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El abandono de la ciencia en
México.- 20/08/05
 
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El abandono de la ciencia en
México
Editorial de
LA JORNADA
La ciencia en México se
encuentra en un estado
lamentable que poco beneficia al
país. En 2003, el gasto del
Consejo Nacional para la Ciencia
y la Tecnología (Conacyt) fue de
5 mil 76.7 millones de pesos,
cifra insuficiente para cubrir
las necesidades de investigación
científica de la nación.
Mientras tanto otras áreas
reciben excesivos recursos, como
el presupuesto total concedido
al Instituto Federal Electoral y
a los partidos para sus campañas
presidenciales de 2006, que
asciende a 13 mil millones de
pesos, lo que convierte a las
elecciones mexicanas en una de
las más caras del mundo.
Asimismo, los apoyos de la
iniciativa privada son
prácticamente nulos y la ciencia
se encuentra desvinculada de los
procesos productivos, lo que
fomenta una onerosa dependencia
de los avances alcanzados en el
extranjero. Al mismo tiempo se
pone poco énfasis en la
enseñanza de las materias
científicas en el sistema
educativo y hay continua fuga de
cerebros ante la falta de
espacios para la investigación.
Los problemas de la ciencia se
dan en buena medida debido a que
los sucesivos gobiernos han
carecido de una política de de-sarrollo
a mediano y largo plazos que
tome en cuenta un sustancial
incremento en las inversiones en
este rubro, así como una
estrategia que la vincule con
los sectores productivos. Otros
países, incluso más modestos que
México, han entendido la
importancia de estos factores.
Es el caso de la industria
informática de Costa Rica: desde
1974 el gobierno de ese país
recurrió al financiamiento
internacional para fortalecer el
Instituto Tecnológico de Costa
Rica (ITCR), el cual es ya una
de las escuelas de software y
computación más avanzadas de
América Latina.
Además el ITCR tiene un
envidiable programa de
vinculación con el sector
privado: muchos de sus graduados
ya trabajan en empresas locales.
Por otra parte, en 1985 Costa
Rica redujo impuestos a la
importación de computadoras, lo
que dio fuerte impulso a la
industria local, al grado de que
algunas empresas del país han
comenzado a expandirse a Europa
y Sudamérica.
Este caso revela una estrategia
a largo plazo para fomentar el
desarrollo tecnológico y una
política de estímulos efectiva.
En contraste, México parece
retroceder. La directora adjunta
de Formación de Científicos y
Tecnólogos del Conacyt, Silvia
Alvarez Bruneliere, declaró a La
Jornada que 420 proyectos de
posgrado fueron rechazados del
Programa de Fortalecimiento al
Posgrado (Pifop). Esto afecta a
varias de las instituciones de
mayor prestigio académico del
país, como el Instituto
Politécnico Nacional, con 11
proyectos fuera del Pifop, lo
que implica que 250 estudiantes
se quedarán sin beca.
En materia de incentivos
fiscales hay que señalar que no
son eficientes debido a la
excesiva y compleja burocracia
que desalienta a los empresarios
a invertir en ciencia y
tecnología. También falta fijar
convenios de colaboración entre
industria y academia, impulsar
el desarrollo tecnológico de
pequeñas y medianas empresas,
destinar recursos federales a
áreas estratégicas del
conocimiento, proteger los
derechos de propiedad sobre
desarrollos tecnológicos y
patentes, así como abrir
espacios de divulgación
científica en el país.
Ante este panorama no es de
extrañar que los egresados de
doctorado opten por emigrar
debido a que no hay empleos
adecuados ni suficientes
espacios en el área de
investigación. Las cifras son
alarmantes: de mil 200 que se
gradúan cada año 600 se van.
La consecuencia de estos rezagos
es que México es cada vez más
dependiente de la investigación
científica y tecnológica que se
hace en el exterior. Esto
implica que el país deja de lado
un importante factor de
crecimiento económico y social,
sin el cual nunca se alcanzará
el desarrollo sustentable.
Gentileza:: Guillermo C.
Cohen-Degovia [cohen_degovia@hotmail.com]
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