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A
pesar de la noche de los
lápices, hoy los lápices siguen
escribiendo.- 20/09/05
 
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A pesar de la noche de los
lápices, hoy los lápices siguen
escribiendo.
El 16 de septiembre de 1976,
10 estudiantes secundarios de la
Escuela Normal Nro 3 de la
Plata, son secuestrados tras
participar en una campaña por el
boleto estudiantil. Todos tenían
entre 14 y 17 años. El operativo
fue realizado por el Batallón
601 del servicio de Inteligencia
del ejercito y la Policía de la
Provincia de Buenos Aires,
dirigida en ese entonces por el
general Ramón Camps, que
califico al suceso como
"accionar subversivo en las
Escuelas". Este hecho es
recordado como "La noche de los
lápices".
Este articulo es para las nuevas
generaciones que poco y nada
conocen de lo que sucedió hace
29 años en nuestro país, y que
consideramos indispensable para
recuperar nuestra capacidad de
lucha y organización en estos
duros momentos que nos toca
vivir bajo el neoliberalismo.
Los estudiantes secundarios y la
política en 1973-1974.
El arribo de la democracia en el
mes de mayo de 1973, luego de un
proceso creciente de
enfrentamientos contra la
dictadura miliar que gobernaba
desde junio de 1966, trajo
consigo la irrupción en la vida
política y social de los
distintos sectores populares que
habían experimentado un
crecimiento sustancial durante
las luchas; entre ellos, los
estudiantes secundarios.
En el movimiento estudiantil
secundario se vivieron
experiencias hasta ese momentos
inéditas en lo referente a
participación política, en tanto
ésta es atendida en un sentido
partidario más o menos directo.
El diario La Opinión editó en
1973 un suplemento dedicado al
análisis de los fenómenos
políticos entre los
adolescentes. En dicho
suplemento se publicaron los
resultados de una encuesta que
realizó el periódico entre 252
estudiantes. Se comprobó que el
30.3% de los jóvenes encuestados
tenía participación política de
algún tipo.
La política había impregnado el
conjunto de la vida estudiantil,
dentro y fuera de los colegios.
Las organizaciones políticas
vieron incrementado notoriamente
el número de sus militantes y el
grado de su influencia. Según el
suplemento citado, "las tres
fuerzas más importantes son, en
este orden, la Unión de
Estudiantes Secundarios, (UES),
la Federación Juvenil Comunista
(FJC) y la Juventud Secundaria
Peronista (JSP)"
La encuesta de La Opinión
revelaba también que en 1973 los
estudiantes secundarios se
inclinaban ante figuras
emblemáticas de la izquierda,
con la salvedad de Perón, quién,
sin embargo, asumía para una
porción amplia de los
estudiantes, contornos casi
revolucionarios, pese a todo,
quien encabeza la encuesta era
el CHE Guevara, con el 67%, a
continuación venían J. D. Perón
con 66% y a mayor distancia,
Salvador Allende 19%; Fidel
Castro con 19%; Eva Duarte 17 %;
Mao Tsé-tung 16%
En esta encuesta queda por demás
claro, que para aquélla
generación de estudiantes
secundarios, los referentes
revolucionarios y socialistas
eran los que más ocupaban en la
conciencia estudiantil.
En aquellos años se había
alcanzado un nivel de
conciencia, acción y
participación bastante elevados
con lo cual el nivel de
cuestionamiento al sistema
capitalista era de por demás
peligroso para la Burguesía y
los sectores reaccionarios de
nuestro país.
El Golpe de 1976
En la historia de nuestro país,
como en el resto de América
latina, los golpes de Estado
siempre estuvieron al servicio
de la clase dominante, y del
Imperialismo. Pero el Golpe de
Estado de 1976 se podría
caracterizar no tan solamente,
como el más sangriento vivido en
la historia de nuestro país,
sino que también se lo puede
caracterizar como el más
pro-imperialista, ya que el
estado político-económico que
dejo la dictadura a nuestro país
le sirvió al Imperialismo para
garantizar su hegemonía en la
región durante varios años.
Los Objetivos del proceso
Uno de los objetivos más
tenazmente buscado por la
dictadura militar que gobernó
entre 1976 y 1983, fue
neutralizar a buena parte de la
juventud y ganar a una porción
para su propio proyecto
reaccionario.
Para los que no encajaban en sus
esquemas, se aplicaban distintos
métodos "preventivos", desde el
asesinato y la desaparición,
hasta la más refinadas formas de
marginamiento social y
psicológico, pasando, claro
esta, por la clásica y
tradicional prisión.
Cuando asumieron, en 1976, los
militares consideraban que en la
Argentina había una generación
perdida: la juventud. Esta, por
la sofisticada acción de
"ideólogos" se había vuelto
rebelde y contestataria.
Si bien el gobierno militar toma
en cuenta la situación en la que
se encontraba la juventud
argentina, no fue tan obstinado
como para suponer que se debía
atacara toda la juventud por
igual. La política hacia los
jóvenes parte de considerar que
los que habían pasado por la
experiencia del Cordobazo y
demás luchas previas a 1973, los
que habían vivido con algún
grado de participación del
proceso de los años 1973,74 y
75, los estudiantes
universitarios y los jóvenes
obreros, eran en su mayoría
irrecuperables y en consecuencia
había que combatirlos. Para ello
utilizaron un pretexto tan obvio
como falaz, se trataba de
subversivos reales o potenciales
que ponían en riesgo al conjunto
del cuerpo social. El ser joven
pasa a ser un peligro.
Al mismo tiempo, y pensando en
el largo plazo, se empieza a
desarrollar una estrategia que
va más allá de la eliminación
del "enemigo". Se empieza a
poner la mira sobre el relevo.
Ahí están los estudiantes
secundarios. Al momento del
golpe tienen entre 13 y 18 años
más de un millón de jóvenes.
El terror en las aulas
Uno de los aspectos más
dramáticos de la represión
vivida en aquellos años, fue el
secuestro de adolescentes.
Llegaron a 250 los desaparecidos
que tenían entre 13 y 18 años,
claro que no todos estudiaban.
Muchos se habían visto obligados
a abandonar la escuela para
incorporarse al mundo del
trabajo.
Pero de los procedimientos
utilizados, surge claramente que
no se trataba de hechos
aislados, sino de una
investigación permenorizada de
distintas escuelas. En una
entrevista concedida a un grupo
de padres, un Coronel de Campo
de Mayo les expresó que se
llevaban a los jóvenes que
habían estudiado en "colegios
subversivos para cambiarles las
ideas".
El 16 de septiembre de 1976, 10
estudiantes secundarios de la
Escuela Normal Nro 3 de la
Plata, son secuestrados tras
participar en una campaña por el
boleto estudiantil. Todos tenían
entre 14 y 17 años. El operativo
fue realizado por el Batallón
601 del servicio de Inteligencia
del ejercito y la Policía de la
Provincia de Buenos Aires,
dirigida en ese entonces por el
general Ramón Camps, que
califico al suceso como
"accionar subversivo en las
Escuelas". Este hecho es
recordado como "La noche de los
lápices".
Solo tres de ellos aparecieron
un tiempo después. Pablo Díaz,
uno de los liberados, declaró en
el juicio a las ex juntas: yo
pertenecía a la Coordinadora de
Estudiantes Secundarios de la
Plata y con los chicos del
Colegio fuimos a presentar una
nota al ministerio de Obras
Públicas".
Levantaron chicos en algunos
colegios que ellos tenían
marcados y enemigo era todo
aquel estudiante que se
preocupara por los problemas
sociales, por fomentar entre los
estudiantes la participación y
la defensa de los derechos de
los mismos.
Hoy, Los lápices siguen
escribiendo.
Hoy los estudiantes secundarios,
están de a poco recuperando
aquella tradición de lucha y
defensa, por los derechos a una
educación al servicio del pueblo
y con mayor presupuesto.
Hoy, los secundarios sector
dinámico de nuestra sociedad
tienen un doble desafío, que es
la de reconstruir la memoria de
lucha de nuestro pueblo y la de
reorganizarse para enfrentar
este calamitoso estado de
nuestra educación, ya que ellos
son los más perjudicados.
(Bibliografia consultada:
Estudiantes secundarios:
Sociedad y política. Berguier,
Hechker y Schifrin)
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