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Los mapuches de Isla Mocha desde
la óptica de los europeos:
1554-1687.- 07/11/05
 
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Los mapuches de Isla Mocha desde
la óptica de los europeos:
1554-1687.
Por
Rafael Ojeda
Durante los siglos
XVI y XVII, navegantes europeos
provenientes de España, Holanda
e Inglaterra pudieron recalar en
el bordemar de la Isla Mocha.
Muchos de ellos dejaron relatos
de sus encuentros,
proporcionándonos diferentes
visiones de los indígenas
isleños. Los textos de los
relatos de los viajes de Pastene
[1544], Drake [1578] , Cavendish
[1587], Hawkins [1594], de
Cordes [1599], van Noort [1600],
Spilbergen [1615], las crónicas
de los historiadores jesuítas
Ovalle [1642] y Rosales [1667],
y los documentos que se
conservan en el Fondo
Bibliográfico José Toribio
Medina, para el período
1550-1690, permiten construir un
cuadro muy nítido del estilo de
vida de los mapuche en Isla
Mocha en los siglos XVI y XVII,
cuyos restos hoy encontramos en
innumerables sitios
arqueológicos en la isla.
Bibar [1558] nos entrega la
primera descripción que nos
ofrecen los europeos de los
habitantes de la isla:
Esta ysla se decia de Amocha
[...]. Tenra una legua de ancho
y dos y media en torno. Ay más
de ochocientos yndios. [...] y
luego vinieron los yndios, y nos
mandaron sentar, y que no
pasasemos adelante que nos
matarian. Mandó el capitan
diesemos en ellos, y mataronse
hasta catorce yndios, y los
demas huyeron, y perdieronse dos
señores, los cuales metimos en
la galera. Y con el servicio que
llevauamos cargamos los navios
de mayz y papas y frisoles, que
avia gran cantidad. Y fue que en
la sazon que llegamos estavan
diferentes dos señores que ay en
aquella ysla, y por esto no se
nos defendio. Y como ellos en
condicion general se huelgan del
mal de unos y otros, no se
confederaron, y ansy la tomamos
seguramente. Aunque yo e andado
e visto hartas provincias, no e
visto yndios más proveydos de
bastimento y de mejores casas
que en esta ysla. Mas no es de
maravillar, porque es muy fertil
la tierra. Y hecho este salto y
rrancheria, como aca dezimos,
nos hezimos a la vela, y nos
bolvimos a la ciudad . (Bibar
1979 [1558]).
Los navegantes españoles
consideraron salvajes a los
indígenas de la Isla. Para ellos
la prosperidad de la comunidad
salvaje no es efecto del trabajo
organizado de sus miembros, es
sólo fertilidad potente de la
tierra que se desborda sobre la
comunidad. Es un regalo de Dios.
Con aquellos que viven en divina
abundancia benéfica y que no son
hombres, no se pueden celebrar
contratos para el intercambio de
bienes. No se puede comerciar
con quienes no son hombres.
Entonces, arrebatar a la fuerza
es vía legítima de obtener lo
deseado.
La información sobre el
accidentado viaje de Drake
(quién quedará con una cicatriz
en su rostro) es más abundante
aunque tampoco muy variada. Uno
de los relatos señala lo
siguiente:
We ranne off againe with an
Iland, wich lay in sight, named
of the Spaniards Mucho [...], we
found it to be a fruitfull
place, and well stored with
sundrie sorts of good things: as
sheepe and other cattell, maize
(wich is a kinde of grain
whereof they make bread),
potatoes, with such other rootes;
besides that, it is thought to
be wonderfull rich in gold, and
to want no good thing for the
use of mans life. [...] They had
layed closely behind the rockes
an ambushment of (as we guessed)
about 500 men, armed and well
appointed for such a mischiefe,
who suddenly attempting their
purpose (the rocks being very
dangerous for the boate, and the
sea-gate exceeding great) by
shootting their arrowes hurt and
wounded every one of our men
[...]. The weapons wich this
people use in their warres, are
arrowes of reeds, with heads of
stone very brittle and indented,
buts dart of a great lenght,
headed with iron or bone (Fletcher,
1635: 95-99).
Existe otra versión de este
relato, que no difiere mucho del
anterior, pero entrega nuevos
datos sobre los habitantes de la
Isla Mocha:
for their comodytes were such as
wee wanted, as fatt muttons,
hens, maize, or as commonly its
named, Guiney wheat, etc. [...].
The souldiers hidden in the
reeds, well armed with bowes,
arrows and darts, made of canes
[...]. The multitude was great,
by estimation 2000 persons, well
appointed, with bowes, darts,
spears, shields, pikes, and
other weapons, most of them
headed with pure silver, wich in
the light of the sonn made a
wonderfull show and glittering (Fletcher,
Mss. Sloane, 1635: 93-96, el
subrayado es nuestro).
En las descripciones de los
ingleses del siglo XVII, no se
consignan noticias abundantes
acerca de la comunidad indígena
de Isla Mocha. Es probable que
para ellos sólo era importante
la rápida y quieta obtención de
bastimentos y agua fresca. No
existe el deseo de un encuentro
profundo. El silencio se
convierte en ambigüedad
atemorizante que desencadena
actos de violencia. La cicatriz
en la cara de Drake es sólo un
testimonio. Los mapuches
pretenden aminorar el umbral de
la tensión provocada, reiterar
la única manera de relacionarse,
reafirmando su propia identidad:
guerreros, comerciantes,
políticos.
La crónica de los viajes de los
navegantes holandeses van Noort
(1602) y Spilbergen (1619) son,
al contrario, abundantes en
noticias sobre los habitantes de
la Mocha. Nos señalan que los
mochanos son navegantes, poseen
instrumentos musicales (trutruka),
tienen guanacos y ovejas,
gallinas y otras aves, siembran
maíz, papas, porotos y zapallos,
productos que intercambian por
hachas y cuchillos. Se visten
con lana que sacan de los
guanacos y beben chicha que
hacen maíz. Sus casas tienen dos
o tres entradas. Una costumbre
notada por los holandeses es que
los mapuche no les permiten a
los extraños la entrada a sus
casas.
El general envío el bote a
tierra con alguna gente para ver
si podríamos tranzar en amistad,
utilizó para esto a un hombre
(llamado Jan Claasz) que sabía
como llegar a tierra
desconocida. El fué sola a la
isla con algunos regalos como
cuchillos, fierro y
padrenuestros, los que ellos
recibieron amistosamente, pero
indicaron que ya era muy tarde y
que volvieran al dia siguiente.
A lo que regresaron a bordo.
Pensamos que aquí se podría
obtener alimento ya que vimos
muchas ovejas y animales
pastando con tierra bien
labrada.
Al otro día partimos en dos
botes a tierra con algunas
hachas y cuchillos de Rosenburgo.
Remamos con un bote hasta una
entrada ya que es muy rocoso,
ahí se nos acercaron los
habitanes y nos cambiaron por
cada hacha una oveja, por un
cuchillo una gallina y a veces
incluso dos. Además otros
alimentos como maíz, raices de
papas, zapallos y otras frutas
que allá crecen. Llenamos
nuestro bote con ellas y las
llevamos a bordo, con dos de los
principales casiques o
caballeros de la tierra y que
voluntariamente quisieron ir
donde el Almirante, quién los
agasajó mucho. Se quedaron esa
noche a bordo pero no se les
pudo entender. Nos indicaron con
señas que hasta Valdivia se
habrían degollado a algunos
españoles y pudieron nombrarnos
lugares como Arauco y Tucapel,
los que se ubican allá al frente
en la costa de Chile, como se
relatará a continuación.
El 23 del presente fuimos con el
bote nuevamente a tierra y luego
de honrar a los habitantes con
algunos presentes (como camisas,
sombreros y otras cosas) fuimos
hasta el lugar donde vivían.
Había un pueblo de cerca de
cincuenta casas hechas de paja y
de forma alargada, con un portal
en el medio. Pero no nos dejaron
entrar en ellas y tampoco
acercarnos a las mujeres que
salieron todas de sus casas.
Luego de un llamado de sus
hombres ellas se arrodillaron en
dos o tres grupos. Los hombres
nos indicaron que nos sentáramos
en troncos que estaban en el
campo.
Después se nos acerco una
anciana que traía un jarro de
greda lleno de su bebida, la que
llaman Cici, la bebimos con
gusto y tenía muy buen sabor.
Esta bebida está hecha de maíz
(que es su trigo) y agua y la
preparan de esta manera, las
ancianas que tienen malos
dientes mascan el maiz y por la
saliba de las ancianas fermenta
la bebida que entonces guardan
en tinajas. Tienen la
superstición de que si la bebida
la hacen las más ancianas es
mejor. Con esto se emborrachan
los indígenas y celebran sus
fiestas, las que se realizan
así: hacen que se reuna toda la
población del pueblo, y uno se
sube a un palo el que emite
algunos sonidos con flautas o
canta, y así beben
alrededor/.../Estos indígenas
toman tantas mujeres como pueden
alimentar, y el que tiene muchas
hijas es rico porque el que las
desee debe comprarlas del padre
por bueyes, ovejas, ganado o
alguna otra cosa que ellos
estimen. Viven libremente entre
ellos, pero cuando alguien es
muerto pueden los amigos del
muerto vengarlo con la misma
suerte para el criminal, a menos
que el que mató se amiste con
ellos entregándole Cice, la que
tienen que pagar anualmente. De
esta manera viven casi todos los
de Chile que no están en
territorio español. Visten aquí
faldas abajo y arriba que
fabrican de la lana de ovejas
grandes. Las mencionadas ovejas
tienen cuellos muy largos y la
lana es tan larga que casi les
llega al suelo. Estas ovejas las
usan para su trabajo, y para
llevar carga. Cuando se cansan
de trabajar no se les puede
obligar a seguir ni a golpes; y
vuelven la cabeza hacia uno con
una gran hediondez que hechan.
No nos quisieron vender estas
ovejas sino otras que son como
las ovejas de nuestra tierra,
siendo muy gordas y hermosas,
también nos dieron gallinas,
ovejas y diferentes frutos a
cambio de hachas y cuchillos
porque apetecen mucho el fierro
trabajado ya que lo prefieren
vender en tierra firme. (van
Noort 1602, en van Meurs 1993:
195-196)
Los relatos holandeses evocan la
plenitud que había logrado
alcanzar el estilo de vida
indígena, religiosidad compleja
y profunda que se desborda para
hacerla casi ininteligible a los
forasteros, exquisitas formas
rituales, claros patrones de
asentamiento, su gusto por las
artes de la música, la sutil
idea de intimidad que no puede
ser expuesta al ojear del
forastero, las maneras rígidas
de la relación entre los sexos,
la especial organización de la
familia, las ideas de justicia.
Para los navegantes holandeses
los mapuches de Isla Mocha
fueron hombres, sujetos iguales,
pares. Aquello, posibilita un
encuentro diferente: La paz de
los hombres en el intercambio de
bienes deseados, violencia
ausente que no deja rastros en
los arenales amarillos del
salado bordemar.
El intercambio comercial con
navegantes europeos embarcados
en las flotillas que visitaron
la costa de América durante el
siglo XVII fue una actividad que
los habitantes de Isla Mocha
efectuaron con mucho agrado.
Aquí, una oveja servía para
obtener un hacha de acero, una o
dos gallinas tuvieron el valor
de un cuchillo. El maíz, la papa
y los zapallos servían para
obtener padrenuestros y trozos
de fierro. Este material, será
vendido por los isleños a sus
hermanos del continente.
La comunidad mapuche de Isla
Mocha fue proveedor e
intermediario en un inmenso
circuito comercial que enlazaba
mundos y concepciones muy
distantes y diferentes,
Amsterdam y Tirúa. Anticipo,
imagen premonitoria de lo que
iba a ser el mundo tres siglos
después.
Alonso de Ovalle, cronista
jesuíta, resume en 1646 la
información que los españoles
manejaban respecto de la Isla
Mocha y sus habitantes y que
como lo demuestran las
descripciones que transcribimos
ahora, se originan en los
relatos de los navegantes
holandeses:
Entre los animales propios de
aquel país, se pueden poner en
primer lugar los que llaman
ovejas de la tierra, y son de la
figura de camellos, no tan
bastos ni tan grandes, y sin la
corcova que aquéllos tienen. Son
unos, blancos; otros, negros y
pardos, y otros cenicientos.
Dicen los autores citados que
servían antiguamente, en algunas
partes, de arar la tierra antes
que hubiese en ella bueyes, y
aún después acá refieren los de
la armada holandesa de Jorge
Spilbergio, arriba citado, que
cuando pasaron por la isla de la
Mocha usaban los indios de estas
ovejas para este efecto.
De otra armada de holandeses,
cuyo general fue Jorge
Spilbergio, refieren los mesmos
autores que llegaron a la isla
de la Mocha, cuya costa
septentrional hallaron llana y
baja y la austral rodeada de
escollos. Saltaron en tierra, y
el agasajo y regalo que hallaron
en ella de los indios que la
habitan, que son muy nobles y de
muy buenos naturales, es
argumento de la fertilidad y
bondad de esta isla, donde
habiéndose refrescado la armada
muy a placer, se proveyó de
grande abundancia de carneros,
que los hay allí muy grandes y
muy buenos, de gallinas, huevos,
caza y frutas de la tierra. Con
esto, habiendo festejado los
holandeses a los indios que
llevaron a ver sus navíos,
mostrándoles su artillería y la
soldadesca puesta en orden,
dándole de las cosas de Europa,
sombreros, hachas, vestidos y
otras cosas de estimación, y
habiéndolos vuelto a tierra
haciéndoles salva real,
últimamente les hicieron los
indios señas con las manos para
que se volviesen a sus navíos y
se fuesen, como lo hicieron.
Diego de Rosales (1678)
estructura un diagnóstico
completo de la realidad de los
habitantes de la Mocha. La isla
estaba poblada por menos de un
millar de mapuches,
organizándose dos grupos o
secciones, compuestos por una
serie de familias extensas semi-autónomas.
Sus estrategias de subsistencia
están centralizadas en la
agricultura, crianza de
animales, recolección y pesca de
especies marinas. Parte de la
vida cotidiana transcurre en un
constante conflicto entre ambos
bandos y las disputas
territoriales "entre los del
norte y los de sur" aparecen
como la causa más importante de
sus "trabadas guerras".
Complementariamente establecían
relaciones de trueque con
visitantes europeos y mapuches
continentales. Así obtenían,
otros productos muy preciados,
hachas de hierro, cuñas, añil,
cuentas de vidrio, cascabeles y
peines. No eran marinos por
tradición, pero conocían las
técnicas apropiadas para la
construcción de frágiles
embarcaciones hechas en fibras
vegetales como la "puya" o "magüey",
que surcaban el mar en sus
necesarios viajes al continente.
Es de gran interés transcribir
en forma integra el relato que
hace Rosales de la Isla Mocha y
de sus habitantes:
El terreno es muy fertil, y
alegre. Repartesse en hermosas
llanuras, y vegas que van
repechando hasta encumbrarse en
la empinada sierra, la cual
atraviesa a lo largo de toda la
isla, yarroja dulzes y claros
arroyuelos, que riegan los
valles:dan de beber a los
moradores, y producen grandes y
crecidas arboledas. Los isleños
en los tiempos anteriores
llenaban gran número de
familias, y apenas llegan aora a
docientos indios de lanza; es
mucho de reparar este consumo de
gente pues en esta isla cessan
todas las causas de menoscabo,
que en otras Provincias de
tierra firme lamentan. Porque
estos jamas han tenido guerra
con los Españoles, ni les an
seruido, ni ocupandose en tarea
alguna de trabajo , e industria
personal ,que siempre han estado
en su isla sin españoles. Pero
no se puede negar, sino que sus
vicios han causado el mayor
estrago; porque todo el tiempo,
que les sobra de la pesca de
anzuelo, y agricultura, lo
emplean en comer y beber, y con
el calor de la Chicha, se
encienden sangrientas
discordias, e inextinguibles
odios que con el largo
derramamiento de sangre crecen
cada dia mas.
Embegezense los rencores, y
heredan con nueuos motiuos, para
vengar las pasiones, que las
executan con el yerro, o con el
veneno cruelissimamente, y
tienen sus bandos, que los de
una parte del zerro con los de
la otra, tienen sus guerrillas
trabadas. Y también se exercitan
en el arte magica, y en las
hechizerias, comunicando con el
demonio, y transformandose
aparentemente en raposas,
perros, leones, lobos marinos, y
otros animales de horrible
ferocidad. Corresponde el
maligno espíritu mostrandoseles
en otras figuras semexantes.
Algunas vezes se viste de la
figura humana, y tomandoles
cuenta de su proceder les
castiga con tal seueridad, que
mueren miserablemente. El mayor
delito, de que les haze cargo,
es el trato con Christianos, que
por alli suelen passar en sus
nauios, y les reprehende porque
conseruan las cruzes, que los
christianos, que por alli han
pasado, les han puesto, y que
reciban de ellos rosarios, ni
medallas, que ninguna de estas
cosas, quiere el enemigo, que
tengan. Y por no auer entrado
hasta aora Religiosos, ni
predicadores en aquella isla, se
estan en su indidelidad, y
sugecion al demonio. Y quando
los Padres, que ha ido a chiloe,
y a otras partes, han pasado por
alli, y les han predicado los
misterios de nuestra Santa Fee;
los an oido con gusto, y con
muestras de desear tener
religiosos, que los prediquen, y
saquen de sus errores. Y fuera
alli de gran seruicio de Nuestro
Señor una mission; pero hasta
aora no se ha llegado su tiempo.
Pero voluiendo a la fertilidad
de la tierra, es grandissima: y
cogen copiosamente maiz, i
legumbres; y trigo y zebada con
moderacion; porque siembran poco
de eso, que lo que mas estiman
es el maiz, para chicha. Que si
pusieran cuidado en sembrar
trigo, fueran prodigiosas las
cosechas. Crian cantidad de
gallinas, ouejas castellanas, y
chilenas, que crezen, y engordan
a marauilla, y tienen trato de
ellas con los Indios de Tirua y
tierra firme. Solian tener
bacas, y por ser la isla corta,
y en semejantes estrechuras,
perjudiciales a las cementerios,
las mataron. tienen pocos
caballos, y solo ser siguen de
reconocer la isla, y para alguna
regocijo. No ay puerto, ni
surtidero, evento de la braveza
del Acallan. Y aunque algunas
vezes los nauios, que van a
Chiloe, y otras partes dan fondo
en el mar, es con buen tiempo y
muy de paseo. Siempre hallan en
los indios cumplidssimo agasajo,
y regalo de Aues, carneros,
papas, y maiz. Y se contentan
con un pequeño retorno de
cascabeles, peines, cuchillos,
añil, cuentas de vidrio y cosas
deste porte. Comercian con los
de tirua, y Paicabi por carneros
y obejas de la tierra, y lumas
para cabar, las cosas que los
indios de tierra firme adquieren
de los Españoles, como hachas de
yerro, cuñas, añil, cuentas de
vidrio, y cosas assi.
Finalmente los españoles no
permitirán la presencia de una
comunidad que trate
amistosamente a sus enemigos
ingleses y holandeses y entre
1685 y 1687 procederá al
despoblamiento de la isla. El
fin de la historia es, por lo
repetido, ya conocido. Fueron
expulsados de sus tierras,
forzosamente traslados lejos a
orillas de un gran río,
evangelizados por los padres
negros, aniquilidados por la
codicia e ignorancia europea y
borrados del mapa como tantos,
antes y después, literal y
metafóricamente (Quiroz 1991a,
Vergara 1991).
Jerónimo de Quiroga cumple con
sus órdenes durante el mes de
marzo de 1685:
despoblé la isla de la Mocha
porque el pirata inglés no
sacase de allí bastimentos y
llevase la gente para poblar
alguna factoría y fortificasse;
fueron 800 almas y fue Dios
servido que no se ahogase
ninguno, habiendo atravezado
doce leguas de golfo tormentoso
en unas balsas de totora
Entre los papeles relativos al
despoblamiento se encuentra un
documento con la lista de las
personas que fueron trasladadas
al continente. De este documento
se desprende que fueron
conducidas a la misión de San
José de la Mocha 122 unidades
familiares con 586 individuos
(4.8 personas por cada unidad)
distribuidas en dos grandes
grupos o "reducciones" (Quiroz
1991b:18), una encabezada por el
"cacique" Quetelabquen (53
unidades con 238 personas, 4.5
promedio) y la otra por el
"cacique" Agüigüenu (69 unidades
con 348 individuos, 5.0
promedio); que considerando un
universo de 112 matrimonios, un
27% corresponde a matrimonios
poligínicos, con 2, 3 ó 4
esposas (op.cit.: 19) y que las
unidades familiares no sólo
están compuestas por los esposos
y sus hijos sino tambén por
otros parientes, tales como
madres, hermanas, nueras,
sobrinos/sobrinas y
nietos/nietas (op.cit.: 20).
El documento entrega además una
información muy interesante
respecto de los nombres de 586
mapuche, hombres y mujeres,
adultos y niños, de su
composición y trasmisión. Si
consideramos la totalidad de los
jefes de familia, los radicales
(término final del nombre) con
mayor presencia son "cheuque"
(ñandú) con un 11.6%, "pangui"
(puma) con un 7.4% y "ñamcu"
(aguilucho) con un 6.6%. Si
analizamos los datos respecto
del traspaso del nombre de
intergeneracionalmente tenemos
que este radical se trasmite
hacia algunos de los hijos. Por
ejemplo en el caso de los
descendientes del cacique
Quetalabquen, dos de sus hijos
)el mayor y el menor),
Guenulabquen y Pichilabquen, y
su nieto Talcalabquen, hijo de
Guenulabquen, llevan el radicanl.
Los otros dos hijos, Callburen y
Perquimcheuque, no lo llevan. En
el caso de los descendientes del
cacique Agüigüenu lo lleva y el
mayor, Penchulebi no lo hace
(Quiroz 1993).
Todo lo obrado por José de Garro
fue confirmado por el Rey de
España en su Real Cédula del 15
de octubre de 1969 (Jara 1982,
T.I 373-374).
El REY. Don Tomás de Poveda,
Caballero del Orden de Santiago
de mi consejo de Guerra,
Gobernador y Capitán General de
las provincias de Chile y
Presidente de mi Audiencia de
ellas. Don José de Garro,
vuestro antecesor en esos
cargos, me dio cuenta en carta
de quince de abril del año
pasado de mil seiscientos y
ochenta y seis, que hallándose
en la actual transportación de
los indios naturales de la Isla
de la Mocha a las riberas del
río Bío-Bío, me informó los
motivos que habían concurrido
para ejecutarla, y diligencias
hechas en orden a su
justificación, y porque constase
de ellas con toda formalidad, me
remitía los autos originales que
para ello se hicieron, pasando a
expresar se había conseguido
dicha transportación gloriosa y
felizmente, sin costo de mi
Hacienda, grande brevedad y sin
resistencia de los indios de la
Isla, ni de los de Tierra Firme,
por habérseles ganado la
voluntad con agasajos y
persuasiones, representándoles
al mismo tiempo sus propias
conveniencias. Y que teniendo
todas las cosas bien dispuestas
y prevenidas para ocurrir con
prontitud a cualquier
movimiento, en una piragua, el
barco de la Concepción, y
algunas balsas que se fabricaron
para el intento, fueron sacados
dichos indios y traídos a la
Tierra Firme con felicísimo
suceso, sin que alguno hubiese
peligrado, y conducidos por
tierra dos leguas de la ciudad
de Concepción, de aquella banda
de Bío-Bío, río muy caudaloso y
lugar ameno y fértil donde
tienen copiosos y abundantes
frutos cuando llegaron hallaron
formada su población, con una
iglesia, casas de madera y paja
(que son las que acostumbran) y
prevención de cantidad de ovejas
para su sustento, con más
comodidad de la que tenían en la
dicha Isla, de que quedaron
sumamente gustosos, porque
además de haberse mejorado,
salieron de la desconfianza en
que se hallaban con algunas
experiencias de tiempos pasados,
pensando no se les guardarían
las condiciones ofrecidas y que
venían sujetos a servidumbre. Y
habiéndose formado el pueblo de
los dichos indios, y dándole por
nombre San José de la Mocha, en
honra y veneración de este
glorioso Patriarca, a quien
eligió por tutelar, se bendijo
la Iglesia y se celebró en ella
el Santo sacrificio de la Misa,
y pasándose a numerar las
personas reducidas a esta nueva
población, se hallaron más de
setecientas, y con las que
después se habían recogido entre
hombres, mujeres y niños,
concluyendo dicho don José de
Garro, con que mediante esta
disposición entraron dos
religiosos misioneros de la
Compañía de Jesús, sujetos muy
provectos, señalados en virtud y
celo del servicio de Dios, y
peritos en el idioma de los
indios a predicarles y
enseñarles la Doctrina
Cristiana, que luego la
recibieron y pidieron el Santo
Sacramento del Bautismo, y
quedarían reducidos al gremio de
nuestra Santa Iglesia Católica
Romana, y con muy seguras
esperanzas de que se había de
lograr en esta reducción más
copioso fruto que en otra alguna
de las de ese Reino, porque para
su conservación y político
gobierno, hizo las ordenanzas
que vienen con los autos
citados, las cuales comunicó con
esa Audiencia, y pareciendo
estar bien ajustadas las mando
publicar y ejcutar, en el
ínterin que yo las confirmaba, o
mandaba otra cosa. Y, habiéndose
visto en mi Consejo de las
Indias, con los autos citados y
ordenanzas insertas en ellos, y
lo que sobre todo dijo y pidió
mi Fiscal en el dicho Consejo,
he tenido por bien aprobar y
confirmar (como por la presente
confirmo y apruebo por ahora) en
todo y por todo las Ordenanzas
que hizo el dicho don José de
Garro para los indios que
transportó de la Isla de la
Mocha a las riberas del río Bío-Bío,
se mantengan en su nueva
población en vida política y
cristiana respecto de ser tan
atentamente dispuestas y
consultadas y en nada
contrapuestas a las ordenanzas y
cédulas. Y os encargo y mando
las observeís y ejecuteís y
hagaís observar y ejecutar, sin
variar en cosa alguna de ellas,
sin orden mía, sino es en caso
muy preciso, y entonces me
daréis cuenta de ello y de los
motivos y causas que hubieren
concurrido para alterarlas, y
que vean en el dicho mi Consejo
de Madrid a quince de Octubre de
1696. Yo el Rey.
Jerónimo de Quiroga, capitán y
soldado, encargado de despoblar
la Isla Mocha resume la
información sobre la isla y sus
habitantes:
Los de la Mocha hasta estos años
fueron incógnitos, porque ni nos
vieron, ni los veíamos pero ya
se transportaron todos a la
tierra firme en el presente
Gobierno de don José de Garro,
con grande acierto y feliz
fortuna, pues pasaron en
canastos de totora un golfo de
12 leguas todas las familias,
sin pérdida ninguna; y están
cristianos todos, los leguas de
la Concepción, con beneficio
común de esta república.
El año de mil seiscientos entró
con cinco navíos por el Estrecho
de Magallanes el pirata inglés,
y entre otras cosas traía muchos
anteojos de larga vista y libros
heréticos, para introducir los
dogmas de sus errores entre los
indios, creyendo que eran
hombres capaces de entenderlos.
Dicen unos que arribaron a la
isla de Santa María, y otro que
a la tierra de Lavapié, pero lo
común y más recibido entre los
indios es que saltaron en la
isla de la Mocha.
En fin, ellos saltaron en una de
estas partes, y hacciendo a los
indios un banquete en tierra,
mataron a todos a palos, sin que
se librase ninguno de los que
estaban en tierra; y de esto
blasonan los indios de la Mocha,
solamente representándonos este
particular servicio, que en mi
sentir fue particular delito
digno de castigo, porque no los
degollaron por el amor que a los
españoles tenían, sino el odio
de la nación española, no
distinguiendo si eran
castellanos o inlgeses, y como
los vieron blancos y barbados
los tuvieron por enemigos suyos
así como nosotros lo éramos.
Compruébase esto con que a la
isla de La Mocha se pasaron
algunos indios al principio de
la conquista, huyendo de los
españoles y allí hicieron
asiento, sosegados, y como todas
esas tierras toman el nombre de
las calidades o propiedades de
sus dueños, o de algunas cosas
notables inmediatas, se llamó
Mocha esta isla aunque es alta,
porque a los indios que habitan
en ella los llaman amochinches,
que quiere decir cimarrones,
andadores o fugitivos. El motivo
que tuvieron para matar a estos
piratas fue haberles dado
algunos anteojos a los indios,
que mirando por ellos les traían
las cosas que estaban lejos muy
cerca de la vista, ymirando se
les acercaba el ganado, lo cual
les pareció bien, pero volviendo
a mirar al mar y a los bajeles
enemigos, todo se le acercaba, y
considerando que aquellos
instrumentos podrían traerles a
los españoles, de quienes habían
huido a aquella isla, más cerca
sólo con mirarlos con aquel
anteojo, determinaron quitarles
a todos las vidas, como en
efecto lo hicieron.
Despoblé la isla de la Mocha
porque el pirata inglés no
sacase de allí bastimentos y
llevase la gente para poblar
alguna factoría y fortificase.
Fueron 800 almas y fue Dios
servido que no se ahogase
ninguno, habiendo atravezado 12
leguas de golfo tormentoso en
unas balsas de totora, y las
reduje a esta parte de Bío-Bío,
2 leguas de la Concepción, donde
hoy están con su Iglesia y
misioneros. (Quiroga 1979
[1692]: 459-460).
Jerónimo de Quiroga procedió al
despoblamiento de la Isla Mocha
como si esta fuera una campaña
militar de real trascendencia
para la estabilidad de los
gobernantes. Es así como en el
año 1685, luego de arrasar los
cultivos, quemar las viviendas y
dejar malheridos a decenas de
mochanos finalmente los redujo.
Luego los embarcó masivamente en
buques y frágiles balsas con
destino a la Concepción donde se
los estableció entre los ríos
Andalién y Bío Bío, bautizando
el lugar como San José de la
Mocha, nombre recordado aún
ahora por los penquistas.
Los indios de la Isla Mocha
fueron instalados en la Misión
de San José de la Mocha, a
orillas del río Bío Bío. A pesar
de su forzoso traslado al
continente, los habitantes de la
Mocha conservarán durante algún
tiempo sus costumbres. Según los
papeles, se tomaron todas las
medidas para evitar los excesos
cometidos en otros lugares. El
tiempo se encargaría de
desmentir las palabras escritas
con tinta para escribir otra con
sangre, con la sangre de los
indios de La Mocha (Quiroz
1993).
Sin embargo, una última y
postrer resistencia. Un
asombrado inspector del ejército
español, Francisco Ibáñez de
Peralta, escribe en 1701:
[...] en el pueblo de San José
de la Mocha, donde tienen una
famosa iglesia y casa donde
asisten continuamente los
misioneros doctrinado aquestos
indios dos veces al dia, no
quieren enterrarse en sagrado
sino a la puerta de su rancho, a
la vista de sus mugeres, con
papas y chicha
Este patrón de enterramiento
puede ser corroborado por la
arqueología, como lo hemos
detectado en los sitios P21-1 y
P5-1, en la Isla Mocha.
Gentileza: [
volar@fibertel.com.ar
]
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