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Annus mirabilis, ¿cuándo
llegará?. - 29/09/05
 
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Annus mirabilis, ¿cuándo
llegará?
Pedro de
la Hoz [pedro.hg@granma.cip.cu ]
Mucho tiene que ver con
nosotros, aun con los seres
aparentemente más alejados de
los escrutinios de la ciencia,
el contenido de aquel artículo
que un siglo atrás, el 26 de
septiembre de 1905, se hizo
público en la revista alemana
Anales de la Física: ¿Depende la
inercia de un cuerpo de la
energía que contiene?
Einstein revolucionó la Física
contemporánea.
Un joven de poco más de veinte
años lo firmaba. Albert Einstein.
Su propuesta apuntaba a la tesis
de que si un cuerpo emitía una
cierta cantidad de energía, su
masa debía disminuir
proporcionalmente. Así nacía una
de las más célebres ecuaciones
de todos los tiempos, E=mc2,
esencial para la comprensión de
los procesos nucleares y de la
energética tal como la
entendemos hoy.
Einstein era por entonces un
colaborador consistente de la
publicación científica alemana.
Sus artículos de ese momento, en
que a la edad de 26 años se
desempeñaba como funcionario de
la oficina de patentes de la
ciudad suiza de Berna,
revolucionarían los conceptos de
la Física que hasta ese momento
se hallaban vigentes. En junio,
su trabajo Un punto de vista
heurístico sobre la producción y
transformación de la luz,
sentaría las bases para el
entendimiento del fenómeno
fotoeléctrico. Poco después
aportaría novedades acerca del
cómputo de las moléculas y los
átomos en un volumen
determinado. Insistiría más
adelante sobre la cinética de
las pequeñas partículas
suspendidas en un líquido
estacionario. Y en el trabajo de
ese mismo año Sobre la
electrodinámica de los cuerpos
en movimiento, pondría la
primera piedra de la famosa
Teoría de la Relatividad.
El académico de origen latino de
la Universidad británica de
Cambridge, Hernán Quintana,
resume tan singular
planteamiento en los siguientes
términos: "Einstein atacó el
problema yendo a lo más
fundamental. Si dos observadores
móviles miden dos sucesos como
simultáneos o separados por un
tiempo dado: ¿qué procesos de
medida deben realizar para
determinar su separación
temporal? Esto va al meollo de
la naturaleza física del tiempo,
pero casi nadie lo había
planteado en forma operacional.
Einstein introduce un nuevo
postulado: la velocidad de la
luz es constante, independiente
del movimiento del observador.
Clásicamente, el tiempo es dado,
transcurre igual para todos,
independiente del movimiento de
cualquier observador u objeto.
Esto implica que toda velocidad,
luz incluida, depende de la
velocidad del observador.
Einstein acepta la inexistencia
del éter y la constancia
experimental de la velocidad de
la luz, mostrando que son las
medidas de tiempo las que
dependen del movimiento entre
observadores. Es decir, el
tiempo es relativo al
observador".
Las investigaciones
fundamentales de Einstein se
hallan en la base del desarrollo
de los paneles solares.
¿Cómo encarar el legado
einsteiniano a la altura de este
nuevo siglo? Una vulgarización
de su pensamiento científico
acostumbra a arrojar sospechas
sobre el genial físico alemán.
Sus estudios sobre la energía,
ciertamente, están en la base de
las investigaciones en torno a
la utilización del átomo como
arma de destrucción masiva. Los
científicos confinados por
Estados Unidos al proyecto
Manhattan, en los años de la
Segunda Guerra Mundial,
partieron de los descubrimientos
de Einstein para desatar un
mecanismo de horror en manos
criminales e inescrupulosas.
A fin de cuentas, se trata de
plantearnos el saber científico
desde una perspectiva ética.
Parece una verdad de Perogrullo,
pero lamentablemente no lo es.
En tiempos en los que se habla
del mapa del genoma humano, de
la clonación, de las células
madre, de estaciones cósmicas
orbitales y de la
miniaturización de la robótica,
no siempre estos adelantos
revolucionarios se asocian con
el mejoramiento de la condición
humana. Una guerra de las
galaxias, no precisamente
fílmica, y un ejercicio
neodarwiniano, por la vía de la
ingeniería genética, no son
delirios de los escritores de
ciencia ficción, sino
anticipadas posibilidades de
quienes quieren imponer la pax
americana.
Si en las montañas de Cuba las
teleclases se pueden recibir
gracias a la energía aportada
por paneles solares, si la
televisión por sí misma existe;
si la música ha pasado del
tocadiscos al disco compacto y
al DVD, y la navegación se rige
con el auxilio de los satélites,
si existen códigos para la
contabilidad de los productos en
un supermercado, todo ello se
debe a las aplicaciones de la
sabiduría einsteiniana.
Pero también debíamos saber
mucho más de la ética del
protagonista de esta historia,
de su humanismo a toda prueba,
de sus angustias ante la
perversión de las conquistas de
la ciencia y la tecnología.
No es una utopía pensar que
Einstein, de presenciar los
albores de este nuevo siglo,
haría votos contra la guerra, y
a favor de la aplicación de la
ciencia para erradicar el
hambre, las epidemias, el
analfabetismo y la incultura. A
favor de que se avizorara otro
annus mirabilis (así la
comunidad científica suele
identificar a 1905 por ser un
año de "milagros" en la
producción de Einstein) en el
que se abrieran las puertas para
la redención de la humanidad.
Gentileza:: Guillermo C.
Cohen-Degovia [
cohen_degovia@hotmail.com ]
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