|
|
El dolor de Francisco Javier
Cuadra, por Manuel Antequera .-
18/11/05
 
|
|
El dolor de Francisco Javier
Cuadra
Manuel
Guerrero Antequera
En su discurso de despedida
al cargo de Rector de una
conocida universidad privada
chilena, el otrora vocero de la
dictadura militar, Francisco
Javier Cuadra, inscribió su
experiencia de renuncia a su
posición directiva al interior
de una virtual tragedia griega.
En dicha narración, Cuadra se
autoerige como héroe
incomprendido, como víctima de
las circunstancias, como un
Prometeo encadenado por la furia
de quienes no están a su altura
de hombre excepcional, pero
humano, demasiado Humano. Así,
en un par de frases
diligentemente difundidas por
los principales medios de
comunicación del país, el
heraldo de la dictadura
transformó las legítimas
demandas del cuerpo académico y
los estudiantes de la
Universidad Diego Portales, que
exigieron la cesación del
ejercicio de su cargo por su
vinculación confesa con el
encubrimiento de crímenes de
lesa humanidad, en un rito
revanchista, a través del cual
se descargan las culpas
colectivas sobre 'un inocente en
medio de clamores de venganza y
de la búsqueda de purificación a
través del sacrificio de uno de
sus miembros'.
Por los diarios y la televisión
pudimos ver a un Francisco
Javier Cuadra dolido,
comprensivo, empático. De la
misma boca que en la segunda
mitad de los años ochenta
salieron repetidas palabras y
mensajes que manipularon a la
opinión pública, confundiéndola
respecto de los verdaderos
responsables de los crímenes que
cometían agentes armados del
Estado chileno contra
connacionales indefensos, ahora
afloraron contenidos de clamor
por el reencuentro nacional, a
través de la igualación de
experiencias traumáticas:
'Siento que quizás el temor, la
angustia, la impotencia y el
cerco de la discriminación y
exclusión que he sentido en
estos días por el trato que he
recibido, pudieran ser espejo
lejano pero hiriente del
sufrimiento injusto que muchos
padecieron durante el gobierno
del que fui funcionario. Cambian
los nombres y las
circunstancias, pero el abuso
humano es el mismo'.
Debe ser un gran avance para la
reconciliación nacional que un
personero tan destacado de la
dictadura se declare tan
comprensivo con quienes vivieron
el exterminio que él mismo
fomentó, ayudó a implementar y
amparó. Y quienes fuimos objeto
de sus acciones y omisiones
-hijos de prisioneros políticos,
ejecutados y detenidos
desaparecidos-, debiéramos
sentirnos unidos a Francisco
Javier Cuadra, por el lazo que
otorga el compartir el mismo
'temor', 'angustia',
'impotencia' y 'sufrimiento
injusto'. Su causa, es su
mensaje, es la nuestra
A fines del año 1984, cuando ya
ejercías como ministro portavoz
de la dictadura, el Ministerio
del Interior decretó el Estado
de Sitio -¿recuerdas,
cancelación de las libertades
civiles básicas, como libertad
de reunión, de prensa, y un
largo etcétera?-, y a mi casa
llegaron, de noche, civiles
armados buscando a papá.
Tenía catorce años y me
mostraron -aun lo conservo, por
si la quieres para tu archivo de
cultura clásica-, el decreto del
Ministerio del Interior firmado
por Sergio Onofre Jarpa, en el
que dice, sin mayor preámbulo,
que mi padre -profesor
normalista-, debía ser
arrestado, interrogado durante
el tiempo que fuera necesario, y
luego expulsado del país junto
al dirigente opositor Jaime
Insunza.
Todo ello, eso dice el membrete,
a nombre del Presidente del
República, de quien tú eras
vocero. Mi padre en ese momento
no estaba en casa y desde ese
momento tuve que aprender a
mentir acerca de su paradero.
Esa misma noche mamá me pidió
que rompiéramos y botáramos
todas las cartas que papá nos
había escrito alguna vez, con
poemas y dibujos mágicos, y que
hiciéramos desaparecer las
fotos, pues esto ya les había
ocurrido en 1976 cuando papá
estuvo en manos del Comando
Conjunto.
Así es que hoy no conservo
ninguna carta de papá y sólo
tengo escasas fotos en las que
aparezco junto a él. Papá se
escondió, tuvo que dejar de dar
clases en su liceo en Conchalí y
no lo volví a ver, tras muchas
semanas, hasta el año nuevo. En
esa oportunidad llegó, de forma
imprevista, al interior de la
maletera de un auto para que no
lo identificaran en la calle.
Compartió con la familia un par
de horas y luego se fue por un
par de meses más. No hubo cargos
en su contra, no hubo Tribunales
de Justicia que lo ampararan, no
pudo ejercer sus derechos.
En marzo de 1985, tú seguías en
el equipo político en La Moneda,
el Gobierno levantó el Estado de
Sitio. Ello permitió que papá
pudiera volver a trabajar, pues
supongo que no creerás que el
"oro de Moscú" nos mantenía
alimentados a mi hermana y a mí,
y que eran los "cubanos" los que
pagaban el gas para el calefón
de casa o mis clases de guitarra
clásica en el conservatorio.
Durante meses comimos porotos,
tomamos té y nos bañamos muchas
veces con agua fría. Pero,
disculpa, todo eso es muy menor
a lo que a te ha ocurrido, y muy
poco helénico.
Papá volvió a sus clases y a sus
actividades de dirigente
gremial, hasta que -supongo no
lo habrás olvidado, pues seguías
de vocero de Gobierno- lo
secuestraron de las puertas de
mi colegio y al día siguiente
apareció degollado con su cuerpo
torturado. ¿Y qué dijiste a la
opinión pública? Lo mismo que en
el caso del Pepe Carrasco:
purgas entre comunistas.
¿Recuerdas al general Mendoza?
Si trabajaste para y con él.
Bueno, fueron Carabineros y
agentes civiles de la Dicomcar
los que nos hicieron todo esto.
Pero, Francisco Javier, te
comprendo, los académicos y
estudiantes de la Universidad
Diego Portales son equivalentes
a los asesinos de mi padre.
El trato que te han dado,
escribir una carta firmada, debe
ser muy doloroso. ¿Te enseño a
redactar un recurso de amparo?
¿Te pongo en contacto con un
psicólogo del Instituto
Latinoamericano de Salud Mental
y Derechos Humanos para que te
ayuden a hacer el duelo? Ahora
que tienes más tiempo, quizá
podamos ir a terapia juntos.
Manuel
Guerrero Antequera Sociólogo
Gentileza: Máximo Kinast [
maximokinast@gmail.com ]
|
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|