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El dilema de los emigrantes, por
Jeremy Rifkin.- 13/08/05
 
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El dilema de los emigrantes, por
Jeremy Rifkin
Jeremy
Rifkin
Fuente-/El País
El 17 de diciembre, los jefes de
Estado de 25 estados miembro de
la Unión Europea se reunirán en
Bruselas. El asunto más
controvertido del programa es la
cuestión de si debe darse luz
verde a Turquía para su entrada
en el club. Los europeos se
encuentran divididos en la
cuestión de la admisión de los
turcos.
A muchos les preocupa que
aceptar a un gran país musulmán
en la UE con el potencial de
generar una afluencia de
inmigrantes musulmanes en Europa
pueda resultar desastroso para
el experimento político europeo
La cuestión turca se desarrolla
con el telón de fondo del
asesinato del cineasta holandés
Theo van Gogh el 2 de noviembre
a manos de un terrorista molesto
con una reciente película del
director que retrataba la
violencia musulmana contra las
mujeres.
La opinión pública estaba
enfurecida. Vigilantes
holandeses desconocidos pusieron
una bomba en una escuela
musulmana y prendieron fuego a
una docena de mezquitas. El
primer ministro Jan Peter
Balkanende, en un discurso
pronunciado ante el Parlamento
Europeo, afirmó que, aunque los
países de la Unión Europea
necesitan combatir el terrorismo
con mayor efectividad, también
deben iniciar un debate serio
sobre cómo integrar a las
minorías inmigrantes en la
normalidad de la vida europea.
Eso me recuerda que "Unidad en
la diversidad" es el mantra
oficial de la Unión Europea y
una de las piedras angulares del
Sueño Europeo, y se trata con la
misma reverencia que los
estadounidenses profesan a la
"vida, libertad y búsqueda de la
felicidad". La gran pregunta es
si, en realidad, los europeos
están preparados para respaldar
el majestuoso eslogan en las
políticas y programas
gubernamentales y en la vida
diaria de la gente.
El éxito o el fracaso del
experimento de la Unión Europea
depende en gran medida de los
resultados. Aunque se han
elevado voces de alarma entre
políticos, intelectuales y la
opinión pública en general sobre
la forma de abordar el problema,
posiblemente explosivo, de
integrar a nuevos inmigrantes -y
especialmente a las minorías
musulmanas-, se han propuesto
muy pocas ideas específicas
sobre cómo enfocar la tarea.
Me gustaría ofrecer una
propuesta muy concreta que creo
que podría empezar a paliar el
urgente problema de la
integración de nuevas minorías
de inmigrantes. Pero, primero,
echemos un vistazo a la
naturaleza y el alcance del
dilema de la inmigración.
Europa es un calidoscopio de
diversidad cultural. Los
habitantes de la Unión se
descomponen en 100
nacionalidades distintas que
hablan 87 lenguas y dialectos
diferentes, lo cual convierte a
la región en una de las zonas
culturalmente más diversas del
mundo. Acometer la diversidad
cultural ya resultaría difícil
de por sí aunque fuese sólo
cuestión de contemplar los
programas, a menudo en disputa,
de las subculturas europeas
existentes. La situación se ve
acentuada por el acusado aumento
de culturas inmigrantes de fuera
de la Unión Europea.
La globalización de la
circulación de capital genera
nuevas divisiones. Los pobres
del mundo se ven forzados a
emigrar allá donde se instale el
capital. Es cuestión de
encontrar trabajo. En Europa,
las empresas están ansiosas por
contratar a trabajadores
inmigrantes más baratos para
reducir sus costes en mano de
obra y seguir siendo
competitivos en los mercados
mundiales. Los grupos de
inmigrantes a menudo aceptan
trabajos de baja categoría que
la población nativa se niega a
desempeñar.
La barata mano de obra
inmigrante también tiene el
efecto de rebajar los salarios
de todos los demás. Y en un
mercado laboral en crisis con un
alto desempleo estructural, a
los europeos les preocupa que
los grupos de inmigrantes se
hagan con los pocos puestos
vacantes en el sector industrial
y de servicios, a expensas de
los nativos.
También existe la preocupación
de que las culturas inmigrantes
perjudiquen a un sistema de
seguridad social ya de por sí
sobrecargado y acaparen unos
preciados servicios.
En una era caracterizada por
impuestos elevados y unos
beneficios sociales en descenso,
las poblaciones nativas se
resisten a que sus impuestos se
inviertan en educar a
"extranjeros" y en facilitarles
asistencia social para sustentar
a sus familias. Los europeos,
por lo general, se sienten
inundados y abrumados por la
aglomeración de inmigrantes.
El resentimiento se ha ido
acumulando a lo largo del último
medio siglo y ahora amenaza con
deshacer el proceso de
europeización. El creciente
miedo a los inmigrantes ha
alentado el nacimiento de
partidos de extrema derecha
contrarios a la inmigración,
muchos de los cuales disfrutan
de un amplio apoyo popular. La
Liga Norte italiana, el Partido
Radical suizo, el Partido
Austriaco de la Libertad y el
Frente Nacional francés han
tenido éxito en las urnas con
sus llamamientos populares a
atacar a los inmigrantes.
La reacción ante la inmigración
augura graves consecuencias para
la estabilidad de la propia
Europa a largo plazo. La triste
verdad es que, sin un marcado
incremento de la inmigración no
comunitaria en las próximas
décadas, es probable que Europa
se debilite y muera, tanto
figurativa como literalmente.
En el núcleo del problema se
encuentra la tasa de fertilidad
del continente, terriblemente
baja. Europa posee la tasa de
fertilidad más baja de cualquier
región del mundo. En España,
Suecia, Alemania y Grecia, la
tasa de fertilidad ha caído
hasta un 1,4% o menos, según la
Organización Mundial de la
Salud.
En países de Europa del Este
como Bulgaria, Letonia y
Ucrania, la tasa de fertilidad
es incluso más baja, con un
1,1%. La Comisión Europea
advierte que "tras siglos de
continua expansión, el final del
crecimiento de la población
europea está a la vista". El
columnista de The Financial
Times Martin Wolf lo expresó más
directamente, afirmando que
"Europa se está convirtiendo en
un enorme asilo". La realidad
demográfica pone a Europa en un
dilema.
La única salida, a falta de un
incremento milagroso de la
fertilidad -lo cual es bastante
improbable-, es abrir las
compuertas a millones de nuevos
inmigrantes. Europa debería
acoger a más de un millón de
inmigrantes cada año para
alcanzar el equivalente a que
las mujeres europeas tuvieran
una media de un hijo más.
Sólo Alemania tendría que
recibir a 500.000 jóvenes
inmigrantes cada año durante los
próximos 30 años, o doblar
sutasa de natalidad, para evitar
un acusado declive demográfico
de sus actuales 83 millones de
habitantes a menos de 70
millones, y para invertir el
envejecimiento de su población,
que se espera que aumente de un
promedio actual de 41 años a 49
en 2050.
La cuestión de la inmigración
somete al Sueño Europeo a la
prueba definitiva. Aunque es
relativamente sencillo hablar
sobre fomentar la diversidad y
promover la inclusión, resulta
bastante más complejo abrir la
puerta a extranjeros con quienes
los nativos deberán compartir su
propio espacio y fortuna.
Los europeos se encuentran,
hasta cierto punto, entre la
espada y la pared. Por un lado,
Europa necesita urgentemente una
inmigración masiva para
sobrevivir y prosperar en el
siglo venidero. Por otro, una
oleada de inmigrantes -y eso es
lo que necesitaría la economía
europea para mantenerse en el
escenario mundial- amenaza con
abrumar unos presupuestos
gubernamentales para prestación
social ya sobrecargados y el
sentido de la gente sobre su
identidad cultural.
Yo diría que el éxito o el
fracaso del incipiente Sueño
Europeo depende en gran medida
de cómo aborde la generación
actual de europeos el problema
de la inmigración. Al fin y al
cabo, el Sueño Europeo es la
primera visión colectiva de
futuro basada en una conciencia
global. Inclusión, diversidad,
calidad de vida, desarrollo
sostenible, derechos humanos
universales y paz y armonía
entre todos los pueblos son el
distintivo del Sueño Europeo en
ciernes.
¿Pueden los europeos mantener
esta grandiosa visión global y,
a la vez, cerrar las puertas de
Europa al resto de la raza
humana? El miedo a los
extranjeros a menudo está
enraizado en la ignorancia y la
superstición. De modo que,
permítanme hacer una humilde
propuesta.
¿Por qué no plantearse la idea
de instaurar una versión en la
Unión Europea de los Cuerpos de
Paz estadounidenses, las
organizaciones de voluntarios
que fundó el presidente John F.
Kennedy en los años sesenta?
Millones de jóvenes licenciados
estadounidenses reciben un
pequeño salario público por
trabajar hasta dos años ayudando
a la gente necesitada de barrios
y comunidades pobres, en todo el
mundo y en Estados Unidos, a
desarrollar las aptitudes
necesarias para mejorar su
suerte e integrar con éxito sus
vidas en la normalidad económica
y social.
Al igual que EE.UU., los estados
miembro de la UE podrían
reservar fondos públicos para
reclutar a millones de
licenciados universitarios para
servicios alternativos, como
unos Cuerpos de Bienvenida al
Sueño Europeo para nuevos
inmigrantes de la Unión.
Los jóvenes europeos podrían
trabajar con inmigrantes recién
llegados bajo el auspicio de
organizaciones de la sociedad
civil para enseñarles el idioma
de su nuevo país, mejorar su
preparación educativa y laboral,
ofrecer alojamiento y otras
ayudas, y hacer que sus nuevos
vecinos se familiaricen con los
fundamentos del Sueño Europeo.
Los voluntarios de los Cuerpos
de Bienvenida también pueden
aprender de los nuevos
inmigrantes, y comprender mejor
su cultura, costumbres,
esperanzas y aspiraciones de
futuro.
En su discurso presidencial de
apertura en 1960, el presidente
Kennedy apeló a una nueva
generación de estadounidenses a
"no preguntar qué puede hacer
por ti tu país, sino qué puedes
hacer tú por él". A lo mejor es
hora de que los líderes
políticos europeos planteen a
una nueva generación de jóvenes
idealistas la misma cuestión, es
decir, "no preguntar qué puede
hacer Europa por ti, sino qué
puedes hacer tú por ella".
Creo que la generación Erasmus
de estudiantes universitarios
-actualmente, un millón- y sus
coetáneos están preparados y
ansiosos por servir a Europa. No
podría haber una mayor vocación
para los jóvenes europeos que
recibir con los brazos y el
corazón abiertos a inmigrantes
recién llegados, con el espíritu
de la solidaridad y la
fraternidad.
Con su ejemplo, los voluntarios
de los Cuerpos de Bienvenida
serán los emisarios del Sueño
Europeo en ciernes y un rayo de
luz para todos los jóvenes del
mundo que esperan hacer del
Sueño Europeo el suyo propio.
Gentileza:: Juanita Velez
Taboada [veleztaboada_juanita@yahoo.com.mx]
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