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Caonabo. - 30/09/05
 
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Caonabo
Por Kintto
Lucas *
1494. Hace dos años, cuando
Cristóbal Colón llegó a esta
isla que nombró Española, estaba
gobernada por cinco caciques...
Cinco jefes de alma tranquila y
poca guerra... Sin embargo el
camino de las semanas fue
cambiando las miradas. Y fue
llegando la realidad... Y vino
el tiempo en que Colón tuvo que
retornar a España para contar
"su descubrimiento". Y llegó la
hora en que cinco europeos
secuestraron dos mujeres
indígenas y las violaron... Y se
acercó el minuto en que mataron
un puñado de nativos por el
placer de matarlos... Y el
adelantado Colón sonrió y dijo:
"servirá para que nuestros
hombres sean respetados. Hay que
poner temores en esta tierra y
mostrar que los cristianos somos
poderosos para ofenderlos y
dañarlos". Los árboles se
estremecen, coro-coros y
pitirris nostalgian la selva, y
el indio comienza a rebelarse.
Guanacagarí el traidor, amigo de
Colón, le sigue siendo fiel
junto a su tribu. Los otros
caciques rompen la amistad.
Desde España el almirante dice y
ordena "sobrecargar los navíos
de esclavos", para venderlos en
Madrid. Cuando regresa a la isla
se sumerge en la fiebre del oro.
"Hay que mostrar a los reyes que
los gastos del viaje no fueron
inútiles", dice. El Cibao,
dominio del cacique Caonabo
posee las minas más ricas...
Todos los vecinos de la zona,
mayores de catorce años,
entregarán cada tres meses
cierta cantidad de oro a los
españoles. Los que viven lejos
deben dar una arroba de algodón
por persona. Para que nadie se
escape del tributo Colón ordena
que cada indio lleve colgado en
su cuello una moneda de cobre a
la que se hará una muesca
especial por cada pago.
Cierto día Caonabo ve entrar en
sus tierras un grupo de soldados
de Fuerte Navidad... Con sus
hombres los ataca y les da
muerte. Luego se dirige a la
fortaleza y el fuego se hace
presente en el horizonte. "Pagan
por sus culpas y malas obras",
dice el cacique a su gente
señalando las llamas. Colón hace
construir otro fuerte, en la
propia región del Cibao. Caonabo
lo sitia durante treinta días...
Luego debe retirarse, sus
fuerzas no alcanzan para vencer
al invasor. Solo habría una
posibilidad: la confederación de
caciques.
"Unámonos todos los pueblos",
dice el jefe indígena.
Levanta su tribu en armas y
conversa con otros jefes.
Todos están de acuerdo,
Guanacagarí no. Las bajas
europeas comienzan a sumarse...
Convencido de que sería difícil
vencer, Alonso de Ojeda,
lugarteniente del genovés se
presenta en la aldea de Caonabo...
besa sus manos y afirma: "Traigo
un obsequio del almirante".
Luego muestra unas esposas de
latón, metal admirado por los
indios. "Solo los reyes de
Castilla en sus fiestas utilizan
este adorno. Debe colocarse
junto al río", dice. Creyendo la
palabra del enemigo, Caonabo
monta en la garupa del caballo
de Ojeda y parte rumbo al río.
Al colocarse las esposas parte
rumbo a la prisión... Colón
decide exhibirlo frente a la
puerta de su casa...
Allí está Caonabo, esposado, sin
hablar ni mirar al genovés. Sin
embargo cuando pasa Ojeda lo
saluda. "El almirante no tuvo el
valor de ir a prenderme y Ojeda
si, por eso lo respeto", dice a
quien le pregunta...
El pueblo del Cibao comienza a
preparar la liberación.
Colón se preocupa y decide
enviarlo a Castilla... Durante
el viaje, la furia de los mares
destruye el barco... Encadenado
a un mástil, Caonabo, primer
jefe de la resistencia indígena,
muere ahogado... La
confederación indígena se
afianza años después... Anacaona,
la bella mujer de Caonabo lidera
la región de Xaragua... El
hermano del jefe asume El Cibao...
La resistencia dura años pero
finalmente es derrotada. El
hermano es preso... Anacaona
muere quemada frente a su caney...
Algunos caciques sobrevivientes
deciden retirarse a las
montañas... Las rebeliones no
pararán... El cacique Guarionex
se levanta junto a otros
jefes... estará preso tres años
en el Fuerte de la Concepción,
luego será desterrado y morirá
en el viaje. Su hermano
Mayobanex estará en prisión
hasta que la vida decide
olvidarlo... La entereza vuela
el polvo de los siglos y resiste
la invasión norteamericana de
1916, camina junto a Francisco
Caamaño Deno y sus compañeros
que bienpelean a otros marines
que invaden República Dominicana
en 1965... Sigue los caminos del
viento... y la guiñada de las
estrellas...
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* Esta semblanza pertenece al
libro Rebeliones indígenas y
negras en América Latina de
Kintto Lucas, Editorial Abya
Yala, Quito, 1992 (Varias
ediciones).
Gentileza:: Tintají Informa [
tintajinforma@yahoo.es ]
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