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Las Encinas 01020.- 01/11/05
 
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Las Encinas 01020
Por Por
Pedro Cayuqueo
Periódico Azkintuwe
Doña Carmen vive hace años en la
Avenida Las Encinas, un
tranquilo sector del barrio
universitario de Temuco.
"Tranquilo hasta que llegaron
estos jóvenes", me aclara
subiendo el tono de sus
palabras. Desde hace más de
quince años que doña Carmen vive
en el sector y dice estar
cabreada. Es vecina del hogar
universitario y reconoce estar
"hasta la coronilla". "Entiendo
que reclamen, pero no son las
formas, tanta violencia, fíjese
usted", me dice, recordando
aquellas largas jornadas de
protesta y los violentos
enfrentamientos con la policía
que le ha tocado presenciar en
los últimos años. Y a metros de
su puerta. "Asi no se puede
vivir, no se puede", me dice,
enojada. "En algunas ocasiones
la cuadra parece un infierno, de
piedras, lacrimógenas, bombas,
fuego... ni a la calle se puede
salir, no queda otra que
refugiarse aquí dentro", señala.
Doña Carmen se ve una buena
persona. Dice no tener nada
personal contra los mapuche. De
hecho, uno de sus yernos es
"indígena", me confiesa.
Trabajador y cumplidor, como son
la gente criada en el campo,
agrega. Aun así, no entiende la
actitud de los estudiantes.
"Ellos son universitarios,
jóvenes preparados. Imagine, yo
soy dueña de casa, no tengo
estudios, pero se como debo
comportarme. No son maneras el
estar quemando neumáticos,
peleando todo el día con
Carabineros", me dice. Y para
demostrar su imparcialidad,
remata. "Aunque esos señores
tampoco lo hacen nada de mal...
si pareciera que disfrutan
golpeando a estos chicos. ¿Cuál
será la gracia digo yo?... les
avivan la cueca, les siguen el
juego... Y es que los
uniformados acá son harto
brutos, que quiere que le diga".
Le comento sobre las demandas de
los estudiantes, de las malas
condiciones del recinto, de la
falta de alimentación que los
afecta, los techos que se caen a
pedazos. "Oiga.. pero tienen
becas, si les dan de todo hoy en
día por ser indígenas". Mapuche,
son mapuche, le aclaro. "Como
sea... indígenas, mapuche...
mire usted, yo tengo mis nietos,
ya están en la universidad dos
de ellos, aquí en la misma UFRO
y los dos deben pagar... no
tienen becas, hogares, nada y lo
más bien que estudian. Son
buenos jóvenes. Estudian sin
desorden y calladitos. Yo creo
que estos cabros se
acostumbraron a que les dieran
todo... esa es la verdad de las
cosas". Intento contraargumentar.
La pobreza en las comu-nidades.
La desigualdad existente en el
acceso a la educación superior.
Inútil tarea. De la deuda
histórica mejor ni hablar.
En calle Los Gladiolos vive don
José. En estricto rigor no es
vecino del hogar, sino de las
antiguas dependencias de la
Subdirección Sur de la
Corporación Nacional de
Desarrollo Indígena (CONADI),
contiguas al recinto
estudiantil. Sin embargo, de
barricadas, lacrimógenas,
enfrentamientos y desalojos sabe
como pocos. Y es que las ex
oficinas de CONADI fueron
durante años el blanco pedilecto
de los estudiantes a la hora de
presionar al gobierno. Y Los
Gladiolos, la calle predilecta
de la policía a la hora de
desalojarnos. "Soy un testigo
privilegiado", me dice, sin
disimular su cuota de orgullo. Y
es que don José, un ex profesor
exhonerado en dictadura por su
activa militancia socialista,
disfruta como pocos con las
correrías de los jóvenes
mapuche. E incluso, desde uno de
los balcones de su casa, de vez
en cuando hasta los alienta.
"Me recuerdan mis tiempos de
juventud, cuando soñabamos con
cambiar el mundo y no
aguantábamos que nos pasaran a
llevar asi como asi", me
confiesa. "Soñábamos en grande",
comenta con nostalgia. Le
pregunto su opinión sobre el
hogar. "Yo creo que los cabros
están en todo su derecho de
reclamar. Mire usted cómo está
la educación en este país, todo
se compra y se vende... eso es
una verguenza, una verguenza del
porte de un buque, joven. Y lo
peor es que son los socialistas
quien están destruyendo nuestro
país, este mismo señor Ricardo
Lagos, que se cree el papá de
todos y nos gritonea cuando
quiere, es el principal
responsable. El vendió Chile, lo
vendió".
-"Sobre el hogar... ¿don
José?"-, le insisto. "Si, en eso
estaba, para allá iba, déjeme
continuar... Me parece bien pues
oiga, bien que peleen y que le
enseñen a los otros cabros cómo
se llevan puestos los
pantalones. Si no se trata de
pedir favores al estado o pedir
limosnas. Son derechos básicos,
mi estimado. DE-RE-CHOS!", me
dice, enfatizando aquella
palabra como solo podría hacerlo
un ex profesor de estado. Don
José reconoce no saber cuáles
son en concreto las demandas de
los estudiantes, pero aun así
los apoya decidido. "Entiendo
que hace años los quieren sacar
de allí, echarlos para la calle,
una injusticia sin nombre". Y
agrega. "Imagine usted que el
compañero Allende creó ese hogar
para los jóvenes campesinos
mapuche. Un centro modelo, en
esos años, una gran inversión y
ante todo un gran gesto, fíjese
usted".
-"¿Un gesto?"-, pregunto
intrigado. "Claro pueh, un gesto
y muy valioso. Si esta tierra
antes era un tremendo fundo, el
fundo Trianon que le llamaban,
de puros ricos... Allende
expropió esta tierra para que
volviera a manos mapuche, por
eso creó ese recinto, para que
los jóvenes campesinos se
capacitaran y tuvieran una mejor
vida", me cuenta. La memoria de
don José es prodigiosa en datos.
El lo sabe y continúa. "Yo
recuerdo cuando se inauguró ese
centro, vino Allende, fue el año
1972, si mal no recuerdo, un
suceso, habían muchos mapuche
que viajaron desde el campo, en
micros, cuando todo esto eran
puros caminos de tierra... fue
algo muy bonito, mi estimado...
lástima que después llegó este
delincuente habitual de Pinochet.
Lo primero que se le ocurrió fue
pasarle el centro a su señora,
que lo llenó de viejas pitucas
que lo usaban para juntarse a
copuchar y tejer. Mire la
tontera pa' grande. Ladrón y
mandoneado por la mujer, quién
lo diría", remata.
*
NOVENTA Y CUATRO SON LOS jóvenes
que duermen bajo los techos del
hogar mapuche. Correción: bajo
los techos que aún quedan en
dicho recinto, los cuales han
debido soportar hasta la fecha
más de 35 crudos inviernos y en
los últimos años, pelotones
enteros de efectivos policiales
corriendo y persiguiendo
estudiantes como si se tratara
de la vía pública. Si los techos
del hogar estudiantil hablaran,
faltarían horas de cinta para
guardar las entrevistas. Nos
contarían innumerables historias
de resistencia y, también, por
cierto, de derrotas. Historias
de lucha, en definitiva, porque
bien saben los estudiantes que
en toda lucha a veces se gana y
otras veces se pierde, pero lo
principal -como de seguro piensa
don José- es nunca dejar de
hacerlo.
Si los maltratados techos de
"Las Encinas", como se conoce
generalmente a este hogar
estudiantil, hablaran, contarían
por ejemplo, la historia de
Cristobal Cayupán, quien tras el
último allanamiento policial
realizado el pasado 8 de
septiembre, resultaría
brutalmente golpeado por
efectivos del Grupo de
Operaciones Especiales de
Carabineros (GOPE), justo sobre
los dormitorios del Pabellón Nº1.
Jorge, alumno de primer año de
Ingenieria Forestal de la
Universidad de La Frontera,
había participado ratos antes de
la ocupación de las oficinas del
Instituto de Desarrollo
Agropecuario (INDAP), aledañas
al recinto. Al producirse el
desalojo, Cristobal huyó hacia
el hogar, refugiándose en el
techo. Sin embargo, no tuvo la
menor chance. Menos cuando
decenas de policías armados
hasta los dientes treparon los
muros del viejo recinto tras sus
pasos, propinándole de paso una
brutal golpiza.
"Yo estaba en el techo cuando me
agarraron. Eran tres pacos, dos
me agarraron de los brazos y el
otro comenzó a golpearme en el
rostro, golpes de puño. Me
golpearon hasta que me dejaron
casi inconsciente. Así me
bajaron del techo y me llevaron
hasta la micro, donde nos
seguían insultando, de manera
racista para bajarnos la moral a
todos. A algunos de mis
compañeros les seguían pegando
en la micro. Yo me quede sentado
allí, no podía moverme del dolor
y veía todo nublado". Cristobal
recuerda los hechos con rabia e
impotencia. No es para menos. En
aquella jornada, más de 100
efectivos policiales irrumpieron
en el hogar con la orden de
detener a la mayor cantidad
posible de estudiantes, en
respuesta a la ocupación del
INDAP. Los jóvenes buscaban
llamar la atención de las
autoridades respecto de las
malas condiciones de su
albergue. Como respuesta, 58 de
ellos resultaron golpeados y
detenidos (entre ellos, 23
mujeres), la mayoría dentro de
los pabellones del propio hogar.
Este fue el caso de Jorge
Painemilla Nahuelcoy, alumno de
cuarto año de Ingenieria en
Ejecución Agrícola de la UFRO,
quien fue sacado a patadas desde
su pieza por efectivos del GOPE.
"Eran tres pacos, quienes
volaron a patadas la puerta de
mi pieza y entraron para
detenerme. Entre todos me
golpearon. Después llegaron
otros que también se sumaron a
patearme y pegarme con palos en
el cuerpo. A mi me dejaron más
mal que a los otros peñi, con
lesiones en las manos, las
costillas, incluso una patada en
los testículos que me hizo
perder el conocimiento...
Desperté en la micro, gritando
de dolor y con los pacos
burlándose. Más tarde, ya
detenidos en la Comisaria, nos
llevaron a constatar lesiones al
Hospital Regional", relata
Jorge. La orden de allanamiento
había sido ordenada por el
Gobernador de la Provincia de
Cautín, Isaac Vergara.
"Nosotros solo buscábamos llamar
la atención del gobierno,
queríamos que la ministra de
Mideplan, Yasna Provoste,
aceptara dialogar y atender
nuestras demandas. Nos acusaron
de ser violentos, de causar
destrozos, dijeron incluso que
teníamos bombas en el hogar ese
día. Mentiras, puras mentiras
para confundir a la gente y
restarnos su apoyo", me dice
Jorge. Al final del día, el
único diálogo logrado por los
estudiantes fue el que
sostuvieron con Cristian
Crisosto, fiscal del Ministerio
Público de La Araucanía.
"Creemos que como mapuche
requerimos una residencia digna,
acogedora, que brinde los
servicios básicos, que esté
reconocido institucionalmente
con el objetivo de que nuestros
hijos, hermanos y descendencia
nos aboquemos solamente a
estudiar y reconstruir nuestra
identidad cultural", le
señalaron los estudiantes.
Crisosto se limitó a leerle a
cada uno sus derechos. Estaban
todos detenidos.
Jorge recuerda entre risas lo
sucedido, pero en aquella
jornada los asesinos balines
disparados por la policía
causaron estragos en varios de
sus compañeros. Y como
señalamos, 58 de ellos debieron
pasar la noche apiñados en una
fría celda de la Segunda
Comisaría de Temuco. Días más
tarde, 26 de ellos -incluidos
Cristobal y Jorge- serían
formalizados por el Tribunal de
Garantía de Temuco, bajo el
cargo de "ocupación ilegal de
oficina pública". Y si bien
todos quedaron finalmente en
libertad, se decretaron contra
ellos medidas cautelares
consistentes en arraigo
nacional, firma mensual y
prohibición de acercarse a las
oficinas del INDAP. No serían
los últimos procesados. Cinco
días más tarde, otros seis
universitarios serían detenidos
y puestos a disposición de los
tribunales. Lucía Huenuqueo,
Mónica Reuca, Cristián
Hormazábal, Roberto Antivil,
Tamara Reinao y Cecilia Cona,
todos miembros del hogar, se
habían encadenado en la reja de
acceso a la subdirección sur de
la CONADI, en pleno centro de la
ciudad. Exigian una vez más ser
escuchados por el gobierno y
teminaron -al igual que sus
compañeros- confinados en un
calabozo y posteriormente
procesados por la justicia.
*
REBOBINEMOS. LA HISTORIA de Las
Encinas es conocida. Un antiguo
recinto de capacitación
campesina, ocupado "ilegalmente"
y transformado luego en
residencia estudiantil por
jóvenes mapuche de Temuco. Todo
ello, en el lluvioso mes de
abril de 1997. Una fecha para
ellos fundacional e histórica. A
partir de entonces, continuas
amenazas de desalojo,
enfrentamientos con Carabineros
y conflictos varios con las
autoridades de la CONADI. A la
par, fortalecimiento de la
organización estudiantil, más de
trescientos universitarios
beneficiados con albergue y
varias generaciones de
profesionales egresados en ocho
años de historia. Una historia
de dulce y agraz, que este
segundo semestre volvió al
primer plano debido a las malas
condiciones de habitabilidad de
un recinto que se desploma cada
día a pedazos.
Construidas a comienzos de los
años 70 por el gobierno de la
Unidad Popular como un Centro de
Capacitación Indígena y
Campesino, las instalaciones del
hogar ya no resisten al casi
centenar de estudiantes que lo
habitan. Hombres y mujeres, en
similar proporción, que allí
duermen, comen, estudian y
sueñan con un futuro mejor,
tanto para ellos, como para sus
comunidades de origen, la
mayoría sumidas en la pobreza y
la marginación social.
Comunidades top en las cifras
rojas de la encuesta CASEN. En
Las Encinas, los estudiantes
luchan no tan solo por ellos,
como presupone doña Carmen, sino
también por un mañana mejor para
todos. Diez meses al año. Día y
noche. Una carga demasiado alta
para un viejo edificio fiscal
que, en casi 35 años, solo ha
sido remodelado en tres míseras
ocasiones.
Según consta en registros de los
propios estu-diantes, su primera
remodelación se habría realizado
tras el golpe de Estado, al ser
traspasado por la Junta Militar
a manos de Cema Chile, organismo
creado por el dictador para la
entretención de su señora, según
la particular opinión de don
José. La segunda se produciría a
comienzos de los 90', esta vez
por parte del INDAP, que
adquirió el recinto una vez
retornada la democracia y que
reacondicionó las instalaciones
para dictar allí -especialmente
en época de verano- cursos de
capacitación para pequeños
agricultores y ganaderos de la
región. Asi funcionó por varios
años, permaneciendo la mayor
parte del tiempo deshabitado y
en total abandono.
Abandonado. Así encontraron
precisamente el recinto los
estudiantes el año 1997, cuando
el por entonces diputado
Francisco Huenchumilla, actual
alcalde de Temuco, les comentó
al pasar en una reunión de su
existencia y de su historia.
Hasta ese año, los estudiantes
universitarios no sobrepasaban
el centenar y al alero de la
Iglesia Católica o de esfuerzos
personales, mantenían a duras
penas uno o dos albergues en la
capital regional. No más. En su
mayoría, se trataba de casas que
arrendaban y que de a poco se
iban llenando de jóvenes que
llegaban dateados solicitando
albergue y comida. Uno de estos
recintos era el ubicado en calle
Claro Solar, esquina Aldunate.
Pleno centro. Específicamente,
en las ex oficinas de la
desaparecida Comi-sión Especial
de Pueblos Indígenas (CEPI),
antecesora de la actual CONADI.
El hogar "Claro Solar", como aun
se lo recuerda y que cobijaba a
una treintena de jóvenes, fue la
base de operaciones de los
estudiantes. La central desde
donde se planificó la
"recuperación" de Las Encinas.
Allí, hacinados, sin
alimentación adecuada y
compartiendo el reducido espacio
con un bullicioso pelotón de
ratas con inquietudes
interculturales, estos jóvenes
comenzaron de a poco a fraguar
la histórica movilización. Unos
100 estudiantes podrían vivir en
Las Encinas sin problemas,
calculaban los dirigentes. Y
decidieron organizarse en pos de
ese objetivo. La madrugada del 3
de abril fue la fecha elegida.
Era una fría noche de invierno,
sin embargo, eso no detuvo la
determinación de los cuarenta y
tantos que se atrevieron con el
paso inicial. Se trasladaron con
camas y todo, decididos a no dar
marcha atrás. No se trataría de
una toma simbólica, se repetían.
Tampoco de una ocupación. Se
trataría de una "recuperación".
Con la convicción de hacer lo
correcto, los jóvenes treparon
aquella fria madrugada sus muros
e ingresaron al recinto. Nadie
los recibió. En cambio, muchos
los acompañaron, principalmente
jóvenes de otras agrupaciones
mapuche, como Weche Kimun de la
Universidad Católica y We Kintun
de la Universidad de La Frontera
(UFRO), más una tropa de
entusiastas, bulliciosos y
bohemios colaboradores chilenos.
Alrededor de 80 estudiantes
mantuvieron durante varias
semanas la ocupación, durmiendo
en el suelo, sin alimentación,
sin luz, ni agua, ni baños, pero
con muchas ideas y energías para
transformar las viejas
instalaciones en su nueva y
flamante residencia académica.
Varias veces estuvieron a punto
de desalojarlos. Oscar Eltit, a
la fecha Intendente Regional, se
querelló y amenazó incluso con
penas de cárcel a los
dirigentes. No hubo caso. Habían
llegado para quedarse. Y se
quedaron.
*
MENCIONABA QUE EN 35 años, el
viejo edificio de Las Encinas
solo ha sido remodelado en tres
ocasiones. La tercera y última,
ocurrió precisamente el año
1997, tras la "recuperación"
protagonizada por el batallón
del "Claro Solar". Fue uno de
los puntos de la negociación del
conflicto. 90 millones le costó
al gobierno en aquel entonces
transformar el abandonado
edificio en un albergue
estudiantil, con pabellones,
literas, baños, comedor y
lavanderías para 80 jóvenes
becados. También, un par de
salas de clases, habilitadas a
petición de los estudiantes para
implementar allí un
preuniversitario. Los
estudiantes soñaban con poder
apoyar a otros jóvenes en su
difícil camino a la educación
superior. Chicos de enseñanza
media provenientes del campo,
principalmente. Sin embargo, a
poco andar debieron olvidarse de
todo ello. Las autoridades no
veían con buenos ojos un hogar
manejado por los propios
estudiantes. Intentaron imponer
normas. Los jóvenes las
rechazaron y estallaron los
primeros conflictos.
Han transcurrido de aquel
entonces 8 años. En este tiempo,
los han amenazado con
expulsarlos del recinto, en
promedio, unas dos veces por
año. El 2002 estuvieron a punto.
Tras la inauguración de un
moderno hogar estudiantil en la
comuna de Padre Las Casas, el
gobierno regional se obsesionó
con el cierre de Las Encinas,
recinto que el propio Intendente
Ricardo Celis gustaba
identificar como una "cuna" de
delincuentes. O terroristas. O
subversivos. O todo ello a la
vez, dependiendo de su estado de
ánimo. Lo cierto es que tras
semanas de movilización
callejera y una emblemática
huelga de hambre en la Catedral
de Temuco, los estudiantes
lograron doblegar la mano del
ejecutivo regional y quedarse en
el recinto. Solo unos 30
emigraron a Padre Las Casas, los
más nuevos. De los antiguos,
casi ninguno quiso trasladarse.
Nostalgia, dirán algunos.
Comodidad, dirán otros.
Compromiso, le llamaron ellos.
Jaime Andrade (PS),
subsecretario de Mideplan, fue
uno de los protagonistas de
aquel proceso de lucha. Las
masivas movilizaciones pillaron
de sorpresa al gobierno central.
También a la CONADI, cuyas
autoridades eran cotidianamente
ninguneadas por los estudiantes.
Ellos exigian sentarse a
conversar con el ejecutivo, con
Mideplan. Cansados de las
burocráticas respuestas de
CONADI y de una Intendencia
Regional dispuesta solo a
reprimir y encarcelar, los
estudiantes optaron por acortar
camino. Hablar con los patrones,
no con los empleados. Asi lo
señalaban, sin tapujos, a diario
ante la prensa local, irritando
a un Ricardo Celis que exigia
"su" lugar en la mesa de
conversaciones. Pocas veces
estuvo. Y cuando asi fue, los
estudiantes poco y nada lo
tomaban en cuenta. Cuentan que
el Intendente nunca les perdonó
el desaire.
El "Chico" Andrade, como fue
bautizado a poco andar el
diminuto subsecretario, logró
calmar los ánimos, garantizando
la estabilidad futura del hogar.
También visitó las instalaciones
y comprometió el apoyo de su
ministerio a un millonario
proyecto de remodelación, quizás
una de las demandas más urgentes
de los estudiantes. Meses
después, Andrade abandonó el
gobierno, el servicio público y
regresó a las desérticas
planicies de Calama.
Específicamente a la poderosa
minera Codelco, la cuna privada
que lo habia visto nacer como
hábil operador de conflictos. En
su reemplazo, un joven y
desconocido arquitecto de nombre
Marcelo Carvallo (DC) arribó a
La Araucanía el 2003. Estallado
el conflicto, prometió a los
estudiantes las mismas cosas que
Andrade y lo hizo con el
respaldo de su amigo Andrés
Palma (DC), por entonces
ministro de Mideplan. Al poco
tiempo, ambos dejarían también
el gobierno.
El año 2003, las autoridades no
lograron cerrar el hogar. Era el
objetivo de Ricardo Celis. Lo
había anunciado incluso
públicamente. Sin embargo, la
intervención del Mideplan desde
Santiago echo por tierra sus
planes. El 2004 vendría su
esperada revancha, cuando
unilateralmente canceló el
proyecto FNDR de remodelación
del recinto conquistado el año
anterior por los estudiantes. El
mismo que contaba con el apoyo
de Mideplan y que el Consejo
Regional de La Araucanía (CORE),
crítico de la gestión de Celis,
había aprobado
satisfactoriamente. 180 millones
de pesos era la cifra original
del proyecto, trabajado en
conjunto por los dirigentes con
el Departamento de Arquitectura
del MOP y discutido hasta en sus
más ínfimos detalles por espacio
de dos años con el Mideplan.
Tras una rápida licitación, el
inicio de las obras estaba
estipulado para el primer
trimestre del año 2004. En ese
momento los estudiantes no lo
sabían, pero el proyecto jamás
se llegaría a ejecutar. Según
Celis, la negativa de los
estudiantes a abandonar las
dependencias mientras se
ejecutaban las obras, habrían
obstaculizado todo el proceso.
Una actitud -según el
intendente- infantil,
intransigente e incomprensible.
Por cierto, toda historia tiene
su lado B. Según señalan los
estudiantes, es falso que no
hayan querido abandonar las
dependencias donde se
ejecutarían las obras. De hecho,
lo hicieron, reacomodando a los
residentes en otro sector del
recinto. El caso es que Celis
quería sacarlos a todos, vaciar
Las Encinas de estudiantes y eso
no fue aceptado, debido
principalmente a la desconfianza
que les generaba a todos ellos
el polémico intendente, que
gustaba acusarlos por la prensa
de tener familias enteras
viviendo en el hogar, de no
respetar los reglamentos de
CONADI e incluso de amparar el
microtráfico de drogas. Las
posiciones se fueron a los
extremos. Al final, los
estudiantes propusieron dejar 15
jóvenes en Las Encinas y el
resto, temporalmente, podría
irse a otros hogares. Celis no
aceptó. Quería que se fueran
todos e implementar becas
individuales de residencia, su
persistente y manifiesto
objetivo. Los trató de
radicalizados, intransigentes y
canceló unilateralmente el
proyecto. Flor de Nuevo Trato.
*
TAL COMO OCURRIÓ EL 2003,
finalmente solo una dramática
huelga de hambre permitió este
año a los estudiantes doblar la
mano del gobierno. Se trató por
cierto de una medida extrema e
impopular. La iniciaron el lunes
30 de septiembre en la sede el
Pacto Juntos Podemos Más. Una
semana más tarde, se trasladaron
con todo hasta la Catedral de
Temuco. Buscaban interpelar
tanto al obispo regional, Manuel
Camilo Vial, como al conjunto de
la comunidad local, en su
mayoría católica, apostólica y
romana, según lo señalan las
estadísticas y el mito popular.
"Lamentablemente hoy nos vemos
en la obligación de trasladarnos
de espacio, y establecernos en
la catedral de Temuco, la cual
ofrece mayores garantías de
seguridad para nuestros hermanos
que están en huelga, porque su
actual estado de salud es
crítico y nosotros velaremos por
preservar el mayor tiempo
posible tanto su integridad
física como psicológica... Hoy
nuestros hermanos cumplen siete
días en huelga de hambre, siete
días en donde su energía y vida
ha disminuido, siete días de
dignidad en una medida extrema
la cual se efectúa para lograr
lo mínimo que como seres humanos
nos merecemos, ante una
xenofóbica negativa de las
autoridades de gobierno con los
mapuche, discriminándonos y
negándonos el derecho de vivir
en condiciones seguras y
humanas", señalarían los
estudiantes a través de un
comunicado.
No exageraban. En los hechos,
dos de sus compañeros
terminarían internados en el
Servicio de Urgencia del
Hospital Regional, debido a un
peligroso agravamiento de su
estado de salud. Transcurría la
madrugada del 5 de octubre y la
conmoción pública provocada por
el deterioro físico de los
huelguistas, transmitido por los
noticieros de televisión,
llevaron al obispo Vial a
desalojarlos de la "casa de
Dios". Los encargados de la
tarea fueron las fuerzas
especiales de Carabineros, que
procedieron con su brutalidad
característica. Sin embargo, no
había vuelta atrás. En la
catedral o en la calle o en un
calabozo policial, la huelga de
hambre continuaría hasta las
últimas consecuencias. El
mensaje era claro y así lo
entendieron finalmente en el
gobierno central. Horas más
tarde y por la televisión, los
estudiantes escucharon a un
humilde Ricardo Celis anunciar
el inicio del diálogo. Después
de un mes de protestas, marchas
y ocupaciones, detenciones,
encarcelamientos y golpizas, el
gobierno por fin había decidido
escucharlos.
"Nosotros nos enteramos por los
medios de comunicación que el
Intendente nos convocaba a
diálogar. En 24 horas nos
preparamos e invitamos a otros
hermanos dirigentes, como el
peñi alcalde Adolfo Millabur,
gente de otras organizaciones,
para que nos asesoraran en
aspectos técnicos. Nosotros
queríamos equilibrar la mesa,
tener más gente a nuestro favor.
Sabíamos que estarían además los
consejeros de la CONADI, pero
era una incógnita si estarían a
nuestro favor o a favor del
gobierno. Finalmente, todos
ellos nos apoyaron de manera
decidida, solo la lamngen Isolde
Reuque apoyó la postura de las
autoridades. El propio
subsecretario Jaime Andrade
venía a Temuco con la misión de
resolver el conflicto. El único
que estaba en contra de nosotros
era el Intendente Ricardo Celis,
quien incluso intentó en un
momento quebrar la mesa de
diálogo, al ver que las cosas no
estaban saliendo como él
esperaba. Sin embargo, Andrade
lo llamó a terreno y finalmente
no le quedó más que firmar el
acuerdo. Lo hizo de mala gana,
pero no le quedaba otra", relata
Luis Penchuleo, dirigente y
vocero del hogar. Penchuleo,
quien cursa primer año de
Periodismo en la UFRO y es
originario de la zona de
Lautaro, destacó como uno de los
líderes de este proceso. Parte
de una nueva generación.
*
RECORREMOS JUNTO A LUIS el viejo
recinto y una cosa si es clara.
El hogar necesita ser remodelado
de urgencia. El Servicio de
Salud, hace unos meses y tras
una inspección en terreno, lo
declaró insalubre e inhabitable.
Es decir, imposibilitado para
albergar personas. Es probable
que la techumbre no aguante un
nuevo y crudo invierno. Si no
vuela por completo, se desploma.
Las apuestas van uno a uno y
subiendo. Entre los estudiantes,
en tanto, se respiran aires de
cambio y de unidad. También de
feroz autocrítica por los
errores cometidos en el pasado,
causa de divisiones y conflictos
internos que comienzan a quedar
atrás. Los estudiantes entienden
que el objetivo es "salvar" el
espacio en que viven. Y es que
no se trata solo de mejoras de
"emergencia" como las realizadas
en otros años, advierten. Ellos
persiguen que el hogar sea
remodelado por completo, lo que
garantizaría su permanenecia en
el tiempo por varios años e
incluso décadas. Tal como estaba
planificado que ocurriera el año
2003. En definitiva, tal como lo
habían soñado aquel puñado de
valientes del año 97.
"Las autoridades de gobierno en
la región, se comprometen a
iniciar el ciclo del Proyecto de
remodelación del Hogar Las
Encinas", antes del término del
mandato de Gobierno del
Presidente Ricardo Lagos, con
miras a ser financiado con
recursos del año presupuestario
2007 alcanzando la recomendación
técnico económica del mismo,
durante el año 2005. Por otra
parte se compromete la búsqueda
de fondos extraordinarios y/o de
emergencia, para llevar adelante
el proyecto", consigna el
acuerdo firmado el pasado 6 de
octubre. Incluso, se les
reconoce a los jóvenes la
necesidad de contar con una
Política de Hogares
Estudiantiles, a fin de
garantizarles "el normal
desarrollo de sus actividades
académicas y preservar sus
prácticas culturales", dejando a
un lado -al menos en el texto
del acuerdo- el persistente
objetivo gubernamental de
implementar un sistema de "becas
de residencia individuales".
Habrá que ver cuánto de ello se
cumple finalmente.
Los estudiantes señalan que se
mantendrán en alerta.
Vigilantes. Unidos. "Muchos me
han dicho que está ha sido la
movilización más larga desde que
se creo el hogar el año 97'.
Puede ser. Lo que yo destacaría
es la mística, el espíritu de
unidad que se logró. La
capacidad de reencontrarnos como
grupo, de dejar atrás las
divisiones, los bandos que se
habían creado y trabajar en pos
del objetivo final que era
defender este espacio. El
compromiso de la gente nueva del
hogar fue vital. Cerca del 40%
llegaron este año, chicos de 18
y 19 años, que en su mayoría
estuvieron siempre presentes,
dispuestos a luchar y sufrir
costos personales como ser
detenidos y procesados. Incluso,
hubo un grupo al que bautizamos
como los "kamikazes", porque
siempre estuvieron dispuestos a
todo... si había que
encadenarse, allí estaban. Si
había que ocupar una oficina,
saltaban antes que todos. Eso
nos tiene esperanzados con el
futuro de este hogar",
reflexiona Luis. Tarea pendiente
es fortalecer la unidad con los
otros hogares de Temuco. Hasta
el año 2003 mantuvieron con
ellos una efectiva coordinación
política. Más tarde y por
diversas razones, ésta
simplemente naufragó. Son parte
de los desafíos que vislumbran,
de cara al año académico 2006.
Aquí, en Las Encinas 01020 /
Azkintuwe
* Reportaje publicado en
Periódico Azkintuwe Nº16,
Octubre de 2005. Pág. 5, 6 y 7.
Gentileza: Melina Alfaro [
melina.alfaro@gmail.com ]
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