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Gran batalla en EE.UU. contra la
teoría de la evolución de
Darwin, por David Brooks.-
25/08/05
 
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Gran batalla en EE.UU. contra la
teoría de la evolución de
Darwin, por David Brooks
David
Brooks
Corresponsal
Nueva York
Grupos conservadores
defienden el "diseño
inteligente"
Se supone que cuando uno vive en
el país más importante de los
llamados "avanzados" a
principios del siglo XXI, lo
último que espera es ser
transportado al siglo XIX y
tener que concluir que se
encuentra tal vez en el país más
"retrasado" del mundo. Pero
cuando el gran debate nacional
aquí se trata de un intento para
anular uno de los fundamentos de
la ciencia moderna mundial y
sustituirlo con una teoría
cristiana endosada por la Casa
Blanca, esto se parece cada vez
más a una teocracia.
Aquí hay una batalla sin
precedente para derrocar a
Charles Darwin y su teoría de la
evolución, una batalla que se
libra desde distritos escolares
locales, juntas de educación
estatales, en universidades y
hasta la propia Casa Blanca y el
Congreso de Estados Unidos.
Algo llamado "diseño
inteligente" es la "teoría"
avanzada como contrapropuesta a
la teoría de Darwin, y después
de una década de inversiones
multimillonarias para financiar
y promover académicos,
publicaciones y esfuerzos de
propaganda, las fuerzas
antidarwinistas han logrado su
objetivo: colocar su "teoría" al
centro del debate nacional y
punta de lanza de las llamadas
"guerras culturales" de este
país entre las fuerzas
conservadoras fundamentalistas
cristianas y todos los "otros",
incluyendo casi a toda la
comunidad científica
establecida.
El propio presidente George W.
Bush ha abierto el frente
nacional, al comentar hace un
par de semanas que se debería
enseñar ambas teorías en las
escuelas de Estados Unidos,
"para que la gente pueda
entender de qué se trata el
debate... para exponer a la
gente a diferentes escuelas de
pensamiento".
La semana pasada, el líder del
Senado, el republicano Bill
Frist (quien es médico), se sumó
a la posición del presidente,
argumentando que la teoría de la
evolución y la del "diseño
inteligente" deberían formar
parte de la educación pública,
ya que "esto no impone una
teoría particular sobre nadie",
y agregó: "creo que en una
sociedad plural esta es la
manera más justa de educar y
capacitar a la gente para el
futuro". Varios legisladores
federales se han expresado de la
misma manera.
Para Hendrik Hertzberg,
columnista político de la
revista The New Yorker, el
comentario presidencial es una
"ocasión de vergüenza
nacional... aquí está el líder
de nuestro país, el campeón en
jefe de normas educativas,
blandamente igualando ciencia
natural y suposición
supernatural como 'diferentes
escuelas de pensamiento'".
El "diseño inteligente"
argumenta que ciertas
estructuras vivientes son
demasiado complejas para ser el
resultado de la evolución, y que
por lo tanto esto afirma que
existe una intervención de un
"diseñador inteligente", una
fuerza divina más allá de los
procesos naturales.
Aunque este argumento es más
"sofisticado" que su antecesor,
el de "creacionismo" que
sostiene la versión bíblica del
origen de la vida, es promovido
por las mismas fuerzas
conservadoras cristianas. Vale
recordar que hace 25 años el
entonces candidato presidencial
Ronald Reagan respaldó la
propuesta de incluir el
creacionismo en la educación
pública, y que el propio Bush,
hace sólo cinco años, afirmó lo
mismo.
Pero después de los fracasos
para promover la versión
bíblica, la cual alcanzó llegar
a ser propuesta por la Junta de
Educación del Estado de Kansas,
sólo para después ser desechada,
los promotores de "diseño
inteligente" han logrado
prosperar con una versión más
elaborada, que acepta que la
vida en este mundo tiene
millones, y no miles, de años de
existencia y otros hechos
comprobados científicamente,
pero que al final afirma que hay
una mano divina en la creación.
A tal nivel ha llegado este
debate que el periódico más
"serio" e influyente del país,
el New York Times, está
dedicando una serie en su
primera plana al asunto,
intentando ofrecer un reportaje
"objetivo y balanceado" sobre el
tema.
Según el Times, el "think tank"
detrás de toda esta estrategia
se llama Discovery Institute con
sede en Seattle, donde en
asociación con académicos con
maestrías y doctorados de
algunas de las universidades más
reconocidas del país, esta
"teoría" ha sido promovida
cuidadosamente durante una
década.
Con el financiamiento de algunas
fundaciones conservadoras, el
Discovery Institute ha invertido
3.6 millones de dólares en una
red de más de 50 académicos, una
campaña de relaciones públicas y
la publicación de unos 50 libros
sobre el tema. Su estrategia ha
sido no imponer su versión, sino
promover el argumento de
"enseñar la controversia", y así
lograr que el tema sea uno de
"libertad académica", en lugar
de un enfrentamiento entre
ciencia y religión, señalo el
Times. De ahí, los comentarios
de Bush y Frist, entre otros,
proponiendo que se "enseñen
ambas versiones".
"Estamos en las etapas muy
iniciales de una revolución
científica", afirmó Stephen C.
Meyer, historiador, filósofo, y
director del proyecto sobre
diseño inteligente del Discovery
Institute en entrevista con el
Times. "Deseamos tener un efecto
sobre la visión dominante de
nuestra cultura". En un
documento interno del Discovery
Institute, se establece su
propósito: "nada menos que el
derrocamiento del materialismo y
sus legados culturales" y
favorecer "un amplio
entendimiento teístico de la
naturaleza".
Esta misión ya tiene logros
concretos, al promover un debate
a nivel local y estatal donde se
promueve la idea de permitir
críticas de la teoría de la
evolución y así presentar todo
esto como una "controversia"
legítima.
El gran problema es que este
argumento es por definición
anticientífico, ya que no se
puede comprobar por métodos
científicos ni se puede apoyar
con pruebas empíricas. Además,
el hecho de que gran parte del
financiamiento y vínculos de los
promotores del diseño
inteligente provienen de
fundaciones y organizaciones
abiertamente identificadas como
religiosas y conservadoras, pone
en duda cualquier aseveración de
que se trata de una búsqueda de
la verdad y no de una agenda
ideológica.
Pero además de ser entre trágico
y cómico, también manifiesta una
tendencia peligrosa. Como
señalan varios críticos, la
ciencia ha sido sistemáticamente
repudiada por este gobierno, a
veces con justificaciones
religiosas, pero frecuentemente
en beneficio de grandes
intereses empresariales, como el
sector energético, el
farmacéutico y más.
El ejemplo más obvio es la
posición intransigente del
gobierno de Bush de que el
fenómeno del calentamiento del
planeta es un problema, pero
también en otros asuntos
ambientales desde exploración
petrolera a normas de salud en
agua potable, como también en
los temas de educación sexual y
el asunto de la investigación
celular de enfermedades.
A la vez es cierto que las
teorías "divinas" encuentran eco
en lo que posiblemente es el
país más "religioso" del mundo.
Según encuestas recientes de
Gallup, 45 por ciento del
público estadounidense cree que
la versión bíblica de la
creación del ser humano es
cierta. Sólo un tercio de la
población cree en la teoría de
Darwin. Con esto, es menos
sorprendente que la versión del
"diseño inteligente" no
permaneció marginal dentro del
debate nacional, pero la
comunidad científica (y
seguramente Darwin) está muy
sorprendida de que, un siglo y
medio después de ser presentada,
de repente la piedra angular de
la biología moderna -la teoría
de evolución- ahora se encuentra
a la defensiva.
Tal vez la solución es la
ofrecida por el cómico Bill
Maher: aceptar de que sí existió
un "diseñador inteligente" que
dio origen al ser humano, pero
que este no era una fuerza
divina, sino un chango. O tal
vez es hora de aceptar de que
este país, a estas alturas, ya
no puede ser identificado como
uno de los "más avanzados".
Gentileza:: Guillermo C.
Cohen-Degovia [cohen_degovia@hotmail.com]
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