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Entrevista a
Adelaida Manganini: "Títeres
para crear, títeres para
creer".- 06/07/05 (Argentina)  
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Entrevista a Adelaida
Manganini: "Títeres para crear,
títeres para creer "
La actriz, titiritera y
directora cuenta cómo combinó a
Galeano y H. C. Andersen en la
puesta de La mujer de la
lámpara.
Cuando el grupo El Candil la
invitó a realizar una puesta en
base a La niña de los fósforos,
del escritor danés Hans
Christian Andersen, la actriz,
titiritera y directora Adelaida
Mangani se planteó con urgencia
cómo contar un cuento en escena
y cuál sería en esta dramaturgia
el lugar del narrador. Encontró
inspiración en dos textos del
escritor uruguayo Eduardo
Galeano incluidos en el libro
Mujeres. Descubrió allí
"personajes a los que les era
familiar el arte de contar".
Entonces surgieron "la mujer de
las cajas y la de los volados",
protagonistas de la obra que
Mangani dirige y musicaliza, y
para la que ha diseñado los
títeres. La pieza se denomina La
mujer de la lámpara y se ofrece
los viernes a las 21.30 en la
nueva sala El Grito, de Costa
Rica 5459, con actuaciones de
Marta Cabrera y Mabel Marrone.
Tres escenarios o cajas
transparentes dan cabida a esta
historia que desmitifica la
muerte, quitándole dramatismo, y
tiene como centro a una niña
sola y aterida de frío en una
gran ciudad. Las actrices se
multiplican, componiendo
diferentes personajes y animando
objetos.
Mangani dice querer "compartir
emociones simples y profundas
con el espectador", partiendo
del desamparo de una niña que
acaso pudo llegar a ser mujer,
como si aquélla del relato de
Andersen no hubiera muerto de
frío. El cuento aguijonea el
presente de dos narradoras
adultas: "Es que ese texto tiene
gran implicancia social
–advierte la directora–, nos
instala en problemas que no se
han resuelto, como la pobreza,
la soledad y la indiferencia. La
niña, desesperada, enciende
todos los fósforos que tiene
para vender y alucina imaginando
situaciones gratas". Mangani
suma al relato otros escritos de
Andersen. La intención es
"subrayar la importancia que
tiene en la literatura de este
autor la necesidad de crear y
creer", sostiene la directora.
"Cuando se cree en algo, se
puede seguir creciendo. Esta
niña llega con su imaginación a
mundos que trascienden las
circunstancias dolorosas de su
vida. Entre el pequeño incendio
que provoca el encendido de
fósforos y la aparición de una
serie de objetos luminosos, ella
cree ver a su abuela, a la que
tanto extraña. Este cuento es
para mí una reflexión sobre la
creación y sobre el arte." –Es
también uno de esos relatos que
en la niñez nos hicieron llorar.
–Porque nos identifica con algo
muy real, como es el desamparo
de un niño en la calle. Son
situaciones que, cuando nos
pegan, nos emocionan de manera
muy primaria.
–Se realizaron este año varias
puestas de Andersen para el
público infantil. ¿Cómo fue este
pasaje al mundo de los adultos?
–Este año se recuerdan los 200
del nacimiento de Andersen y
esto explica tantas puestas. En
nuestra obra, aquella niña del
cuento "atraviesa" el
sentimiento de desamparo de una
de las mujeres narradoras. La
historia se cuenta de manera
diferente porque aquí hay
actores y títeres, y el lenguaje
de los títeres no se basa
demasiado en la escritura.
–En Gaspar de la Noche, otro
espectáculo suyo con actores y
títeres para adultos, inspirado
en un texto de Aloysius Bertrand,
se atendía al texto y era
complejo.
–Cuando se utilizan escritos
como el de Bertrand, y además
fragmentados, la obra puede
resultar hermética. En La mujer
de la lámpara aparecen elementos
de otros cuentos de Andersen que
posiblemente el espectador no
conozca, como pudo haber sido
con los de Gaspar... Por eso
prefiero destacar aquí no tanto
la escritura como los aspectos
más simples, por ejemplo una
rosa o un garbanzo que se
iluminan. Es fundamental que el
público pesque la imagen y
después le dé el significado que
quiera.
–¿Por qué no dirigirlo?
–A veces una se tienta y
pretende guiarlo, pero es mejor
no hacerlo.
–No pasaba lo mismo en Tinieblas
de un escritor enamorado, de
Eduardo Rovner, también un
trabajo de títeres para adultos.
–Darle demasiada importancia al
texto acaba siendo un problema
para el títere, porque no puede
sostenerlo como un actor. Por
eso el recurso en aquella obra
fue generar climas. Esa era la
historia de un escritor atrapado
por la fantasía del amor eterno,
casi un descenso al infierno.
–¿Qué clima prefiere para los
títeres?
–Me siento cómoda en la poesía y
también combinando poesía con
música. En Gaspar... una mujer
cantaba flamenco. Como obra de
prosa poética, hice en 1990 una
versión de Mariana Pineda, de
García Lorca.
–¿Cuál es la diferencia entre
títeres y objetos cuando a éstos
se les confieren actitudes
humanas?
–En rigor, ambos son objetos,
sólo que al ser trabajados
dramáticamente se convierten en
títeres. Si hablamos en forma
general, diría que los
antropomórficos son títeres y
todo lo demás son objetos. Somos
nosotros los que convertimos a
los objetos en "personas". Como
quizá ninguna otra disciplina,
el teatro de títeres descubre la
esencia de la convención
teatral. Esta nos dice que es
preciso un acuerdo previo entre
artistas y público por el cual
unos y otros se comprometen a
creer en aquello que se muestra
en escena. Si aceptamos, por
ejemplo, que una taza es un ser
que piensa y siente, nuestra
fantasía no tendrá límites.
Hilda Cabrera. Página 12.
Gentileza:: celcit [
celcit@sinectis.com.ar ]
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