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El amasijo
ARRIBA Y ABAJO
(Donde se habla de lo que dijo el finado
Pestolini en cierta oportunidad)
Por: John Argerich
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Les escribo con bronca, justito
ahora que las cosas pintaban
lindo con los primeros calores
del verano escandinavo. Porque
el mundo está hecho a la
bartola, vea. Y si te tirás un
cachito a chanta, no falta nunca
un convidado de piedra para
romper la paciencia. Esta vuelta
los tenderos, en su angurria
monetaria a expensas del bien
común. Que sin importarles un
pito el mal que hacen, revientan
al noble macho, paganini de su
descanso anual. Y como si les
das la mano, estos garcas se
toman el codo, alguien debe
gritarles "¡De aquí no pasarán!"
He aquí una convocatoria a
defender el patrimonio visual
heredado de nuestros mayores.
Pero aclaremos conceptos, porque
la mezcla de chicha con limonada
no se vende. Me calienta el
ataque contra una de las mayores
conquistas de nuestros tiempos.
La minifalda, che.
-Vini, vide, vici -dijo
Alejandro Magno.
Y aunque la historia no relata
lo que estaría mirando el prócer
al formular tan profundo
pensamiento, cualquier griego
sabe que ése era su día de
garrón. Algo bien distinto de lo
que le pasó a otro Alejandro, un
pariente mío de apellido
Pinsotta, que vive en Ezpeleta.
Flor de cumpa, lo digo sin
despreciar.
-¡Vengan a junar ésto, che! -gritó
entusiasmado allá por los años
60, cuando vio a la Mónica
Brutovsky avanzando raudamente
hacia Rivadavia y Pueyrredón.
La susodicha era un despelote,
¡qué vamos a andar con vueltas!
Con su pelo rubio hasta la
cintura, curvas antipeatón, y
ese aire que traía loco al
vecindario. "Para mí, para
vos...para ninguno de los dos",
un decir.
-¡Mamita querida! -apenas
suspiré.
Los ojos me habían pegado un
salto dentro de las órbitas, y
casi más tiro al suelo las gafas
negras de hacer pinta. ¡Ese
delirio carrozado de mujer se
había puesto minifaldas! Unas
polleritas tan cortonas que
causaron estragos muchas cuadras
a la redonda. ¡Palabra! Y para
muestra basta relatar lo que
pasó después. Un tano de Obras
Sanitarias que estaba arreglando
caños en una zanja, perdió el
pulso al verla introducirse en
su campo visual. Y la
perforadora neumática salió
volando con tanta yeta, que fue
a aterrizar justito contra el
parabrisas de un patrullero
policial. ¡Para qué entrar en
detalles! Los botones levantaron
presión como leche hervida, y en
menos que canta un gallo había
ambiente de rosca.
-¡Yo te viá enseñar, desacatáu!
-dijo un agente que parecía
provinciano, por la dicción.
-¡Aspetta due minutti, morocho,
que tutto se va a aclarare! -respondió
el laburante.
Más poco valieron sus dotes
oratorias. Después de ablandarlo
a garrotazos, el cana le pidió
documentos. "La amansadora" como
se dice en dialecto policial. A
todo esto, Mónica volvía del
quiosco llevando en la mano un
paquete de cigarrillos para el
papá. Y flechado por Cupido, el
pobre don Giaccomo exclamó:
-¿Capisce ahora signore
carabiniere cómo pasa lo
achidente?
Y un ruso que andaba cerca dijo:
-¡Qué boina está...!
En resumen: se aclararon las
cosas, y el uniformado sintió
remordimientos de conciencia por
la pateadura. ¡Hasta los milicos
tienen corazón, si se los sabe
tratar! Así que luego de
ofrecerse cigarrillos e
intercambiar números de
teléfono, los protagonistas de
este entuerto se confundieron en
un abrazo.
-¡Perdoná, hermano, que fue sin
doble intención!
Ejemplos de convivencia como el
relatado rubrican la benéfica
influencia social de la
minifalda, porque sin ella otro
hubiera sido el epílogo. Pero
hablemos de historia ciudadana.
En un lejano ayer, las pebetas
poco mostraban. Entonces los del
sexo fuerte debíamos
semblantearlas a pura
imaginación. Y como sabemos, una
idea trae la otra. Con el
peligro que de tanto pensar, el
sujeto termine haciéndose
extremista. Que si el marote
entra en directa, puede ocurrir
cualquier cosa. Mas a pesar de
tan claro beneficio, detractores
siempre habrá.
-¡Mirá qué desfachatada, la
chica del corralón! -dijo una
vieja.
-Salió a la madre, doña Juana,
que cuando el marido hace horas
extra, se va a loquear por Santa
Fe.
Agregue Vd. lo que quiera, pero
cuando se acortaron las polleras
allá por los años 70, todo
anduvo mejor. Volvió el Pocho,
se firmó un tratado de límites
que aleja para siempre todo
peligro de guerra con la
República Oriental del Uruguay,
y Boca prendido haciendo punta.
Así que todo iba en carroza,
como cheque de alegría extendido
al portador. Hasta que un negro
atardecer, el finado Carlitos
Pestolini, que en paz descanse,
dio la alarma como una
premonición.
-¡Oia, muchachos...! ¡Semo
frito, si esa longaniza se viene
popular!
Ni más ni menos que la propia
Mónica Brutovsky de cuerpo
presente otra vez. Quien a pesar
de ser ya madre de familia,
seguía siendo un desafío al
pudor. ¡Ese pelo, esas curvas,
esos ojos con color de
eternidad! El tuttiquanti de
siempre, para qué seguir. Pero
al bajar la vista me se vino el
alma al sótano, se vino. Iba con
unas maxis que parecía escondida
atrás de las cortinas. Y recordé
una copla que cantaban los mozos
gallegos del Munich que hay
frente al Rosedal:
"De Cádiz a Vigo
de un salto llegué...
Tan sólo por verte
La punta del pie".
¡Ni los tobillos, insinuaba su
horrendo disfraz de dama
antigua! En la barra hubo mufa
instantánea, por si el ejemplo
cundía. Y al ratito todos
andaban con cara de viernes
santo, así que empezaron a
mandarse indirectas. Poco
después volaban las tortas y
tres valores acabaron en la
farmacia.
-¿A quién le ganás, chauchón? -dijo
un dorima molesto con tanto
juego ocular.
Y ya es poco lo que podemos
agregar, porque todos tienen
memoria. Lo ocurrido a nivel de
barrio pronto se reflejó en el
país. Primero las bombas,
después los cañonazos. Más tarde
la guerra de Malvinas, que salió
para el lado de los tomates. Y
eso que de entrada íbamos a
recuperarlas con los bomberos
voluntarios de Bernal. La pura
es que esas malditas maxis
trajeron una ola de desgracias.
Pero por suerte, ningún mal es
eterno, y las penas, como
llegan, se van. Desputando el
nuevo siglo, un modisto francés
probablemente coimeado por las
tijeras Solingen, gritó:
-¡Vive la diference!
Y los observadores del sexo
bello volvimos a sentir que
salía el sol. Rodillas y nalgas
por doquier. Gordas, flacas,
rubias, negras, proletarias y
esbirras del capitalismo
internacional. Todas competían
en el loable empeño de
proporcionar al macho vapuleado
una justa reparación visual.
-¡Estás para la parrilla,
nena...!
-¡Calláte, infeliz!
Rechazo de no creer cuando se
dice sonriendo, así que entre
levante y matrimonio, el tiempo
volaba como escupida de
trompetista. La patria volvió a
sus cauces, cesaron los
enfrentamientos militares, que
ya nos tenían aburridos, y se
acabó la inflación. Estos
pensamientos quizás hallen
detractores, pero hay que ser
bestia y medio para no darse
cuenta. Restablecida la mini, se
recobraron las buenas
costumbres, apoyatura básica del
orden social. Más la especie
humana de que formamos parte
jamás valora un bien presente. Y
ahora que todo iba en carroza,
cae otro chitrulo con la
cantilena del largometraje. Unas
polleras que dan hipo al
mirarlas. Todas llenas de trapos
largos, como usaban las brujas.
El resultado está a la vista,
porque la bronca "in crescendo",
empieza a reflejarse en muchos
rostros. Considere Ud. si no,
los balurdos que se arman
semanalmente con Brasil por las
cosas del Mercosur. O la bronca
por la constitución de Europa. ¡Mufa,
señores, es el término! Una
bronca internacional de no
creer. Pero volvamos a las
pampas.
-¿A quién le ganás con ese
tacho? -se saludan dos cultos
motoristas camino de Mar del
Plata en la Ruta 2.
-¡Hacelo pomada, negro! -grita
el público en la cancha al
patearse un penal.
¿En qué acabaron las viejas
tolerancias? ¿Dónde fue a parar
el respeto por la histórica
diversidad? La gente vive en
tensión. Como decía la marcha
patriótica de las Provincias
Unidas: "Se conmueven del inca
las tumbas, y en sus huesos
revive el ardor". Ardor de
reventarse a patadas como los
indios salvajes, de piolas que
somos, nomás. Y como el panorama
no me gusta un pito, propongo
asumir el desafío plasmando este
alegato en hechos concretos. Que
llorar, llora el más gil. Por
estas razones y muchas otras,
convoco al buen lector a
defender sus derechos fundando
un movimiento de opinión. Lo
llamaremos ADEMIN -"Acción para
la Defensa de la Minifalda". Su
lema cae de maduro: "¡Hombres
del mundo, uníos por la
destrucción de las polleras
largas!" Si Ud. se siente
motivado, no vacile más. Piense
en la patria y meta tijera,
comenzando por el guardarropas
doméstico. Porque la virtud bien
entendida, empieza en nuestro
propio hogar
THE END

Ilustración de Galina Ivanova
Copyright: John Argerich, 2003
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidós medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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