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El Holograma, un POSIBLE Modelo
del Universo.- 11/08/05
 
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El Holograma, un POSIBLE Modelo
del Universo
En 1947, Dennis Gabor
describió el principio del
Holograma usando el cálculo
diferencial y el cálculo
integral de Leibniz, lo que no
es un azar pues el holograma nos
hace recordar la Mónada del
mismo Leibniz. Gabor lo denominó
"holograma" combinando los
vocablos griegos "holo" (total)
y "grama" (imagen o mensaje). El
inconveniente que tuvo el
investigador para completar su
tarea fue la imposibilidad de
hallar la fuente adecuada de luz
para sus experimentos. El láser
aún no había sido descubierto.
Recién en 1965, gracias a la
invención reciente del rayo
láser, Emmeth Keith y Juris
Upatnicks pudieron realizar lo
que Gabor dejó en teoría. De
todas maneras, Gabor recibió en
1971 el Premio Nobel de Física
por sus investigaciones a este
respecto.
Podríamos definir el holograma
de la siguiente manera:
"El holograma es una fotografía
tridimensional realizada sin
lente, es decir, sin
focalización. Una emulsión
fotográfica es iluminada
simultáneamente por dos haces
luminosos proviniendo de una
misma fuente luminosa coherente
(láser), la una en forma
directa, la otra pasando por un
objeto al que ilumina y que
luego lo difracta. Los dos
trayectos de onda forman napas
estacionarias de interferencia
sobre la placa emulsionada
creando un patrón microscópico
que se registra y que contiene
toda la información
tridimensional del objeto.
Cuando se ilumina la placa así
impresionada, se obtiene una
imagen flotante en el espacio
que puede ser inspeccionada a su
alrededor desde todos los
ángulos posibles. El holograma
tiene de particular que, a
partir de un fragmento de la
placa, es posible reproducir la
imagen total del objeto. El Todo
está entonces presente en la
parte. "
Sobre la placa emulsionada, el
registro holográfico aparece
ante nuestros ojos como un
esquema de ondulaciones
totalmente desprovisto de
sentido, hasta que es contactado
por un rayo de luz coherente que
reproduce la imagen con toda la
similitud de vida que le dan las
tres dimensiones.
Es importante destacar que el no
uso de lentes hace que no haya
"focalización" - preferencia,
limitación - y esto es lo que
permite que desde cualquier
fragmento del holograma se pueda
reconstruirlo en su totalidad.
Insistimos sobre esto porque da
origen a una reflexión
fascinante sobre nuestra visión
del universo. Desde que la
ciencia merece su nombre, hemos
percibido el macrocosmos
(astronomía) y el microcosmos
(química, física, biología)
gracias a, y a través de,
lentes. Ellos tienen por objeto
hacer diverger o converger los
rayos luminosos, en tanto que el
haz de láser utilizado por la
holografía permanece coherente.
Al no haber ningún efecto de
convergencia o divergencia, no
hay focalización.
A causa de lentes focalizantes,
nuestra visión del universo ha
estado constituída por la
yuxtaposición de fragmentos de
universo focalizados.
Mientras más avanzaba la ciencia
en los campos macrocósmicos y
microcósmicos, más los sabios
han intentado armonizar estos
trocitos hiperespecializados,
persiguiendo un sentido, una
dirección que les fuera común.
Las leyes de la naturaleza
parecían contradecirse, se
perdía el hilo, y la imagen de
un demiurgo extravagante jugando
a los dados con el universo le
penaba a Einstein. La realidad
de la Naturaleza se nos escapaba
como perlas de mercurio faltas
de un surco que asegurara la
continuidad.
Estamos perdidos a menos de
recurrir a las filosofías
orientales como Capra, o al
inconsciente colectivo como Jung,
o al holograma como Karl Pribam.
Esta sed de los científicos por
un "nuevo paradigma" que se les
escapa todavía, manifiesta una
búsqueda más vasta, una reacción
contra la parcelación de la
ciencia que deforma nuestro
estudio del mundo, una tensión
hacia la globalidad. Con el
holograma, la movilización
holística que ha carburado toda
la inteligencia psico-cualquier
cosa en los Estados Unidos hasta
una fecha reciente, encuentra
por fin una meta que sirva de
cámara de aire hacia otro
paradigma.
Desde su aparición, los trabajos
relacionados con este tema han
suscitado en los diversos medios
científicos una avalancha de
reacciones positivas o críticas
sobre la validez de estas
teorías en relación a la
emergencia del nuevo paradigma
científico: el paradigma
holonómico, fundado en la
presencia del todo en la parte,
en la interdependencia
generalizada, en el rol de la
coherencia.
Karl Pribran, neurólogo y
neurocirujano, postula lo
siguiente: "Nuestro cerebro
construye matemáticamente la
realidad interpretando
frecuencias que vienen de otra
dimensión, dominio de realidad
significante, primariamente
arquetípica, que transciende el
tiempo y el espacio. El cerebro
es un holograma interpretando un
universo holográfico".
La física teórica ha demostrado
que los eventos no pueden ser
descritos en términos mecánicos
en los niveles subatómicos. Una
cantidad impresionante de
investigaciones en diversos
laboratorios atestigua que las
estructuras cerebrales "ven",
"oyen", "gustan", "sienten", y
"tocan" por un análisis
matemático extremadamente
sofisticado de frecuencias
temporales y/o espaciales. La
inquietante propiedad común al
holograma y al cerebro es la
distribución de la información a
través del sistema.
Cada fragmento está codificado a
fin de reproducir la información
de todo el conjunto. Fue en 1966
cuando Pribam arribó a esta
conclusión al enterarse del
descubrimiento del holograma, al
que vió de partida como el
modelo según el cual el cerebro
podía almacenar la memoria: "la
imagen no está localizada sino
dispersa en el sistema
nervioso".
Pero en 1970, lo obsesiona otro
interrogante: si el cerebro
transforma las secuencias
viniendo "de alguna otra parte",
de manera matemática, ¿que es lo
que le permite "conocer" esos
hologramas? ¿quién los
interpreta? La respuesta: "¿Y si
el mundo fuera el holograma? no
se corporizó verdaderamente para
Pribam hasta después de
enterarse de una conferencia de
un físico, David Bohm, en el que
le parece que describe un
"universo holográfico".
Las implicaciones de la tesis de
Pribam son, todavía,
inconmensurables.
Pero se puede inmediatamente
considerar en relación con ella
el dominio farfullante de lo que
es llamado parapsicología
(término que cada vez va
pareciendo más impropio).
Así los fenómenos de estados de
consciencia alterados, que
reflejan estados modificados del
sistema nervioso, pueden ser
considerados en lo sucesivo como
debidos a un afinamiento con la
matriz invisible que genera la
realidad concreta (gracias a ese
mismo sistema nervioso). Esto
puede hacer posible la
interacción con la realidad a un
nivel primario, dando origen a
la precognición, psicokinesis,
sanaciones, distorsión de la
duración del tiempo, aprendizaje
ultra rápido, etc. Se piensa en
las experiencias de "unidad con
la consciencia cósmica", en las
convicciones de que "la realidad
ordinaria es una ilusión", en
las descripciones de "un vacío
paradojalmente lleno", todo esto
confusamente descrito después de
la meditación, de ejercicios
diversos, o consumo de
alucinógenos por los
"cosmonautas del inconsciente".
David Bohm que, sin haberlo
buscado, permitió a Pribam
consolidar la teoría holonómica,
postula que el holograma es el
punto de partida de una nueva
descripción de la realidad: el
orden implícito. La realidad
"clásica" está centrada sobre
las manifestaciones secundarias,
el aspecto explícito de las
cosas y no su fuente. Estas
apariencias son, si se pudiera
decir, extraídas (o más
exactamente abstraídas) de un
intangible, invisible flujo que
no está compuesto de partes, y
que no se puede describir sino
como "un estado de interconexión
inseparable".
Bohm agrega que las leyes
físicas primarias no serán
descubiertas jamás por una
ciencia que ensaya "quebrar el
mundo en sus constituyentes". No
hay entonces donde buscar las
energías que transmiten los
"fenómenos parapsicológicos"
porque la matriz transciende el
tiempo y el espacio: ella es
potencialmente simultánea y
ubicua. Este enfoque permite
considerar como posible la
tradición de los "Registros
Akáshicos": todo el saber, el
pasado, el futuro, y puede ser
que varios otros datos que nos
son desconocidos, están
almacenados "en alguna parte".
Habría que reexaminar las obras
de Giordano Bruno: "De la causa,
del Principio y de la Unidad" y
"Del Infinito del Universo y de
los Mundos", a la luz del modelo
holonómico y del orden
implícito.
Si el universo es como un
holograma, es decir, un ámbito
de frecuencias y de
potencialidades sustentando la
ilusión de algo concreto,
recordemos a algunos
precursores, como el obispo
Berkeley que en 1710 ponía en
duda "toda realidad exterior al
pensamiento"... "Ser es ser
percibido o percibir"... "El
mundo es un sistema de
relaciones significantes"... Y
también a Bergson:
"La realidad última es un
impulso vital comprensible sólo
por la intuición".
Y sobre todo al querido Leibniz,
inventor de los cálculos gracias
a los cuales Gabor dió a luz el
holograma: "Una realidad
metafísica sustenta y engendra
el universo material".
"El Tao de la Física", de
Fritjof Capra, en su visión y su
profusión dionisíaca, presenta a
la vez un sueño y un punto de
partida. Ken Wilber en "El
Espectro de la Conciencia" ha
desarrollado con mucha precisión
el parentesco entre la
microgenia y el Bardo Thödol:
"El mundo físico no es un lugar
hecho de alguna substancia real
y verdaderamente colocado en
alguna parte, es solamente un
modo de contemplar a Dios". La
psicología humana, sobre todo la
de los primeros años de la vida,
se enriquece así de una tesis
que suena extremadamente justa:
el niño pequeño no hace sino
aprender a que no puede captar
directamente al Atman /Consciencia
Universal y es así conducido a
buscar sustitutos y
gratificaciones en un mundo que
- como lo descubre muy pronto -
no se los proporciona
obligatoriamente, y, en todo
caso, no inmediatamente,
mientras que en el mundo del
Atman todo es simultáneo, todo
llega en el acto.
Pribram, Bohm, Capra, y todos
aquellos que perciben la
urgencia imperativa de expandir
y poner en práctica en su vida
cotidiana la concepción del
universo holográfico y del orden
implícito son, como lo decía
Leary:
"agentes del servicio de
inteligencia", ustedes y yo
también.
Comprender que el cerebro de
cada uno interpreta, traduce, un
modelo donde el todo está
contenido en la parte,
ocasionará un cambio
extremadamente profundo en el
comportamiento de cada uno,
relativizando las diferencias de
interpretación.
Igualmente, se comprenderá mejor
porqué la Tradición nos exhorta
a "llegar a ser uno". Es la
coherencia/ cohesión de nuestra
luz que nos permite reconstituir
el holograma-un¡verso con sus
relieves y dimensiones.
Ciertos rituales de nacimiento
zíngaros repiten que: "el huevo,
el pequeño huevo es redondo, es
necesario comerlo sin quebrarlo,
y tú te nutrirás de él si lo
ves". Volvamos al huevo para
asir mejor la realidad del
"orden implícito".
Sin embargo, hay que trazar
límites severos, pues ya la
extravagancia se ha apoderado de
la teoría holonómica,
sugiriendo, por ejemplo, que no
existe ninguna ley posible - o
más bien, ninguna continuidad -
en el universo, cada cosa no
estando inscrita más que en el
conjunto de las otras y sin
ninguna organización. El
postulado es fascinante pero
conduce al absurdo. "Cada
sistema nervioso - recuerda Tim
Leary - crea su propia isla de
realidades.
La epistemología neurológica
reside en ésto: la Verdad es
subjetiva, el Hecho es social.
Pero es en función de su "nivel
de verdad" - correspondiendo al
circuito neurológico donde se
encuentre cada uno - que cada
uno interpreta y crea su propio
universo". Entonces, si la
matriz, al momento de nuestra
hipótesis, permanece
irreductible y no se manifiesta
hasta que un sistema nervioso
esté allí pronto a aprehenderla,
nuestro instrumento, o sistema
nervioso, puede afinarse y
nosotros podemos progresar con
él en nuestra "creación" del
mundo.
El octavo y último circuito
neurológico - al que no somos
más atentos de lo que seríamos
al diálogo ADN-ARN en el
interior del cerebro - se abre
sobre la "verdad neuro-atómica:
el cerebro no registra más que
signos
cuántico-atómico-nucleares, a
los cuales él sirve de mediador"
pero que en el hecho, no
interpreta.
El universo, aprehendido bajo su
verdadera forma, ¿es para
mañana, señor Capra? ¿Tenemos
todavía que soñar la realidad ?
Aimé
Michel
Gentileza:: LEGAZKUE' [amilcarlegazcue@yahoo.com.ar]
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