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Alarma versus información, por
Briones, Porrero y Téllez .-
08/11/05
 
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Alarma versus información
Víctor
Briones, C.Porrero y S.Téllez
De nuevo, una enfermedad
transmisible al hombre, una
zoonosis, devuelve a la
actualidad la trascendencia de
la vigilancia sanitaria sobre
los animales. La gripe aviar es
una vieja conocida de la sanidad
animal, pues sus primeras
descripciones datan de hace más
de cien años, en Italia. Desde
entonces, ha habido numerosos
brotes en todo el mundo
afectando a muy diversas
especies de aves.
Sin embargo, su repercusión en
la opinión pública deriva de un
hecho trascendental. El virus
responsable es capaz, en virtud
de su gran capacidad de
variabilidad antigénica y
genética, de recombinarse y
producir nuevas formas víricas
con características biológicas
modificadas incluida la
capacidad de infectar a
hospedadores de otras especies
–la humana entre ellas- y de
lograr transmitirse entre
individuos de esta nueva
especie. En definitiva,
amplifica su capacidad infectiva
aumentando el número de
hospedadores potenciales.
En dicho cambio la capacidad
patogénica del virus también se
puede modificar, de modo que en
ocasiones adquiere una
virulencia mayor y llega a ser
letal, y por tanto tendríamos un
motivo cierto de inquietud. Sin
embargo, y hasta ahora, la
situación en que nos encontramos
no ha sobrepasado el ámbito
estricto de la sanidad animal.
Es un hecho que los brotes
confirmados recientemente en el
Este de Europa (Turquía,
Rumania, Grecia) y los numerosos
casos sospechosos hacen temer
una difusión hacia el Oeste.
Parece ser una mera cuestión de
tiempo que alcance otras
regiones.
Es un hecho que cuanto mayor sea
el número de animales
infectados, mayores
probabilidades de contagio para
las personas en contacto con
ellos. Este contacto puede
traducirse, como ha ocurrido en
el brote asiático, en el
desarrollo de enfermedad en las
personas, con un porcentaje de
letalidad muy elevado (cercano
al 55%). Y un último hecho: un
mayor número de aves infectadas
aumenta también la probabilidad
de que el virus aviar pueda
adquirir características nuevas
cuando se produce una
coinfección con virus gripe
humano. Eso fue la gripe de
1918, "la española".
Hasta aquí, la posible alarma si
todo lo anterior se presenta de
forma catastrofista y se ofrece
a la opinión pública miedo
infundado y no información
contrastada y completa. La
alarma injustificada sólo
beneficia a unos pocos, que
obtienen réditos de ella. En
cambio, perjudica a la sociedad
general y, en particular a la
credibilidad de la clase
científica y académica.
Conviene, pues, conocer toda la
información, sin alarmismos. El
riesgo cero no existe a tenor de
lo expuesto, pero es
extremadamente bajo.
Es muy baja la proporción de
personas enfermas por el virus
aviar en el brote asiático que
dura ya año y medio (120
personas frente a decenas de
millones de animales
infectados), y ello a pesar de
unas deplorables condiciones de
bioseguridad en granjas y
mercados. La capacidad de
atravesar la barrera de especie
para el virus aviar es limitada
y existen medidas que se pueden
tomar para prevenir ese bajo
riesgo.
La actitud de las autoridades
sanitarias de máxima precaución
tiene pleno sentido cuando se
trata de la salud pública. El
acopio de antivirales (qué buen
negocio para el fabricante), la
intensificación de las campañas
de vacunación en la población y
la preparación de estrategias de
respuesta vacunal temprana ante
un (poco) probable brote de
gripe aviar en personas, son
cuestiones necesarias en materia
de Salud Pública. Sin embargo,
el paso previo, plenamente en
vigor, es la Sanidad Animal.
Estamos ante un ingente problema
–sólo- de Sanidad Animal. Las
medidas adoptadas son fruto de
la vasta experiencia acumulada.
El cierre de fronteras a
productos avícolas de zonas
infectadas es, sin duda eficaz,
pero siempre y cuando se
acompañe de otras medidas, como
la vigilancia sanitaria de las
aves migratorias (actrices
principales en esta trama) o la
práctica exhaustiva de medidas
de bioseguridad en granjas
avícolas.
La industria avícola avanzada
adopta medidas de bioseguridad a
fin de evitar la entrada de
enfermedades en las granjas. Son
planes de actuación orientados a
proteger a la población humana
del contagio a través de la
protección y vigilancia
ejercidas sobre los animales
susceptibles.
Una información rigurosa nos
debe alejar de la alarma y
llevarnos a la necesaria
previsión basada en el
conocimiento.
Víctor Briones, C.Porrero y
S.Téllez: Facultad de
veterinaria de la UCM
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