseados, violencia ausente que no deja rastros en los arenales amarillos del salado bordemar.

El intercambio comercial con navegantes europeos embarcados en las flotillas que visitaron la costa de América durante el siglo XVII fue una actividad que los habitantes de Isla Mocha efectuaron con mucho agrado. Aquí, una oveja servía para obtener un hacha de acero, una o dos gallinas tuvieron el valor de un cuchillo. El maíz, la papa y los zapallos servían para obtener padrenuestros y trozos de fierro. Este material, será vendido por los isleños a sus hermanos del continente.

La comunidad mapuche de Isla Mocha fue proveedor e intermediario en un inmenso circuito comercial que enlazaba mundos y concepciones muy distantes y diferentes, Amsterdam y Tirúa. Anticipo, imagen premonitoria de lo que iba a ser el mundo tres siglos después.

Alonso de Ovalle, cronista jesuíta, resume en 1646 la información que los españoles manejaban respecto de la Isla Mocha y sus habitantes y que como lo demuestran las descripciones que transcribimos ahora, se originan en los relatos de los navegantes holandeses:

Entre los animales propios de aquel país, se pueden poner en primer lugar los que llaman ovejas de la tierra, y son de la figura de camellos, no tan bastos ni tan grandes, y sin la corcova que aquéllos tienen. Son unos, blancos; otros, negros y pardos, y otros cenicientos. Dicen los autores citados que servían antiguamente, en algunas partes, de arar la tierra antes que hubiese en ella bueyes, y aún después acá refieren los de la armada holandesa de Jorge Spilbergio, arriba citado, que cuando pasaron por la isla de la Mocha usaban los indios de estas ovejas para este efecto.

De otra armada de holandeses, cuyo general fue Jorge Spilbergio, refieren los mesmos autores que llegaron a la isla de la Mocha, cuya costa septentrional hallaron llana y baja y la austral rodeada de escollos. Saltaron en tierra, y el agasajo y regalo que hallaron en ella de los indios que la habitan, que son muy nobles y de muy buenos naturales, es argumento de la fertilidad y bondad de esta isla, donde habiéndose refrescado la armada muy a placer, se proveyó de grande abundancia de carneros, que los hay allí muy grandes y muy buenos, de gallinas, huevos, caza y frutas de la tierra. Con esto, habiendo festejado los holandeses a los indios que llevaron a ver sus navíos, mostrándoles su artillería y la soldadesca puesta en orden, dándole de las cosas de Europa, sombreros, hachas, vestidos y otras cosas de estimación, y habiéndolos vuelto a tierra haciéndoles salva real, últimamente les hicieron los indios señas con las manos para que se volviesen a sus navíos y se fuesen, como lo hicieron.



Diego de Rosales (1678) estructura un diagnóstico completo de la realidad de los habitantes de la Mocha. La isla estaba poblada por menos de un millar de mapuches, organizándose dos grupos o secciones, compuestos por una serie de familias extensas semi-autónomas. Sus estrategias de subsistencia están centralizadas en la agricultura, crianza de animales, recolección y pesca de especies marinas. Parte de la vida cotidiana transcurre en un constante conflicto entre ambos bandos y las disputas territoriales "entre los del norte y los de sur" aparecen como la causa más importante de sus "trabadas guerras". Complementariamente establecían relaciones de trueque con visitantes europeos y mapuches continentales. Así obtenían, otros productos muy preciados, hachas de hierro, cuñas, añil, cuentas de vidrio, cascabeles y peines. No eran marinos por tradición, pero conocían las técnicas apropiadas para la construcción de frágiles embarcaciones hechas en fibras vegetales como la "puya" o "magüey", que surcaban el mar en sus necesarios viajes al continente.

Es de gran interés transcribir en forma integra el relato que hace Rosales de la Isla Mocha y de sus habitantes:


El terreno es muy fertil, y alegre. Repartesse en hermosas llanuras, y vegas que van repechando hasta encumbrarse en la empinada sierra, la cual atraviesa a lo largo de toda la isla, yarroja dulzes y claros arroyuelos, que riegan los valles:dan de beber a los moradores, y producen grandes y crecidas arboledas. Los isleños en los tiempos anteriores llenaban gran número de familias, y apenas llegan aora a docientos indios de lanza; es mucho de reparar este consumo de gente pues en esta isla cessan todas las causas de menoscabo, que en otras Provincias de tierra firme lamentan. Porque estos jamas han tenido guerra con los Españoles, ni les an seruido, ni ocupandose en tarea alguna de trabajo , e industria personal ,que siempre han estado en su isla sin españoles. Pero no se puede negar, sino que sus vicios han causado el mayor estrago; porque todo el tiempo, que les sobra de la pesca de anzuelo, y agricultura, lo emplean en comer y beber, y con el calor de la Chicha, se encienden sangrientas discordias, e inextinguibles odios que con el largo derramamiento de sangre crecen cada dia mas.

Embegezense los rencores, y heredan con nueuos motiuos, para vengar las pasiones, que las executan con el yerro, o con el veneno cruelissimamente, y tienen sus bandos, que los de una parte del zerro con los de la otra, tienen sus guerrillas trabadas. Y también se exercitan en el arte magica, y en las hechizerias, comunicando con el demonio, y transformandose aparentemente en raposas, perros, leones, lobos marinos, y otros animales de horrible ferocidad. Corresponde el maligno espíritu mostrandoseles en otras figuras semexantes. Algunas vezes se viste de la figura humana, y tomandoles cuenta de su proceder les castiga con tal seueridad, que mueren miserablemente. El mayor delito, de que les haze cargo, es el trato con Christianos, que por alli suelen passar en sus nauios, y les reprehende porque conseruan las cruzes, que los christianos, que por alli han pasado, les han puesto, y que reciban de ellos rosarios, ni medallas, que ninguna de estas cosas, quiere el enemigo, que tengan. Y por no auer entrado hasta aora Religiosos, ni predicadores en aquella isla, se estan en su indidelidad, y sugecion al demonio. Y quando los Padres, que ha ido a chiloe, y a otras partes, han pasado por alli, y les han predicado los misterios de nuestra Santa Fee; los an oido con gusto, y con muestras de desear tener religiosos, que los prediquen, y saquen de sus errores. Y fuera alli de gran seruicio de Nuestro Señor una mission; pero hasta aora no se ha llegado su tiempo.

Pero voluiendo a la fertilidad de la tierra, es grandissima: y cogen copiosamente maiz, i legumbres; y trigo y zebada con moderacion; porque siembran poco de eso, que lo que mas estiman es el maiz, para chicha. Que si pusieran cuidado en sembrar trigo, fueran prodigiosas las cosechas. Crian cantidad de gallinas, ouejas castellanas, y chilenas, que crezen, y engordan a marauilla, y tienen trato de ellas con los Indios de Tirua y tierra firme. Solian tener bacas, y por ser la isla corta, y en semejantes estrechuras, perjudiciales a las cementerios, las mataron. tienen pocos caballos, y solo ser siguen de reconocer la isla, y para alguna regocijo. No ay puerto, ni surtidero, evento de la braveza del Acallan. Y aunque algunas vezes los nauios, que van a Chiloe, y otras partes dan fondo en el mar, es con buen tiempo y muy de paseo. Siempre hallan en los indios cumplidssimo agasajo, y regalo de Aues, carneros, papas, y maiz. Y se contentan con un pequeño retorno de cascabeles, peines, cuchillos, añil, cuentas de vidrio y cosas deste porte. Comercian con los de tirua, y Paicabi por carneros y obejas de la tierra, y lumas para cabar, las cosas que los indios de tierra firme adquieren de los Españoles, como hachas de yerro, cuñas, añil, cuentas de vidrio, y cosas assi.



Finalmente los españoles no permitirán la presencia de una comunidad que trate amistosamente a sus enemigos ingleses y holandeses y entre 1685 y 1687 procederá al despoblamiento de la isla. El fin de la historia es, por lo repetido, ya conocido. Fueron expulsados de sus tierras, forzosamente traslados lejos a orillas de un gran río, evangelizados por los padres negros, aniquilidados por la codicia e ignorancia europea y borrados del mapa como tantos, antes y después, literal y metafóricamente (Quiroz 1991a, Vergara 1991).

Jerónimo de Quiroga cumple con sus órdenes durante el mes de marzo de 1685:


despoblé la isla de la Mocha porque el pirata inglés no sacase de allí bastimentos y llevase la gente para poblar alguna factoría y fortificasse; fueron 800 almas y fue Dios servido que no se ahogase ninguno, habiendo atravezado doce leguas de golfo tormentoso en unas balsas de totora


Entre los papeles relativos al despoblamiento se encuentra un documento con la lista de las personas que fueron trasladadas al continente. De este documento se desprende que fueron conducidas a la misión de San José de la Mocha 122 unidades familiares con 586 individuos (4.8 personas por cada unidad) distribuidas en dos grandes grupos o "reducciones" (Quiroz 1991b:18), una encabezada por el "cacique" Quetelabquen (53 unidades con 238 personas, 4.5 promedio) y la otra por el "cacique" Agüigüenu (69 unidades con 348 individuos, 5.0 promedio); que considerando un universo de 112 matrimonios, un 27% corresponde a matrimonios poligínicos, con 2, 3 ó 4 esposas (op.cit.: 19) y que las unidades familiares no sólo están compuestas por los esposos y sus hijos sino tambén por otros parientes, tales como madres, hermanas, nueras, sobrinos/sobrinas y nietos/nietas (op.cit.: 20).

El documento entrega además una información muy interesante respecto de los nombres de 586 mapuche, hombres y mujeres, adultos y niños, de su composición y trasmisión. Si consideramos la totalidad de los jefes de familia, los radicales (término final del nombre) con mayor presencia son "cheuque" (ñandú) con un 11.6%, "pangui" (puma) con un 7.4% y "ñamcu" (aguilucho) con un 6.6%. Si analizamos los datos respecto del traspaso del nombre de intergeneracionalmente tenemos que este radical se trasmite hacia algunos de los hijos. Por ejemplo en el caso de los descendientes del cacique Quetalabquen, dos de sus hijos )el mayor y el menor), Guenulabquen y Pichilabquen, y su nieto Talcalabquen, hijo de Guenulabquen, llevan el radicanl. Los otros dos hijos, Callburen y Perquimcheuque, no lo llevan. En el caso de los descendientes del cacique Agüigüenu lo lleva y el mayor, Penchulebi no lo hace (Quiroz 1993).

Todo lo obrado por José de Garro fue confirmado por el Rey de España en su Real Cédula del 15 de octubre de 1969 (Jara 1982, T.I 373-374).


El REY. Don Tomás de Poveda, Caballero del Orden de Santiago de mi consejo de Guerra, Gobernador y Capitán General de las provincias de Chile y Presidente de mi Audiencia de ellas. Don José de Garro, vuestro antecesor en esos cargos, me dio cuenta en carta de quince de abril del año pasado de mil seiscientos y ochenta y seis, que hallándose en la actual transportación de los indios naturales de la Isla de la Mocha a las riberas del río Bío-Bío, me informó los motivos que habían concurrido para ejecutarla, y diligencias hechas en orden a su justificación, y porque constase de ellas con toda formalidad, me remitía los autos originales que para ello se hicieron, pasando a expresar se había conseguido dicha transportación gloriosa y felizmente, sin costo de mi Hacienda, grande brevedad y sin resistencia de los indios de la Isla, ni de los de Tierra Firme, por habérseles ganado la voluntad con agasajos y persuasiones, representándoles al mismo tiempo sus propias conveniencias. Y que teniendo todas las cosas bien dispuestas y prevenidas para ocurrir con prontitud a cualquier movimiento, en una piragua, el barco de la Concepción, y algunas balsas que se fabricaron para el intento, fueron sacados dichos indios y traídos a la Tierra Firme con felicísimo suceso, sin que alguno hubiese peligrado, y conducidos por tierra dos leguas de la ciudad de Concepción, de aquella banda de Bío-Bío, río muy caudaloso y lugar ameno y fértil donde tienen copiosos y abundantes frutos cuando llegaron hallaron formada su población, con una iglesia, casas de madera y paja (que son las que acostumbran) y prevención de cantidad de ovejas para su sustento, con más comodidad de la que tenían en la dicha Isla, de que quedaron sumamente gustosos, porque además de haberse mejorado, salieron de la desconfianza en que se hallaban con algunas experiencias de tiempos pasados, pensando no se les guardarían las condiciones ofrecidas y que venían sujetos a servidumbre. Y habiéndose formado el pueblo de los dichos indios, y dándole por nombre San José de la Mocha, en honra y veneración de este glorioso Patriarca, a quien eligió por tutelar, se bendijo la Iglesia y se celebró en ella el Santo sacrificio de la Misa, y pasándose a numerar las personas reducidas a esta nueva población, se hallaron más de setecientas, y con las que después se habían recogido entre hombres, mujeres y niños, concluyendo dicho don José de Garro, con que mediante esta disposición entraron dos religiosos misioneros de la Compañía de Jesús, sujetos muy provectos, señalados en virtud y celo del servicio de Dios, y peritos en el idioma de los indios a predicarles y enseñarles la Doctrina Cristiana, que luego la recibieron y pidieron el Santo Sacramento del Bautismo, y quedarían reducidos al gremio de nuestra Santa Iglesia Católica Romana, y con muy seguras esperanzas de que se había de lograr en esta reducción más copioso fruto que en otra alguna de las de ese Reino, porque para su conservación y político gobierno, hizo las ordenanzas que vienen con los autos citados, las cuales comunicó con esa Audiencia, y pareciendo estar bien ajustadas las mando publicar y ejcutar, en el ínterin que yo las confirmaba, o mandaba otra cosa. Y, habiéndose visto en mi Consejo de las Indias, con los autos citados y ordenanzas insertas en ellos, y lo que sobre todo dijo y pidió mi Fiscal en el dicho Consejo, he tenido por bien aprobar y confirmar (como por la presente confirmo y apruebo por ahora) en todo y por todo las Ordenanzas que hizo el dicho don José de Garro para los indios que transportó de la Isla de la Mocha a las riberas del río Bío-Bío, se mantengan en su nueva población en vida política y cristiana respecto de ser tan atentamente dispuestas y consultadas y en nada contrapuestas a las ordenanzas y cédulas. Y os encargo y mando las observeís y ejecuteís y hagaís observar y ejecutar, sin variar en cosa alguna de ellas, sin orden mía, sino es en caso muy preciso, y entonces me daréis cuenta de ello y de los motivos y causas que hubieren concurrido para alterarlas, y que vean en el dicho mi Consejo de Madrid a quince de Octubre de 1696. Yo el Rey.


Jerónimo de Quiroga, capitán y soldado, encargado de despoblar la Isla Mocha resume la información sobre la isla y sus habitantes:


Los de la Mocha hasta estos años fueron incógnitos, porque ni nos vieron, ni los veíamos pero ya se transportaron todos a la tierra firme en el presente Gobierno de don José de Garro, con grande acierto y feliz fortuna, pues pasaron en canastos de totora un golfo de 12 leguas todas las familias, sin pérdida ninguna; y están cristianos todos, los leguas de la Concepción, con beneficio común de esta república.

El año de mil seiscientos entró con cinco navíos por el Estrecho de Magallanes el pirata inglés, y entre otras cosas traía muchos anteojos de larga vista y libros heréticos, para introducir los dogmas de sus errores entre los indios, creyendo que eran hombres capaces de entenderlos. Dicen unos que arribaron a la isla de Santa María, y otro que a la tierra de Lavapié, pero lo común y más recibido entre los indios es que saltaron en la isla de la Mocha.

En fin, ellos saltaron en una de estas partes, y hacciendo a los indios un banquete en tierra, mataron a todos a palos, sin que se librase ninguno de los que estaban en tierra; y de esto blasonan los indios de la Mocha, solamente representándonos este particular servicio, que en mi sentir fue particular delito digno de castigo, porque no los degollaron por el amor que a los españoles tenían, sino el odio de la nación española, no distinguiendo si eran castellanos o inlgeses, y como los vieron blancos y barbados los tuvieron por enemigos suyos así como nosotros lo éramos.

Compruébase esto con que a la isla de La Mocha se pasaron algunos indios al principio de la conquista, huyendo de los españoles y allí hicieron asiento, sosegados, y como todas esas tierras toman el nombre de las calidades o propiedades de sus dueños, o de algunas cosas notables inmediatas, se llamó Mocha esta isla aunque es alta, porque a los indios que habitan en ella los llaman amochinches, que quiere decir cimarrones, andadores o fugitivos. El motivo que tuvieron para matar a estos piratas fue haberles dado algunos anteojos a los indios, que mirando por ellos les traían las cosas que estaban lejos muy cerca de la vista, ymirando se les acercaba el ganado, lo cual les pareció bien, pero volviendo a mirar al mar y a los bajeles enemigos, todo se le acercaba, y considerando que aquellos instrumentos podrían traerles a los españoles, de quienes habían huido a aquella isla, más cerca sólo con mirarlos con aquel anteojo, determinaron quitarles a todos las vidas, como en efecto lo hicieron.

Despoblé la isla de la Mocha porque el pirata inglés no sacase de allí bastimentos y llevase la gente para poblar alguna factoría y fortificase. Fueron 800 almas y fue Dios servido que no se ahogase ninguno, habiendo atravezado 12 leguas de golfo tormentoso en unas balsas de totora, y las reduje a esta parte de Bío-Bío, 2 leguas de la Concepción, donde hoy están con su Iglesia y misioneros. (Quiroga 1979 [1692]: 459-460).



Jerónimo de Quiroga procedió al despoblamiento de la Isla Mocha como si esta fuera una campaña militar de real trascendencia para la estabilidad de los gobernantes. Es así como en el año 1685, luego de arrasar los cultivos, quemar las viviendas y dejar malheridos a decenas de mochanos finalmente los redujo. Luego los embarcó masivamente en buques y frágiles balsas con destino a la Concepción donde se los estableció entre los ríos Andalién y Bío Bío, bautizando el lugar como San José de la Mocha, nombre recordado aún ahora por los penquistas.

Los indios de la Isla Mocha fueron instalados en la Misión de San José de la Mocha, a orillas del río Bío Bío. A pesar de su forzoso traslado al continente, los habitantes de la Mocha conservarán durante algún tiempo sus costumbres. Según los papeles, se tomaron todas las medidas para evitar los excesos cometidos en otros lugares. El tiempo se encargaría de desmentir las palabras escritas con tinta para escribir otra con sangre, con la sangre de los indios de La Mocha (Quiroz 1993).

Sin embargo, una última y postrer resistencia. Un asombrado inspector del ejército español, Francisco Ibáñez de Peralta, escribe en 1701:


[...] en el pueblo de San José de la Mocha, donde tienen una famosa iglesia y casa donde asisten continuamente los misioneros doctrinado aquestos indios dos veces al dia, no quieren enterrarse en sagrado sino a la puerta de su rancho, a la vista de sus mugeres, con papas y chicha


Este patrón de enterramiento puede ser corroborado por la arqueología, como lo hemos detectado en los sitios P21-1 y P5-1, en la Isla Mocha.

 

 



Gentileza:   [ volar@fibertel.com.ar  ]



 


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