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Financiamiento educativo para
salvar a la Escuela Pública
Argentina, por Hugo Yasky.- 11/09/05
 
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Lo
importante es no enseñar más las
ciencias por ellas mismas, sino
por la mirada del mundo que
ellas permiten.
Por
Hugo Yasky, Secretario General
de Cetera
La educación pública vive
desde hace años un profundo
proceso de decadencia. Millones
de alumnas y alumnos y quienes
están al frente de ellos en las
aulas son las principales
víctimas. Aunque hay otras más
dolientes: los que ya quedaron
excluidos de esa posibilidad.
¿Cuándo comenzó esta crisis? Si
hubiera que señalarlo en el
tiempo, el inicio de este largo
adios de la educación pública
fue la tristemente célebre
"Noche de los bastones largos",
ocurrida durante el gobierno
militar de Onganía.
Hasta ese momento nuestro
sistema educativo estaba entre
los mejores del mundo.
Latinoamérica nos tenía como
puntales en el área de
investigación científico
tecnológica. Las publicaciones
de la editorial universitaria de
Buenos Aires eran un foco
intelectual para Hispanoamérica.
Tres premios Nobel surgieron de
ese fermento que en el
imaginario popular vinculaba
escuela pública con progreso
individual y colectivo.
Después vinieron los que
decidieron que la Argentina
debía volver al útero de su
modelo agroexportador. Mazazo
tras mazazo
Los que decidieron, dictadura
militar mediante, que para
integrarnos ventajosamente a la
división internacional del
trabajo había que
desindustrializar. Y eliminaron
fábricas. Y trabajadores.
Los que decidieron también que
la clase media era una capa
adiposa que había que remover
del tejido social. Y expandieron
la pobreza y la exclusión.
Los mismos que, a principio de
los 90, con despiadada
coherencia proclamaron que el
costo social de la modernización
era un tributo que habla que
pagar para estar en la fila de
ingreso al primer mundo. Y en un
país que produce alimento para
el equivalente a 300 millones de
bocas, hicieron el milagro
contra natura de la
multiplicación del hambre.
Fueron los que decidieron todo
esto quienes trazaron una raya a
partir de la cual la educación
dejaba de ser una inversión
social para convertirse en un
gasto fiscal del que
progresivamente había que
desresponsabilizar al Estado.
Las incesantes luchas de
resistencia de la docencia y la
comunidad educativa, cuyo punto
emblemático fue la Carpa Blanca,
impidieron que la
municipalización, concebida como
etapa última de la transferencia
por los talibanes del
neoliberalismo, pudiera llegar a
concretarse.
Con todo, llegamos a esto que
hoy padecemos. Desigualdad,
atraso, fragmentación y
exclusión educativa. Después de
sucesivas transferencias de
escuelas de la Nación a las
Provincias, sin los presupuestos
correspondientes. Después de la
Reforma Educativa neoliberal del
menemismo, concebida para
despojar a la escuela pública
del sentido igualador que tuvo
históricamente.
Hoy resulta indiscutible que
este modelo educativo está
agotado. Y no es sólo una crisis
por falta de recursos. Se trata
de un problema estructural: el
actual sistema de financiamiento
de Estado Nacional ausente es un
laberinto para la Escuela
Pública argentina que enfrenta
el dilema de encontrar una
salida o seguir en permanente
estado de crisis y de conflicto.
Se hace imprescindible una
solución de fondo a través de
una Ley que establezca un nuevo
esquema presupuestario
sustentado en el principio de la
corresponsabilidad entre la
Nación y las provincias. Está
demostrado que la mayoría de
éstas, con sus propios recursos,
no están en condiciones de
garantizar un piso mínimo de
igualdad educativa y, mucho
menos, de remontar la demolición
de los salarios docentes de los
últimos quince años.
Estamos ante la oportunidad
histórica de comenzar a
recuperar el terreno perdido en
materia educativa.
El gobierno nacional, a través
del Ministerio de Educación, ha
tomado esta vieja demanda del
gremio docente y lo ha convocado
junto a distintos sectores
representativos de la sociedad
civil a discutir aportes para
definir el proyecto que será
enviado al Congreso.
Creemos que en este tramo de la
disputa por un cambio profundo
del modelo educativo, está
llamada a desempeñar un papel
clave la articulación de un
amplio espacio participativo de
la sociedad civil con eje
convocante en la comunidad
educativa y el gremio docente,
no sólo para una intervención en
pro de que la Ley de
Financiamiento que finalmente se
apruebe sea la que hace falta
para resolver el problema, sino
también para garantizar que una
vez promulgada, la misma no
quede en letra muerta.
La firma de los petitorios que
los docentes estamos
promoviendo, puede ser el primer
paso. Pero hace falta articular
a lo ancho y a lo largo del país
la demanda social que garantice
posteriormente el cumplimiento
efectivo de la Ley y el control
ciudadano de los recursos
presupuestarios asignados en la
misma.
Gentileza:: SUTEBA -
Suplemento Digital [
boletin_digital@suteba.org.ar
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