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El amasijo
DO YOU PESCA, O NO?
(Donde se habla de cómo nació la
castilla internacional))
Por: John Argerich
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En el Mar de los Sargazos había
una isla tropical llena de
palmeras que se llamaba
Bestiunia. Nombre inspirado en
la capacidad intelectual de su
laboriosa población. Tan remota,
olvidada e inhóspita, que cuando
los ingleses se afanaron medio
mundo, la pasaron por alto
porque ni siquiera estaba en los
mapas secretos del Almirantzgo.
Sin embargo, al volver la flota
a su fondeadero después de la
guerra de Malvinas, un grumete
divisó sus costas.
-¡Tierra incógnita! -gritaba,
loco de contento, esperando un
ascenso por el descubrimiento.
Y la noticia despertó deseos de
gloria. Más que nada porque
ocupar una isla pequeña teniendo
toda la flota a mano, parecía
soplar y hacer botellas. Dos
buenos cañonazos y se rendían. A
lo sumo, tres.
-Tomaremos posesión en nombre de
Su Majestad -dijo el comandante
en jefe.
El peligro era inminente,
después de la biaba que les
habían dado a esos sudamericanos
irrespetuosos, empeñados en
recuperar unas islas de mierda.
Pero no todas las guerras son
iguales, y Bestiunia mantuvo su
hispanidad. Pero aclaremos: No
por tener un loco berretín
flamenco, que conviertiera a sus
hijos en leones, capaces de dar
por tierra al apetito de la
rubia Albión. El país se salvó
debido a que casi todos los
carteles viales estaban mal
escritos, porque los pintores
eran analfabetos. Y como un buen
ejemplo vale más que media hora
de charla, relataremos lo que
ocurría en la ruta principal. Al
bajar una cuesta empinadísima,
las indicaciones no dejaban
lugar a dudas:
"Velocidad mínima 120 Km. por
hora, prohibido frenar".
A los nativos no les pasaba
nada, porque por más carteles
que pongan, cuando uno no sabe
leer hace lo que se le viene en
gana. Pero los bobbies habían
ido al colegio y llevaban el
alfabeto metido en la sangre.
Desembarcar en Playa Liverpool
no fue nada, pero al salir de
Camp Holliwood se toparon con la
dura realidad. Y en esa maldita
cuesta quedó el primer batallón
motorizado que integraba la
fuerza de choque. Los Tuerca
Boys de Saint George, auténticos
profesionales del vértigo
automotor. Pero eso no es todo.
En el puerto de ultramar las
cosas funcionaban aún peor. A la
derecha del faro había una
peligrosísima cordillera
sumergida, con negros peñascos
acechando al ingenuo navegante,
para mandarlo al fondo del mar.
Y un pontón decía: "Prohibido
doblar a la izquierda". Parece
inútil consignarlo, pero allí
sucumbió media flota invasora.
Incluso un portaaviones nuevito,
orgullo de la armada imperial.
El resto del ejército
civilizador mandado por Londres
terminó su carrera atrapado en
las ciénagas próximas a
Brutópolis, capital del país
isleño. Pues promediando ese
accidente geográfico había otra
pancarta mal puesta. "Zona de
descanso, whisky gratis". No
bien los rubios invasores
observaron su texto, hizo crisis
toda ambición imperialista. ¿Qué
marca de licor serviría el
hospitalario enemigo? ¿Johnny
Walker's o Ballantine's? Y
perdieron la cabeza por ganas de
confraternizar. Se hundieron
hasta el gorro, sea dicho,
mientras las gaitas escocesas
tocaban "God save the queen". De
esa tragedia no se salvaron más
que el almirante Popcorn y dos
contramaestres anónimos, cuyas
patas de palo los mantenían a
flote. Un desastre bélico sólo
comparable a Waterloo, pero al
revés.
-¿Qué haremos con los
prisioneros? -dijo un negrito
gordinflón, mientras se relamía,
con ganas de comer asado.
-Déjese de joder, que es viernes
santo, y día de abstinencia,
che... -repuso el cabo primero-
¡Mal momento para un banquete!
Los esperan las mazmorras del
castillo, donde mora la
autoridad.
Pero el gobernador vitalicio,
marqués de las Verbenas de la
Paloma y Obes, había muerto por
un infarto cardíaco. Sintióse
mal del vientre no bien oyó los
primeros tiros, y quisieron
llevarlo al hospital. Mas su
chofer confundió la ruta, por
esos malditos carteles
carreteros, llegando demasiado
tarde. Una situación difícil,
aunque gracias al Altísimo, aún
quedaba otra figura estelar. La
esposa del líder, igual que
había pasado con el Pocho e
Isabelita, tiempo atrás.
Entonces ella dijo:
-¡A partir de ahora, mando yo!
Después le trajeron al inglés.
Embarrado como un chancho, el
pobre, con tanta aventura.
-¿Invadiéndonos sin permiso? ¡Os
daremos merecido castigo, no
bien el verdugo termine su
retiro espiritual!
-¡Apiadaos, excelencia! -gemía
el almirante- ¡No me hagáis
desollar vivo, para celebrar la
pascua de resurrección!
-Entonces, has de trabajar...
-Sonatem fraten... -murmuró un
fraile.
-Oh, my God! -dijo el inglés.
Pero las Leyes de Indias eran
duras.
-¿Qué sabéis hacer?
-Sé corregir carteles... ¡Firmad
mi nombramiento en vez de
colgarme! Porque estando bien
informados, entraréis al primer
mundo.
El auditorio se rascó las
barbas, menos Su Señoría, por
ser lampiña. Tras lo cual hubo
consenso. Aquella idea no era
mala, aunque nadie recordó que
Popcorn apenas chapurreaba el
español. Visto lo cual, al mes y
medio todos los textos viales
estaban escritos en inglés. Mas
pocos se dieron cuenta pues,
como ya dijimos, los isleños
eran analfabetos. Y de haber
alguna excepción, su titular
andaba demasiado ocupado con
otras cosas, para andar mirando
carteles. Así que entre eso y la
TV, el idioma acabó
modernizándose.
-¿Unos drinks?
-¡Okey!
Poco después llegaba desde Miami
el primer charter turístico.
Pero los gringos nunca muestran
respeto por las instituciones
locales. Que el rey, que las
cortes, que su señoría
ilustrísima, que la santa virgen
de qué sé yo. Unas cargadas
bestiales, motivo por el cual
doña Rosa se cansó de tanta
hispanidad. Y como había visto
en una película argentina sobre
la Semana de Mayo, hizo que el
cabildo proclamara la
independencia. Así los isleños,
entre otras libertades, pudieron
hablar tranquilos una mezcla de
spanglish y cocoliche, haciendo
oídos sordos a la academia real.
¡Mujer de agallas, esa viuda!
-¡Abajo los chapetones! -gritaba
el pueblo, enardecido con su
cara libertad.
De tal manera, la rebelión de
Bestiunia fue noticia a nivel
mundial.
-¿Dónde estará esa isla? -se
preguntó el rey de España tras
enterarse del balurdo.
-Nos olvidamos de ella al
terminar la guerra de Cuba,
majestad... -repuso un asesor,
mientras revolvía papeles
viejos.
-¿Y ahora...?
Siguió un cambio de opiniones.
Pero mejor quedarse piola, pues
la emancipación del nuevo mundo
era un hecho irreversible.
Especialmente tras lo que dijo
Monroe:
-América para los americanos...
¿Capish?
"Rosa Domínguez viuda de la
Paloma y Obes, presidenta de
Bestiunia Republic", decían las
nuevas estampillas postales.
Mas visto su entorno machista,
hasta los carteros tomaron aquel
título a la chacota. Entonces
ella, ni lerda ni perezosa,
firmó el decreto ley de
modernización lingüística. Que,
palabra más, palabra menos,
decía así:
Artículo 1. A partir de hoy, en
todo el territorio nacional, los
títulos que dan estatus serán de
género masculino.
Artículo 2. Como artículo
determinante, se empleará el que
corresponda al sexo del titular,
a menos que sea gay.
Artículo 3. Los substantivos
comunes podrán usarse en inglés,
preferentemente versión made in
USA.
Artículo 4. Deróganse todas las
normas gramaticales opuestas al
presente decreto ley.
Desde entonces, se dijo la
presidente, la ministro, la juez
y la diréctor, como hacen los
gringos que hablan en español.
Pero hubo gran confusión, así
que algunos nativos también
terminaron hablando del mosco,
the cucaracho, el sánguche de
cheese, "¡venga a comprar
barato, porque hoy tenemos
sale!" y otros engendros afines.
Para no repetir un diálogo muy
común en Nueva York.
-Ande va tan afanado, chico?
-A guashear la ropa en la
londres, Sir.
La suerte estaba echada, porque
la vida es cambio, y el progreso
viene del primer mundo. En las
afueras de Brutópolis pusieron
una antena grandísima enfocada
hacia el sur, que inundaba con
palabras a América Latina. Así
nació el castellano
internacional, que poco a poco
va dejando en la lona a nuestra
lengua madre, sin salvarse
siquiera el chamuyo canyengue
que gambeteaba con cortes los
cien barrios de mi ciudad.
-Do you pesca la justa, o no?
THE END

Camp Hollywood
Copyright: John Argerich, 2005
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidós medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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