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El círculo hermenéutico de la
idea de cultura, por Alberto
Buela.- 03/08/05
 
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El círculo hermenéutico de la
idea de cultura, por Alberto
Buela
Por
Alberto Buela
(*)
Rebanadas de Realidad.
Buenos Aires.
Cada vez que escuchamos hablar
de cultura o de gente culta,
asociamos la idea con la gente
que sabe mucho, que tiene
títulos, que es leída, como
decían nuestros padres, allá
lejos y hace tiempo. Es por eso
que ha hecho fama, a pesar de su
demonización política, la frase
de Goebbels: Cada vez que me
hablan de cultura llevo la mano
a mi revólver. Porque sintetiza
mejor que nadie, en un brevísimo
juicio, el rechazo del hombre
común, del hombre del pueblo
llano, al monopolio de la
cultura que desde la época del
Iluninismo para acá poseen y
ejercen los ilustrados y sus
academias.
Cultivo
En cambio para nosotros cultura
es el hombre manifestándose. Es
todo aquello que él hace sobre
la naturaleza para que ésta le
otorgue lo que de suyo y
espontáneamente no le da. Es por
ello que el fundamento último de
lo que es cultura, como su
nombre lo indica, es el cultivo.
Cultura es tanto la obra del
escultor sobre la piedra amorfa,
como la obra del tornero sobre
el hierro bruto o como la de la
madre sobre la manualidad del
niño, cuando le enseña a tomar
el cubierto.
Vemos de entrada nomás, como
esta concepción es
diametralmente opuesta a esa
noción libresca y académica que
mencionamos al comienzo.
Suele recomendarse en filosofía,
así lo han hecho, entre otros,
Heidegger, Zubiri, Bollnow,
Wagner de Reyna, que la primera
aproximación al objeto de
estudio sea a través de un
acercamiento etimológico.
Porque, "el lenguaje empieza y
termina por hacernos señas de la
esencia de una cosa"
(1).
Así comprobamos que cultura
proviene del verbo latino colo/cultum
que significa cultivar.
Para el padre de los poetas
latinos Virgilio la cultura está
vinculada al genius loci (lo
nacido de la tierra en un lugar
determinado) y él le otorgaba
tres rasgos fundamentales :
Clima, suelo y paisaje.
Caracterizado así el genius loci
de un pueblo, éste podía
compartir con otros el clima y
el paisaje pero no el suelo. Así
como nosotros los argentinos
compartimos el clima y paisaje
con nuestros vecinos pero no
compartimos el suelo. Y ello no
sólo porque sea éste último
donde se asienta el
Estado-Nación sino, desde la
perspectiva de Virgilio el suelo
es para ser cultivado por el
pueblo que sobre el se asienta
para conservar su propia vida y
producir su propia cultura.
Enraizamiento
Pero para que un cultivo
fructifique, éste debe echar
buenas raíces, profundas y
vigorosas que den savia a lo
plantado. Toda cultura genuina
exige un arraigo como lo exige
toda planta para crecer lozana y
fuerte, y en este sentido
recordemos aquí a Simone Weil,
la más original filósofa del
siglo XX, cuando en su libro
L´Enracinement nos dice: el
reconocimiento de la humanidad
del otro, este compromiso con el
otro, sólo se hace efectivo si
se tienen "raíces", sentimiento
de cohesión que arraiga a las
personas a una comunidad"
(2).
La filósofa ha dado un paso más,
pues, pasó del mero echar raíces
al arraigo que siempre indica
una pertenencia a una comunidad
en un lugar determinado.
El arraigo, a diferencia del
terruño que es el trozo de
tierra natal, abarca la
totalidad de las referencias de
la vida que nos son familiares y
habituales.
Fruto
Luego de haber arado, rastreado,
sembrado, regado y esperado,
aparece lo mejor que da el
suelo: el fruto, que cuando es
acabado, cuando está maduro, es
decir perfecto, decimos que el
fruto expresa plenamente la
labor y entonces, nos gusta.
Sabor
Y aquí aparece una de esas
paradojas del lenguaje que nos
dejan pensando acerca del
intrincado maridaje entre las
palabras y las cosas. Nosotros
aun usamos para expresar el
gusto o el placer que nos
produce un fruto o una comida
una vieja expresión en
castellano: el fruto nos "sabe
bien". Y saber proviene del
latín sapio, y sapio significa
sabor. De modo tal que podemos
concluir que hombre culto no es
aquel que sabe muchas cosas sino
el que saborea las cosas de la
vida.
Sapiente
Existe para expresar este saber
un término que es el de
sapiente, que nos indica, no
sólo al hombre sabio, sino a
aquel que une en sí mismo
sabiduría más experiencia por el
conocimiento de sus raíces y la
pertenencia a su medio
(3).
Los antiguos griegos tenían una
palabra para expresar este
concepto: (phrónesis)
Vemos, entonces, como la cultura
no es algo exterior sino que es
un hacerse y un manifestarse uno
mismo. Por otra parte la
cultura, para nosotros
argentinos, tiene que
americanizarse, pero esto no se
entiende si se concibe la
cultura como algo exterior. Como
una simple imitación de lo que
viene de afuera, del extranjero.
No hay que olvidar que detrás de
toda cultura auténtica está
siempre el suelo. Que como decía
nuestro maestro y amigo el
filósofo Rodolfo Kusch: "El
simboliza el margen de arraigo
que toda cultura debe tener. Es
por eso que uno pertenece a una
cultura y recurre a ella en los
momentos críticos para
arraigarse y sentir que está con
una parte de su ser prendido al
suelo"
(4).
Cultura y dialéctica
Es sabido desde Hegel para acá,
que el concepto, que en el
filósofo de Berlín es "lo que
existe haciéndose", encuentra su
expresión acabada en la
dialéctica, que tiene tres
momentos: el suprimir, el
conservar y el superar. Hemos
visto hasta ahora como la
cultura pone fin, hace cesar la
insondable oquedad de la
naturaleza prístina con el
cultivo, la piedra o el campo
bruto, por ejemplo, y en un
segundo momento conserva y
retiene para sí el sabor y el
saber de sus frutos, vgr.: las
obras de arte. Falta aún
describir el tercero de los
momentos de esta Aufhebung o
dialéctica
(5).
Si bien podemos entender la
cultura como el hombre
manifestándose, "la cultura no
es sólo la expresión del hombre
manifestándose, sino que también
involucra la transformación del
hombre a través de su propia
manifestación"
(6).
El hombre no sólo se expresa a
través de sus obras sino que sus
obras, finalmente, lo
transforman a él mismo. Así en
la medida que pasa el tiempo el
campesino se mimetiza con su
medio, el obrero con su trabajo,
el artista con su obra.
Esta es la razón última, en
nuestra opinión, por la cual el
trabajo debe ser expresión de la
persona humana, porque de lo
contrario el trabajador pierde
su ser en la cosas. El trabajo
deviene trabajo enajenado. Y es
por esto, por un problema
eminentemente cultural, que los
gobiernos deben privilegiar y
defender como primera meta y
objetivo: el trabajo digno.
Esta imbricación entre el hombre
y sus productos en donde en un
primer momento aquél quita lo
que sobra de la piedra dura o el
hierro amorfo para darle la
forma preconcebida o si se
quiere, para desocultar la
forma, y, en un segundo momento
se goza en su producto, para,
finalmente, ser transformado, él
mismo, como consecuencia de esa
delectación, de ese sabor que
es, como hemos visto, un saber.
Ese saber gozado, experimentado
es el que crea la cultura
genuina.
Así la secuencia cultura,
cultivo, enraizamiento, fruto,
sabor, sapiencia y cultura
describe ese círculo
hermenéutico que nos propusimos
como objeto de este trabajo.
Círculo que se alimenta
dialécticamente en este hacerse
permanente que es la vida, en
donde comprendemos lo más
evidente cuando llegamos a
barruntar lo más profundo: que
el ser es lo que es, más lo que
puede ser.
Notas:
1.-Heidegger, Martín:
Poéticamente habita el hombre,
Rosario, Ed. E.L.V., 1980, p.
20.
2.-Weil, Simone: Echar Raíces,
Barcelona, Trotta, 1996, p. 123.
3.- Buela, Alberto: Traducción y
comentario del Protréptico de
Aristóteles, Bs.As., Ed. Cultura
et labor, 1984, pp. 9 y 21.
"Hemos optado por traducir
phronimós por sapiente y
phrónesis por sapiencia, por dos
motivos. Primero porque nuestra
menospreciada lengua castellana
es la única de las lenguas
modernas que, sin forzarla, así
lo permite. Y, segundo, porque
dado que la noción de phrónesis
implica la identidad entre el
conocimiento teórico y la
conducta práctica, el traducirla
por "sabiduría" a secas, tal
como se ha hecho habitualmente,
es mutilar parte de la noción,
teniendo en cuenta que la
sabiduría implica antes que nada
un conocimiento teórico".
4.-Kusch, Rodolfo: Geocultura
del hombre americano, Bs.As. Ed.
F.G.C., 1976, p.74.
5.- Buela, Alberto: Hegel:
Derecho, moral y Estado, Bs.As.
Ed. Cultura et Labor- Depalma,
1985, p. 61 "En una suscinta
aproximación podemos decir que
Hegel expresa el conceto de
dialéctica a través del término
alemán Aufhebung o Aufheben sein
que significa tanto suprimir,
conservar como superar. La
palabra tiene en alemán un doble
sentido: significa tanto la idea
de conservar, mantener como al
mismo tiempo la de hacer cesar,
poner fin. Claro está, que estos
dos sentidos implican un tercero
que es el resultado de la
interacción de ambos, cual es el
de superar o elevar. De ahí que
la fórmula común y escolástica
para explicar la dialéctica sea
la de: negación de la negación".
6.-Buela, Alberto: Aportes al
pensamiento nacional, Bs.As., Ed.
Cultura et labor, 1987, p.44.-
(*) Asesor del Consejo Directivo
de la CGT y vice presidente del
Centro de estudios estratégicos
suramericanos (CEES). Instituto
Cultural Pcia. de Buenos Aires.
Gentileza:: Rebanadas de
Realidad [redaccion@rebanadasderealidad.com.ar]
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