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Sepe Tiaraju. - 01/10/05
 
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Sepe Tiaraju
Por Kintto
Lucas *
1756. En la cuchilla de
Caimboaté, sur del Brasil, se
escucha una voz que susurra
entre triste y agotada:
"El mes que pasó mataron al gran
capitán Sepé Tiarajú y a 2.500
de mis hermanos". Es el decir de
Miguel Mayra, último cacique
misionero que, casi llorando,
entierra una cruz en el suelo.
"Señal que camine los tiempos,
marcando la tragedia guaraní",
grita. Luego mira hondo al
horizonte y su mirar recorre los
campos, navega los ríos, camina
los pueblos y se pierde en las
Misiones... Allí los guaraníes
aceptan la evangelización que
proponen los jesuitas, pero
ejercen el gobierno. La
propiedad se divide en dos:
Tupambae son las tierras
colectivas y Amambae las
pequeñas parcelas de cada
familia. Las tierras no se
heredan, solo se hereda el
título de cacique. Las
herramientas de trabajo son de
todos y cada pareja tiene su
vivienda. Se trabaja seis horas
diarias, cinco días a la semana,
y se descansa jueves y domingos.
Los guaraníes viven alegres, la
vida sonríe, el mundo no tiene
dueño conocido y la cruz no los
maltrata como a hermanos de
otras geografías. Pero los reyes
de España y Portugal, que se
dicen dueños de muchas tierras
en este gran país, intercambian
Colonia del Sacramento por los
territorios misioneros. Ciento
cincuenta años de las Misiones.
Ciento cincuenta años de
trabajo, sueños, esperanzas y
sonrisas... todo abandonado. La
propiedad privada se abre paso y
la espada ocupa el lugar de la
cruz.
Cuando llegan los demarcadores
de límites trayendo regalitos
para conquistarse a los indios y
custodia de soldados, Sepé
Tiarajú, gran cacique de los
pueblos misioneros, les ordena
que se retiren de las tierras
guaraníes... y comienza a
preparase para enfrentar los
invasores que sabe llegarán...
Algunos jesuitas lo apoyan, la
mayoría no. Los que intentan
interceder ante el rey van al
destierro. Sepé recorre la
campaña unificando a su pueblo
para la resistencia. Los
guaraníes caminan tras su jefe y
justifican la rebelión en "el
derecho a tierra que otorgó el
propio Dios cristiano que
veneramos y el Ñanderú-Guazú que
llevamos en nuestros pensares".
Sepé envía un chasque a sus
enemigos advirtiéndoles:
"Castellanos y portugueses, en
los tiempos pasados mataron a
nuestros difuntos abuelos, sin
reservar las inocentes criaturas
y se rieron de las santas
imágenes de los santos. Hoy
veinte pueblos nos juntamos para
salirles al encuentro y con
grandísima alegría nos
entregaremos, antes que dar
nuestras tierras".
En febrero de 1764 los indígenas
atacan el cuartel de Río Pardo
sin éxito y el cacique Tiarajú
es preso...
pero la noche anterior a su
ejecución burla la guardia y
escapa. El ejército
hispano-portugués va ganado
posiciones. Sepé sabe que no lo
podrá derrotar en campo abierto
y aplica tácticas guerrilleras:
realiza emboscadas, ataques
sorpresa, aparece y desaparece.
Los guaraníes se esconden en
montes y cuchillas, están en
todas partes. Buscan así diezmar
al enemigo antes del inevitable
enfrentamiento directo.
El 7 de enero de 1756 esta
nublado, el sol se oculta pero
el calor queda... Ataque
sorpresa en San Gabriel, algo
sale mal y el ejército se lanza
a la caza del puñado de
indígenas. La huida no es fácil.
El caballo de Sepé tropieza en
un pozo y el cacique cae. Cuando
intenta levantarse, una lanza le
atraviesa la espalda... luego el
jefe de las tropas españolas lo
remata de un tiro. Sin embargo
Sepé sigue respirando... Sus
compañeros intentan socorrerlo y
la descarga de artillería cae
sobre ellos. Muy pocos logran
escapar monte adentro. Los
invasores queman con pólvora al
cacique y luego le separan la
cabeza del cuerpo... En la noche
los indígenas regresan
sigilosamente, juntan las
partes, se las llevan y las
entierran al pie de un árbol, al
son de flautas y cantares. Tres
días después 2.500 guaraníes van
a la muerte y 153 son apresados
en el campo abierto de Caimboaté.
Solo dos horas dura la
resistencia al fuego de los
cañones y el embate de miles de
soldados. Dos horas para que la
palabra de los reyes se cumpla,
y la vida comunitaria sea
destruida. Las tierras donde
cayeron Sepé y sus hermanos
serán tierras de pocos dueños y
gauchos pobres. La mala hora
durará muchos años, pero la
furia del gran cacique queda
guardada en las memorias que
caminan los tiempos. Y así
vive... Dos siglos después,
1978, los campesinos de los
pueblos misioneros se cansan de
almorzar sosiego y apoyados por
otros curas, deciden salir a
pelear "un pedazo de tierra para
plantar"... Setecientas familias
acampan Encrucilhada Natalino y
renacen la vida. La esperanza
busca la realidad carpariendo
Río Grande. El día amanece de
hazadas buscatierra
sepetiarajuando primaveras, como
herederas en los caminos de la
ira. Surgen los Sin Tierra. La
vida comunitaria vuelve...
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*Esta semblanza pertenece al
libro Rebeliones indígenas y
negras en América Latina,
Editorial Abya Yala, Quito, 1992
(Varias Ediciones)
Gentileza:: Tintají Informa [
tintajinforma@yahoo.es ]
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