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Leonora Carrington.
Jezzamatáticas o introducción al
maravilloso arte de pintar.-
16/10/05
 
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Leonora Carrington.
Jezzamatáticas o introducción al
maravilloso arte de pintar
La Jornada
Semanal
www.jornada.unam.mx/2005/10/02/sem-cara.html
Nací a principios de la
última mitad de los noventas, en
muy curiosas circunstancias, en
un eneahexagrama,
matemáticamente.
La única persona presente en mi
nacimiento fue nuestro querido,
fiel y viejo fox-terrier, Boozy,
y un aparato de rayos X para
esterilizar vacas. Mi madre se
hallaba ausente a la sazón,
tendiendo trampas a los
langostinos que por aquella
época infestaban las altas
cumbres de los Andes, llevando
la miseria y la devastación a
los nativos.
Mi padre, profesional de golf en
activo, inventó el famoso hoyo
de arena perforado que se tragó
a los iniciados de Lord Baden
Powell trabados en estrecho
combate en los Países Bajos.
Los primeros años de mi infancia
transcurrieron en medio de
agotadores estudios de las
condiciones geológicas de los
campos de juego submarítimos
para personas desplazadas. Esto,
por supuesto, me llevó lejos de
mi tierra natal y sin embargo,
amplió y extendió el campo de mi
conciencia a tal grado que tuve
que recurrir a un jíbaro
especialista en reducir el
tamaño de la cabeza para
experimentar el proceso de
acomodación normal de la
mentalidad en las metrópolis del
mundo.
Sin que me arredrara la
maravillosa flexibilidad del
reflejo craneano pude hacer un
donativo de cálculos precisos al
alcalde de Chorley, quien pasó a
la posteridad cabalgando el
primer devorador mecánico de
yoghurt.
Aunque parezca que no viene al
caso debo agregar que la
invención de la máquina de
pintar, que posteriormente se
convirtió en el padre madre de
la estética moderna, y la gran
estabilidad móvil para el futuro
esfuerzo artístico, surgió
relampagueante (como un cometa)
de la delicada sensibilidad de
la primera computadora que se
donó al equipo de cricket de
Bolton con el fin de sacar
puntos cuando el puntuar era un
arte obsoleto. El hecho de que
el aparato llegara a ser lo
suficientemente fértil como para
parir a la máquina de pintar no
hace sino subrayar el carácter
maravilloso de la Oportunidad
Mecánica. Además, si el centro
delantero le hubiera dado un
plátano en lugar de la fórmula
para promedios de una a cinco
carreras por temporada es
posible que hubiera sido otra la
actividad de la computadora.
Estos malcálculos bárbaros
produjeron el glorioso futuro
del arte, de la cultura y nuevas
y mejores líneas de ferrocarril
de circunvalación en todo el
mundo.
Debido a este accidente
fortuito, la Máquina de Pintar,
florecieron nuevos medios cual
si fueran fructíferos percebes
en el fondo nudoso de la
inventiva humana.
"ERGOT EN EX HUMIDUS I CREATUM
UNT."
Los hongos que cubrieron de
flores la gloriosa profusión de
la Desaparecida Razón
Socromórfica enhueraron
necrocríticamente como un huevo
chino. Cita: "Somos, por
consiguiente no somos lo que
pudiéramos haber sido si
fuésemos." (El profesor A.J.
Ayer ha demostrado hasta la
saciedad la lógica empírica de
este argumento austero).
Así, debido a la capacidad
maravillosa de la Máquina de
Pintar penetré en los misterios
del arte creativo cuando, de
hecho, nací Jezza-matician.
Ergot.
Me encontraba sacando la raíz de
un simposio hiperbólico con el
fin de calcular el denominador
exterior de una higuera en
secciones xextopódicas
cloriomorfacias iguales cuando
la metamorfosis latente profirió
bruscamente un gran chillido
inesperado que fue algo entre un
gritito y una sonrisa. Dio, por
así decirlo, con el fin de
devolver.
Magnificat.
Pintó. La Máquina pintó
entidades orgánicas
subterráneas, pintó faunas
Chtónicas en contraste jubiloso
con los cálculos de clase en
agotadora despeculación relativa
a la llamada recapitulación
reductiva de la razón
sentenciosa resumida. Este
milagro fue suficiente,
naturalmente, para lanzar una
nueva era en políticas
neoproletarias basadas en la
siempre inflativa ética del
gobierno anarco-organizado, un
sistema de disentación circular
para promover el crecimiento de
las mutaciones del arroz en el
círculo ártico. Cuestión de un
drenaje bien planeado del campo
de golf de Gleneagles al sur de
Chile sólo para entrar en el
agujero de los polos con
Stratoproads procedentes de
recientes artefactos
ultraterrestres.
Abrigamos la confianza de que el
público en general se haya ahora
adecuadamente informado acerca
de la sencilla pero ardua
proyección del artista, desde la
cálida humedad de la gestación
genealógica hasta el mareante
punto de congelación del óleo
sobre el lienzo en una
morfología bien establecida que
va desde las vicisitudes de
innumerables combinaciones de
gnodes de color zoológico hasta
la orquestación ambivalente de
psiclogramas extrañamente
sincronizados y hábilmente
entreverados con esparavanes
comprimidos en tabletas de
malignidad concentrada sólo para
explotar aquí y allá con la
perversidad silenciosa de sirns
cero en un gesto incalculable de
asombro en suspenso.
Gentileza:: Pedro Flecha [
pedroflecha@yahoo.com ]
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