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Historia: Ataque a Panamá ¿1670
ó 1671?, por Alfredo Castillero
Calvo.- 22/08/05
 
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Historia: Ataque a Panamá ¿1670
ó 1671?, por Alfredo Castillero
Calvo
Alfredo Castillero Calvo*
Los historiadores serios nunca
nos conformamos con una sola
fuente. Y tratándose de un
evento de tan extraordinaria
importancia como fue el ataque
de Morgan a Panamá , debe
esperarse que sean muchas las
fuentes contemporáneas que se
refieran al hecho.
Difícilmente la única fuente es
la que ofrecen los piratas. Sin
embargo, la señora Maura Brescia
De Val, que se identifica como
"periodista y escritora, Miembro
Sociedad Chilena de Historia y
Geografía", y que presentó su
libro Piratas y Corsarios del
Mar del Sur en la pasada Feria
del Libro, hace descansar su
argumento de la fecha sobre la
base exclusivamente de John
Esquemeling, el conocido pirata
que dejó el mejor relato escrito
sobre la toma de Panamá desde la
perspectiva pirática.
Algunos historiadores, como
Ernesto Castillero Reyes y la
propia señora Brescia de Val,
parecen inclinarse a resaltar el
aspecto "romántico" de este
episodio (el del supuesto
enamoramiento de Morgan por una
dama española que se resistió a
sus requiebros). Pero como
explicó detalladamente en uno de
los capítulos de la Historia
General de Panamá que se publicó
el año pasado, el ataque provocó
una gran conmoción en el imperio
español: La reina gobernante y
más de uno de sus ministros
lloraron por la trágica pérdida,
y se movilizaron enormes
recursos económicos, militares y
hasta diplomáticos para
enfrentar la crisis. Destacar lo
del amorío revela ciertamente
poca seriedad, y reduce el drama
de la caída de Panamá la Vieja a
un frívolo evento sin
trascendencia.
Nadie en la época lo vio así, y
como era un acontecimiento tan
grave, se acumularon pilas de
documentos relatando las
distintas fases del episodio,
qué tipos de armas se emplearon,
cuántos hombres se enfrentaron
en combate, quiénes se
acobardaron o se comportaron con
valentía, toda la logística y la
movilización de recursos que se
pusieron en juego, desde España
al Perú, y finalmente, cuando ya
había pasado la crisis, se
siguieron apilando evidencias
escritas sobre los padecimientos
que tuvieron los vecinos, como
fueron las epidemias y hambrunas
que diezmaron la población a tal
vez más de la mitad. Al
gobernador que sufrió la
derrota, Juan Pérez de Guzmán,
se le siguió luego Juicio de
Residencia, donde se acumularon
más documentos. Hay pues mucha
información escrita, la gran
mayoría conservada en el Archivo
de Indias de Sevilla, aunque
también en el Archivo de
Simancas, en el Nacional de Lima
y en otras partes, donde el
historiador serio debe abrevar.
Esquemeling no es, ni podía ser,
por supuesto, la única fuente a
la que se puede acudir.
El aspecto que desea resaltar la
señora Brescia de Val por
considerarlo "un golpe
periodístico y tremendamente
vendedor", digno de destacarse
el día que se celebra la
fundación de Panamá es que, como
ella afirma, "Panamá la Vieja
fue destruida el 22 de agosto de
1670. Morgan partió el 12 de
agosto desde Chagres y 10 días
después llegó a Panamá la
Vieja". Con ello pretende
corregir a Ernesto Castillero
Reyes (el único autor panameño
que por lo visto consultó), por
haber escrito que el ataque de
Morgan a Panamá la Vieja se
produjo el 28 de enero de 1671,
y no el 22 de agosto de 1670.
Pero si hubiera escrutado con
más ahínco la bibliografía se
habría informado que el libro
canónico y hasta ahora el más
consultado sobre el tema es en
realidad Panamá la Vieja, de
Juan B. Sosa, publicado en 1919
y que incorpora algunos
documentos españoles de archivo.
También ella se lamenta que los
historiadores en Panamá no nos
ocupamos de otra cosa que de la
historia del Canal. Como es
obvio desconoce lo mucho y
valioso que ha aportado nuestra
historiografía en la última
generación que no se refiere
para nada a ese tema.
El punto es que si bien
Esquemeling anota en la obra
Piratas de América (el título
varía según las ediciones) que
Morgan salió con mil 200 hombres
desde Chagres para Panamá "el 18
de agosto del año 1670" (y lo
cita correctamente la mencionada
escritora chilena), el mismo
Esquemeling dice más adelante
que "el 24 de febrero del año de
1671 el capitán Morgan abandonó
la ciudad de Panamá". Pero aquí
debió ella observar la primera
inconsistencia de Esquemeling,
pues por muchas fuentes se sabe
que Morgan solo estuvo un mes en
Panamá la Vieja, y si la
abandonó en febrero de 1671,
debió atacarla en enero de ese
mismo año. Por otra parte, si
las fechas que da Esquemeling
fueran ciertas, Morgan habría
tardado en atravesar el istmo
¡más de seis meses!
Si se considera que la ciudad
había quedado casi enteramente
destruida por el fuego, que
pronto se desataron varias
devastadoras epidemias, que las
vituallas que traían los piratas
ya se habían agotado cuando se
asomaron al Pacífico desde el
Cerro del Avance, que Panamá
tenía una crónica escasez de
alimentos, y que dadas las
circunstancias era más que
improbable que estos le llegaran
de las colonias españolas del
Pacífico, no es difícil colegir
que para los piratas habría sido
una verdadera temeridad
permanecer en la ciudad mucho
tiempo.
Y por supuesto, no un año; ni
aún medio año. Basta conocer el
contexto político y militar de
la época para comprender que
España no se quedaría cruzada de
brazos durante tanto tiempo. ¿No
era Panamá sede de las ferias de
Portobelo, el evento comercial
más importante de Occidente,
donde se acumulaban valores por
entre 20 y 40 millones en barras
y monedas de plata y mercancías
es decir, de 5 a 10 veces todo
el capital de que disponía un
país como Escocia en esa misma
época? ¿No era el pasaje
transístmico un punto de
vitalísimo valor estratégico
para la seguridad del imperio
español en América? ¿Cómo
dejarlo en manos de los piratas
abandonado a su propia suerte?
Habría sido impensable.
Por ello se invirtieron tantos
recursos en recuperar Panamá y
se gastaron tantos miles de
pesos en la mudanza de la ciudad
a las faldas del Ancón. De
hecho, todos los documentos que
he manejado sobre el tema
evidencian que durante el año
1671, tan pronto se recibieron
noticias de la invasión, se
estuvieron movilizando tropas
desde Perú para rescatar Panamá,
mientras que en España se armaba
una poderosa flota y se tomaban
otras medidas de urgencia.
Por otra parte ¿no cabe la
posibilidad de que Esquemeling,
o su amanuense, o el tipógrafo,
se hallan equivocado al afirmar
que el ataque fue en 1670 y no
en 1671? Eso ocurre a menudo.
Después de todo, el propio
Esquemeling parece corregirse
más adelante, como ya dije, y la
fecha de 1671 la refuerzan
decenas y decenas de otros
documentos de origen español.
Quedémonos pues con la fecha ya
consagrada por la historiografía
panameña: el año del ataque de
Morgan a Panamá fue el 1671 no
el 1670.
Los estudiosos del pasado
debieran tener siempre presente
que las fechas por sí mismas no
nos dicen nada si no las
inscribimos en el contexto
adecuado. Sólo adquieren valor
referencial cuando se las
considera dentro de un proceso
contextualizado y como parte de
una trama donde cada momento o
cada referencia cronológica
adquiere significado.
No hacerlo así, es arrojarlas al
vacío, despojándolas de sentido.
Una fecha, adecuadamente
situada, puede contribuir a
comprender mejor un evento, o un
proceso histórico. Su sola
referencia puede situarnos
apropiadamente en una época o en
un momento histórico dado. Pero
es el contexto en el que se
inserta el que le confiere
significado, no lo contrario,
porque la historia no es una
sucesión de fechas, y aquella
sólo adquiere interés y se hace
trascendente cuando se la
explica y comprende como parte
de procesos complejos y
entrelazados. Se ha dicho que
uno de los peores pecados del
historiador es el anacronismo.
Pero anacronismo es también
sustraer las fechas de su
contexto privándolas así de
significado.
*El
autor es historiador.
Gentileza:: Guillermo C.
Cohen-Degovia [cohen_degovia@hotmail.com]
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