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Santiago
García y Arístides Vargas: La
experiencia de crear en
colectivo, según los directores
de La Candelaria y Malayerba.-
14/07/05 (España)  
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Santiago García y Arístides
Vargas: La experiencia de crear
en colectivo, según los
directores de La Candelaria y
Malayerba
Liz
Perales.
El Mundo.
"Santiago García (Bogotá,
1928) y Arístides Vargas
(Córdoba, 1954) comparten el
triple oficio de autor, actor y
director de teatro. El primero
dirige La Candelaria, el grupo
más conocido dentro y fuera de
Colombia. Malayerba se llama el
que Vargas fundó hace 24 años en
Ecuador. Ambas compañías poseen
una sala en su país y muchas de
sus obras llevan la firma del
colectivo, pues así entienden la
creación escénica. Esta semana
presentan en Madrid El Quijote
(del día 8 al 10) y en Almagro
La razón blindada (día 12).
La muestra "El Quijote en
Iberoamérica", organizada en
Madrid por la Sociedad Estatal
de Conmemoraciones Culturales,
ha traído a nuestro país a nueve
de las compañías más relevantes
de Iberoamérica. El próximo año
será la sede de La Candelaria en
Bogotá donde se reúnan algunas
de éstas, ya que el grupo
celebra sus 40 años de
existencia con 40 días de
teatro.
–¿Con qué intenciones nació La
Candelaria?
–Santiago García: En junio de
1966 nuestra idea era tener un
grupo de teatro más o menos
estable. Teníamos una sala
alquilada que se prestaba a que
hiciéramos variaciones, que era
nuestro objetivo: hacer un
teatro experimental, buscar un
lenguaje propio. También
conectar con un público popular,
para lo que nos valimos de
gremios y sindicatos. Nos
llamábamos Casa de la Cultura
pero dos años después compramos
una vieja casa en el barrio La
Candelaria de Bogotá y cambiamos
el nombre.
CREACIÓN COLECTIVA E INDIVIDUAL
–En relación con el repertorio,
han atravesado por varias
etapas...
–S.G: Al principio nos interesó
el gran repertorio universal, –Chejov,
Esquilo, Shakespeare, Valle...–,
montamos Marat-Sade de Peter
Weiss antes que Brook la hiciera
en cine, pero a los seis años,
cuando ya teníamos nuestra sede
y un grupo más o menos estable,
resolvimos meternos por el
azaroso camino de crear nuestras
propias obras con el método de
la creación colectiva. Así
surgió Nosotros, los comunes,
que llegamos a representar 400
veces. Y luego vino nuestro gran
éxito, Guadalupe años sin
cuenta, que estrenamos en 1975,
inspirada en la guerrilla de los
Llanos Orientales de los años
50; la representamos en multitud
de países y dimos 1.500
funciones. Así nos dijimos que
ése era el camino: montar
nuestras obras con nuestros
argumentos. En total hemos
producido diez obras colectivas
y doce de creación individual.
–¿Fue un proceso natural acabar
creando en colectivo?
–S.G: Fue por deficiencia de una
dramaturgia colombiana o
iberoamericana, que era lo que
nosotros queríamos montar y que
no encontrábamos; es decir, por
lo que llamaríamos sustracción
de materia.
–Malayerba se crea en los 80.
¿Se encuentran con el mismo
problema de falta de textos
dramáticos?
–Arístides Vargas: Nuestro grupo
se creó en Quito, muy
influenciado por los trabajos de
La Candelaria y el Teatro
Experimental de Cali y por otros
grupos que si bien no trabajaban
en creación colectiva seguían
una línea de colectivización
ideológica que a mí me
interesaban, como Galpón de
Argentina. Hoy la situación es
diferente, hay una dramaturgia
importante que en los años
tempranos de La Candelaria no
había, quizá con la excepción
del Río de la Plata, donde sí
existía la figura jerárquica del
autor.
–Cuando hablamos de creación
colectiva ¿a qué nos referimos
exactamente? ¿a un proceso de
trabajo con ausencia de
jerarquías?
–A.V: En nuestro caso es una
especialización. Es asumir que
la dramaturgia no vale más que
la puesta en escena o la
interpretación. El grupo
Malayerba nace como grupo de
creación colectiva y nuestras
primeras obras se forman así.
Pero la creación colectiva es
como la ética: es la asunción
individual de pautas de trabajo.
Al principio, éramos jóvenes y
queríamos hacer todo muy rápido,
pero tardábamos dos años en
montar una obra. Fue un largo
aprendizaje que consolidó al
grupo. En la actualidad, el
trabajo de dramaturgia es
personal, pero lo es entre
comillas, ya que hay una
colectivización permanente del
proceso de trabajo. Y, además,
seguimos con creaciones
colectivas.
–S.M: La creación colectiva no
es un método, sino una actitud,
muy parecida a la que reinó
durante la Edad Media. Es una
estructura que va de abajo a
arriba y que va sumando
habilidades. Desconocemos
quiénes son los arquitectos de
las catedrales góticas,
impresionantes construcciones
que no tienen una
individualidad. Yo creo mucho en
la función del grupo en el arte,
pero muchas artes como la
literatura o la poesía no se
prestan a ello. Inclusive en la
música es muy difícil encontrar
una composición de alta calidad
compuesta colectivamente. En la
danza y el teatro sí, y
curiosamente se avecinan al
concepto de invención de las
ciencias, que organizan grupos
de trabajo en torno a
laboratorios. Y en este sentido
lo entedemos en La Candelaria.
–En el caso de La Candelaria,
acabaron refugiándose en textos
de creación individual. ¿Por
qué?
–S.G: Decidimos alternar los
trabajos de creación colectiva
con otros de creación individual
para no quedar sometidos a un
método, para no anquilosarnos y
repertirnos. El arte es adverso
a los métodos, el verdadero arte
lleva a una permanente ruptura
de normas y leyes, de actitud
iconoclasta especialmente con lo
que uno ha hecho. En nuestra
última etapa hemos optado por
montar obras a partir de textos
clásicos, como Diálogo del
rebusque, basado en textos de
Quevedo. Esta experiencia de
tomar un clásico y transformarlo
en teatro moderno la repetimos
en varias ocasiones hasta llegar
a El Quijote.
–A.V: Después de una primera
etapa en la que hicimos obras de
Lorca, de Brecht, de Fo y
adaptaciones de Robison Crusoe o
del Retablo de las maravillas,
estrené Jardín de pulpos, con la
que tuvimos mucho éxito. Es una
obra en la que hablo de la
pérdida de la memoria. Luego
llegó Pluma, La edad de la
ciruela y Nuestra señora de las
nubes, sobre el exilio, yo me
fui de Argentina con 20 años y
entonces, cuando debí hablar, no
lo hice.
–¿Cómo se han enfrentado al
Quijote?
–S.G: Tomar a Cervantes como si
fuera colombiano y tratarlo como
a una cosa propia, como se trata
a los seres queridos, o sea,
tratarlo mal. En nuestra
experiencia con Quevedo descubrí
que había numerosas palabras
anacrónicas que siguen usando
los campesinos del centro de
Colombia, quienes hablan como en
el s. XVI. Y en este espectáculo
también aparecen campesinos
hablando un idioma con una
antigüedad verbal que el público
de mi país reconoce. No sé cómo
será en España.
–A.V: En La razón blindada he
empleado varios materiales: un
texto de Kafka sobre el Quijote
que sostiene que el hidalgo fue
una invención de Sancho; las
narraciones de los presos
políticos de la cárcel argentina
de Rawson, quienes se valían de
ellas para evadirse de la
realidad y, por último,
imaginamos a Cervantes que sigue
el mismo ejercicio de los
presos, ya que él comenzó a
escribir la novela desde la
cárcel.
UN CARO SISTEMA DE TRABAJO
–Trabajar desde sus postulados
exige un elenco estable.
¿Cuántos miembros forman sus
grupos?
–S.G: Somos 18 personas, de los
que uno es técnico, aunque todos
hacemos un poco de todo, hasta
vender boletos. La creación
colectiva es imposible sin un
grupo estable, es la única forma
de matener la memoria colectiva
que garantiza la creatividad.
Pero nuestro sistema es caro:
tenemos un repertorio de seis o
siete obras, empleamos más de un
año de ensayos y no tenemos
subvenciones estatales ni
queremos, porque no nos gustan
las ataduras; tampoco queremos
vínculo con empresas, que son
peores. Preferimos ser pobres,
pero honrados.
–A.V: Nosotros somos trece
personas en total. Tenemos una
sala en Quito y no tenemos
ningún tipo de ayuda
gubernamental. Recibimos ayudas
de instituciones
internacionales, pero vivimos de
nuestro teatro, de talleres y
publicaciones. En mi país hacer
teatro se ha convertido en una
responsabilidad moral porque el
Estado, que debería hacerlo, no
lo hace y tampoco nadie más.
Gentileza:: celcit [
celcit@sinectis.com.ar ]
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